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La sostenibilidad o sustentabilidad como [r]evolución cultural, tecnocientífica y política

La Sostenibilidad aparece como "la idea central unificadora más necesaria en este momento de la historia de la humanidad" (Bybee, 1991). Se trata de un concepto nuevo, que pretende movilizar la responsabilidad colectiva para hacer frente al conjunto de graves problemas y desafíos a los que se enfrenta la humanidad, apostando por la cooperación y la defensa del interés general. Para avanzar en la transición a la Sostenibilidad, entendida como un profundo replanteamiento de las relaciones de los grupos humanos entre sí y con el medio ambiente, es preciso deshacer los malentendidos surgidos en torno a este concepto y, más concretamente, al de Desarrollo Sostenible introducido por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (1988), saliendo al paso de la grave confusión entre desarrollo y crecimiento.

Origen del concepto de Sostenibilidad

El origen del concepto se sitúa a principios de la década de los años 80, a partir de perspectivas científicas sobre la relación entre el medioambiente y la sociedad y la publicación de varios documentos relevantes, principalmente la Estrategia Mundial para la Conservación (World Conservation Strategy, UICN, 1980, Primera estrategia global de Desarrollo Sostenible) y el conocido como Informe Brundtland (Our Common Future, CMMAD, 1988). Surge por vía negativa, como resultado de los análisis de la situación del mundo, que puede describirse como una “emergencia planetaria” (Bybee, 1991) y de larga duración (Orr, 2013), como una situación insostenible, fruto de las actividades humanas, que amenaza gravemente el futuro (y ya el presente) de la humanidad. Se habla incluso de una etapa geológica nueva, el antropoceno, término propuesto por el premio Nobel Paul Crutzen para destacar la responsabilidad de la especie humana en los profundos cambios que está sufriendo el planeta (Sachs, 2008), vinculados a lo que Folke (2013) califica como “la Gran Aceleración de la actividad humana”, especialmente a partir de la década de 1950, que amenaza con sobrepasar los límites del planeta.

Un futuro amenazado es, precisamente, el título del primer capítulo de Nuestro futuro común, el informe de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, conocido como Informe Brundtland (CMMAD, 1988), a la que debemos uno de los primeros intentos de introducir el concepto de Sostenibilidad o Sustentabilidad: "El Desarrollo Sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades".

Se trata, en opinión de Bybee (1991), de "la idea central unificadora más necesaria en este momento de la historia de la humanidad", aunque se abre paso con dificultad y ha generado incomprensiones y críticas que es preciso analizar.

Saliendo al paso de las críticas al concepto de Desarrollo Sostenible

Una de las críticas que ha recibido la definición de la CMMAD es que el concepto de Desarrollo Sostenible apenas sería la expresión de una idea de sentido común (sostenible vendría de sostener, cuyo primer significado, de su raíz latina “sustinere”, es "sustentar, mantener firme una cosa") de la que aparecen indicios en numerosas civilizaciones que han intuido la necesidad de preservar los recursos para las generaciones futuras.

Es preciso, sin embargo, rechazar contundentemente esta crítica y dejar bien claro que se trata de un concepto absolutamente nuevo, que supone haber comprendido que el mundo no es tan ancho e ilimitado como habíamos creído. Hay un breve texto de Victoria Chitepo, Ministra de Recursos Naturales y Turismo de Zimbabwe, en Nuestro futuro común (el informe de la CMMAD) que expresa esto muy claramente: "Se creía que el cielo es tan inmenso y claro que nada podría cambiar su color, nuestros ríos tan grandes y sus aguas tan caudalosas que ninguna actividad humana podría cambiar su calidad, y que había tal abundancia de árboles y de bosques naturales que nunca terminaríamos con ellos. Después de todo vuelven a crecer. Hoy en día sabemos más. El ritmo alarmante a que se está despojando la superficie de la Tierra indica que muy pronto ya no tendremos árboles que talar para el desarrollo humano". Y ese conocimiento es nuevo: la idea de insostenibilidad del actual desarrollo es reciente y ha constituido una sorpresa para la mayoría. Y es nueva en otro sentido aún más profundo: se ha comprendido que la Sostenibilidad exige planteamientos holísticos, globales; exige tomar en consideración la totalidad de problemas interconectados a los que la humanidad ha de hacer frente y que solo es posible a escala planetaria, porque los problemas son planetarios: no tiene sentido aspirar a una ciudad o un país sostenibles (aunque sí lo tiene trabajar para que un país, una ciudad, una acción individual, contribuyan a la Sostenibilidad). Esto es algo que no debe escamotearse con referencias a algún texto sagrado más o menos críptico o a comportamientos de pueblos muy aislados para quienes el mundo consistía en el escaso espacio que habitaban.

