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LA CULTURA Y EL TURISMO COMO MEDIOS DE DESARROLLO SOCIOECONÓMICO
Ponencia presentada en el Seminario Iberoamericano
de Cultura, Turismo y Desarrollo (AECI-acerca/OEI)

Cartagena de Indias, Colombia
3 al 6 de octubre de 2006

 

INTRODUCCION

Un punto de partida fundamental para la construcción de lo que llamamos turismo cultural, es el hecho que la cultura, independientemente de cómo se interprete, subyace al proceso de desarrollo, es anterior a las estructuras económicas o políticas (Throsby, 2001: 73).

La incorporación del tema cultural no como factor o área especifica de la vida social dedicada exclusivamente a los asuntos patrimoniales o artísticos, sino constitutivo del ser, del ethos (su devenir histórico)de los pueblos debe, en principio asumirse como asunto de interés público y político que haga del recurso cultural un catalizador de los procesos de desarrollo.

La cultura es el contexto general en que se desarrolla la actividad turística, en cualquier clase de turismo que se realiza siempre hay un tipo de contacto con la cultura receptora, contacto que se incrementa a medida que el patrimonio, las costumbres y las actividades de las comunidades rurales y urbanas se asumen como recurso para el despliegue de actividades turísticas.

La cultura otorga entonces, un valor agregado al producto turístico y lo convierte en una industria cultural en la cual libros, revistas, espectáculos de luz y sonido, videos reinventan los paisajes culturales.

Lo anterior, hace que la cultura, los bienes muebles e inmuebles, usos y costumbres, gastronomía, ritos y la vida cotidiana, se perfilen como activos que pueden contribuir al desarrollo socioeconómico de comunidades, empresas o individuos; esto aporta elementos para la distinción que se hace de la cultura como un medio (recurso para mejorar las condiciones de vida): pero también como un fin en si mismo, en el sentido que los actos humanos nos identifican, nos otorgan sentido tanto individual como colectivo.

Turismo y cultura son interdependientes, lo cual reclama una ubicación equilibrada en la cual el turismo no sea percibido como la panacea a los problemas del subdesarrollo y tampoco como amenaza destructora que pone en peligro el patrimonio y la identidad de los pueblos.

Esto se ha asumido al menos en el discurso político de algunos de nuestros países centroamericanos, el Plan Nacional de Desarrollo Cultural de Guatemala, señala que “el turismo cultural puede coadyuvar al reforzamiento de la identidad en el país y por esa vía actuar como un antídoto frente a los efectos homogenizadores de la globalización”. (MCD).

En ese sentido, las políticas públicas, en especial, las culturales, medio ambientales y de ordenamiento territorial juegan un papel crucial  como  elementos reguladores frente a la organización turística del espacio que tiende a transformar el significado y uso social de los lugares; esta la primera tensión a la cual se enfrentan las culturas nativas o arraigadas en los sitios de gran atractivo turístico.

Costa Rica ha realizado importantes esfuerzos conceptuales para extrapolar los criterios de sostenibilidad ambiental a la sostenibilidad cultural apelando a valores equivalentes en ambas estrategias de desarrollo.

 

Fuente: Asociación Cultural InCorpore

En ese mismo sentido, en el actual contexto del desarrollo,  la incorporación de políticas culturales de carácter transversal constituye un factor crítico de riesgo para el éxito o fracaso de las estrategias de reducción de la pobreza que se implementan en nuestros países centroamericanos y que en algunos casos como en Honduras concentran una importante cantidad de recursos financieros asumiendo un papel orientador en las metas del Estado.

De lo anterior se desprende mi interés por  enmarcar esta presentación y diálogo con ustedes en el contexto del desarrollo humano sostenible, es decir, como el turismo y en particular el turismo cultural puede contribuir a las grandes metas del desarrollo humano a través de la articulación entre la sostenibilidad ambiental y  la sostenibilidad cultural, ambas articuladas por las políticas públicas.

A partir de una serie de definiciones básicas y como marco teórico que considero pertinente, exploro las aportaciones del sociólogo francés Pierre Bordieu relativas al capital cultural recogidas por Texeira Coelho en su Diccionario Crítico de Política Cultural  y  las recientes aportaciones en la misma perspectiva que hace David Throsby en su análisis de economía y cultura para la creación de valor referido a los bienes culturales.

