Informe Honduras

Sistema Nacional de Cultura

Capítulo 2

Desarrollo Histórico de la Política Cultural Gubernamental
El Arte al Servicio de la Religiosidad
Antecedentes de la Universidad Autónoma de Honduras
Conformación de un Pensamiento Colectivo
La Reforma de Marco Aurelio Soto
Expresión Artística Cultural
Políticas Culturales y la Modernización del Estado

Desarrollo Histórico de la Política Cultural Gubernamental

Las deficientes comunicaciones durante la colonia e inicio de vida independiente, convirtieron a Honduras en una provincia alejada y aislada, apartada de los grandes focos culturales de la América Virreinal. La imprenta fue introducida hasta 1828 y la Universidad Nacional, fundada en 1847, por cuyo motivo los intelectuales hondureños de aquella época estudiaron, escribieron y actuaron fuera de los límites estrechos de su provincia, principalmente en México y Guatemala.

En la Universidad de México estudiaron en la época española el padre José Lino Fábrega y don Juan Nepomuceno Fernández Lindo, futuro presidente de Honduras; en la de Guatemala, el padre Juan Francisco Márquez y el presbítero José Simón de Zelaya, constructor de la catedral de Tegucigalpa, el padre José Trinidad Reyes, cursaba sus estudios en la Universidad de León, en Nicaragua.

En el campo de la ciencia hubo algunos autores durante esta época. Los misioneros estudiaron la farmacopea prehispánica y seleccionaron lo aprovechable. Y así, el valenciano fraile José Gimbert, guardián del convento franciscano de Granada, en Nicaragua, publicó “Virtudes medicinales de las yerbas de Honduras” y el padre Gregorio López su “Tesorero de Medicinas”. En 1806 se introdujo en Honduras, poco después que en el resto de América, la vacuna contra la viruela.

Entre las personas que pasaron a la historia intelectual, había que mencionar al Jesuita José Lino Fábrega, estudioso de las culturas precolombinas, se especializó sobre todo a partir de su destierro en Italia, en excelente analista del Códice Borgiano. El por supuesto es un exponente más de la capacidad intelectual extraída de Honduras y nunca regresada a ella.

El Arte al Servicio de la Religiosidad

En el campo artístico son notables las aportaciones del período colonial, a diferencia de las realizaciones en el ámbito de las letras, en la pintura destaca en el siglo XVIII el pintor religioso, José Miguel Gómez y el retablista Blas de Mesa, gran parte de los lienzos fueron creados para la iglesia y conventos. En la misma época, con la creación del curso de Artes en el Colegio de Comayagua, surge el interés de los hondureños por la música.
El legado artístico hondureño de esta época se da en toda su plenitud en el campo de la escultura, expresada en magníficos retablos y esculturas estofadas, en platería y en la imaginería religiosa, se puede hablar de la Escuela de Comayagua dentro del movimiento artístico que tiene su foco en Guatemala. En arquitectura, destacan obras militares, religiosa y civiles, en la primeras, se destacan, El Castillo de Omoa (1775), El puesto defensivo de Santa Bárbara en Trujillo ( siglo XVII), entre otras, de carácter religioso sobresalen innumerables iglesias, capillas y ermitas, mismas que continúan en pie destacando la línea del más puro barroco americano, entre ellas, La Catedral de Comayagua (principio del siglo XVIII, San Manuel de Colohete (1721), La Catedral de Tegucigalpa (1765), entre otras, en las construcciones civiles aparecen una serie de edificios de carácter público y privado que embellecen los poblados y dan paso a la distinción de un sector de la población.

Antecedentes de la Universidad Autónoma de Honduras

Hasta 1876 la Iglesia Católica fue en parte una de las entidades promotoras de la cultura. El Colegio Tridentino, se termina de construir en 1737, en 1739 la corona Española aprueba además la ampliación de los estudios en el seminario con una nueva cátedra de Filosofía cuyo primer regente fue José Simón Celaya.

El Presidente Juan Lindo concretiza la iniciativa del Presbítero José Trinidad Reyes con la fundación de un centro de estudios superiores, la Universidad Nacional, en 1847. También este sacerdote hondureño fomentó el teatro y la música, mediante la escritura y puesta en escena de pastorelas y villancicos.

La Universidad de Tegucigalpa contaba con frecuencia con Rectores sacerdotes, así como con un buen número de clérigos que impartían en ella sus clases. La primera escuela pública que se abrió en el pueblo de Yoro en 1830 fue financiada con fondos de cofradías y el maestro asistía con todos los niños a los divinos oficios del sacrificio de la misa los días de fiesta. Los nombres de Mariano Castejón, Francisco Márquez e incluso Nicolás Irías, estarán unidos a la historia de la cultura en Honduras.

