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Estado y Cultura Evolución Histórica  

La Política Cultural en Nicaragua:  Una Mirada Retrospectiva

 

Desde comienzo del siglo XIX, se inicia en Nicaragua un complejo proceso de emancipación política. El proceso de independencia no fue inmediato ni lineal, sin embargo, una vez consumada, no se alcanzó la estabilidad política, económica y social, sino, por el contrario, se inició lo que se conoce como el Período de la Anarquía. Se trata de una etapa de nuestra historia de constantes definiciones y redefiniciones: una época de luchas, levantamientos y disputas en torno al proyecto de país por el que pugnaban los distintos grupos políticos.

En la primera mitad del siglo XIX reúne, en el escenario de su definición como nación, a independentista y realistas, promonárquicos y republicanos, civiles y militares, caudillos y funcionarios, liberales y conservadores. Este complejo escenario formativo de nuestra historia también estuvo marcado por la diversidad entre la modernidad que encerraban los proyectos políticos, y la novedad de las leyes e instituciones con respecto al acentuado tradicionalismo social y cultural.

Desde su origen, los elementos que hoy conforman lo que llamamos cultura nicaragüense, constituyeron un espacio de confluencia y diversidad; riqueza y vigor, lejos de uniformar o dirigir la vida cultura, han favorecido siempre la renovación y el diálogo. Convivencia de tradición y novedad, divergencia y convergencia; esa cultura común es entonces una construcción colectiva, mestiza y diversa, en cuanto a la conjunción del carácter múltiple de quienes ya no son ni conquistadores ni conquistados. La definición de una política cultural nicaragüense resultaba aún más difícil de precisar, pues aunque existían elementos para definir nuestro pasado, y el orgullo depositado en valores, formas e ideas propios y originales, el planteamiento de la responsabilidad del naciente Estado en esta materia era absolutamente novedoso. Quizá sea legítimo ver en la creación de la Universidad de León un antecedente de política cultural ya que delimita y reglamenta diversos espacios del quehacer científico y cultural.

La política cultural de la primera mitad del siglo XIX sólo enfatizó la búsqueda de lineamientos que definieran nacionalismo o soberanía, pero no hay que olvidar que el confuso espectro de la época y la permanente inestabilidad del país no sólo dificultaban esos empeños, sino incluso atentaban contra cualquier equilibro. Constituciones o leyes, decretos o caudillos, fronteras y banderas, estaban en continua posibilidad de mutación, superposición o desaparición.

1. Educación y cultura en el período conservador y liberal

En la medida que Nicaragua iniciaba su construcción como nación independiente, se precisaba definir las instituciones y el conjunto de leyes y acciones que permitirían gobernar al país, el tipo de gobierno, los límites del territorio y las bases de la organización social. Los primeros antecedentes de política cultural se encuentran ligados a la delimitación jurídica de la soberanía de la nueva nación y al establecimiento legal de su sistema educativo.

  El fracaso de la Federación Centroamericana, la guerra civil, y finalmente la lucha en contra de los filibusteros norteamericanos, marcan el final de una época, convulsionadas pero  igualmente el inicio de otra: la del proyecto conservador. Este proyecto, iniciado en 1857 con el pacto Martínez-Jerez apuntaba a un gobierno fuerte y centralizado. Para los conservadores eran las costumbres y no las leyes las que daban origen al orden. 

  Los conservadores comprendían que el progreso y la civilización solamente se podían lograr por medio de la introducción del telégrafo, el buque de vapor y la locomotora, por una parte. La educación, el mestizaje y la inmigración por la otra. 

  Evaristo Carazo el 1 de marzo de 1887 en su discurso inaugural ante el Congreso repetiría la formula:

  "Estoy íntimamente convencido, de que todos nuestros esfuerzos por sacar al país del estado rudimentario en que se encuentra, son pocos eficaces para acelerar su marcha progresiva, mientras no se llame en nuestro auxilio una benéfica corriente de inmigrantes, que nos traigan luz, inteligencia y trabajo".¹ 

  Además de la anhelada inmigración, en el proyecto conservador se contemplaba el hacer a los "nicaragüenses" individuos distintos de lo que hasta entonces habían sido. El instrumento para el cambio sería la educación.   El Presidente del Congreso General don Fernando Guzmán dirá:  Si para todo pueblo que desea hacerse un lugar entre las naciones civilizadas, la instrucción de las masas es de suma trascendencia, para nosotros es cuestión de ser ó no ser.  Fuera de que ella es la base de todo adelanto social, el lugar que ocupamos en nuestro Continente, que por su posición en el Globo y sus especiales condiciones topográficas está llamado á ser, en época no muy lejana, el punto á donde se dará cita una numerosa inmigración cosmopolita, nos obliga á elevar cuanto antes, por medio de la enseñanza, la condición social de nuestras masas, si no queremos exponerlas al destino inevitable de las razas incultas al contacto de las civilizadas".²