En un segundo momento subrayo la naturaleza de los bienes culturales, en especial  los de carácter inmaterial para evidenciar esos valores potenciales que pueden ser asumidos como activos productivos para el desarrollo del turismo cultural; de tal suerte que, podamos identificar algunos componentes para desarrollar el capital cultural de nuestra región iberoamericana que presenta diferentes niveles de desarrollo que es necesario considerar y matizar a la hora de definir líneas de cooperación internacional en estos temas.

A lo largo de la exposición presento tensiones frecuentes que trae consigo la demanda creciente del turismo internacional frente al recurso cultural como insumo que invite a la reflexión sobre la urgente necesidad de formar políticas, adecuaciones legales y estrategias de promoción y fomento con alta participación local que permita el desarrollo de productos turísticos alternativos con un fuerte componente de activos controlados localmente.

I. DEFINICIONES BASICAS

El punto de partida conceptual es importante para respondernos a la pregunta de que estamos hablando cuando hablamos de turismo cultural y central para ubicar la naturaleza de las políticas, estrategias de desarrollo y papel de la cooperación internacional.

Cultura

El concepto de cultura del cual partimos es aquel que asume lo cultural como el proceso histórico de la constante interrelación de los individuos y comunidades consigo mismo y su entorno. Estas interrelaciones expresan una sociedad concreta, su sistema de valores, estructuras sociales, producción de la vida material y simbólica.

Política Cultural

Entre las definiciones ya clásicas de la política cultural podemos citar las siguientes que se complementan:

Néstor García Canclini concibe la política cultural como el conjunto de acciones que realizan diversos agentes para orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades culturales y obtener consenso o disenso sobre un tipo de orden social. Una política cultural no puede ser formulada por un solo agente, así sea éste  el mercado o el Estado o la comunidad autogestionaria.

José Joaquin Brunner, en forma sintética considera que son las oportunidades para actuar en un circuito cultural (producción, circulación y consumo de bienes culturales). Los componentes de este circuito cultural son básicamente cinco. Agentes habituales, medios de producción, medios de circulación, públicos y organizaciones (Estado-mercado- asociaciones voluntarias).

Desarrollo sostenible

El Programa de las Naciones para el Medio Ambiente (PNUMA) definió el desarrollo sostenible como “el desarrollo que hace frente a las necesidades del presentes sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”.

La Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) lo define como “el proceso que permite que se produzca el desarrollo sin deteriorar o agotar los recursos que lo hacen posible. Este objetivo se logra, generalmente gestionando los recursos de forma que se puedan renovar al mismo ritmo que se emplean, o pasando del uso de un recurso que se genera lentamente a otro que lo hace un ritmo más rápido. De esta forma los recursos podrán seguir manteniendo a las generaciones presentes y futuras”.

Turismo Sostenible / Turismo Cultural

La Organización Mundial de Turismo (OIM) define el turismo sostenible como “un modelo de desarrollo económico concebido para mejorar la calidad de vida de la comunidad receptora, para facilitar al visitante una experiencia de alta calidad y mantener la calidad del medio ambiente, del que tanto la comunidad anfitriona como los visitantes dependen”.

Según la UNESCO: Turismo Cultural es un concepto innovador, eminentemente ético, con el que se busca favorecer la paz, la comprensión entre los pueblos y el respeto por el patrimonio cultural y natural y las especificidades identitarias de las comunidades anfitrionas en el marco de los intercambios que se dan al viajar. Desde esta perspectiva, es importante que el turismo se ponga al servicio del bienestar de las poblaciones y contribuya a preservar sus recursos culturales, naturales y se asegure la calidad humana de los intercambios entre comunidades. Es decir, que se entiende el turismo como un instrumento para el desarrollo sostenible, el dialogo intercultural y la cultura de paz.

El concepto de turismo cultural expresado en la Carta Internacional de Turismo Cultural (8 Versión), presentado en la Asamblea General de ICOMOS de 1999 en México, revisa la versión de 1976 y presenta cambios sustanciales en la relación entre turismo y conservación. Antes los turistas eran vistos como amenaza a la integridad del sitio, a partir de 1999 es menester hacer accesible los sitios y monumentos de manera controlada.

