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De cara al futuro |
De cara al futuroDespués de recorrer los diferentes campos en los que se desenvuelve la cultura en el Perú, fácilmente se advierte lo mucho que queda por hacer para cumplir con los objetivos básicos de protección, promoción y difusión de nuestro inmenso patrimonio cultural. Es evidente que nunca se ha enfrentado de manera integral, coherente y planificada el reto que implica la cultura en el Perú, aunque eso no quiere decir que no hayan habido gobernantes, instituciones o personas seriamente preocupadas por el tema, lo que sucedió es que, por un lado, las propuestas se estancaban en discusiones sobre aspectos teóricos o por el otro, surgía el incuestionable argumento de la falta de recursos. Es por eso que se puede observar en el Perú una terrible contradicción, en la que la presencia de una extraordinaria riqueza cultural, tanto en el pasado como en el presente, coincide con las serias limitaciones del trabajo realizado; en ese sentido, es relativamente fácil percibir los grandes problemas pero es extremadamente difícil lograr solucionarlos. Enfrentar el gran reto que significa procesar y solucionar los grandes problemas de la cultura peruana, obligará a tomar decisiones inmediatas e iniciar proyectos de largo plazo, que sentarán las bases de un futuro mejor. Dejar de lado debates y discusiones de fondo no significará dejar de preocuparse por aspectos teóricos fundamentales, como por ejemplo, el rol del Estado en relación con la cultura; pero el futuro demanda soluciones urgentes, pues los bienes culturales no son renovables y porque lo que se debe hacer es tarea gigantesca. En un intento por visualizar lo que a futuro serían los grandes campos de acción y auscultando las tendencias generales del debate sobre el tema, presentamos los siguientes contextos de acción: a. Conciencia Cultural. Sabemos que modificar las estructuras mentales colectivas es tarea de mediano o largo plazo, sin embargo, es el sustento de todo andamiaje posterior; el propiciar que la población tome conciencia de la importancia de la cultura peruana y de la necesidad de su protección y difusión, solo va a ser producto de un trabajo minucioso que se debe enfrentar desde una perspectiva multidisciplinaria y que acompañe al individuo desde sus primeros años de vida. Solo con un programa integrado al proceso educativo se podrá crear el fundamento para futuras acciones, sin dejar de lado la participación de la familia y la comunidad, sobre las que también se tendrán que aplicar mecanismos que propicien un compromiso para llegar a una real democracia cultural. El enriquecimiento y fortalecimiento de la conciencia cultural colectiva permitirá solucionar problemas de fondo, como por ejemplo, el que deriva de las invasiones y destrucción de áreas arqueológicas; cuando todos los pobladores entiendan que ese patrimonio es de ellos y que su preservación no significa renunciar a sus necesidades más urgentes, sino más bien obtener de él los elementos que contribuyan a su bienestar, se habrá logrado solucionar en gran parte ese aspecto importante de preservación del patrimonio cultural. El gran problema es que el lograr objetivos concretos a través de este proceso, desborda los límites cronológicos del ejercicio de autoridad, tanto a nivel nacional como sectorial. Sin embargo, es necesario empezar el largo camino que llevaría a que todos y cada uno de los peruanos sean celosos defensores de su patrimonio cultural. b. Legislación Cultural. El conjunto de normas jurídicas existentes se debe ampliar y modernizar; pero lo mas importante es crear normas referidas a varios sectores de la vida cultural del país, que para asombro y preocupación, aún no tienen vigencia, tal es el caso de la Ley del Libro. Es fundamental tener perfectamente en claro que las leyes por sí solas no van a solucionar los problemas existentes y que la dinámica de la realidad hace extremadamente difícil lograr definir un aparato jurídico óptimo y permanente, pues hay que tener en cuenta que en el campo de la cultura, los cambios producto de la dinámica social, de las inquietudes generacionales, de los avances científicos y tecnológicos, de las decisiones políticas y de la mutación de sensibilidades, hacen imprescindibles todo tipo de modificaciones. c. Estructura de la Administración Cultural del Estado. Es un campo que requiere de una acción urgente y decidida; los motivos son múltiples y van desde aspectos históricos hasta problemas de gestión, pasando por desgaste de imagen o laberintos burocráticos. Las propuestas para la realización de una reforma en este campo son numerosas y persistentes, basta una revisión de ellas para advertir una coincidencia mayoritaria en que la actual organización del aparato público, representado por el Instituto Nacional de Cultura, ya alcanzó sus límites operativos, sin que necesariamente la falta de recursos sea el elemento mas importante de la crisis. La propuesta de creación de un Ministerio de Cultura, correspondería a la realidad de la cultura en el país, tomando en cuenta su extraordinario pasado histórico, su dinámico presente y sus perspectivas a futuro, pero los fantasmas de la burocracia, el gasto y la oportunidad política, van a impedir que se concrete una idea, que necesariamente pasa por una decisión política y un debate nacional. Dejando de lado algo que puede parecer utópico, prima la necesidad de alcanzar resultados inmediatos con propuestas efectivas; las fórmulas pueden ser diversas, pero también tienen comunes denominadores.
La creación de una Superintendencia de Bienes Culturales,
con igual rango a las existentes en el campo de las aduanas y la tributación,
es coherente con la dimensión económica y espiritual que alcanza el inmenso
patrimonio cultural del país; en ella se concentrarían las tareas de conservación,
restauración, protección e investigación de todo el patrimonio cultural.
