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Nueva cultura del Agua

En las últimas décadas, estamos asistiendo a un crecimiento explosivo del consumo del agua y a una seria degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Afrontar la escasez de agua dulce requiere solucionar una serie de cuestiones que van desde la protección del medio ambiente y la interrupción del calentamiento global hasta un reparto equitativo del agua para el riego, la industria y el consumo doméstico de toda la población mundial. Ello significa que no solamente el sector agrícola, sino todo el mundo, organismos internacionales, comunidades locales, gobiernos, etc., deben compartir la responsabilidad.

La  creciente escasez de recursos hídricos (estrés hídrico)

El agua ha sido considerada comúnmente como un recurso renovable, cuyo uso no se veía limitado por el peligro de agotamiento que afecta, por ejemplo, a los yacimientos minerales. Los textos escolares hablan, precisamente, del “ciclo del agua” que, a través de la evaporación y la lluvia, devuelve el agua a sus fuentes para engrosar los ríos, lagos y acuíferos subterráneos… y vuelta a empezar.

Y ha sido así mientras se ha mantenido un equilibrio en el que el volumen de agua utilizada no era superior al que ese ciclo del agua reponía. Pero el consumo de agua se ha disparado: a escala planetaria el consumo de agua potable se ha venido doblando últimamente cada 20 años, debido a la conjunción de los excesos de consumo de los países desarrollados y del crecimiento demográfico (ver Consumo responsable y Crecimiento demográfico y Sostenibilidad), con las consiguientes necesidades crecientes de alimentos.

La Conferencia de Mar del Plata, Argentina, celebrada en 1977, constituyó el comienzo de una serie de actividades globales en torno al agua que trataban de contribuir a nivel mundial a cambiar nuestras percepciones acerca de este recurso y a salir al paso de un problema grave y creciente que afecta cada vez más a la vida del planeta. Como se señala en el Primer Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “De todas las crisis, ya sean de orden social o relativas a los recursos naturales con las que nos enfrentamos los seres humanos, la crisis del agua es la que se encuentra en el corazón mismo de nuestra supervivencia y la de nuestro planeta”. Es necesario recordar a este respecto que aunque el agua es la sustancia más abundante del planeta solo el 2,53% del total es agua dulce, el resto agua salada.

La lista de conferencias y acuerdos internacionales que han tenido lugar a lo largo de las tres últimas décadas resulta ilustrativa de la creciente gravedad de la problemática del agua, situándola en el centro del debate sobre el Desarrollo Sostenible. Así, en el Segundo Foro Mundial del Agua, reunido en Holanda en el 2000, se alertaba de que la agricultura y ganadería consumían el 70-80% del agua dulce utilizada en el mundo, con una responsabilidad muy particular de las técnicas intensivas de los países desarrollados: “para producir un solo huevo en una granja industrial hacen falta 180 litros de agua: esto es 18 veces más de lo que tienen a su disposición cada día los pobres de la India” (Riechmann, 2003). Conviene saber que para obtener, por ejemplo, un litro de leche se precisan más de 3000 litros y para un kilo de carne más de 16000 litros (!). Ello ha conducido a introducir el concepto de “agua virtual”, que mide el agua necesaria para obtener un producto o realizar un servicio, así como el concepto de “huella hídrica”, que viene a completar el de huella ecológica y que representa la cantidad de agua que se utiliza para sostener la actividad de una población dada, tanto en la producción de bienes y servicios como en la asimilación de la contaminación generada en estos procesos (Postel, 2013).

Este crecimiento del consumo ha llevado, por ejemplo, a una explotación de los acuíferos subterráneos tan intensa que su nivel se ha reducido drásticamente. Como advierte Jorge Riechmann (2003), “a escala mundial, algunas regiones agrícolas (como las llanuras del norte de China, el sur de las Grandes Llanuras de EEUU, o gran parte de Oriente Próximo y el norte de África) están extrayendo aguas subterráneas más rápido de lo que el acuífero puede recargarse, una práctica obviamente insostenible”. (…) La sobreexplotación de los acuíferos los daña en muchos casos irreversiblemente, ya por intrusión marina si nos hallamos cerca de la costa (lo que provoca su salinización), ya por compactación y hundimiento de sus estructuras”.