II. EL CAPITAL CULTURAL: entre lo material y lo simbólico

El concepto de capital cultural, forjado en los estudios de economía, ha sido utilizado con rigor en el campo de la sociología y en los recientes estudios culturales que enfatizan sus dos formas de presentación: material e inmaterial.

A su vez, la estructura de distribución del capital económico entre los diferentes segmentos de un país y la distribución y acceso de ese capital, lleva a la distinción entre capital cultural de producción y capital cultural de consumo. (Coelho, 2000).

El capital cultural es tangible en forma de monumentos, sitios, conjuntos históricos, bienes muebles como pinturas, esculturas, etc. Intangible cuando nos referimos a usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que le son inherentes, que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.

Se ha avanzado bastante en la reconocida y valiosa labor de proteger el patrimonio mediante medidas de conservación, reglamentación  o de resguardo en museos; sin embargo se hace patente cada día la necesidad de recrear los significados del patrimonio, a veces a partir del legado histórico y a veces como nueva creación frente a otras condiciones de vida. De ahí el énfasis reciente en el patrimonio vivo, o el patrimonio inmaterial como sustento de la diversidad cultural y como recurso para el turismo.

Pese a lo anterior mantenemos una deuda con el pleno reconocimiento de la dimensión económica del patrimonio cultural y para ello nos parece útil introducir en el debate el concepto de capital cultural como clave para distinguir la noción de capital cultural de activo económico.

Del uso indiscriminado de ambas nociones, se deriva otra de las tensiones presentes en la naturaleza de la gestión del patrimonio por parte de las instituciones turísticas y de las culturales;  las primeras se inclinan por el desarrollo del recurso natural y cultural como producto que requiere estrategias de mercado para su promoción y usufructo y la segunda más orientadas a la conservación e investigación científica. Ambas motivaciones son necesarias en el marco del turismo cultural

El concepto de capital cultural nos permite trazar un puente entre la cultura y la economía, no como dos esferas autónomas de la vida social, (en sentido estricto la economía y la política son expresiones culturales), sino como método para presentar los fenómenos culturales en sus aspectos esenciales (materiales e inmateriales)  de una manera comprensible tanto para el discurso económico como el discurso cultural. (Throsby 2001).

Para encontrar puntos de encuentro entre los intereses culturales y los intereses económicos, es útil, la noción básica de creación de valor como resultado de un proceso de desarrollo que equilibra el acceso a los bienes y servicios materiales con las necesidades de expresión y reconocimiento, identidad y sentido de la vida  que manifiestan las comunidades creadoras y portadoras de un patrimonio que es necesario conservar.

Esas manifestaciones culturales adoptan en determinado momento el status de patrimonio y es aquí donde la reserva de valor, tanto social y económica para un pueblo o una nación, está en sus expresiones creativas y monumentales.

Capital cultural alude al conjunto de instrumentos de apropiación de los bienes simbólicos, (Coelho, 2000: 98), en el plano individual un instrumento para la apropiación de estos bienes simbólicos es la alfabetización y la educación en general. Del lado de la producción, forma parte del capital cultural, los productos o equipamientos necesarios para crear ese bien simbólico, el celuloide para el cine, el lienzo para la pintura o el turismo para el patrimonio. De lo anterior podemos deducir que el turismo es una estrategia de apropiación de los sitios, monumentos o expresiones; no existen  recursos turísticos sino recursos naturales y/o culturales que el turismo como estrategia los visibiliza, los pone en valor.

David Throsby nos señala que tanto la teoría económica como los teóricos culturales, tienen la posibilidad de reconocer los valores o atributos de la cultura desde sus respectivas disciplinas y provocar el encuentro provechoso de ambas,  establecer una base común, los prolegómenos para el análisis de los aspectos económicos y culturales de los bienes y servicios que desarrolla el turismo.

II. NATURALEZA Y VALOR DE LOS BIENES CULTURALES

Hay quienes afirman que la distinción entre patrimonio físico y patrimonio inmaterial, se nos muestra como algo artificial. Los sitios y monumentos del patrimonio material adquieren su pleno sentido y razón de ser a la luz de sus valores simbólicos. De igual manera, la dimensión inmaterial para su conservación o salvaguarda necesita de su materialización en signos visibles.

