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7. Igualdad de género
Hablar de igualdad de sexos o, como es más frecuentemente aceptado, de igualdad de género, es referirse a un objetivo contra una
realidad de discriminaciones y segregación social. Una de las más frecuentas
y silenciosas formas de violación de los derechos
humanos es la violencia de género, señala
el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Éste
es un problema universal, pero para comprender mejor los patrones
y sus causas, y por lo tanto eliminarlos, conviene partir del
conocimiento de las particularidades históricas y socioculturales
de cada contexto específico. Por consiguiente, es necesario
considerar qué responsabilidades y derechos ciudadanos
se les reconocen a las mujeres en cada sociedad, en comparación
con los que les reconocen a los hombres, y las pautas de relación
que entre ellos se establecen (http://www.undp.org.ni/genero.php).
La enumeración de discriminaciones que hace el PNUD es interminable:
la pobreza afecta en mayor medida a las mujeres, lo
que se relaciona con su desigualdad en cuanto al acceso a
la educación, a los recursos productivos y al control de
bienes, así como, en ocasiones, a la desigualdad de derechos
en el seno de la familia y de la sociedad. Esa discriminación
va más allá de las leyes: Allí donde
los derechos de las mujeres están reconocidos, la pobreza
(con el analfabetismo que conlleva) a menudo les impide conocer
sus derechos. Por otra parte, en los países industrializados,
pese haber logrado, no hace mucho, la igualdad legal de derechos
se sigue concediendo empleos con mayor frecuencia y facilidad
a los hombres, el salario es desigual y los papeles en función
del sexo son aún discriminatorios.
De hecho, al considerar el Indice de Desarrollo Humano (ver Reducción
de la pobreza) específico
de las mujeres, aparece por detrás del general en todos
los países del mundo. En el artículo Missing
Women, publicado por Amartya Sen en 1992 en la revista British
Medical Journal, así como en trabajos posteriores,
se refiere a la excesiva mortalidad y tasas de supervivencia artificialmente
más bajas de las mujeres en muchas partes del mundo, como
un descarnado aspecto muy visible de la desigualdad sexual, con
datos inquietantes de infanticidio femenino, despreocupación
por la salud y la nutrición de las mujeres, en especial
durante la niñez, etc. Cabe recordar a ese respecto que
en India, las niñas tienen cuatro veces más posibilidades
de estar desnutridas que los niños. El 25% de los hombres
en los países en desarrollo padecen anemia a causa de
la deficiencia del hierro, mientras que la tasa es del 45% para
las mujeres y más
del 60% para las embarazadas. Y todas estas discriminaciones, desigualdades
por razones de sexo, se deben a los prejuicios culturales en
las familias y en las sociedades en general. Y también
se manifiesta en la educación. Las injustas oportunidades
de instrucción
para las chicas conducen a su inseguridad económica: las
mujeres representan los dos tercios de las personas analfabetas
y los tres quintos de los pobres del planeta. Con menos oportunidades
educativas y económicas que los hombres, lógicamente
las mujeres tienden a padecer hambre y mayores deficiencias en
la nutrición. Se habla por ello de feminización
de la pobreza (Sen, 2000; Vilches y Gil, 2003).
Y
por lo que se refiere al trabajo, las mujeres tienen, en general,
jornadas mucho más cargadas. Por poner dos ejemplos, en
India las mujeres trabajan unas 12 horas más a la semana
que los hombres y en Nepal 21 horas. Cinco años después
de la IV Conferencia Mundial para las mujeres celebrada en Pekín,
tuvo lugar en Nueva York la conferencia Mujeres
2000: Igualdad, desarrollo y Paz para el siglo XXI, en
una sesión especial
de la Asamblea General de Naciones Unidas. Se trataba de evaluar
el cumplimiento de los compromisos adoptados en Pekín
y establecer medidas para seguir avanzando en los derechos humanos
de las mujeres. Esa evaluación se concentró en
frenar una marcha atrás
y tratar de mantener lo consensuado en China, ya que se detectó
un incumplimiento de derechos básicos como el derecho a
la salud plena, a la educación, a una vida sin violencia,
al libre disfrute de la sexualidad y a una maternidad responsable,
no impuesta, a la participación en la toma de decisiones… (ver Derechos
humanos).
Mientras, continúa produciéndose un intenso tráfico
de mujeres y niñas en muchos países
, entre una
cuarta parte y la mitad de las mujeres del mundo sufren agresiones
de su pareja y siguen ocurriendo hechos como la ablación
genital, las violaciones de mujeres y niñas o los crímenes de honor. Unas agresiones
que aumentan en las situaciones de inestabilidad laboral como las
que se están viviendo actualmente en todo el mundo, incluidos
los países ricos, en los que hay un porcentaje creciente
de marginados.
Pero no debemos olvidar que la discriminación hacia la mujer
es parte de la discriminación que los fuertes
ejercen con los débiles en defensa de sus privilegios.
Unos privilegios que a lo largo de la historia se ha pretendido
justificar con razones étnicas, de sexo o de
mérito; pero hoy sabemos que no tienen fundamento alguno
y que generan desequilibrios perjudiciales para todos, aunque
algunos sigan pensando que esos desequilibrios constituyen algo
natural. Y esas referencias que se hacen al pasado las consideran
un apoyo a su punto de vista: siempre ha habido ricos y pobres
y siempre los habrá, el hombre es superior a
la mujer, etc.