El Padre Reyes intentará abrir la posibilidad de formación a los más de sus conciudadanos. En su discurso inaugural de la Universidad Nacional, El Padre Reyes reconocerá la situación de decaimiento cultural en la que se encuentra Honduras…las ciencias están todavía encerradas bajo los pergaminos y capelladas. Pero ello no fue motivo de tenor para el Padre Trino ni de su ilusión de formar hombres para la religión y para el estado. Es necesario redescubrir y poner ante el pueblo hondureño la cultura; esa cultura que “defiende la libertad sin estrépito ni efusión de sangre... contiene los avances del despotismo... (y) al hombre... lo hace más reconocido y religioso como al gran Newton. La Universidad, pues, tenía ya para Reyes la función de estar presente en la historia de la sociedad protagonizando el crecimiento social hacia el pensamiento de la libertad.

Conformación de un Pensamiento Colectivo

En sus aspectos intelectuales la cultura se va separando de la Iglesia a lo largo siglo XIX hasta nuestros días, no obstante a nivel popular el catolicismo sigue siendo parte de la cultura, ya terminándose el siglo, el obispo Vélez dirá: los pueblos conservan intacto “el precioso tesoro de la religión y de la fe”. Las élites liberales, si bien habían logrado entusiasmar al pueblo con su fraseología de progreso y desarrollo del país, no habían tocado la conciencia religiosa del pueblo. Esta conciencia, alimentada por siglos de un cristianismo popular, continuaba muy semejante a la que hemos descrito en épocas coloniales. Las leyendas e incluso prácticas religiosas no muy ortodoxas, pero en las que participaba el clero, constituían una realidad cotidiana.

"La religiosidad que el pueblo hondureño tiene en comparación con el resto de Centroamérica, es de fieles observadores de los ritos, pero no esclavos de los mandatos de la Iglesia". Si, esto lo decía Wells a propósito de procesiones y fiestas patronales, al comentar la costumbre del "ángelus" volverá a decir que "esta bella costumbre no se observa en Honduras con la misma reverencia que en otros países, por ejemplo, donde muchos se arrodillan y casi todos se descubren. Aquí solo fue un momento de respetuoso silencio". Esta posición, que se mantiene en nuestra actualidad, sólo podría explicarse por las diferencias históricas entre estos países. La minería, el contacto con ingleses y piratas, la insuficiente evangelización, escasez permanente del clero, generan este fenómeno que se irá incrementando con la economía de enclave que las compañías extranjeras adoptarán en Honduras.

Esta menor religiosidad, en definitiva, no es fruto del siglo actual, es resultado del proceso de la conformación histórica de Honduras. Sólo las regiones más occidentales se salvaron de estas influencias y conservaron una mayor religiosidad, así como algunos sectores indígenas de la zona central.

Es evidente que al desarrollo económico, social y político de Honduras se acompaña a una creciente preocupación por unir cultura y compromiso religioso, el conocimiento de la literatura, las actividades literarias y representaciones teatrales públicas, se amplían para llegar también a los diferentes sectores sociales.

Los religiosos, que hicieron esfuerzos por contribuir al desarrollo de la cultura, se limitaron al espacio de las ciudades principales. Los mercedarios, por ejemplo, tuvieron, a partir de 1779 una casa de estudios en Tegucigalpa donde impartían clases de latín, gramática y filosofía, con el total apoyo de la población, que en esos momentos estaba en una de sus épocas de auge.

El esfuerzo cultural, en definitiva no tuvo más repercusión que el mantener a Honduras alejada de la ignorancia y la barbarie. José Cecilio del Valle en el siguiente siglo, sabrá unir la tradición cultural recibida con las nuevas doctrinas, llegadas muchas de ellas en libros escondidos entre el contrabando beliceño.

La aportación de la iglesia es de vital importancia para el desarrollo de la cultura popular; influyó decisivamente en la mentalidad popular, contribuyendo a forjar y reforzar los patrones de hospitalidad, respeto, valores comunitarios, sentido de fiesta, de justicia, entre otros. Esta actividad tuvo mayor repercusión en aquellas zonas de mayor concentración campesina y que habían sido evangelizadas desde el primer siglo de la conquista, tanto en el informe Cadiñanos como en otros documentos se califican como mejores a las parroquias de lo que hoy llamamos occidente del país. La labor de integración cultural y social fue indispensable para que la sociedad hondureña pudiera llegar a la independencia con un mínimo de sentido de pueblo.