Pero no se trata solo de las aguas subterráneas: se ha tomado tanta agua de los ríos que, en algunos casos, su caudal ha disminuido drásticamente y apenas llega a su desembocadura, lo cual acaba produciendo irreversibles alteraciones ecológicas: pensemos que muchos peces desovan en el agua dulce que los ríos introducen en el mar y que muchas especies precisan de los nutrientes que esas aguas acarrean. Un caso extremo lo constituye la desaparición del mar de Aral, en el territorio de la antigua Unión Soviética, causada por la desviación de las aguas de los dos ríos que lo alimentaban para irrigar a gran escala el cultivo del algodón. El resultado, que algunos califican como “la mayor catástrofe ecológica de la historia” (Chauveau, 2004), ha sido la conversión del que era el cuarto lago más grande el mundo en un mar de polvo que ha acabado destruyendo los campos de algodón. Se comprende por ello el rechazo fundamentado a los proyectos de trasvases del agua de los ríos, para una agricultura industrial, reduciendo su caudal por debajo del mínimo medioambiental (ver Poner fin al agotamiento y destrucción de recursos naturales).

Junto a este crecimiento explosivo del consumo del agua se ha producido y se sigue produciendo una seria degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Son conocidos, por ejemplo, los efectos de los fosfatos y otros nutrientes utilizados en los fertilizantes de síntesis sobre el agua de ríos, lagos y, en última instancia, océanos, en donde provocan la muerte por asfixia de parte de su flora y fauna por la reducción del contenido de oxígeno (anoxia y eutrofización). Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente, según el Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo, en aguas receptoras. Se estima que la producción mundial de aguas residuales es de aproximadamente 1500 km3 y considerando que un litro de aguas residuales contamina unos 8 litros de agua dulce, la carga mundial de contaminación puede ascender actualmente a los 12000 km3, siendo las poblaciones pobres las más afectadas, con un 50% de la población en los países en desarrollo expuesta a fuentes de agua contaminadas. A ello hay que añadir hoy los llamados “contaminantes emergentes”, o micro-contaminantes entre los que se encuentran restos de fármacos de uso humano o veterinario, drogas, pesticidas, ingredientes de productos de cuidado personal, o los nanomateriales. Estos compuestos se encuentran diseminados en el ambiente y se han detectado en fuentes de abastecimiento de agua, aguas subterráneas e incluso en agua potable (ver Lucha contra la Contaminación).

La Comisión Mundial del Agua ha alertado además del drástico descenso de los recursos hídricos provocado también por la degradación ambiental y, muy concretamente, por la deforestación y la pérdida de nieves perpetuas fruto del cambio climático: la lluvia ya no es retenida por la masa boscosa, ni tampoco en forma de nieve, lo que favorece la erosión y desertización. Frenar el cambio climático y adoptar medidas de adaptación al mismo se convierte, pues, en una prioridad. En el 2000 las reservas de agua en África eran la cuarta parte de las que existían medio siglo antes y en Asia y en América Latina un tercio y siguen disminuyendo mientras crecen la desertización y las prolongadas sequías. Y denuncia que 1200 millones de personas carecen de agua potable, mientras que a 3000 millones les falta agua para lavarse y no tienen un sistema de saneamiento aceptable. Tocamos así un segundo problema: el de los graves desequilibrios en el acceso al agua.

Desequilibrios en el acceso al agua

Cada habitante de la Tierra consume, como promedio, 600 metros cúbicos al año, de los que 50 son potables, lo que supone 137 litros al día. Pero un norteamericano consume más de 600 litros al día y un europeo entre 250 y 350 litros, mientras un habitante del África subsahariana tan solo entre 10 y 20 litros (Chauveau, 2004). De los 4400 millones de personas que viven en países en desarrollo, casi tres quintas partes carecen de saneamiento básico y un tercio no tienen acceso al agua potable. En consecuencia, en las últimas décadas del siglo XX hemos asistido a un fuerte rebrote de las enfermedades parasitarias asociado a las dificultades de acceso al agua potable y a carencias en los servicios de salud. La mayoría de los afectados por mortalidad y morbilidad relacionadas con el agua son niños menores de cinco años y como señala el informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “la tragedia es que el peso de estas enfermedades es en gran parte evitable” (ver Reducción de la pobreza).