Una idea reciente que avanza con dificultad, porque los signos de degradación han sido hasta recientemente poco visibles y porque en ciertas partes del mundo los seres humanos hemos visto mejorados notablemente nuestro nivel y calidad de vida en muy pocas décadas.

La supeditación de la naturaleza a las necesidades y deseos de los seres humanos ha sido vista siempre como signo distintivo de sociedades avanzadas, explica Mayor Zaragoza (2000) en Un mundo nuevo. Ni siquiera se planteaba como supeditación: la naturaleza era prácticamente ilimitada y se podía centrar la atención en nuestras necesidades sin preocuparse por las consecuencias ambientales y para nuestro propio futuro. El problema ni siquiera se planteaba. Después han venido las señales de alarma de los científicos, los estudios internacionales… pero todo eso no ha calado en la población, ni siquiera en los responsables políticos, en los educadores, en quienes planifican y dirigen el desarrollo industrial o la producción agrícola…

Mayor Zaragoza (2000) señalaba a este respecto que "la preocupación, surgida recientemente, por la preservación de nuestro planeta es indicio de una auténtica revolución de las mentalidades: aparecida en apenas una o dos generaciones, esta metamorfosis cultural, científica y social rompe con una larga tradición de indiferencia, por no decir de hostilidad".

Ahora bien, no se trata de ver al desarrollo y al medio ambiente como contradictorios (el primero "agrediendo" al segundo, y este "limitando" al primero) sino de reconocer que están estrechamente vinculados, que la economía y el medio ambiente no pueden tratarse por separado. Después de la revolución copernicana que vino a unificar Cielo y Tierra, después de la Teoría de la Evolución, que estableció el puente entre la especie humana y el resto de los seres vivos… ahora estaríamos asistiendo a la integración ambiente-desarrollo (Vilches y Gil, 2003). Podríamos decir que, sustituyendo a un modelo económico apoyado en el crecimiento a ultranza, el paradigma de economía sostenible, ecológica o verde (baja en carbono) que se vislumbra, plantea la Sostenibilidad de un desarrollo sin crecimiento, ajustando la economía a las exigencias de la ecología y del bienestar social global (Costanza et al., 2013), lo que a su vez demanda realzar la cooperación (en su sentido más amplio, que incluye al conjunto de la biosfera y a las generaciones futuras) frente a la competitividad destructiva en defensa de intereses particulares a corto plazo. (Ver Economía y Sostenibilidad).

Algunos, sin embargo, rechazan esa asociación y señalan que el binomio “desarrollo sostenible” constituye un oxímoron, es decir, la unión de dos conceptos contrapuestos, una contradicción en suma, una manipulación de los “desarrollistas”, de los partidarios del crecimiento económico, que pretenden hacer creer en su compatibilidad con la Sostenibilidad ecológica (Naredo, 1998; García, 2004; Girault y Sauvé, 2008).

La idea de un Desarrollo Sostenible, sin embargo, no tiene nada que ver con ese desarrollismo y significa, como señala Maria Novo (2006), “situarse en otra óptica; contemplar las relaciones de la humanidad con la naturaleza desde enfoques distintos”. Se trata de un concepto que parte de la suposición de que puede haber desarrollo, mejora cualitativa o despliegue de potencialidades, sin crecimiento, es decir, sin incremento cuantitativo de la escala física, sin incorporación de mayor cantidad de energía ni de materiales. Con otras palabras: es el crecimiento lo que no puede continuar indefinidamente en un mundo finito, pero sí es posible el desarrollo. Posible y necesario, porque las actuales formas de vida no pueden continuar, deben experimentar cambios cualitativos profundos, tanto para aquellos (la mayoría) que viven en la precariedad como para el 20% que vive más o menos confortablemente. Y esos cambios cualitativos suponen un desarrollo (no un crecimiento) que será preciso diseñar y orientar adecuadamente.

