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Urbanización y Sostenibilidad

Los núcleos urbanos que surgieron hace siglos como centros donde se gestaba la civilización se han ido transformando en lugares amenazados por la masificación, el ruido, los desechos... problemas que se agravan en las llamadas “megapolis” con más de diez millones de habitantes, cuyo número no para de crecer. El desafío urbano del que habla la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo ha de enfrentar, pues, bastantes problemas: los de contaminación, por supuesto, pero también los que plantea el consumo exacerbado de recursos energéticos, la destrucción de terrenos agrícolas, la degradación de los centros históricos, etc. Puede decirse que las ciudades constituyen hoy el paradigma de la imprevisión y de la especulación, es decir, de la insostenibilidad. Será en las ciudades del siglo XXI donde se decida el destino humano y donde se dicte el destino de la biosfera. No existirá un mundo sostenible sin ciudades sostenibles. Es necesario, pues, conciliar urbanización y sostenibilidad, desarrollando propuestas que garanticen el avance hacia ciudades que contribuyan a la sostenibilidad y con ello la continuidad de la especie humana y de las futuras generaciones.

La palabra ciudadano se ha convertido casi en sinónimo de ser humano… hablamos de civismo, de educar en la ciudadanía, de derechos y deberes de los ciudadanos… la ciudadanía y, por tanto, la ciudad, aparecen como una conquista clave de los seres humanos. Y en ese sentido, tan ciudadanos son los habitantes de una gran ciudad como los de una pequeña población rural. Pero sabemos que la atracción de las ciudades, del mundo urbano, sobre el mundo rural tiene razones poderosas y en buena parte positivas. Como afirma Folch, “las poblaciones demasiado pequeñas no tienen la masa crítica necesaria para los servicios deseables”. La educación, la sanidad, el acceso a trabajos mejor remunerados, la oferta cultural y de ocio… todo llama hacia la ciudad en busca de un aumento de calidad de vida.

¿Por qué, pues, se contempla la urbanización actual como un problema planetario? Desafortunadamente, el crecimiento urbano ha adquirido un carácter desordenado, incontrolado, casi cancerígeno. En tan solo 65 años, señala la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD, 1988), “la población urbana de los países en desarrollo se ha decuplicado”. Si en 1900 sólo un 10% de la población mundial vivía en ciudades, 2007 será el primer año de la historia que habrá más personas viviendo en áreas urbanas que en el campo, según señala el informe de Naciones Unidas “UN- habitat: el estado de las ciudades 2006-2007”, añadiendo que en 2030, si se continua con el actual ritmo de crecimiento, de una población de unos 8100 millones de habitantes, más de 5000 vivirán en ciudades. Una tendencia confirmada así mismo por los resultados del estudio de la London School of Economics: “The Urban Age” (Burdet y Sudjic, 2008), en el que se señala que el estallido demográfico urbano es un reto sin precedentes para la sociedad del siglo XXI, previendo que el 75% de la población vivirá en un área urbana en el año 2050. Ciudades que utilizan alrededor de un 75% de los recursos mundiales y desalojan cantidades semejantes de desechos (Girardet, 2001).

Y ese aumento rapidísimo de la población de las ciudades (que remite al problema del crecimiento demográfico y sostenibilidad ) no ha ido acompañado del correspondiente crecimiento de infraestructuras, servicios y viviendas; por lo que, en vez de aumento de calidad de vida, nos encontramos con ciudades literalmente asfixiadas por el automóvil y con barrios periféricos que son verdaderos “guetos” de cemento de una fealdad agresiva, o, peor aún, con asentamientos “ilegales” (“favelas”, “bidonvilles”, “chabolas”), que crecen como un cáncer, sin agua corriente, ni saneamientos, ni escuelas, ni transporte. Según el informe de Naciones Unidas citado, la población chabolista alcanzará en 2007 los mil millones de personas (Worldwatch, 2007). Estamos entrando así en un milenio urbano que ha comenzado en una era de chabolas (Hayden, 2008, p. 12).