En lo que respecta a los servicios básicos de saneamiento, en el informe de 2013 de la OMS se pone de manifiesto la lentitud de los avances: “Aunque desde 1990 casi 1900 millones de personas han logrado acceder a servicios mejorados de saneamiento, se calcula que, hoy por hoy, la cobertura mundial apenas llega al 64%. En 2011, más de una tercera parte de la población mundial (2500 millones de personas) seguía sin tener acceso a servicios de saneamiento mejorados… (ver Publicación Estadísticas sanitarias mundiales 2013 de la OMS en: http://www.who.int/gho/publications/world_health_statistics/2013/es/index.html).

Al propio tiempo, como se señala en la Declaración Europea por una Nueva Cultura del Agua, reproducida en la web http://www.unizar.es/fnca/presentacion1.php, de la Fundación Nueva Cultura del Agua, “el hecho de que más de 1100 millones de personas no tengan garantizado el acceso al agua potable y de que más de 2.400 millones no tengan servicios básicos de saneamiento, mientras la salud de los ecosistemas acuáticos del planeta están al borde de la quiebra, ha sido el detonante de crecientes conflictos sociales y políticos en el mundo”.

En la actualidad, señala Duarte (2006), el 54 % del agua dulce terrestre ya está siendo utilizada por la humanidad y la mayor parte de los recursos hídricos (70%) se utilizan en agricultura, donde se mantienen sistemas de riego deficientes con grandes pérdidas de evaporación hasta del 60 %. Por su parte, la industria utiliza el 22 % de los recursos de agua globales y el 8% se destina a uso doméstico y servicios. Mientras la población se ha triplicado en las últimas siete décadas, el consumo de agua se ha multiplicado por seis.

Medidas para garantizar el derecho al agua

Jacques Diouf, Director general de la FAO, comentaba en una entrevista en 2007 (http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2007/1000521/index.html), en torno al día Mundial del Agua (que ese año se dedicaba a cómo afrontar la escasez), que el acceso al agua está estrechamente ligado al cumplimiento de la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que incluyen dentro del mismo plazo la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre para 2015, detener la expansión del VIH/SIDA y garantizar la educación primaria para todos los niños. “Afrontar la escasez de agua requiere solucionar una serie de cuestiones, no todas ellas directamente relacionadas con la agricultura. Van desde la protección del medio ambiente y el calentamiento global hasta establecer precios justos para los recursos hídricos y un reparto equitativo del agua para el riego, la industria y el consumo doméstico. De hecho se trata de una problemática compleja designada habitualmente como el nexo “Energía-Agua-Alimentos. Ello significa que no solamente el sector agrícola, sino todo el mundo, organismos internacionales, gobiernos, comunidades locales, deben compartir la responsabilidad”.

En 2012, según el Informe GEO-5 (UNEP, 2012), solo uno de los treinta objetivos ambientales analizados, respecto a un mayor acceso a agua potable limpia, muestra un avance significativo. A pesar de ciertos progresos, la calidad del agua sigue siendo uno de los principales motivos de los problemas de salud en todo el mundo. A su vez, el cambio climático y el mayor crecimiento de la población pueden provocar una escasez aún mayor de agua en algunas regiones. Se prevé que en 2015, de no adoptarse las medidas necesarias, más de 600 millones de personas no tendrán acceso a agua potable y más de 2500 millones de personas no tendrán acceso a servicios básicos de saneamiento. La creciente escasez de agua obliga a algunas regiones a depender en mayor medida de tecnologías de desalación de alto consumo energético. A pesar de que la contaminación del agua dulce parece seguir aumentando, en muchas regiones se han reducido los trabajos de seguimiento adecuados. En los últimos cincuenta años se han triplicado las extracciones de agua y desde el año 2000 se ha registrado un deterioro aún mayor de los suministros de agua subterránea. La agricultura es responsable de un 92% de la huella del agua mundial y muchos centros de producción agrícola del mundo dependen especialmente del agua subterránea, como es el caso del noroeste de la India, el nordeste de Pakistán, el nordeste de China y el oeste de los Estados Unidos de América. Y el Informe señala que para poder hacer frente a los desafíos actuales y futuros que plantea el problema del agua, es necesario desarrollar y fortalecer la gestión integrada de los recursos hídricos (IWRM por sus siglas en inglés Integrated Water Resources Management), así como las herramientas de seguimiento apropiadas.