Esta simbiosis, constituye una valoración necesaria para una mejor representación de la diversidad cultural considerando que existen pueblos que privilegian la forma oral frente a la escrita, las artes y las tradiciones populares más que aquellas consideradas en la clásica definición de las “Bellas Artes” que tienden a valorar lo monumental en todo sentido.

Los bienes culturales físicos tienen referencias inmateriales claras como lo demuestra la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Entre estas referencias podemos mencionar la referencia espiritual en sitios como el Vaticano, Santa María de Guadalupe, la Gruta del Apocalipsis de Patmos o los monumentos conmemorativos de Lutero en Esleben o Wittenberg; El Cairo islámico y el mundo budista el templo de Confucio en China y otros templos hindúes en la India.

La referencia social, también es observable en algunas inscripciones que tienen como finalidad destacar las características de la ocupación humana en un sitio natural o una ciudad histórica; ejemplo: Venecia y su laguna, el Gran Zimbabwe, ciudades históricas de México como Morelia o Guanajuato.

Algunos expertos como Jean-Louise Luxen, quien fuera secretario general de ICOMOS, señala también la referencia artística como poco frecuente en su utilización como criterio inmaterial de algunos bienes de la Lista de Patrimonio Mundial. Entre ellos destaca la Acrópolis de Atenas, El Escorial en España y los sitios de Weimar y Dessau en Alemania o la ciudad de Salzburgo en homenaje a Mozart o el monte Taishan por su influencia en la pintura china.

En esa misma línea, Luxen propone que una nueva referencia inmaterial merecería ser investigada aludiendo a las plazas públicas o lugares de reunión donde se expresan las diferentes formas de cultura popular, reconociendo así el carácter efímero de muchas expresiones artísticas como la tradición oral y pone como ejemplo la Plaza Djama el Fná en Marrakech, Marruecos, que sin contar con edificaciones suntuosas es un lugar de tradición inmemorial donde se expresan los narradores, saltimbanquis, músicos, escultores, entre otros.

Este aspecto que lo podemos ubicar como parte de la apropiación y uso social del patrimonio nos obliga reflexionar que los monumentos, sitios, ciudades, centros históricos mantienen su vigencia a partir de la tradición vital de la población que los habita y constituyen valores a considerar para el turismo cultural.

Especialistas en el tema nos indican que “Han sido los propios habitantes los que tradicionalmente han mantenido sus templos, sus viviendas, la estructura urbanística, los bienes muebles, las tradiciones, la organización social. Esta combinación hombre-espacio-objetos es lo que ha posibilitado y conservado viva la identidad cultural de los centros históricos”1.

El sentido de apropiación y significado que los habitantes imprimen a los espacios que ocupan es un valor a considerar, es un signo identitario, un acto de recreación al descubrir su propia historia, su memoria colectiva.

Lo que es evidente en este pequeño análisis es la clara necesidad de avanzar en identificar los elementos del patrimonio inmaterial asociados al patrimonio tangible para una mayor valoración y significado como bienes patrimoniales en la perspectiva del turismo cultural como estrategia de desarrollo humano.

III. LOS RECURSOS CULTURALES COMO ACTIVOS PRODUCTIVOS DEL TURISMO SUSTENTABLE

El turismo sustentable en zonas de bajo nivel de desarrollo, puede contribuir a generar actividad económica y de desarrollo social con un bajo nivel de inversión  y contaminación ambiental y cultural; para ello es necesario recursos humanos preparados y especializados que integren pequeñas y medianas empresas que ofrezcan alternativas de empleo  y posibilidad de ingresos a la comunidad quienes crean y recrean sus recursos culturales.

El turismo sustentable promueve una utilización más responsable de los recursos naturales y culturales y una mayor conciencia sobre la conservación del patrimonio tanto en la población local como en los turistas.

El desarrollo del turismo sostenible genera a nivel de regiones y países valor agregado, empleo, divisas e inversiones, en niveles de creciente importancia en el marco del desarrollo económico y social de esos países.

El turismo, puede transformarse en un dinámico e importante promotor del desarrollo sostenible, cuyos efectos de integralidad y dinamismo trascienden las cuentas e indicadores existentes para medir el desarrollo humano al ofrecer variables que contribuyen una mejor apreciación de los procesos de desarrollo centrado en las personas.