Una población creciente se ve así condenada a vivir en barrios de latas y cartón o, en el mejor de los casos, de cemento, que provocan la destrucción de los terrenos agrícolas más fértiles, junto a los cuales, precisamente, se empezaron a construir las ciudades. Una destrucción que deja a los habitantes de esos barrios en una casi completa desconexión con la naturaleza… O a merced de sus efectos más destructivos cuando, como ocurre muy a menudo, se ocupan zonas susceptibles de sufrir las consecuencias de catástrofes naturales, como los lechos de torrentes o las laderas desprotegidas de montañas desprovistas de su arbolado. Las noticias de casas arrastradas por las aguas o sepultadas por aludes de fango se suceden casi sin interrupción. Esa destrucción ambiental no afecta únicamente al terreno que ocupan las ciudades, sino que cuartea todo el territorio mediante la “inevitable” red de autopistas, que exige masivas deforestaciones, haciendo inviable la supervivencia de muchos animales, introduciendo peligrosas barreras en el curso natural de las aguas y contribuyendo, en definitiva, a la degradación de los ecosistemas.

Sin olvidar lo que supone la construcción de megaurbanizaciones especulativas, auténticos atentados a la sostenibilidad, en zonas de gran valor ecológico y paisajístico, sin garantía de agua para su abastecimiento ni de un tratamiento adecuado de los residuos. Un urbanismo salvaje, con numerosos casos de corrupción, que conlleva la construcción “eco-ilógica” de campos de golf, de puertos deportivos, etc., que incluso llega a agredir espacios protegidos y supone frecuentes recalificaciones de terrenos.

A todo ello contribuye decididamente, además de la imprevisión, una especulación que se traduce en el uso de materiales inadecuados. No tiene sentido, por ejemplo, que un temblor de tierra provoque en Centroamérica o en Turquía miles de muertes, mientras que otro de la misma intensidad en Japón ni siquiera vierta el té de las tazas.

Es preciso referirse, además, a las bolsas de alta contaminación atmosférica debidas a la densidad del tráfico, a la calefacción, a las incineradoras… que producen el “smog” o niebla aparente de las ciudades, sin olvidar los residuos generados y sus efectos en suelos y aguas, o la contaminación acústica, lumínica, visual, etc. (Ver Lucha contra la contaminación).

Todo ello con sus secuelas de enfermedades respiratorias, alergias, estrés… además de los graves problemas de inseguridad ciudadana y explosiones de violencia.

Los núcleos urbanos que surgieron hace siglos como centros donde se gestaba la civilización, se han ido transformando en lugares amenazados por la masificación, el ruido, los desechos..., problemas que se agravan en las llamadas “megapolis” con más de diez millones de habitantes, cuyo número no para de crecer.

El desafío urbano del que habla la CMMAD ha de enfrentar, pues, bastantes problemas: los de contaminación, por supuesto, pero también los que plantea el consumo exacerbado de recursos energéticos, la destrucción de terrenos agrícolas, la degradación de los centros históricos, etc. Puede decirse que las ciudades constituyen hoy el paradigma de la imprevisión y de la especulación, es decir, de la insostenibilidad (Vilches y Gil, 2003). El problema de un mundo que se urbaniza a marchas forzadas es considerado tan grave por los expertos que el Worldwatch Institute (2007) le ha dedicado su volumen de 2007, titulado: Nuestro futuro urbano.

Como ya adelantaba Girardet, “A finales del siglo XX la humanidad se halla inmersa en un experimento sin precedentes; nos estamos convirtiendo en una especie urbana. Las grandes urbes, no los pueblos ni las pequeñas ciudades, se están convirtiendo en nuestro hábitat principal. Será en las ciudades del siglo XXI donde se decida el destino humano y donde se dicte el destino de la biosfera. No existirá un mundo sostenible sin ciudades sostenibles. ¿Podemos construir un mundo de ciudades medioambiental, social y económicamente viables a largo plazo?” (Girardet, 2001).

Esta preocupación ha llevado a Naciones Unidas a declarar el Día Mundial del Hábitat el primer lunes de octubre, con el propósito de reflexionar sobre el estado de los asentamientos humanos y el derecho fundamental a una vivienda adecuada para todos. La ocasión sirve además, para alertar al mundo de su responsabilidad colectiva respecto del futuro del hábitat humano. En la celebración del día Mundial Hábitat 2011, el 3 de octubre, el Secretario general de UN declaraba: "Este año, el Día Mundial del Hábitat cae en el mes en que, según las predicciones demográficas, nuestro planeta ha de alcanzar los siete mil millones de habitantes. El futuro que heredarán las nuevas generaciones dependerá en gran medida de cómo manejemos las presiones contrapuestas del crecimiento demográfico cada vez mayor, la urbanización y el cambio climático (.) El nexo entre la urbanización y el cambio climático es real y podría llegar a ser mortífero. Las ciudades son centros de industrialización y fuentes de emisiones, pero también son lugares donde se idean soluciones. Cada vez son más los municipios que aprovechan la energía eólica, solar y geotérmica, contribuyendo así al crecimiento ecológico y mejorando la protección del medio ambiente".