La Reforma de Marco Aurelio Soto

La administración de Marco Aurelio Soto formula las políticas culturales estatales así como de las instituciones públicas difusoras de la ciencia, el arte, la técnica. En 1882 fue reorganizada la Universidad, conforme a lineamientos ideológicos positivistas, fomentándose la enseñanza de la química, farmacia, ingeniería, agrimensura.

El proyecto reformista significó una especie de renacimiento cultural para Honduras; se organizó el Archivo Nacional y se creó la Biblioteca Nacional, inaugurada el 27 de agosto de 1880.

La fundación del Archivo y Biblioteca Nacional se basó en la necesidad de preservar, clasificar y divulgar el conocimiento histórico, "la conciencia del pasado" y literario al público en general, democratizando el saber, hasta entonces restringido a las bibliotecas conventuales.

Se promulgó en 1882 el primer Código de Educación Pública, obra de Ramón Rosa, y se reorganizó la Universidad Nacional creando dos facultades más: Ciencias y Medicina y Farmacia. La Reforma estableció dos centros de enseñanza superior que tuvieron vida efímera, La Universidad de Occidente, en Santa Rosa de Copan, creada en 1877 hasta 1884 y la Escuela de Derecho de Comayagua que funcionó entre 1892 y 1904.

La base educativa creada tuvo como consecuencia el nacimiento de la primera generación literaria hondureña de corte romántico cuyo maestro inmediato fue el poeta cubano José Joaquín Palma, rediente en Tegucigalpa.

También se fomentó el culto a los héroes nacionales; para ello se comisionó a Ramón Rosa la redacción de biografías de próceres: Francisco Morazán, José Cecilio del Valle, José Trinidad Reyes. También se encargaron bustos y estatuas de destacados ciudadanos con el fin de que su vida y ejemplo perduren en el imaginario colectivo y que hoy se ubican en la Plaza de la Merced, integrada al Centro Histórica de la Ciudad.

La fundación de la Dirección General de Estadística, a cargo del erudito Antonio R. Vallejo, permitió recopilar censos coloniales y republicanos, así como la situación demográfica, económica y administrativa de la época, en el monumental Primer Anuario Estadístico (1889), actualizados en el año 2000, por el Instituto Geográfico Nacional con el Segundo Anuario Estadístico. Vallejo elaborará un boquejo de texto oficial de historia patria, denominado Compendio de la Historia Social y Política de Honduras, para ser utilizado en el nivel secundario.

El Código de Instrucción Pública priorizaba aquellos estudios considerados indispensables para el desarrollo económico del país; técnicos en minería, construcción, agronomía, química. Eso significó que las letras y las artes no merecieran la atención estatal. En su artículo 24 señalaba: " El Estado tiene primordial deber de fomentar y proteger la instrucción pública en sus diversas ramas. La instrucción pública es obligatoria, laica y gratuita. Será también laica la instrucción media y superior".

Expresión Artística y Cultural

Otra preocupación estatal fue la de difundir la enseñanza del idioma español entre aquellos grupos cuya lengua materna era indígena o inglesa; para ello se fundaron escuelas primarias en las Islas de la Bahía, La Mosquitia, Olancho, la región lenca. Sus sucesores continuaron esa política de hispanización lo que significó, parcialmente, el abandono de expresiones lingüísticas vernáculas y del folclore de nuestros antepasados.

También hubo interés oficial por la impresión de libros, periódicos. Así, en 1877 se fundó el periódico La Paz y, años después El Orden, La República, Honduras Industrial, la revista Guacerique. En los talleres de la Imprenta y Tipografía Nacional se editaron no solo publicaciones oficiales, también obras de autores individuales. Paulatinamente aparecieron establecimientos y periódicos en el interior del país, cuya lectura es indispensable para reconstruir las condiciones locales y vida intelectual regional.

Se procuró divulgar la música europea; por ello se organizaron bandas, se contrataron a músicos extranjeros. En 1915 el gobierno encomendó al hondureño Manuel de Adalid y Gamero, compositor y fabricante de instrumentos musicales, la fundación de la Banda de los Supremos Poderes. En 1910 se abrió concurso para designar la letra y música del Himno Nacional; cinco años después se declaró la compuesta por el alemán Karl Hartling como la ganadora, con letra de Augusto C. Coello.

