Notas enter ie 14 | Abr | 09
Los retos clave de los países en desarrollo no son la falta de ordenadores
ni de conexiones a Internet sino la pobreza, la desigualdad o las carencias
del sistema educativo, por nombrar algunos ejemplos. Aún así,
en la medida en que ayudan a afrontar estos desafíos, la inversión
en TIC y su adopción pueden jugar un papel fundamental en los procesos
de desarrollo de estas regiones.
Introducción
A comienzos de los años 60, la productividad del sector agrícola
en los países desarrollados era muy superior a la de los países
en desarrollo. Según los expertos, la diferencia clave
estaba en la tasa de utilización de tractores en el cultivo de la tierra.
Hacia 1961 había un
tractor por cada 47 hectáreas cultivadas en los países ricos,
mientras que en los países en
desarrollo el promedio era de un tractor por cada 900 hectáreas. Parecía
evidente que el
principal desafío para estos era acelerar la mecanización de la
agricultura, a partir de la cual
aumentaría la productividad agrícola, se desarrollarían
nuevos productos y mercados y se
reduciría la pobreza rural.
Entre los años 60 y comienzos de los 80 se pusieron en marcha grandes
proyectos de mecanización
de la agricultura en los países en desarrollo mediante donaciones y préstamos
en condiciones preferenciales. Sin embargo, los resultados fueron decepcionantes.
En muchos
casos, el uso de tractores tenía un efecto prácticamente nulo
sobre el rendimiento de
la tierra. La combinación de pequeñas parcelas, mano de obra barata
y terrenos no aptos
reducía los incentivos para la mecanización, mientras que los
mercados complementarios
(por ejemplo, para el mantenimiento de los tractores) eran prácticamente
inexistentes. La
principal lección de estos fallidos proyectos fue clara: no existe una
rápida solución tecnológica
al complejo problema de la pobreza rural.
Una década después, a principios de los años 90, los ordenadores
e Internet reemplazaron
a los tractores en la agenda de tecnologías para el desarrollo. El razonamiento
que
sustentaba el nuevo tecno-optimismo, en líneas generales,
era el siguiente: la economía
mundial ha entrado en una nueva etapa de mercados globalizados, cambio tecnológico
disruptivo y crecimiento sostenido por la acumulación de conocimiento
y la capacidad
de innovación. Sin embargo, el mundo en desarrollo está mal preparado
para enfrentarse
a estos nuevos desafíos, ya que sus ciudadanos y organizaciones carecen
de las herramientas
para acceder y manipular conocimiento, factor clave de la prosperidad en la
llamada Nueva Economía.
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6 de mayo de 2009 |