 La publicación en 2012 por UN-Habitat del libro: "Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012. Rumbo a una nueva transición urbana", alerta del acelerado crecimiento urbano y demandas sociales insatisfechas en la región en las últimas décadas, con un alto coste económico, social y medioambiental (casi un 80% de su población, 468 millones de personas, vive en áreas urbanas). "Para avanzar hacia un modelo de ciudades más sostenibles, más compactas, que doten a nuestras zonas urbanas de una mayor movilidad y eficacia energética, es preciso reafirmar el interés colectivo en la planificación urbanística, trabajar en políticas de cohesión social y territorial, así como en políticas nacionales urbanas, y aplicar reformas al marco legal e institucional", advierte Joan Clos, Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat).

Es necesario, pues, conciliar urbanización y sostenibilidad, desarrollando propuestas que garanticen el avance hacia ciudades sostenibles y con ello la continuidad de la especie humana y de las futuras generaciones (Ver Sostenibilidad).

Esta necesidad llevó a la organización de la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos, celebrada en Vancouver (Canadá), en 1976, así como más recientemente a la realización de la Conferencia Europea sobre ciudades hacia la sostenibilidad, celebrada en Aalborg en 1994, que dio lugar a la Carta de Aalborg o la Cumbre de las Ciudades de las Naciones Unidas de 1996, Hábitat II o también llamada Cumbre de la Ciudad, celebrada en Estambul (Turquía), en cuya declaración final, en el preámbulo, se señala: “El Programa de Hábitat constituye un llamamiento mundial para la acción a todos los niveles. Ofrece, en un marco de objetivos, principios y compromisos, una visión positiva de los asentamientos humanos sostenibles, en que todas las personas tengan una vivienda adecuada, un entorno salubre y seguro, acceso a los servicios básicos y un empleo productivo libremente elegido. El Programa de Hábitat orientará todas las actividades encaminadas a convertir esa visión en realidad”. (http://www.unhabitat.org/unchs/spanish/hagendas/).

Como se señala en el Atlas Medioambiental de Le Monde diplomatique (Bovet et al., 2008, pp. 90-91), la construcción ecológica está pasando a un primer plano, con una pluralidad de denominaciones (arquitectura de alta calidad ambiental, ecológica, natural, pasiva, ecoconstrucción…). Las normas pasivas persiguen, fundamentalmente, incrementar la eficiencia energética de los edificios, es decir, reducir la energía necesaria para la utilización de las viviendas, gracias a una adecuada orientación, a buenos aislamientos, a la incorporación de paneles solares, etc. Así, por ejemplo, se mejora la ventilación natural de los edificios mediante las llamadas chimeneas solares o termales, que aprovechan la convección del aire calentado por energía solar pasiva. La ecoconstrucción se basa en el estudio de las cualidades de la construcción tradicional, uso de materiales y técnicas de aprovisionamiento de agua con el menor impacto posible, respetando el lugar, cuidando las vías de acceso, etc.

Surge así el concepto de ecociudad o ciudad ecológica que cuenta ya con ejemplos paradigmáticos como el BedCED (Beddington Zero Energy Development), un barrio construido en la periferia de Londres, o la ciudad de Dongtan que se proyecta actualmente cerca de Shangai y que pretende ser el modelo chino de ciudad sostenible (Bovet et al., 2008, pp 88-89). Y las ciudades ya existentes ponen en marcha alternativas para evitar el despilfarro energético y reducir la contaminación, como el peaje urbano, la sustitución de las señales luminosas de tráfico por diodos emisores de luz (LED), de muy bajo consumo, la incorporación de energías renovables, la instalación de ecoparques y ecopuntos (para recoger residuos especiales como bombillas fluorescentes, pilas, sustancias tóxicas, aceite de cocina, etc.) y el impulso de movimientos como “Car Free Cities” (ciudades sin automóviles), “Ciudades hacia la sostenibilidad”, etc.