 Para tal efecto se fundaron los institutos nacionales de León y Granada y el Colegio de Señorita,³ asimismo por el decreto legislativo del 3 de abril de 1879 se mandó a establecer dos universidades en las ciudades de León y Granada.4  En ambas universidades se fundaron las Facultades de Medicina, Farmacia, Ciencias Naturales y Derecho.  En esta última se impartía entre otras materias el Derecho Patrio y el Derecho Canónico en el tercer año de la carrera.5   Esta última materia obedecía al Concordato firmado entre la Santa Sede Apostólica y la República de Nicaragua, en donde claramente se establecía en su artículo I: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la Religión en la República de Nicaragua, y se conservará siempre con todos los derechos y prerrogativas de que debe gozar según la ley de Dios y las disposiciones de los Sagrados Cánones”.

  Artículo II-. “En consecuencia, la enseñanza en las Universidades, colegios, escuelas y demás establecimientos de instrucción, será conforme á la doctrina de la misma Religión Católica; al cual efecto los Obispos y Ordinarios locales, tendrán la dirección libre de las Cátedras de Teología, de Derecho Canónico y de todos los ramos de enseñanza eclesiástica: y á más de la influencia que ejercerá en virtud de su ministerio Sagrado en la educación religiosa de la juventud velarán por que en la enseñanza de cualquiera otro ramo nada haya contrariado á la Religión, ni á la Moral.6

  Otro elemento importante en la instrucción fue la historia patria materia obligatoria en las escuelas de primarias y secundarias respectivamente7 .

  La educación sería el instrumento para formar individuos con virtud y patriotismo.  Para este fin capacitarlos en la fe, en el dogma cristiano y en los valores patrios traería como consecuencia la " luz de la razón i de las doctrinas morales por medio de la enseñanza propia i bien sistematizada".8 y la paz en la nación nicaragüense.9

  La educación a partir de 1879 se tornó obligatoria.  En el reglamento de Instrucción Primaria en su Título Preliminar se lee: Art.I- "La instrucción primaria es gratuita i obligatoria."10  La obligatoriedad estaba regida por la represión, ya que se establecía para tal efecto la policía escolar, que entre sus funciones estaba la de imponer multas y penas a los padres de familia que sin causa justa no enviaban a sus hijos a las escuelas".11   En las escuelas públicas era obligatorio que una vez a la semana éstas fueran visitadas por los inspectores locales.

  Se establecieron impuestos en los departamentos con el fin de "llenar el déficit del presupuesto de la enseñanza primaria".12   También se fundaron escuelas nocturnas de instrucción primaria para los artesanos, por ejemplo en Masaya.13  El único requisito que se establecía era el de "una conducta intachable".  La educación se comprendía durante los años conservadores como la lucha  entre la luz y la tiniebla, entre la ignorancia y la virtud.  Cultivar a los ciudadanos en los altos valores morales era la misión de los gobernantes.  El medio de lograrlo era la divulgación de la enseñanza  religiosa. Al igual que en la doctrina liberal el Estado era el garante de proporcionar a la población la educación necesaria para el progreso.  En el reglamento de instrucción primaria  establecía:  "El Estado que tiene el derecho de castigar el crimen por el bien de la sociedad, debe tenerlo para evitarlo, destruyendo sus causas, i como la ignorancia es una de ellas, puede i debe perseguirla, sustrayendo de su imperio á las jeneraciones que se levantan".14

El sistema educativo respondió a esa lucha de la civilización versus barbarie y a los requerimientos políticos de la construcción del Estado Nacional. También el sistema educativo del siglo pasado respondía a la necesidad de garantizar el orden social a través de la adhesión de las normas dominantes.  Este sistema, en el fondo tenía la misión de trasmitir valores basados en el respeto a las leyes y la lealtad dela nación, por encima de las pertenencias culturales regionales; asimismo fomentar una conciencia de unidad nacional e intereses patrióticos. En este sentido lo propio de la formación del ciudadano en el período de construcción y consolidación del Estado Nación fue el énfasis en los aspectos simbólicos y rituales que buscaban la cohesión social y la aceptación de las pautas morales en los cuales se basaba la socialización.