Precisamente, otra de las críticas que suele hacerse a la definición de la CMMAD es que, si bien se preocupa por las generaciones futuras, no dice nada acerca de las tremendas diferencias que se dan en la actualidad entre quienes viven en un mundo de opulencia y quienes lo hacen en la mayor de las miserias. Es cierto que la expresión “… satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades" puede parecer ambigua al respecto. Pero en la misma página en que se da dicha definición podemos leer: “Aun el restringido concepto de sostenibilidad física implica la preocupación por la igualdad social entre las generaciones, preocupación que debe lógicamente extenderse a la igualdad dentro de cada generación”. E inmediatamente se agrega: “El Desarrollo Sostenible requiere la satisfacción de las necesidades básicas de todos y extiende a todos la oportunidad de satisfacer sus aspiraciones a una vida mejor”. No hay, pues, olvido de la solidaridad intrageneracional (Ver Reducción de la pobrezay Derechos Humanos y Sostenibilidad).

Nada justifica, pues, que se califique el concepto de Desarrollo Sostenible como una nueva mistificación del Norte para continuar alegremente sus prácticas de crecimiento insostenible e insolidario, aunque en la mente de algunos responsables económicos y políticos anide esta significación y estemos asistiendo últimamente a un uso incorrecto y abusivo del adjetivo sostenible, en defensa de intereses particulares que se contraponen a lo que significa la transición a la Sostenibilidad. Como indica Robert Engelmam (2013): “Vivimos actualmente en una era de la sosteniblablá”. Ello no debe conducir al rechazo de conceptos necesarios como Sostenibilidad o Desarrollo Sostenible, sino a denunciar su uso distorsionado y engañoso que llega a confundir Desarrollo Sostenible con “crecimiento sostenido”, de significado radicalmente opuesto.

Algunos cuestionan la idea misma de Sostenibilidad apoyándose en el segundo principio de la termodinámica, que marcaría el inevitable crecimiento de la entropía hacia la muerte térmica del universo. Nada es sostenible ad in eternum, por supuesto… y el Sol se apagará algún día… Pero cuando se advierte contra los actuales procesos de degradación a los que estamos contribuyendo, no hablamos de miles de millones de años sino, desgraciadamente, de unas pocas décadas. Preconizar un Desarrollo Sostenible es pensar en nuestra generación y en las futuras, en una perspectiva temporal humana de cientos o, a lo sumo, miles de años. Ir más allá sería pura ciencia ficción. Como dice Ramón Folch (1998), “El Desarrollo Sostenible no es ninguna teoría, y mucho menos una verdad revelada (…), sino la expresión de un deseo razonable, de una necesidad imperiosa: la de avanzar progresando, no la de moverse derrapando”. Hablamos de Sostenibilidad “dentro de un orden”, o sea en un período de tiempo lo suficientemente largo como para que sostenerse equivalga a durar aceptablemente y lo bastante acotado como para no perderse en disquisiciones.

Cabe señalar que todas esas críticas al concepto de Desarrollo Sostenible no representan un serio peligro; más bien, utilizan argumentos que refuerzan la orientación propuesta por la CMMAD y el “Plan de Acción” de Naciones Unidas (Agenda 21) y salen al paso de sus desvirtuaciones. El autentico peligro reside en la acción de quienes siguen actuando como si el medio pudiera soportarlo todo… que son, hoy por hoy, la inmensa mayoría de los ciudadanos y responsables políticos. No se explican de otra forma las reticencias para, por ejemplo, aplicar acuerdos tan modestos como el de Kioto para evitar el incremento del efecto invernadero. Ello hace necesario que nos impliquemos decididamente en esta batalla para contribuir a la emergencia de una nueva mentalidad, una nueva forma de enfocar nuestra relación con el resto de la naturaleza.

La transición a la Sostenibilidad como [r]evolución cultural, educativa, tecnocientífica y política

Como señala Sachs (2008, p.120), “tendremos que apreciar con urgencia que los desafíos ecológicos no se resolverán por sí solos ni de forma espontánea (…) la Sostenibilidad debe ser una elección, la elección de una sociedad global que es previsora y actúa con una inusual armonía”.