Jeremy Rifkin concibe la conversión de las ciudades en el segundo pilar de una Tercera Revolución Industrial (ver Tecnociencia para la sostenibilidad) que ponga fin a la actual degradación socioambiental: "A pesar de que las energías renovables se encuentran en todas partes (.) necesitamos la infraestructura necesaria para recolectarlas. Es aquí donde el sector de la construcción adquiere un mayor protagonismo, convirtiéndose en el segundo pilar de la Tercera Revolución Industrial (.) En veinticinco anos, se renovarán o construirán millones de hogares, oficinas, centros comerciales, fábricas y parques industriales y tecnológicos que funcionarán como plantas energéticas, además de cómo hábitats. Estos edificios acumularán y generarán energía local a partir del sol, el viento (.); la energía suficiente para cubrir sus propias necesidades, así como para generar un excedente que pueda compartirse" (Rifkin, 2010, capítulo 13).

El logro de sociedades sostenibles -y el simple respeto de derechos humanos fundamentales, como el derecho a una vivienda adecuada en un entorno digno- exige remodelar las ciudades, con una planificación adecuada y el aprovechamiento de la tecnociencia para la sostenibilidad, evitando tanto la urbanización periférica difusa, que conlleva la destrucción de terrenos productivos e insostenibles consumos de energía, como la desconexión con la naturaleza de los barrios marginales, las barreras arquitectónicas, la construcción de viviendas en zonas de riesgo por su inseguridad en caso de catástrofes, etc., y que se constituyan en foros de participación, creatividad y disfrute de la diversidad cultural.

Así se propone en la Declaración de Berlín, de 6 de julio de 2000, en la Conferencia Global sobre el Futuro Urbano, que concluye con estas palabras:

“Estamos entrando en un milenio urbano. Las ciudades, que siempre han sido motores de crecimiento económico y cunas de civilización, están afectadas en la actualidad por cambios ingentes. Millones de hombres, mujeres y niños afrontan esfuerzos diarios para sobrevivir. ¿Podemos cambiar esta realidad? ¿Podemos ofrecer a la gente la esperanza de un futuro mejor? Creemos que si aprovechamos las fuerzas positivas de la educación y del desarrollo sostenible, la globalización y las tecnologías de la información, la democracia y el buen gobierno, el fortalecimiento de la mujer y de la sociedad civil, podemos construir realmente ciudades hermosas, ecológicas, con desarrollo económico y justicia social”.

En el mismo sentido, en el reciente Informe del Estado de la Población Mundial de Naciones Unidas 2007, El alba de un milenio urbano, se señala que “Las instituciones y los especialistas en población pueden y deben desempeñar un papel fundamental en el apoyo a las organizaciones comunitarias, los movimientos sociales, los gobiernos y la comunidad internacional para mejorar la naturaleza y las modalidades de la futura expansión urbana y reforzar así sus posibilidades de reducir la pobreza y promover la sostenibilidad del medio ambiente. En este momento crítico, tiene una importancia crucial lograr una acción internacional concertada para clarificar las opciones en materia de políticas públicas y proporcionar información y análisis a fin de apoyar las estrategias encaminadas a mejorar nuestro futuro urbano”. Y dando paso a la esperanza, a la posibilidad de superar las dificultades con una mejor gobernabilidad urbana, se dedica el último capítulo a qué podemos hacer para contribuir a un futuro urbano sostenible, como uno de los desafíos más importantes del siglo XXI. Y termina señalando que el próximo milenio urbano puede hacer más manejables la pobreza, la desigualdad y la degradación del medio ambiente, o puede agravarlas exponencialmente. Desde esta perspectiva, todas las medidas que se adopten para abordar los retos y oportunidades de la transición urbana deben estar imbuidas de un sentido de urgencia.

Como ejemplo de apoyo a las buenas prácticas urbanas podemos mencionar la creación en 2010 de la figura de “Capital verde” (Green Capital) de la Unión Europea, que elegirá cada año una ciudad que destaque por sus aportaciones a la sostenibilidad urbana. Una iniciativa que merece aplicarse en otras regiones y generalizarse al conjunto del planeta.

Podemos referirnos también a la iniciativa de las “ecoaldeas”, definidas así por Robert Gilman, uno de sus principales promotores e impulsores a nivel internacional: “Una ‘ecoaldea’ es un asentamiento humano, concebido a escala humana, que incluye todos los aspectos importantes para la vida, integrándolos respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de desarrollo y que pueda persistir indefinidamente”. Esto no significa apostar por un imposible y nada deseable aislamiento de cada ecoaldea; se trata de estructurar la sociedad urbana en agrupaciones de dimensiones humanas.