La erradicación de la discriminación de las mujeres
entronca así con los objetivos de la educación
para la sostenibilidad, de la reducción
de la pobreza y, en definitiva, de la universalización
de los derechos humanos. Así
se señala en los objetivos del Milenio: El tercer
objetivo de Desarrollo del Milenio desafía la discriminación
contra la mujer y busca asegurar que las niñas, como los
niños, tengan el derecho a la escolarización. Los
indicadores relacionados con este objetivo buscan medir el progreso
hacia la mayor alfabetización de la mujer, hacia la mayor
participación y representación de ésta en la
política y en la toma de decisiones de los Estados y hacia
la mejora de las perspectivas de empleo. Así y con todo,
el tema de la igualdad de género no se limita a un solo objetivo
sino que se aplica a todos ellos. Sin progreso hacia la igualdad
de género y sin la capacitación de la mujer, no se
alcanzará ninguno de los objetivos de desarrollo del milenio
(MDG, Naciones Unidas). Unos objetivos que se contemplan desde el punto educativo en las iniciativas de “la Década de la Educación por un Desarrollo Sostenible, en la que la igualdad entre géneros está considerada como una de las condiciones fundamentales para el desarrollo humano que está requiriendo una mayor atención por parte de la ciencia, la política, las instituciones sociales y la educación” (Aznar y Cánovas, 2008, p.9). Y unos objetivos que constituyen un auténtico reto frente al que aún queda mucho por hacer, como se puede ver en los informes sobre los Índices de Equidad de Género (Social Watch, 2008) o los de UNICEF (2007), pero que ya están encontrando respuestas en algunos países por lo que se refiere a la promoción de políticas de igualdad y estrategias y prácticas educativas para la promoción de la igualdad de derechos y oportunidades entre los géneros y la erradicación de la violencia (Novo, 2007; Pérez Sedeño, 2007; Aznar y Cánovas, 2008).
Así, el año 2009, UNFPA (Fondo de Población de Naciones Unidas) dedicó el día Mundial de Población a incentivar la inversión en educación y salud para las mujeres y las niñas, como paso necesario para avanzar en la disminución de la pobreza, la universalización de los derechos humanos y la igualdad de género.
Como señala el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL): “La autonomía de las mujeres en la vida privada y pública es fundamental para garantizar el ejercicio de sus derechos humanos. La capacidad para generar ingresos propios y controlar activos y recursos (autonomía económica), el control sobre su cuerpo (autonomía física), y su plena participación en las decisiones que afectan a sus vidas y a su colectividad (autonomía en la toma de decisiones), son los tres pilares de la igualdad de género y de una ciudadanía paritaria” (http://www.cepal.org/oig/).
Insistiremos tan solo, para terminar, en que la superación
de las discriminaciones de género, la extensión (por
supuesto inacabada) de derechos a esa mitad del género humano
que constituyen las mujeres, no supone acabar con los
privilegios de los hombres, como si para que unos ganen otros
hayan de perder... El resultado no es ése y hay que afirmarlo
con claridad: la extensión de derechos beneficia
a todos. Jamás una extensión de derechos
a nuevas capas se ha traducido, a medio y largo plazo, en perjuicio
de nadie. En cambio los privilegios, es decir, los desequilibrios,
son siempre causa de conflictos destructivos e insostenibles, mientras
que los avances hacia la universalización de los derechos
se traducen en la potenciación de la creatividad de nuevos
colectivos, lo que acaba favoreciendo un desarrollo más armónico
y sostenible, beneficioso para todos.
Referencias en este tema "Igualdad de género"
AZNAR, P. y CÁNOVAS P. (Eds.) (2008). Educación, género y políticas de igualdad. Valencia: Universitat de València.
NOVO, M. (Coord.) (2007). Mujer y Medio ambiente. Los caminos de la visibilidad. Madrid: Los libros de La Catarata.
PÉREZ SEDEÑO, E. (2007). Ayer, ¿igual que hoy?, Mujer y Ciencia. La situación de las mujeres investigadoras en el sistema español de Ciencia y Tecnología. Madrid: FECYT.
SEN, A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta.
SOCIAL WATCH (2008). Índice de equidad de Género 2008. Avances y retrocesos, accesible en: <http://www.socialwatch.org/en/portada.htm> (acceso agosto 2008).
UNICEF (2007). The State of the World’s Children 2007. Women and Children. The double dividend of gender equality. New York, accessible en: <http://www.unicef.org/sowc07/> (acceso agosto 2008).
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulos 10 y 11.
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Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2009). «Igualdad de género » [artículo
en línea]. OEI. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion02.htm> |
Algunos enlaces de interés en este tema "Igualdad de género"
CEDAW Division for the Advancement of Women
Centro de Investigación de Mujeres, Universidad de Barcelona
Comisión de Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo
Derechos
Humanos y Extrema Pobreza, Asamblea General de UN
Human Rights Watch
Human
Rights Watch, Mujeres
Instituto
de la Mujer, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales
Mujer y Ciencia, Informe FECYT 2007
Office of
the High Commissioner for Human Rights, NU, “Women Rights
are Human Rights”
Ministerio de Igualdad (España)
Naciones Unidas, Observatorio de las mujeres
Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL)
Organización
Mundial de la Salud, Salud de las Mujeres
PNUD América Latina Genera Programa
de Naciones Unidas para el desarrollo (Género) PNUD
SocialWatch, Índice de igualdad de género 2008
Unidad Mujer y
Desarrollo, Comisión Económica para América
Latina y El Caribe, Naciones Unidas
UNESCO,
Mujeres y una cultura de paz
UNESCO,
Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible,
Igualdad de Género
UNICEF,
Estado Mundial de la Infancia, Género y Educación
Unión Europea Igualdad entre mujeres y hombres
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