Irina Bokova, Directora General de UNESCO, en su mensaje con ocasión del Día Internacional contra la Desertificación el 17 de junio de 2013, señalaba que el objetivo central del Año Internacional de las Naciones Unidas de la Cooperación en la Esfera del Agua (http://www.un.org/es/events/desertificationday/2013/unescomessage.shtml), propuesto para 2015 y que dirige la UNESCO, es promover una mayor cooperación para hacer frente al aumento de la demanda de acceso al agua, asignación de los recursos hídricos y servicios relacionados con el agua. La Red Mundial de Información sobre los Recursos Hídricos y el Desarrollo en las Zonas Áridas (G-WADI), dirigida por el Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO, muestra el empeño de reforzar la capacidad mundial para gestionar los recursos hídricos en las zonas áridas. Esta iniciativa se apoya en cuatro redes regionales, en Asia, África, América Latina y los Estados árabes, que promueven la cooperación internacional y regional en las zonas áridas a fin de fortalecer la ordenación de los recursos hídricos y la mitigación de los desastres relacionados con el agua. Y añade: “Calculamos que entre 100 y 200 millones de personas viven en zonas áridas y semiáridas con recursos limitados de agua dulce. De ellas, dos terceras partes experimentarán, para 2025, tensiones graves relacionadas con el agua, teniendo que hacer frente a presiones derivadas del crecimiento demográfico, la producción agrícola y el incremento de la salinidad y la contaminación. Los efectos del cambio climático harán que la escasez de agua sea mayor, y provocarán también un aumento de la frecuencia de las condiciones hidrológicas extremas. Los más pobres serán los más afectados, a medida que se agravan los obstáculos para el desarrollo sostenible. En este Día Mundial de Lucha contra la Desertificación debemos renovar nuestro compromiso en apoyo de soluciones inclusivas y sostenibles encaminadas a la ordenación de los recursos hídricos en las zonas áridas. Los problemas relacionados con el agua son complejos, por lo que las soluciones han de ser igualmente multifacéticas. Esta situación requiere planteamientos innovadores y cooperación en todos los ámbitos, a fin de preservar nuestros ecosistemas, erradicar la pobreza y promover la equidad social, en particular la igualdad entre hombres y mujeres” (ver Combatir la Desertización).

En lo que se refiere al medio marino apenas se ha hecho progreso alguno en los últimos años en la prevención, la reducción o el control de la contaminación. El número de zonas costeras muertas ha aumentado drásticamente en los últimos años. Solo 13 de las 169 zonas costeras muertas del mundo se están recuperando, y 415 zonas costeras sufren eutrofización. Alrededor del 80% de la contaminación marina es causada por actividades realizadas en tierra. De los doce mares analizados entre 2005 y 2007, el Pacífico sudeste, el Pacífico norte, el mar de Asia Oriental y el Caribe son los que contienen una mayor cantidad de desechos marinos. Y añade el Informe, como dato positivo, que a pesar de ciertas lagunas en su aplicación la ratificación del Convenio internacional MARPOL (para prevenir la contaminación) por parte de 150 países se tradujo en la reducción de la contaminación causada por buques.

El problema del agua aparece así como un elemento central de la actual situación de emergencia planetaria (Vilches y Gil, 2003) y su solución –que exige el reconocimiento del derecho fundamental de todo ser humano a disponer de, por lo menos, 20 litros de agua potable diarios (Bovet, 2008, pp. 52-53)- solo puede concebirse como parte de una reorientación global del desarrollo tecnocientífico, de la educación ciudadana y de las medidas políticas para la construcción de un futuro sostenible, superando la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo y ajustando la economía a las exigencias de la ecología y del bienestar social global (ver Economía y Sostenibilidad).