En otro campo, la creación del Centro Cultural de la Nación,
podría englobar los elencos nacionales en las diferentes expresiones
del arte y a la vez incorporar las tareas de formación artística y formación
en gestión cultural; dentro de ese organismo, también estaría ubicado
lo correspondiente a la difusión e información. Sin que pueda parecer
algo utópico, el Museo de la Nación podría llegar a convertirse en un
centro cultural que se aproxime a aquellos que destacan en el exterior.
No se debe olvidar tampoco, el principio fundamental de la descentralización,
que correspondiendo a las bases de regionalización, permitiría la organización
de esquemas semejantes en las diferentes regiones del país, bajo una coordinación
pero también con cierta autonomía. Toda esta organización podría estar
vinculada al Ministerio de Educación en términos de un Vice Ministerio
o mantener su carácter de organismo público descentralizado dentro del
sector educación. e. Promoción. Tema complejo, pues llama al fantasma del intervensionismo estatal, pero eso no debe eludir su tratamiento. Es importante rescatar el papel activo que le toca al Estado en impulsar la creatividad y favorecer el natural dinamismo de la producción cultural del país; debe investigar y seleccionar los medios mas adecuados para ese proceso productivo cultural, dentro de la más amplia libertad creativa. Un aspecto importante en este campo es el comprometer a la inversión privada en la tarea, pero consolidando la idea de una responsabilidad social más que el reflejo de un acto de simple generosidad y mecenazgo; para ello será imprescindible definir estímulos a través de una legislación tributaria adecuada. f. Industrias Culturales. Sorprendentemente, todavía no existe en el país una clara idea acerca de la trascendencia actual de las industrias culturales, solamente se ha podido percibir la importancia del turismo cultural y ecológico como fuente de recursos. Sin embargo, industrias culturales como las del libro, el cine, la música y el vídeo, todavía no son convenientemente integradas dentro de las políticas culturales que emanan del Estado. Salvo el caso del cine, que cuenta con una ley adecuada, los otros campos casi no tienen presencia en las acciones que nacen del aparato público; actuar dentro de este aspecto hará posible beneficios no solo estrictamente culturales sino también económicos. g. Difusión. Sin dejar de lado los importantes aspectos relativos
a la imagen institucional, la tarea es amplia y compleja, pues significa
no solo llegar con la información pertinente a los sectores especializados
y a la Academia sino que se debe alcanzar a todos los estratos de la población.
Los avances tecnológicos permiten lograr efectos contundentes e inmediatos,
pero también está el factor humano, pues contar con los equipos mas calificados
para el desarrollo de esta tarea no solo es necesario sino también imprescindible.
El logro de estos objetivos se hace mas viable con el concurso de las
universidades y de la empresa privada a las que hay que estimular y comprometer. i. Recursos humanos y técnicos. A futuro será cada vez mas necesario contar con recursos humanos altamente calificados no solo en la administración cultural sino en las diferentes ramas técnicas así como artísticas. Para lograr este objetivo se necesita potenciar los centros de formación que dependen directamente del Estado y también estimular la presencia de recursos humanos provenientes del sector privado. Una de las medidas mas urgentes es crear la Escuela de Gestión Cultural, que permitirá preparar personal calificado en las diversas tareas de la administración cultural y que extenderá sus beneficios tanto al ser público como al sector privado; otra unidad que apoyará enormemente la tarea de protección al patrimonio cultural sería la Escuela de Conservación y Restauración de Patrimonio; estos elementos unidos a una política de potenciación de las escuelas artísticas, permitirá contar con los recursos humanos mas adecuados. En la otra vertiente se encuentra el problema de los recursos técnicos y en ellos juega papel preponderante la cantidad de recursos económicos disponible; si bien es cierto que la tecnología de punta en cualquier sector es costosa, existen también medios a través de los cuales se puede lograr un adecuado nivel correspondiente a las necesidades que definen las tareas del sector; recurrir a la cooperación internacional a través de mecanismos como los fondos contravalor, entre otros, y apoyarse en el sector privado a través de mecanismos de interés mutuo, lograría complementar los limitados recursos que el Estado pudiese aplicar en este campo. Para lograr todo ello se requieren proyectos claramente definidos, cosa que de por sí también tiene sus exigencias. El mirar al futuro no solamente pasa por formular propuestas concretas de reformas administrativas o legales, pero observando el panorama de las relaciones entre Estado y cultura en el país y reconociendo sus múltiples manifestaciones y problemas, inexorablemente llegamos a ello. Mirar al futuro está relacionado con esperanzas y proyectos, pero también implica recordar la grandeza del pasado y detenerse a observar la extraordinaria riqueza y dinámica del presente, en esa percepción temporalmente integral se encontrarán los fundamentos que permiten ver al futuro como posibilidad y promesa y no solo como ardua tarea de casi imposibles objetivos. Sin un horizonte claro y sin una visión de futuro, la riqueza del pasado y del presente se pierden sofocadas por problemas y limitaciones; para escapar a ello, no solo existen los recursos materiales sino también la creatividad, el ingenio, la laboriosidad y la perseverancia, que son virtudes que los peruanos poseen. El motor de todo está, como siempre, en el espíritu y la voluntad y a ello se debe recurrir. Fernando Rosas Moscoso
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