Se hace necesario, a este respecto, precisar el alcance que damos a esta elección por la Sostenibilidad. De hecho se distingue entre Sostenibilidad débil y Sostenibilidad fuerte (también denominada profunda o radical). La primera considera que el capital natural puede ser sustituido por capital humano, fruto del desarrollo tecnocientífico, con tal de que el nivel total permanezca constante; el criterio de Sostenibilidad fuerte, en cambio, toma en consideración la existencia de un capital natural crítico que no puede sustituirse por el humano. Este capital natural crítico puede definirse entonces como capital natural que es responsable de funciones medioambientales esenciales y que no puede sustituirse por capital humano. Naturalmente, en ocasiones resulta difícil determinar hasta qué punto la capacidad de dar lugar a los flujos de bienes y/o servicios de determinado capital natural puede ser sustituido por capital humano. Pero eso mismo obliga a aplicar el principio de precaución y a conservar y proteger dicho capital natural como crítico mientras no haya plenas garantías de su posible sustitución por capital humano. Se trata, pues, de optar por la Sostenibilidad fuerte.

Sería iluso, en definitiva, pensar que la transición a la Sostenibilidad, es decir, el logro de sociedades sostenibles - el “Gran Giro”, en palabras de Moore y Nelson (2013)- es una tarea simple (Ver Ciencia de la Sostenibilidad). Se precisan cambios profundos que explican el uso de expresiones como “revolución energética”, “revolución del cambio climático”, etc. Mayor Zaragoza (2000) insiste en la necesidad de una profunda revolución cultural y la ONG Greenpeace ha acuñado la expresión [r]evolución por la Sostenibilidad, que muestra acertadamente la necesidad de unir los conceptos de revolución y evolución: revolución para señalar la necesidad de cambio profundo, radical, en nuestras formas de vida y organización social; evolución para puntualizar que no se puede esperar tal cambio como fruto de una acción concreta, más o menos acotada en el tiempo.

Dicha [r]evolución por un presente y futuro sostenible exige de todos los actores sociales romper con:

  • planteamientos puramente locales y a corto plazo, porque los problemas solo tienen solución si se tiene en cuenta su dimensión glocal (a la vez local y global);
  • la indiferencia hacia un ambiente considerado inmutable, insensible a nuestras “pequeñas” acciones; esto es algo que podía considerarse válido mientras los seres humanos éramos unos pocos millones, pero ha dejado de serlo con más de 7000 millones;
  • la ignorancia de la propia responsabilidad: por el contrario, lo que cada cual hace –o deja de hacer- como consumidor, profesional y ciudadano, tiene importancia;
  • la búsqueda de soluciones que perjudiquen a otros: hoy ha dejado de ser posible labrar un futuro para “los nuestros” a costa de otros; los desequilibrios no son sostenibles.

Por esa razón, Naciones Unidas, frente a la gravedad y urgencia de los problemas a los que se enfrenta la humanidad, instituyó una Década de la Educación para un futuro sostenible (2005–2014), designando a UNESCO como órgano responsable de su promoción y encareciendo a todos los educadores a asumir un compromiso para que toda la educación, tanto formal (desde la Escuela Primaria a la Universidad) como no formal (museos, medios de comunicación...), preste sistemáticamente atención a la situación del mundo, con el fin de fomentar actitudes y comportamientos favorables para el logro de un Desarrollo Sostenible (Gil Pérez et al., 2006). Y el 1 de enero de 2015, finalizada la Década, Naciones Unidas ha puesto en marcha un Programa de Acción Global con el mismo objetivo de impulsar la necesaria y todavía posible transición a la Sostenibilidad.

Los distintos Temas de Acción Clave, que pueden consultarse en esta misma web, abordan, apoyándose en una cuidada selección bibliográfica, el conjunto de problemas que caracterizan la actual situación de emergencia planetaria, sus causas y las medidas necesarias y posibles para hacerles frente. El estudio de cada uno de estos aspectos permite constatar la estrecha vinculación del conjunto (Worldwatch Institute, 1984- 2014; Vilches y Gil, 2003; Diamond, 2006; Duarte, 2006), como se intenta plasmar en la figura 1.
El carácter sistémico de la problemática de la Sostenibilidad obliga a un tratamiento conjunto de los problemas mediante medidas tecnocientíficas, educativas y político-económicas, también estrechamente asociadas. Como expresión de esta visión holística y con objeto de concienciar sobre los retos para preservar el planeta, sus recursos naturales y, muy en particular, la diversidad de formas de vida y de culturas, se celebra cada 22 de abril el Día de la Tierra. Estas y otras acciones, como la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente cada 5 de junio, son importantes, pero se precisan medidas realmente efectivas como la creación de una auténtica Organización Mundial del Medio Ambiente dependiente de Naciones Unidas (actualmente la gestión de los recursos naturales a escala global no está regulada por ninguna autoridad capaz de asegurar la sostenibilidad de su explotación).