De esta forma la educación cumplía la función de instrumento para formar a los individuos con virtud y patriotismo, además tenía la misión de garantizar el orden, el progreso, pero principalmente asegurar desde el Estado la cohesión de la sociedad y promocionar la continuidad del régimen político

La llamada revolución liberal, promovida por el general José Santos Zelaya, y trazó varios de los lineamientos de la educación pública en Nicaragua: determinó la responsabilidad sustantiva del Estado sobre la educación; estableció la libertad como base de la enseñanza y la educación laica, fomentó la instrucción elemental para todos los pobladores del país y promulgó la fundación de las escuelas normales con propósito de preparar un profesorado consciente de su función social

En términos de política estatal de la Nicaragua de la segunda mitad del siglo XIX, la educación cumplía la función de promotora y generadora cultural. En un país, salido de una guerra civil, la educación durante estos cincuenta años asumía la responsabilidad de encontrar un conjunto de valores que, dentro de la diversidad, ofreciera el origen de la unidad: promover el uso de un idioma común, definir los valores sociales que le dieran vida y sentido a la patria y crear entre los nicaragüenses una conciencia de nacionalismo arraigado, capaz de enfrentar agresiones o amenazas externas.

Asímismo se manifiesta desde entonces la búsqueda de una educación integral que de alguna forma responde a una preocupación por vincular, en términos generales,  los valores culturales con el proceso educativo. Sin embargo, lo cierto es que faltaba reconciliar la diversidad de propuestas y proyectos, encauzar las diferentes definiciones y delimitar una política cultural.

2. La Política cultural durante la primera mitad del siglo XX

Erwin Harvey, ha realizado la siguiente periodización con respecto a las etapas de las políticas culturales en América Latina:

*Primer periodo. Corresponde a las tres primeras décadas del siglo XX y se caracteriza por el mecenazgo y la acción coyuntural del Estado.

·        Segundo periodo. Corresponde a la transición de los años treinta y se caracteriza por la aparición de organismos culturales de fomento, enfocados primordialmente a la protección de los patrimonios históricos y artísticos.

·        Tercer periodo. Corresponde a la posguerra y la década de los  cincuenta, se caracteriza por la presencia de organizaciones de carácter internacional y en él se hace manifiesto el interés en las industrias culturales audiovisuales.

·        Cuarto periodo. Corresponde a los años sesenta y se distingue por la generalización de organismos culturales del área y el desarrollo de legislación en la materia, entre otras: propiedad intelectual, bibliotecas y financiamiento.

·        Quinto periodo. Se inicia en 1970 con la Conferencia de Venecia sobre Políticas Culturales y plantea el examen de las políticas regionales en la materia y las consecuentes reuniones continentales.

·        Sexto periodo. Corresponde a los años ochenta y en él se pone énfasis en el financiamiento. También sobresalen consideraciones sobre el papel del Estado en la formulación de las políticas culturales, así como la participación creciente de la sociedad y de las comunidades universitarias.

Sin embargo, ya para la Conferencia Mundial sobre políticas Culturales efectuada en México en 1982 se planteó la necesidad de fijar un porcentaje anual para la cultura en los presupuestos nacionales, así como el aprovechamiento de otras fuentes de financiamiento y una mejor distribución de los recursos. En la actualidad, la UNESCO ha recomendado un mínimo equivalente a 1 % del presupuesto nacional de egresos.

A pesar de todos los compromisos suscritos, la Reunión de Ministros de Cultura de Puerto España en 1994 evidenció la fragilidad del sector en muchos países, en particular en aquellos sujetos a los procesos de desarrollo, debido a los ajustes presupuestarios. Las conclusiones de ese encuentro exhiben las siguientes situaciones para el sector:

·        Reducción del financiamiento tanto público y privado como de la comunidad internacional para proyectos culturales de la región latinoamericana.
·        Anteposición de rubros como educación y salud al de  cultura.
·        Necesidad de idear planteamientos creativos para el financiamiento de proyectos, mediante empresas culturales viables con tendencia a la autosuficiencia.
·        Distribución regional insuficiente de las cargas financieras de proyectos comunes en que participa el sector turístico.
·        Mercadeo precario en medios de información.
También en la reunión, se recomendó algunas acciones comunes necesarias para los países latinoamericano en materia de financiamiento de la cultura:
·        Fortalecer las administraciones locales.
·        Formar públicos para la oferta cultural.
·        Profesionalizar a los administradores y gestores culturales.
·        Generar información estadística del sector.
·        Crear mecanismos de contraloría social para la gestión de los fondos culturales.
·        Diversificar las fuentes de financiamiento.