Particular importancia tiene la creación de estándares en construcción sostenible, que miden el nivel de respeto medioambiental y de salud de los edificios. Así el certificado LEED (Leadership in Energy in Environmental Design), desarrollado por el US Green Building Council (USGBC), toma en consideración:

  • el impacto que tiene la selección de un emplazamiento concreto sobre el medio ambiente
  • la integración de tecnologías y estrategias para reducir la cantidad de agua potable consumida en el edifico
  • la calidad ambiental interior, teniendo en cuenta el uso de luz natural, criterios de confort térmico, acústico, ventilación, etc.
  • el uso de materiales reciclados o rápidamente renovables para la construcción y la reducción de deshechos de la construcción, así como en qué medida el edificio favorecerá el reciclado doméstico
  • la integración de energías renovables y la eficiencia energética del edifico

Y por citar otro ejemplo de buenas prácticas, mencionaremos la creación en 1999 de la organización sin ánimo de lucro Arquitectura para la humanidad (Architecture for Humanity http://architectureforhumanity.org/) que mediante una red global de profesionales de la construcción, brinda diseno, construcción y servicios de desarrollo a las comunidades que lo necesitan, contribuyendo a construir un futuro urbano más sostenible.

Todo ello sin olvidar que, a pesar de la rápida urbanización, casi la mitad de la población mundial sigue viviendo en zonas rurales, por lo que resulta crucial crear las condiciones de un desarrollo rural sostenible que combata la pobreza extrema que se da en este medio. La iniciativa de las ecoaldeas nace como una propuesta particularmente indicada para las zonas rurales (ver Desarrollo rural). La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha establecido los requisitos para el logro de este desarrollo rural sostenible (ver http://www.fao.org/wssd/sard/faodefin_es.htm) que evite las migraciones masivas hacia la marginación de las megaciudades (ver Reducción de la pobreza). Una Red Global de Ecoaldeas favorece el intercambio de información entre estas comunidades piloto de asentamientos humanos sostenibles y ofrece dicha información a las nuevas comunidades que van formándose como contribución a una urbanización más sostenible.

Referencias en en este tema “Urbanización y sostenibilidad”

BELSKY, E. S. (2012). Planificar un desarrollo urbano integrador y sostenible. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 3)
BOVET, P., REKACEWICZ, P, SINAÏ, A. y VIDAL, A. (Eds.) (2008). Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique, París: Cybermonde.
BURDET, R. & SUDJIC, D. (2008). The Endless City. London: Phaidon.
COMISIÓN MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DEL DESARROLLO (1988). Nuestro Futuro Común. Madrid: Alianza.
FOLCH, R. (1998). Ambiente, emoción y ética. Barcelona: Ed. Ariel.
GIRARDET, H. (2001). Creando ciudades sostenibles. Valencia: Tilde.
HAYDEN, T. (2008). 2008 El estado del planeta. National Geographic España. Madrid: RBA
RIFKIN, J. (2010). La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis. Barcelona: Paidós.
TAIPALE, K. (2012). De una edificación ligeramente verde a edificios de verdad sostenibles. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 10)
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulo 2.
WORLDWATCH INSTITUTE (2007). L’estat del món 2007. El nostre futur urbà. Barcelona: Angle Editorial.

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2013). «Urbanización y Sostenibilidad» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=20>

Algunos enlaces de interés en este tema “Urbanización y sostenibilidad”

Agenda 21 Local, Portal de los pueblos y ciudades sostenibles
Architecture for Humanity
Campana de Ciudades Europeas Sostenibles
Carta de ciudades europeas hacia la sostenibilidad (Carta Aalborg)
Ciudades para un futuro más sostenible, Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio, ETSAM
El alba de un milenio humano, Estado de la Población Mundial 2007, NU
Naciones Unidas, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos
Naciones Unidas, Programa de Asentamientos Humanos
Naciones Unidas, Proyecto Global de Enseñanza y aprendizaje, Ciudades de hoy, ciudades de mañana
Naciones Unidas, UN-Habitat
Programa Ciudades Digitales de la Unión Europea
Red de Redes de Desarrollo Local Sostenible
Red Española de Ciudades por el Clima
Red Europea de Conocimiento Urbano, Ministerio de Vivienda
Transporte en la Unión Europea
UNEP, Tecnologías para el manejo de los residuos sólidos urbanos
UNESCO, Urbanización Sostenible
UNFPA (Fondo de Población de Naciones Unidas)

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