En esa dirección debemos felicitar la creación en mayo de 2014 de la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA, http://www.unep.org/spanish/unea/about.asp). Se trata de una respuesta al llamamiento realizado durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Río+20, Brasil, Junio de 2012), para fortalecer al PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) como “autoridad medio ambiental líder en el mundo”. Tras la 27 sesión del Consejo de Gobierno del PNUMA (febrero de 2013), los Estados Miembros decidieron sustituir dicho Consejo de Gobierno por una Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente de composición universal. Desde su constitución, los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas así como los Estados Observadores participarán en la toma de decisiones y discusiones en los asuntos que afectan al medio ambiente y Sostenibilidad mundial. La primera sesión de UNEA ha tenido lugar del 23 al 27 de junio de 2014 con el propósito determinar las acciones concretas para abordar los desafíos medio ambientales, marcando el comienzo de una nueva era en el esfuerzo mundial por la Sostenibilidad. En dicha reunión se decidió hacer de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda de Desarrollo Post-2015 el tema clave de la primera UNEA (ver Objetivos de Desarrollo Sostenible).

Es urgente, en efecto, la definición de unos Objetivos de Desarrollo Sostenible, tal como se acordó en la Cumbre de la Tierra Rio+20 (2012), que permitan impulsar y evaluar los avances hacia la Sostenibilidad. En esa perspectiva, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, lanzó en 2012 la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (http://unsdsn.org/), una nueva red mundial, de carácter independiente, destinada a movilizar tanto al mundo académico como a la sociedad civil en la búsqueda de soluciones a los problemas de Sostenibilidad. Soluciones todavía posibles, como se fundamenta en la publicación del Worldwatch Institute (2013), “La Situación del Mundo 2013. ¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, si no se producen más retrasos en la adopción de las medidas adecuadas. Algo a lo que la Educación para la Sostenibilidad puede y debe contribuir decididamente.

Conviene referirse a las críticas que descalifican la transición a la Sostenibilidad como utopía ingenua e irrealizable. Como escribe Miguel Abensour (2014) en el “Atlas de las Utopías “de Le Monde Diplomatique, “el término ‘utopía’ es polémico, es decir, que su acepción varía entre quienes quieren conservar la sociedad tal y como está y los que quieren transformarla para avanzar hacia una sociedad mejor. Para los primeros, el término de utopía es evidentemente peyorativo (…). Para los segundos, la palabra utopía conlleva un sentido positivo en la medida en que designa vías específicas encaminadas a cambiar el mundo”. Otros pensadores como Edgar Morín (2014) o Mireille Delmas-Marty (2014) expresan en el mismo documento ideas similares a favor de sueños y proyectos colectivos.

Las palabras de Abensour (2014), resultan especialmente indicadas para entender lo que supone trabajar para el paso de la situación de emergencia planetaria a la transición a la Sostenibilidad: “frente a la catástrofe que se acerca, ¿no surge un impulso utópico que nos hace luchar contra la catástrofe? La utopía contra la catástrofe”. La transición a la Sostenibilidad contra el colapso constituye, en definitiva, una necesaria utopía dinámica y realista.

Para terminar, queremos referirnos de nuevo al anuario del Worldwatch Institute La situación del Mundo 2013. ¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad? que expresa la seria preocupación de la comunidad científica y movimientos ciudadanos acerca de la creciente gravedad del conjunto de problemas interconectados que amenazan la supervivencia de la especie humana. En los 30 volúmenes que el Worldwatch Institute ha publicado desde 1984, se han venido analizando la evolución de la situación del mundo, sus causas, y las medidas necesarias para revertir un proceso de degradación rigurosamente documentado, que ha sobrepasado ya varios límites ecológicos del planeta.

Los resultados convergentes de estos estudios y de muchos otros, promovidos por Naciones Unidas, universidades, ONG, etc. (recogidos en los diferentes Temas de Acción Clave), coinciden en señalar que la situación es realmente grave, pero que aún estamos a tiempo de evitar el colapso, si se empieza a actuar con decisión y urgencia. Se fundamenta así la necesidad de un amplio conjunto de medidas tecnocientíficas, legislativas y educativas, orientadas a hacer posible la superación del actual sistema socioeconómico –basado en un crecimiento depredador y competitivo al servicio de intereses particulares- para dar paso a la transición a la Sostenibilidad, como un profundo replanteamiento de las relaciones de los grupos humanos entre sí y con el medio ambiente, apostando por la cooperación y la defensa del interés general.