En 1890 se fundó la Academia Privada de Bellas Artes por iniciativa del pintor español Tomás Mur; este es el antecedente de la apertura de la Escuela de Bellas Artes en 1940 durante la Administración Carias (1933-1948); otro precedente lo constituyó la organización de la Academia de Dibujo y Pintura, en 1924, por parte de Carlos Zúñiga Figueroa.

Durante la Administración de Manuel Bonilla se inició la construcción del Teatro Cervantes, (1915), hoy Teatro Nacional, donde se han presentando danza, teatro, ópera, ballet. Entre los dramaturgos de la primera mitad del XX destacaron Luis Andrés Zúñiga, José María Tobías Rosa (sobre todo con piezas teatrales para niños) y Alonso A. Brito entre otros.

En Julio de 1952 se funda el actual Instituto Hondureño de Antropología e Historia como resultado de un creciente interés del Estado hondureño en iniciar acciones tendientes a preservar el patrimonio monumental que registraba deterioros progresivos, razón por la cual en 1966 se emite un Decreto de emergencia para detener su destrucción.

En 1956, con la emisión de su Ley Orgánica el Instituto Hondureño de Antropología e Historia inicia un proceso de estructuración administrativa, técnica y científica logrando mayor presencia en el territorio nacional. En 1968, la Ley Orgánica es modificada y el IHAH se convierte en Organismo Autónomo con personalidad jurídica y patrimonio propio. Durante la década de los sesenta y años subsiguientes, el Estado hondureño se adhiere a Convenios promovidos por la Organización de Estados Americanos, OEA (1976); UNESCO (1963-1972); Consejo Internacional de Monumentos y Sitios ICOMOS (1966).

EN 1979 Honduras ratifica la Convención del Patrimonio Mundial la cual obliga a los estados parte a adoptar una serie de medidas en respuesta a lo establecido en la Convención y orientadas a la conservación, valoración del patrimonio y difusión.

La importancia del sitio arqueológico de Copan es reconocida a nivel internacional con la declaratoria de UNESCO 126-1980 como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Lugar especial merece la emisión de la “Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación” (Decreto 81-84) que regulará las acciones institucionales vinculadas al patrimonio nacional; esta Ley sufre enmiendas y se publica nuevamente mediante el Decreto No. 220-97.

A partir de la promulgación de esta Ley se inician una serie de acciones estratégicas orientadas a registrar, conservar, restaurar y rehabilitar bienes muebles e inmuebles del patrimonio histórico colonial y arqueológico e iniciar una serie de inventarios básicos del patrimonio mueble e inmueble.

En la década de los noventa se emite la ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos (1993) que complementa la Ley de Protección del Patrimonio Cultural de la Nación en el sentido de brindar un marco jurídico para proteger las creaciones originales del patrimonio literario, documental y artístico.

La ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación contiene las bases legales para su adecuada protección y conservación, las reformas de 1997, incorporan una nueva clasificación de los bienes que forman parte del Patrimonio Cultural de la Nación.

El documento encargado por UNESCO Hacia una Política Cultural de Honduras en 1977, señala que en 1973, la Secretaría Técnica del Consejo Superior de Planificación Económica elaboró, como parte del diagnóstico del Plan Nacional de Desarrollo, un documento de trabajo que subraya la ausencia de percepción de los referentes culturales en las propuestas de políticas públicas nacionales con relación al desarrollo social y económico; limita la proyección de la persona e ignora los derechos humanos hacia el mejoramiento de la calidad de vida.

La actual Secretaría de Cultura, Artes y Deportes fue creada durante esta década por el gobierno del General Juan Alberto Melgar Castro, el 23 de junio de 1975, denominándose originalmente Secretaría de Estado en los Despachos de Cultura, Turismo e Información.

El 16 de agosto de 1978 fue reformado el Decreto No. 234 de creación, separándole a la Secretaría la parte de Información y creando la Secretaría de Prensa, como una dependencia del Presidente de la República, pasando a denominarse a partir de esa fecha como Secretaría de Cultura y Turismo

En 1993, es separado Turismo de la Secretaría, volviendo a dársele su autonomía bajo el nombre de Instituto Hondureño de Turismo; quedando la Secretaría con el nombre de Secretaría de Cultura.

En 1994, la institución oficial de cultura es sometida a una nueva reestructuración, denominándose Secretaría de Estado en el Despacho de Cultura y las Artes con cuatro nuevas Direcciones haciendo un total de cinco: Dirección General de Educación y Formación Artística; Dirección General de las Artes; Dirección General del Libro y el Documento; Dirección General de Culturas Autóctonas y Populares e Instituto Hondureño de Antropología e Historia que ya existía.