Para el logro de esos objetivos es necesario considerar elementos que hagan posible la participación en los beneficios entre el capital y la población autóctona en los países anfitriones. A esto se le conoce como la “responsabilidad social del turismo”. Esta meta de desarrollo con equidad requiere de la satisfacción de al menos tres aspectos:

1, Educación, representa el futuro de las nuevas generaciones, creando facilidades necesarias para la existencia de condiciones y acceso a la educación pública y educación no formal en asuntos técnicos para las poblaciones locales.

2. Formación profesional en distintos niveles. Las empresas turísticas requieren de trabajadores cualificados y no únicamente de buena voluntad, trabajadores con conocimiento.

3. Formación empresarial para que los emprendedores locales puedan crear pequeñas empresas generadoras de empleo y complementarias los hoteles y otros servicios. Empresas familiares en alimentación, artesanía, hospedaje, medio ambiente, etc.

Es importante no perder de vista lo que señala el clásico libro de Néstor García Canclini Culturas Populares en el Capitalismo, respecto a las rupturas entre lo económico y simbólico signado por la división técnica del trabajo que diferencia las funciones económicas de las culturales. García Canclini y Godelier sustentan que lo material y lo simbólico constituyen una unidad indisoluble.

La unidad del proceso productivo tradicional de los indígenas lo constituye la familia. La diversificación del proceso productivo propio del sistema capitalista es hostil a esa estructura productiva tradicional al promover la competencia y un criterio utilitarista de carácter individual.

“Los pueblos campesinos de raíz indígena que vienen siendo integrados a la sociedad nacional desde que ésta existe conservan una cierta experiencia comunitaria sostenida por estructuras económicas y simbólicas: formas de producción y hábitos de vida en los que la familia es la unidad clave, un conjunto de creencias y prácticas materiales apropiadas, una relación específica con la naturaleza y una lengua propia para nombrarla.” (G. Canclini 2002).

En nuestros países centroamericanos, el  turismo generalmente se realiza en zonas y comunidades de bajo nivel de desarrollo humano, mismos que concentran en sus territorios recursos naturales y culturales de enorme valor e importancia biológica y/o  histórica que los convierte en bienes de interés público.

Estos mismos bienes que concentran, en muchas ocasiones la síntesis histórica de un colectivo, pueblo o comunidad o forman parte de su paisaje cultural, adquiere desde la perspectiva del turismo una atracción traducible en réditos económicos, necesarios también para la conservación a las nuevas generaciones de ese bien cultural.

Los procesos de desarrollo cultural como el turismo y sus inversiones por parte del Estado, deben ser dirigidos en una primera fase para solventar problemas estructurales e infraestructurales, invertir en capital humano y reestablecer los derechos culturales de una serie de grupos sociales marginados por las condiciones de pobreza y aislamiento.

Las dinámicas altamente homogeneizantes que trae consigo la globalización, facilita la comunicación y los intercambios de bienes y servicios. Esta realidad, plantea a escala mundial la asimetría evidente entre diferentes niveles de desarrollo, condiciones desiguales de producción que pone en evidencia las condiciones de vulnerabilidad en países que cuentan con mercados de pequeña escala.

Esa fragilidad característica principal del producto turístico cultural, se reconoce en la legislación internacional y requiere de atención especial por parte de los gobiernos nacionales y bloques subregionales que hagan viable recursos de la comunidad internacional.

Ahora, la puesta en valor del patrimonio requiere de identificaciones, de indicadores que den cuenta de la existencia de esas valoraciones significativas como activos en su doble naturaleza: económica y cultural y viabilizar así los flujos de capital, donde aparece la dinámica del turismo.

Otro desafío que se desprende del anterior es: que estrategia usar para la apropiación y puesta en valor del patrimonio colectivo en las actuales y  nuevas generaciones, como símbolos y huellas de identidad. Estos mecanismos de identificación social (identitarios) y económicos (productivos) deben traducirse en oportunidades de empleo y factor de cohesión social.

Además de ese extraordinario valor, desde hace mucho tiempo se ha reconocido en el patrimonio cultural su condición vulnerable. Debido a esa significación y a esta vulnerabilidad, las tareas de preservación del patrimonio están  ocupado un lugar predominante entre los esfuerzos culturales tanto a nivel nacional como en el de la cooperación internacional.

