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En los últimos años, la OEI ha propiciado y dado impulso a la introducción en su agenda y en sus dinámicas de trabajo, de los nuevos desafíos que presenta la cooperación cultural en la región.

Desde la perspectiva de los organismos internacionales, se ha comenzado también a renovar la forma de pensar y diseñar la política cultural, planteándola como un instrumento diseñado para ofrecer y dar acceso a servicios culturales, pero especialmente, a considerarla como motor de transformación de las relaciones sociales, económicas y humanas.

Uno de los ámbitos, corresponde al propio modelo de cooperación de la OEI, sustentado en sus principios estatutarios y programáticos, en los cuales la cooperación es concebida como un imperativo ético que orienta la acción en dirección a la construcción de las sociedades plurales y diversas.

La estrategia de cooperación horizontal complementa estos ámbitos y sirve como punto de partida para establecer un modelo de cooperación cultural en la OEI, y se materializa en dos líneas básicas de acción.

La primera consiste en contribuir a la reflexión sobre la identidad y la diversidad de Iberoamérica, y que esta reflexión sirva para un mejor entendimiento de los pueblos iberoamericanos y la consecución de la paz, la equidad y la justicia social.

La segunda consiste en contribuir al desarrollo de los pueblos de Iberoamérica a través de la cultura, y que esta contribución se vea reflejada en un mejor progreso social de los ciudadanos iberoamericanos.

La acción de cooperación de la OEI se ha ido consolidando en los últimos años a partir del desarrollo de un espacio específico de cooperación en materia cultural.

En el ámbito regional, las Conferencias Iberoamericanas de Cultura organizadas por la OEI desde el año 2000, han servido de referente para establecer las prioridades de la acción de cooperación. Los objetivos del programa de cooperación cultural de la OEI surgen a partir de la propia experiencia acumulada y del propio aprendizaje institucional en el ámbito de la cultura a través de sus oficinas técnicas y del acompañamiento de procesos que han supuesto la promoción de fórmulas de trabajo conjunto en líneas de acción integrales en el área cultural.

Por tanto, el modelo de cooperación técnica y de cooperación horizontal de la OEI es el referente operativo para traducir estas premisas en acciones precisas, en base a alianzas nacionales, regionales e internacionales y convenios bilaterales y multilaterales.

A partir de los debates sobre los derechos culturales y el derecho a la cultura, la OEI contribuye cooperando con el objetivo de reconocer y de poner en valor la importancia de la diversidad cultural y lingüística de las sociedades iberoamericanas, que expresan la multiplicidad de identidades nacionales, regionales, locales y comunitarias de esas sociedades así como su patrimonio cultural compartido.

Asimismo, la OEI ha venido animando y acompañando el diseño de esta agenda de cooperación cultural iberoamericana, incorporando a su programación regular los aspectos clave de esas líneas de trabajo. Se pretende contribuir así a la consolidación de un espacio de cooperación cultural para el desarrollo que tiene en la formación y en la capacitación, uno de los pilares de las políticas públicas en materia de cultura.

LA FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN EN CULTURA

Es ampliamente reconocida en Iberoamérica la importancia de dedicar esfuerzos de toda índole a la formación de recursos humanos con el fin de desarrollar las capacidades en todas las áreas, adaptando y transfiriendo conocimientos, encaminados a la promoción, desarrollo y fortalecimiento de la cultura.

La necesidad de las instituciones y personas por gestionar adecuadamente los nuevos recursos y posibilidades que los diferentes sectores sociales demandan en los últimos años a la cultura, ha ido suponiendo, paulatinamente, la definición y profesionalización de unos perfiles y unas formas de actuar específicas.

Las instituciones y proyectos culturales se inscriben cada vez más en contextos más ricos y complejos, que suponen actuar en situaciones de dificultad en los que los instrumentos estándares normativos o legislativos no resuelven muchas veces las variadas situaciones del sector cultural.

La formación cumple un papel fundamental y debe convertirse en un vehículo de innovación y reflexión para poder aportar nuevos conocimientos, tomar contacto con experiencias y prácticas de interés y constituir nuevos canales de información y conocimiento en un contexto de cooperación internacional.

Para ello, la formación y capacitación basada en propuestas de especialización para adaptarse a campos específicos, debe considerar el fomento de capacidades de interlocución basado en la prioridad del papel de la cultura como estrategia de desarrollo; la capacitación para el tratamiento de la información para atender los procesos de interlocución y toma de decisiones; la apertura a nuevas relaciones y contactos, la consideración de las nuevas perspectivas de cooperación horizontal internacional y el dominio de nuevas habilidades y capacidades en la gestión.

En este sentido, la formación y capacitaciones de profesionales en el sector para que puedan ajustarse a las nuevas demandas de los entornos institucionales y sociales, es una prioridad dentro del sector y la vía para provocar un cambio sostenible.