3. La Política cultural durante el régimen somocista

De acuerdo a esta periodicidad, se puede afirmar que el desarrollo de la política cultural en Nicaragua ha sido pobre. y asimétrica.
Si tomamos de referencia las leyes y decretos con respecto a la cultura, promulgados entre los años de 1900 a 1979, podemos aseverar que se caracterizó por la acción coyuntural del Estado, y una escasa protección de los patrimonios históricos y artístico. Entre las características principales que podemos destacar en este período se encuentran las siguientes:

·        La cultura es concebida por el Estado autoritario, como una forma de control, dominio y legitimación de su poder.
·        El Estado, como parte de su política cultural, procura un conformismo de las masas fuera del ámbito de lo público, sin politizar totalmente a la sociedad, y sin recurrir tampoco a la producción creciente de los valores de uso colectivo.
·        Imposición, promoción y divulgación de una identidad hegemónica excluyente ( de origen conservador); separando formal y legalmente a las demás expresiones plurales del arte y el pensamiento.
·         Censura o en todo caso control formal y legal de las expresiones artísticas e intelectuales de la sociedad civil
·        Deterioro y saqueo del patrimonio cultural arqueológico e insuficiencia de recursos y normas legales para su rescate y preservación.
·        Escasa relación entre los sistemas educativos y culturales nacionales.
·        Estructuras de gestión cultural inorgánicas, dispersas y verticales.
·        Concepción restringida de la gestión y la promoción cultural.
·        Escaso desarrollo de las instituciones culturales.

4. La política cultural durante la revolución sandinista

Con el triunfo de la revolución sandinista, a través del decreto No. 6 de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, fue creado el Ministerio de Cultura.

A este Ministerio le correspondió el planteamiento, la ejecución y el desarrollo de una Política Cultural, que correspondiera con los principios de la Revolución Sandinista.

En el libro “Hacia una Política Cultural de la Revolución Sandinista”, que recoge los discursos de Tomás Borge, Bayardo Arce, Carlos Nuñez, Daniel Ortega, Luis Carrión, Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez con respecto a la  cultura, señalan que esta debe de ser popular, democrática, nacional y antiimperialista, “ previendo sus problemas, y convocando al pueblo y a sus artistas e intelectuales a la máxima actividad creadora dentro del proceso revolucionario”.

En el programa del Ministerio de Cultura con respecto a la política cultural, se trazaron los siguientes objetivos específicos:

1-     Fomentar la cultura entregándole al pueblo los mecanismos para ello, de tal manera que se convierta en otro instrumento de liberación.
2-     Rescatar y consolidar el legado cultural del pueblo nicaragüense, para sustentar la identidad nacional.
3-     Iniciar científicamente las investigaciones antropológicas, arqueológicas, literarias, plásticas, musicales y teatrales.
4-     Organizar y desarrollar el deporte.

Entre las funciones del Ministerio de Cultura estaban las siguientes:

1-     Crear organismos de dirección, planificación y administración de la cultura a nivel nacional;
2-     Organizar actividades de animación y promoción cultural que garanticen la participación activa y masiva del pueblo a nivel regional, departamental, municipal y comarcal.
3-     Fundar instrumentos para la conservación del Patrimonio Cultural.
4-     Propiciar la producción de bienes culturales para responder al crecimiento de las necesidades que experimentará la sociedad nicaragüense en proceso de reconstrucción, transformación, y promoverlos a nivel internacional.
5-     Capacitar los recursos humanos necesario para la dirección, planificación, administración y fomento de la cultura.

Para  alcanzar los objetivos específicos señalados anteriormente, se formaron nueve programas:

1- Dirección de enseñanza artística.
2- Dirección de bibliotecas y archivos.
3- Dirección de patrimonio histórico.
4        Dirección de artesanías.
5-     Instituto Nicaragüense de Cine.
6-     Instituto Nicaragüense de Deporte y recreación.
7-     Investigaciones culturales.
8-     Fomento del Arte.
9-     Dirección de los Centros Populares de Cultura.

También para esa época se forma la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC), que estaba integrada por las siguientes uniones:

-         Unión de escritores Nicaragüenses (UNEN)
-         Unión de Artistas Plásticos.
-         Unión de Músicos de Nicaragua
-         Unión de Danza
-         Unión de Teatristas.
-         Unión de Fotógrafos.