En el plano de la preservación un punto fundamental son las labores de registro, punto de partida para el resto de tareas. En cuanto a los registros de la cultura intangible una actividad central son las acciones dirigidas a la reconstrucción de la historia local y su puesta en valor, (cronistas); de igual manera la catalogación escrita y audiovisual de narraciones orales, videos de festividades, inventarios, etc.

El capital cultural en sus dos acepciones (material o inmaterial), puede convertirse en recurso cultural para el desarrollo en dos posibles vías:

  • Los recursos como base para la productividad en las industrias de la creatividad (industria editorial y discográfica) y la comunicación (diseño y publicidad).
  • Los recursos como base para la productividad social y el bienestar humano a largo plazo: los valores de cohesión social, el sentido identitario y ciudadano, la preservación de la memoria, la gobernabilidad y construcción de ciudadanía.

Entre las acciones concretas de revitalización mencionaremos las siguientes:

  • Marcos legales y normativos del patrimonio para regular la dinámica del mercado de productos y servicios culturales.
  • Desarrollar incentivos a las inversiones que rescaten los elementos simbólicos y las prácticas identitarias.
  • Generación de sellos de origen de marca para productos culturales que defiendan la producción.
  • Establecer enlaces interinstitucionales: cultura, cámaras de turismo, banca, universidades, comunidades y grupos artísticos para facilitar estos procesos.
  • Alimentar el dialogo social sobre política económica, pequeña y mediana empresa y banca de desarrollo social en el tema de la cultura.
  • Inventariar recursos culturales de las comunidades para construir proyectos viables que combatan la pobreza y definir su acompañamiento por los proyectos de inversión al desarrollo turístico.

RIESGOS Y OPORTUNIDADES DEL TURISMO CULTURAL

  • En principio podemos señalar que las manifestaciones inmateriales son por su naturaleza, de carácter eminentemente frágil de ahí la atención reciente de la comunidad internacional de prestar atención a las medidas y acciones para su salvaguarda, principalmente con la adopción unánime en la UNESCO de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural en noviembre de 2001 y la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial de 2003.  La adopción de la Convención constituye una acción positiva de los estados nacionales a favor del turismo cultural.
  • Los países latinoamericanos poseedores de gran diversidad cultural y natural hacen frente a una serie de problemas comunes como los desplazamientos de grupos humanos, pérdida de tierras, degradación del medio ambiente, conflictos armados, narcotráfico y catástrofes naturales que afectan el contexto en el cual se desarrolla la actividad turística.
  • Muchos retos enfrenta hoy el reconocimiento de la cultura tradicional como fuente de riqueza e identidad de los pueblos étnicos. La comercialización de la cultura tradicional y popular se ha transformado en un problema internacional como resultado de las nuevas tecnologías de la comunicación, el turismo internacional y la economía de mercado. Muchos aspectos del patrimonio intangible requieren de medidas legales para su salvaguarda, protección y promoción en beneficio de sus propios creadores. Muchos ritmos musicales, diseños, medicina tradicional, se comercializan en países desarrollados sin que las poblaciones que les dan origen reciban beneficio alguno.
  • El enfoque economicista en los modelos de desarrollo aplicados en América Latina, marginó aspectos ahora valorados por investigaciones recientes como el Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo Nuestra Diversidad Creativa (UNESCO 1996) y que siempre han estado ahí: la diversidad étnica y lingüística frente a una concepción homogénea de las sociedades que privilegia la competencia y la utilidad frente a las necesidades de seguridad y bienestar integral y sentido de la vida.
  • Como se ha podido constatar a través de la historia de nuestros países centroamericanos, la negación de las culturas y lenguas indígenas constituye una de las más graves violaciones a los derechos culturales de estos pueblos. En la medida que estas culturas y lenguas sigan marginadas de los programas nacionales de educación y de las principales políticas culturales de los estados, constituyen muestras persistentes de discriminación étnica y factor critico para el desarrollo del turismo cultural.
  • El aumento de las capacidades y oportunidades para los pueblos indígenas y negros de Centroamérica a través del turismo cultural, requiere de mayor equidad en el acceso a las oportunidades en beneficio de los actores locales frente a las corporaciones nacionales o transnacionales del turismo.
  • Muchos pueblos indígenas de nuestra América son pobres y carecen de servicios básicos como agua potable, luz eléctrica y servicios sanitarios lo cual crea problemas de salud que la escasa cobertura del sistema de salud pública no alcanza sus poblados. Esto sumado a los difíciles accesos que impide se beneficien de otros servicios del Estado e impida el desarrollo del turismo cultural o rural.
  • La tendencia a exhibir y mostrar la cultura autóctona del país receptor a partir de criterios estrictamente mercantiles, banalización de la historia y escenificación artificial de sus modos de vida, pone en riego los criterios de autenticidad al adaptarlas a una estética globalizada que promueve lo exótico o lo étnico alejado de las realidades comunitarias.
  • Entre las oportunidades podemos mencionar que el patrimonio y su puesta en valor tiene ante sí la oportunidad de articularse con la industria turística y la generación de recursos para su sostenibilidad.
  • Posibilidad de disminución entre la brecha existente entre las zonas metropolitanas y las regiones periféricas en cada uno de los países.
  • Evitar la depredación y saqueo del patrimonio histórico, la destrucción de los cascos históricos en las ciudades históricas y progresivo deterioro de pequeños sitios naturales (cuevas, arte rupestre, petroglifos, etc.)

