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Presentación

 

La dimensión cultural de las sociedades contemporáneas va cobrando mayor relevancia en la medida que permite comprender mejor los procesos sociales, económicos y políticos. Esto ha llevado a que la definición y gestión de las políticas culturales supere las estrictas temáticas artísticas e ingrese a las cuestiones de Estado.

Observamos que el sector cultural cobra un renovado interés debido a una mayor preocupación por las características culturales de las poblaciones. Tanto la preservación de la identidad cultural, como la atención a las particularidades locales, el trabajo desde perspectivas intersectorales y la conservación activa del patrimonio entre otros factores, ha abierto nuevas posibilidades - y responsabilidades - de trabajo a las estructuras gubernamentales responsables de la gestión de las políticas culturales.

Esta situación tiene en Iberoamérica una relevancia especial. Nuestra región está definida por la suma de variables culturales previas a los descubrimientos colombinos y a todas aquellas que surgen a partir de estos encuentros. Los resultados de esta historia común, con sus múltiples facetas y valoraciones, constituyen un patrimonio que cobra especial importancia en la etapa de globalización actual.

Este momento abre un conjunto de posibilidades que, para su aprovechamiento cabal, requiere de recreaciones culturales. Si bien es preciso reconocer que hay distintas posiciones sobre las implicancias de este proceso, existe consenso en nuestras sociedades acerca de la conveniencia de una actitud activa, que combine el proceso de apertura a los cambios que mejoren la calidad de vida la población, junto con una nueva valorización de los recursos culturales que permitan afirmar las identidades colectivas, ya sean locales, nacionales como supranacionales (iberoamericana, en nuestro caso)

A la luz de estas perspectivas, las instituciones gubernamentales vinculadas al ámbito cultural van asumiendo nuevas responsabilidades que implican papeles y funciones innovadoras. La cooperación internacional debe acompañar estas mudanzas, promoviendo fórmulas de trabajo conjunto entre los países que apoyen claramente sus actuaciones.

Desde el inicio de la década pasada, se ha venido gestando un nuevo marco de cooperación iberoamericana, basado en la horizontalidad, en el apoyo privilegiado al desarrollo institucional, en la participación creciente de actores privados y no gubernamentales en confluencia con los gobiernos, en la descentralización de las acciones.

En este contexto, en la V Conferencia Iberoamericana de Cultura (Lima, 2001), los ministros y máximos responsables de cultura de la región acordaron una agenda de cooperación que orientara la labor internacional, estableciendo prioridades y modos de actuación.

Este documento solicitado por esa Conferencia a la OEI se presentó en una versión preliminar para su análisis, en la Reunión Preparatoria de la VI Conferencia Iberoamericana de Cultura (Santiago e Chile, 18 y 19 de julio de 2002). El mismo fue acogido favorablemente por todas las delegaciones, ya que "constituye un valioso relevamiento de iniciativas y recursos disponibles para la cooperación en relación con las áreas incluidas en la Declaración de Lima (V CIC)".

Esta versión que se presenta ahora se ha visto enriquecida por las aportaciones de los países participantes. En él se reúnen antecedentes en los diferentes puntos señalados en la Agenda. Estas experiencias son recursos importantes constituyentes del capital social iberoamericano, y como tales son la base común para el emprendimiento de trabajos futuros. No se ha realizado un catálogo exhaustivo de acciones de nivel nacional (tarea ímproba si se pretendiese), sino un panorama de acciones internacionales significativas. En algunos casos, se señalan proyectos realizados por algún país, pero que por sus resultados (especialmente por sus desarrollos conceptuales o metodológicos) pueden resultar de interés para otras naciones.

De esta manera se espera aportar a la elaboración de un marco de acción, coherente y factible, que consigne las prioridades, que establezca canales de información y de colaboración, que convoque a la confluencia de trabajo con otros organismos de cooperación. La concertación de acciones programadas y la obtención de mejores financiamientos para las actividades culturales es una meta a la que todos aspiramos.

Vamos avanzando hacia nuevas formas de cooperación, basadas en la confianza y el apoyo recíproco. Sabemos que de esta manera estamos colaborando no sólo con el bienestar de nuestros pueblos, sino en la ampliación de las posibilidades de desarrollo y en asegurar, desde la cultura, el crecimiento de la equidad y el afianzamiento de la paz en Iberoamérica.

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