El 1 de enero de 1997 se establece la inclusión del componente Deportes, llamándose a partir de esa fecha Secretaría de Estado en el Despacho de Cultura, Artes y Deportes.

Estos cambios y reacomodos administrativos dificultan el establecimiento de políticas culturales y deportivas que requieren una definición clara y un reflejo presupuestario, además de la definición del papel de la SCAD en el Gabinete de Gobierno.

Políticas Culturales y la Modernización del Estado

La modernización del Estado hondureño inicia durante la década de los noventa con la aprobación en 1991 de la Ley para la Modernización del Estado y la nueva Comisión Presidencial de Modernización que en 1992 presenta un programa para implementar las reformas estipuladas que obedecían a las acciones del ajuste estructural de la economía.

El Programa de Reformas del Sector Público contempla como ejes centrales la privatización de los servicios públicos, la descentralización y manejo de recursos humanos; se reorganizan las secretarías de Estado, se institucionaliza el Gabinete Económico en el marco de la nueva Ley General de la Administración Pública de 1996 y sus reglamentos en 1997.

El Programa Nacional de Casas de la Cultura comienza su expansión con el inicio de importantes centros como la Oficina Regional de San Pedro Sula, El Progreso Yoro, Olanchito y Danlí que ya contaban con financiamientos y apoyos previos a 1994.

En 1996, se establece un modelo de Convenio con las municipalidades para el establecimiento de museos, casas de la cultura y bibliotecas públicas municipales con el objeto de sumar esfuerzos y recursos.

A inicios de 1994, varios artistas e intelectuales participan en la propuesta de un proyecto de política cultural que se traducirá en una reestructuración administrativa que orientara la función de la Secretaría de Cultura en las áreas de su competencia y el inicio de proyectos nuevos como la creación de la Compañía Nacional de Teatro y la Compañía Nacional de Danza.

La reestructuración de 1994 propuso la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes compuesto por el Secretario de Estado en el Despacho de Cultura y las Artes, quien lo presidirá, el Secretario de Educación, el Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Hondura, el Rector de la Universidad Pedagógica Francisco Morazán, el Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, el Director de la Escuela Nacional de Música, un representante de los medios de comunicación, un representante de las fundaciones culturales, un representante de la empresa privada y los representantes de asociaciones artísticas y gestores culturales legalmente reconocidos por el Estado.

La creación de este Consejo buscaba ampliar la participación institucional y ciudadana en la definición de políticas culturales y orientar criterios de inversión pública en la materia. El fortalecimiento del Consejo aparece en subsecuentes documentos gubernamentales y fue incluido como una actividad central en el Plan Maestro de Reconstrucción y Transformación Nacional, PMRTN. Sin embargo no se registra ningún reglamento de funcionamiento y acciones concretas desprendidas de su seno.

Las investigaciones respecto al patrimonio intangible adquieren un impulso especial logrando financiamientos con organismos multilaterales como la Organización de Estado Americanos, (OEA) y UNESCO a investigaciones sobre la Tradición Oral en la zona Tawhaka, Sur y Occidente de Honduras. De igual manera el Centro Indigenista de Capacitación Artesanal Intibucano, CICAI fue rehabilitado técnicamente al tiempo que se le adjudica una sede permanente.

En 1999, la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes convoca al I Gran Diálogo Nacional de Cultura que tuvo como preámbulo las Primeras Jornadas de discusión del Sector Cultural con el fin de tender puentes de comunicación entre las organizaciones culturales y artistas independientes y buscar soluciones comunes.

A inicios de la administración 2002-2005, continúan los esfuerzos de formulación de una política cultural que toma como base la experiencia de 1999 solicitando a tal efecto la asesoría especializada de la División de Políticas Culturales y del Diálogo Intercultural de la UNESCO concretizándose en la Misión Consultiva de la UNESCO en materia de Políticas Culturales para el Desarrollo en Honduras.

La misión solicitada por el gobierno de Honduras, tuvo como objetivo central asesorar en la formulación de una Política Cultural para el Desarrollo expresado en el Plan Nacional de Cultura 2002-2005.

El Informe de UNESCO, recoge una serie de consideraciones emanadas de documentos internacionales que subrayan la necesidad de vincular los componentes culturales a las estrategias y planes de gobierno; especialmente la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo de Estocolmo (UNESCO 1998), en la cual se recomienda a los Estados miembros que hagan de la política cultural un componente central de los planes de desarrollo.

 

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