A finales de 1982 se constituyó la organización COCULTURA, adscrita al Ministerio de Cultura y con personalidad jurídica propia, y estuvo compuesta por las siguientes empresas de Bienes Culturales de carácter mercantil

1-     Empresa Nicaragüense de Artesanía.
2-     Empresa Nicaragüense de Artistas de Espectáculos.
3-     Empresa Nicaragüense de Distribución y Exhibición Cinematográfica
4-     Empresa Nicaragüense de Ediciones Culturales.

El Ministerio de Cultura fue disuelto en el mes de abril del año de 1988, de acuerdo con lo establecido por el Decreto 327.

En el mes de marzo de 1989, se crea el Instituto de Cultura, entidad estatal con personalidad jurídica, patrimonio propio y plena capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, a cargo de un Director General nombrado por el Presidente de la República.

En la misma fecha por el Decreto 428 se estableció el Consejo Nacional de Cultura, como organismo superior de consulta de la Presidencia de la República, con el objetivo de analizar y elevar recomendaciones a la presidencia sobre las políticas generales y planes globales en el sector de Cultura.

5. La Política Cultural durante la década de los noventa

Con el acceso al poder del nuevo gobierno presidido por doña Violeta viuda de Chamorro, se inicia lo que se conoce como la Reforma del Estado. A través del decreto 1-90 del 25 de abril de 1990 se dicta la Ley Creadora de Ministerios del Estado, la que contemplaba la constitución de doce Ministerios. Se le asigna al Ministerio de Gobernación la función de aprobar los estatutos de las asociaciones civiles y centros culturales y sociales que requieran ese requisito para la obtención de la personalidad jurídica.

En cuanto al Ministerio de Educación, la ley determina que en lo referente de la cultura, deberá tener en cuenta en las campañas de alfabetización el inculcar en la juventud como obligación natural la defensa de la independencia política, económica y cultural del país.

Por medio del decreto 1-93, del 9 de enero de 1993, se determino la creación del Ministerio de Acción Social y de Turismo. A este último le correspondía las actividades relacionadas con el turismo, ya sea directamente o en colaboración con diversas instituciones,  entre otras, el Instituto Nicaragüense de Cultura.

La Ley de Municipio, dispone entre los campos de competencia del municipio, ejercidos por el medio de la gestión y prestación de los correspondientes  servicios, los siguientes:

-         El establecimiento de bibliotecas, museos, bandas municipales, parques zoológicos, promoción de fiestas tradicionales y del folklore y toda clase de actividades que promuevan la educación y la cultura.
-         La realización de actividades complementarias de las atribuidas a otras instituciones y, entre ellas, las relativas a la educación, cultura y deporte.

En octubre de 1994 conforme el Decreto Presidencia No. 44-94, se forma el Comité Ejecutivo para la reforma de la Administración Pública, éste tenía la finalidad de crear un sector público pequeño, fuerte, eficiente y que facilitará la gestión privada.

Asímismo, este decreto junto con la ley No. 290 de “Organización, Competencia y Procedimiento del Poder ejecutivo”, que permite que las instituciones sean más coherentes, eficientes y ordenadas.

Y con la ley de carrera civil, presentada por el presidente Enrique Bolaños ante la Asamblea Nacional el 10 de enero de este año. Esta normativa jurídica va a permitir un diseño de gestión de recursos humanos basado en el mérito, la formación académica  y el desempeño en su cargo.

Ante estos vertiginosos cambios del Estado, cabe la pregunta: ¿ se ha transformando el Instituto de Cultura en un ente, facilitador, democrático y pluralista, descentralizador de los bienes y servicios, que promueve la identidad cultural de nuestro país en su diversidad, con personal  calificado y de experiencia, o por el contrario su visión sigue siendo clientelar, cerrada y sin una política cultural definida?.

Un examen exhaustivo del quehacer del Instituto de Cultura en la última década, nos revelaría una vez más los problemas que venimos arrastrando desde hace casi un siglo: Insuficiente difusión de la pluralidad cultural, deterioro y saqueo el patrimonio, escasa relación entre los sistemas educativos y culturales, sistemas cerrados de poder, personal decorativo ineficiente y poco calificado, falta de planificación, rezago legislativo, acciones coyunturales del Estado, etc.

La cultura nicaragüense, requiere de un Instituto de Cultura que sea vigoroso y saludable en lo administrativo y en su concepción, con participación de la sociedad civil, orientado desde luego al beneficio a la ciudadanía.

 

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