Nos encontramos así, por una parte, con una creciente gravedad de problemas que amenazan con una degradación irreversible de las condiciones de vida en el planeta y, por otra, con un número también creciente de estudios y propuestas, algunas puestas en marcha ya, para hacer frente a dichos problemas. Pero, en esta contraposición, hoy por hoy es la degradación la que está ganando la partida. Es imprescindible una implicación generalizada de la ciudadanía que aún no se está dando suficientemente; ha de seguir creciendo la exigencia y puesta en marcha de medidas urgentes y efectivas, basadas en la solidaridad y la cooperación, para una transición a la Sostenibilidad. Disponemos del conocimiento fundamentado acerca del camino que debemos tomar y cómo superar los obstáculos. Pero los retos a los que nos enfrentamos exigirán la más amplia participación ciudadana para forzar los cambios necesarios. Por ello, la labor primordial hoy de los educadores –de todos los educadores y educadoras, sea cual sea su área y nivel educativo- es vincular la enseñanza de su campo específico con la promoción permanente de un activismo ciudadano fundamentado para el logro de la transición a la Sostenibilidad. Esa es nuestra grave e inexcusable responsabilidad… y nuestro reto más urgente y apasionante.

Referencias en este tema “Sostenibilidad como [r]evolución cultural, tecnocientífica y política

BYBEE, R. W. (1991). Planet Earth in crisis: how should science educators respond? The American Biology Teacher, 53 (3), 146-153.
COMISIÓN MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DEL DESARROLLO (1988). Nuestro Futuro Común. Madrid: Alianza.
DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate
DUARTE, C. (Coord.) (2006). Cambio Global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra. Madrid: CSIC.
FOLCH, R. (1998). Ambiente, emoción y ética. Barcelona: Ed. Ariel.
GARCÍA, E. (2004). Medio ambiente y sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta. Madrid: Alianza Editorial.
GIL PÉREZ, D., VILCHES, A., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2006). Década de la Educación para un futuro sostenible (2005-2014). Un necesario punto de inflexión en la atención a la situación del planeta. Revista Iberoamericana de Educación, 40, 125-178.
GIRAULT, Y. y SAUVÉ, L. (2008). L’éducation scientifique, l’éducation à l’environnement et l’éducation pour le développement durable. Aster, 46, 7-30.
MAYOR ZARAGOZA, F. (2000). Un mundo nuevo. Barcelona: UNESCO. Círculo de lectores.
NAREDO, J. M. (1998). Sobre el rumbo del mundo. En Sánchez Ron, J. M. (Dtor.), Pensamiento Crítica vs. Pensamiento único. Madrid: Debate.
NOVO, M. (2006). El desarrollo sostenible. Su dimensión ambiental y educativa. Madrid: UNESCO-Pearson. Capítulo 3.
NOVO, M. (2009). La educación ambiental: una genuina educación para el desarrollo sostenible. Revista de Educación, número extraordinario 2009, 195-217.
SACHS, J. (2008). Economía para un planeta abarrotado. Barcelona: Debate.
UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA (UICN) (1980). World Conservation Strategy. Living Resource Conservation for Sustainable Development, accesible en http://data.iucn.org/dbtw-wpd/edocs/WCS-004.pdf
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulo 6.
WORLDWATCH INSTITUTE (1984-2012). The State of the World. New York: W.W. Norton. (Versiones en castellano, La situación del mundo, Barcelona: Icaria).

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2015). «La sostenibilidad o sustentabilidad como [r]evolución cultural, tecnocientífica y política» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7 [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=000>

Algunos enlaces de interés en este tema “Sostenibilidad como [r]evolución cultural, tecnocientífica y política”

Agenda 21 Local, Portal de los pueblos y ciudades sostenibles
Ambiente y desarrollo en América Latina
Declaración de Johannesburgo sobre Desarrollo Sostenible
Naciones Unidas, Agenda 21
Naciones Unidas, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos
Naciones Unidas, Departamento de Economía y Asuntos Sociales División para el Desarrollo Sostenible
Naciones Unidad División de Desarrollo Sostenible Programa 21
Naciones Unidas y Sostenibilidad
Observatorio de Sostenibilidad de España (OSE)
Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente/ sostenibilidad
UNESCO, OREALC, Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible
Unión Europea, Desarrollo Sostenible

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