En foros internacionales se destaca cada vez con mayor énfasis, la necesidad de establecer un equilibrio entre la lógica del turismo y la naturaleza de la gestión cultural, amabas dimensiones están presentes en los bienes y servicios culturales. La Declaración de Santo Domingo (VI Conferencia Iberoamericana de Cultura, OEI, 2002), reconoce la condición vulnerable del patrimonio cultural lo cual obliga a los Estados más débiles a pronunciarse a favor del equilibrio y respetar la potestad de los Estados nacionales de adoptar políticas culturales de fomento cultural en el marco del cumplimiento normativo del comercio internacional.

“La conciliación de estos dos imperativos constituye un importante desafío, teniendo en cuenta que este es uno de los segmentos mas dinámicos y con mayores perspectivas de crecimiento en las próximas décadas, tomando en consideración los derechos individuales y colectivos de propiedad intelectual, el derecho a la producción y al consumo cultural, así como la salvaguarda del patrimonio.” (Declaración de Santo Domingo, OEI, 2002).

Esta doble naturaleza también ha sido plenamente manifestada en otras declaraciones de cumbres de ministros de Cultura y en los intensos debates políticos en el seno de la UNESCO previo a la aprobación de la Convención sobre la Diversidad de la Expresiones Artísticas y Culturales en 2005.

La legitimidad en la aceptación del valor de los sitios patrimoniales, objetos y expresiones radica en el reconocimiento universal que se les otorga. El patrimonio adquiere así una significación más cercana a la sociedad que la crea y aprecia.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

  • Coelho Teixeira, Diccionario Crítico de Política Cultural, 2000, México, CONACULTA/ITESO/Gobierno de Jalisco
  • Garcia Canclini, Néstor, Culturas Populares en el Capitalismo, 2002, México, 6ª edición, Grijalbo
  • García Canclini, Coord, Las Políticas Culturales en América Latina, 1987, México, Grijalbo.
  • Luxen, Jean Louis, La dimensión intangible de monumentos y sitios con referencia a la lista del patrimonio mundial de la UNESCO, ponencia presentada en Seminario: El Patrimonio Cultural Inmaterial, UNED-Universidad Carlos III de Madrid-CAB 2004
  • Mejía, Mario Hernán, Coord, Honduras y el Universo de su Patrimonio Inmaterial, 2004, UNESCO/SCAD, Tegucigalpa.
  • Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, Plan Nacional de Desarrollo Cultural a largo plazo, 2005
  • Organización de Estados Iberoamericanos, Cultura y Sostenibilidad en Iberoamerica, 2005, OEI, Madrid
  • Throsby, David, Economía y Cultura, 2001, Madrid, Cambridge University Press

Nota:

1Cabezas, José Luis, ponencia El Programa de Patrimonio Cultural de la Cooperación Española, Tegucigalpa, Honduras 1 de mayo de 2002.