De hecho, los Objetivos del Desarrollo del Milenio ya contemplaban en 2000 (Meta 10 del Objetivo 7) la reducción a la mitad del porcentaje de población que no tiene acceso seguro al agua potable. Posteriormente, en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, en 2002, se amplía el alcance de esta meta incluyendo el acceso a un saneamiento básico y reconociendo que los recursos hídricos son un factor fundamental para la consecución del resto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Dada la magnitud de la tarea, en diciembre de 2003, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó, a través de su resolución A/RES/58/217, el período 2005-2015 como Decenio Internacional para la Acción «El agua, fuente de vida». El Decenio comenzó oficialmente el 22 de marzo de 2005, Día Mundial del Agua y tal como se señala en la web oficial del mismo (http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/index.shtml, 2014):

“Durante el Decenio, nuestro cometido nos ha llevado desde la mejora del acceso a agua y a saneamiento hasta el reconocimiento del derecho humano al agua y al saneamiento, la mejora de la comprensión del nexo entre el agua y la energía, facilitar la implicación de la mujer en los temas del agua y el saneamiento, la consideración de las interrelaciones entre agua y alimentación, la puesta en valor de las cuestiones relacionadas con la escasez de agua y un mejor posicionamiento de la gestión de los recursos hídricos. El mundo se ha visto implicado en potenciales fricciones allá donde el agua traspasa las fronteras nacionales y la calidad del agua se ve comprometida de forma seria, con el agravante de que todavía resulta difícil medir la misma de forma precisa. Y también hemos considerado el papel que el agua juega en el Desarrollo Sostenible y la biodiversidad del planeta. (…)

Desde el inicio del Decenio se han hecho progresos significativos a la hora de garantizar el acceso a agua potable segura y a saneamiento básico:

  • Desde 1990, unos 2.300 millones de personas han logrado acceso a una fuente mejorada de agua potable y 116 países han alcanzado la meta relacionada con el agua de los ODM. Más de la mitad de la población mundial, unos 4.000 millones de personas, gozan hoy en día del mayor nivel de acceso posible: una conexión directa en el hogar. El objetivo de cobertura del 88% de la meta de los ODM fue satisfecho en 2010, 5 años antes de la fecha prevista y ello a pesar del elevado crecimiento de la población mundial.
  • Unos 2.000 millones de personas han logrado acceso a saneamiento mejorado y 77 países han alcanzado la meta de los ODM. Entre 1990 y 2012, la defecación al aire libre pasó del 24% al 14%.
  • El interés global por los temas del agua y el saneamiento se ha incrementado y ha habido un progreso significativo en la cooperación relacionada con el agua y la implicación de la mujer en los temas del agua y el saneamiento”.

Por lo que se refiere a las medidas científico-tecnológicas (ver Ciencia y Tecnología para la Sostenibilidad), conviene destacar que las posibilidades técnicas para resolver muchos de los problemas que hemos ido mencionando ya están disponibles. Existen, por ejemplo, numerosos desarrollos tecnocientíficos para determinar la calidad de las aguas, los elementos y compuestos tóxicos que pueden tener, incluidos los microcontaminantes, basadas en las orientaciones de la OMS de límites permitidos para el agua destinada a la alimentación. También hay tecnologías desarrolladas para el tratamiento de aguas residuales, depuración de vertidos industriales, etc. Hay desarrollos científicos y tecnológicos sostenibles que no solo procuran disminuir la contaminación, sino que tratan de prevenir los problemas. Y existen unos principios básicos fundamentales recomendados para los proyectos de depuradoras, basados en la máxima reutilización de aguas limpias y semilimpias, reducción de caudales, separación inmediata de residuos donde se producen, sin incorporarlos a las corrientes de desagüe, para tratarlos separadamente, etc.

En lo que se refiere a impedir el agotamiento de los recursos de todo tipo (aguas subterráneas, bancos de pesca...) las medidas científico-tecnológicas y los planes de actuación ya están previstos y cuentan con formas de control extremadamente fiables, que van desde la vigilancia vía satélite al análisis genético de las capturas.

Por otra parte, estudios de muy diversa procedencia (PNUD, Banco Mundial…) han mostrado que con inversiones relativamente modestas –apenas 9000 millones de dólares- habría agua y saneamiento para todos. En realidad bastaría con el 5% del gasto militar para lograr la Reducción de la pobreza extrema con sus secuelas de enfermedad, hambre, analfabetismo… Lo que falta, pues, es decisión responsable para llevar adelante los cambios necesarios. Algo que exige impulsar la Educación para la Sostenibilidad y, como parte de la misma, una Nueva Cultura del Agua que promueva la seguridad hídrica.

El informe de 2013 "Water Security and the Global Water Agenda. A UN-Water Analytical Brief" (http://www.unwater.org/UNW_ABWS_launch.html), pretende proporcionar un punto de partida para el debate en torno a los retos que plantea la seguridad hídrica, definida como “la capacidad de una población para salvaguardar un acceso sostenible a cantidades adecuadas de agua de calidad aceptable para producir los alimentos, garantizar el bienestar humano y un desarrollo socioeconómico sostenible, evitar su contaminación y los desastres asociados al agua y preservar los ecosistemas en un clima de paz y estabilidad política”. Este informe fundamenta la necesidad de la cooperación para hacer frente a los retos de la seguridad hídrica, superando la competitividad para el control de los recursos hídricos, generadora de conflictos destructivos. Y ello demanda cambios radicales en nuestras escalas de valores, en nuestra concepción de la naturaleza, en nuestros principios éticos, y en nuestros estilos de vida; es decir, existe la necesidad de un cambio cultural del que formaría parte la Nueva Cultura del Agua. Una Nueva Cultura que debe asumir una visión holística y reconocer las múltiples dimensiones de valores éticos, medioambientales, sociales, económicos, políticos y emocionales integrados en los ecosistemas acuáticos. Tomando como base el principio universal del respeto a la vida, los ríos, los lagos, las fuentes, los humedales y los acuíferos deben ser considerados como Patrimonio de la Biosfera y deben ser gestionados por las comunidades y las instituciones públicas para garantizar una gestión equitativa y sostenible (http://www.unizar.es/fnca/presentacion1.php).

Referencias bibliográficas en este tema “Nueva cultura del agua”

BOVET, P., REKACEWICZ, P, SINAÏ, A. y VIDAL, A. (Eds.) (2008). Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique. París: Cybermonde.
CHAUVEAU, L. (2004). Riesgos ecológicos. ¿Una amenaza evitable? México: Ediciones Larousse S.A.
DUARTE, C. (Coord.) (2006). Cambio Global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra. Madrid:CSIC.
RIECHMANN, J. (2003). Cuidar la Tierra. Políticas agrarias y alimentarias sostenibles para entrar en el siglo XXI. Barcelona: Icaria Editorial S.A.
POSTEL, S. (2013). Conservando el agua dulce y sus servicios. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 5.
UNITED NATIONS ENVIRONMENT PROGRAMME (2012). GEO-5, Global Environment Outlook. Environment for the future we want. Malta: UNEP.
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Press. Capítulos 3 y 10.

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2014). «Nueva cultura del agua» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=16>

Algunos enlaces de interés en este tema “Nueva cultura del agua”

Nota: En Internet se encuentra abundante información, fácilmente accesible, acerca de la problemática abordada en este tema. A título de ejemplo, damos los enlaces de una serie de webs de posible interés, advirtiendo, sin embargo, que algunas de ellas pueden dejar de estar accesibles en el enlace proporcionado.

Agencia Europea del Medio Ambiente, Informes sobre el Agua en Europa
Agua y ciudades (Naciones Unidas)
Convenio Marpol

Escasez de agua y sequía en la unión Europea
Expo Zaragoza 2008, web Oficial de La Exposición Internacional, Agua y Desarrollo Sostenible
Fundación Nueva Cultura del Agua
Naciones Unidas, Decenio Internacional para la acción, El agua fuente de vida (2005-2015)
Organización Mundial de la Salud, Decenio Internacional para la Acción, "El agua fuente de vida", 2005-2015
Programa AGUA. Ministerio de Medio Ambiente (España)
UN WATER
UNEP, Informe GEO-5
UNESCO, Espacio dedicado a la Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible, Recursos Hídricos
UNESCO, Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos

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