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12. Diversidad cultural
El tratamiento
de la diversidad cultural puede concebirse, en principio,
como continuación de lo visto en el apartado dedicado a la
biodiversidad, en cuanto extiende
la preocupación por la pérdida de biodiversidad al
ámbito cultural. La pregunta que se hace Maaluf (1999) expresa
muy claramente esta vinculación: "¿Por qué
habríamos de preocuparnos menos por la diversidad de culturas
humanas que por la diversidad de especies animales o vegetales?
Ese deseo nuestro, tan legítimo, de conservar el entorno
natural, ¿no deberíamos extenderlo también al
entorno humano?". Pero decimos en principio, porque
es preciso desconfiar del "biologismo", es decir, de los
intentos de extender a los procesos socioculturales las leyes de
los procesos biológicos. Son intentos frecuentemente simplistas
y absolutamente inaceptables, como muestran, por ejemplo, las referencias
a la selección natural para interpretar y justificar
el éxito o fracaso de las personas en la vida social.
En el tema de la diversidad cultural o etnodiversidad se incurre en este biologismo
cuando se afirma, como hace Clément (1999), que "El
aislamiento geográfico crea la diversidad. De un lado, la
diversidad de los seres por el aislamiento geográfico, tal
es la historia natural de la naturaleza; del otro, la diversidad
de las creencias por el aislamiento cultural, tal es la historia
cultural de la naturaleza". Esa asociación entre diversidad
y aislamiento es, desde el punto de vista cultural, cuestionable:
pensemos que la vivencia de la diversidad aparece precisamente cuando
se rompe el aislamiento; sin contacto entre lugares aislados solo
tenemos una pluralidad de situaciones cada una de las cuales contiene
escasa diversidad y nadie puede concebir (y, menos, aprovechar)
la riqueza que supone la diversidad del conjunto de esos lugares
aislados.
Por la misma razón, no puede decirse que los contactos se
traducen en empobrecimiento de la diversidad cultural. Al contrario,
es el aislamiento completo el que supone falta de diversidad en
cada uno de los fragmentos del planeta, y es la puesta en contacto
de esos fragmentos lo que da lugar a la diversidad. Es necesario,
pues, cuestionar el tratamiento de la diversidad cultural con los
mismos patrones que la biológica. Y ello obliga a preguntarse
si la diversidad cultural es algo tan positivo como la biodiversidad.
De hecho, la diversidad de lenguas y formas de vida es vista por
muchas personas como un inconveniente, cuando no como una amenaza,
como un peligro. Mayor Zaragoza (2000), en el libro "Un
mundo nuevo", reconoce que la diversidad lingüística
ha sido y sigue siendo víctima de fuertes prejuicios. Su
eliminación ha sido considerada por muchos una condición
indispensable para la comunicación y entendimiento entre
los seres humanos, como expresa muy claramente el mito de la "Torre
de Babel", que atribuye la pluralidad de lenguas a un castigo
divino.
La conocida expresión italiana "traduttore - traditore"
(traductor - traidor) refleja bien esta desconfianza en la comunicación
inter-lenguas, que se traduce en la imposición política
de lenguas oficiales únicas como supuesta garantía
de la unidad de las poblaciones de un estado. A esta desconfianza
se une el rechazo de la "pérdida de tiempo" que
supone, por ejemplo, aprender varias lenguas. Sin embargo todos
los expertos, nos recuerda Mayor Zaragoza, coinciden en reconocer
que los bilingües suelen poseer una maleabilidad y flexibilidad
cognitivas superiores a los monolingües, lo que supone
una importante ayuda para su desarrollo mental, no una pérdida
de tiempo. Y ello es así porque cada lengua constituye
una estructura de pensamiento que posee características
y potencialidades específicas. Pensar en varias lenguas
supone un ejercicio de adecuación a esas diferentes
estructuras, favoreciendo la adquisición de una mayor
flexibilidad mental. De ahí
que los psicólogos del aprendizaje recomienden vivamente
el bilingüismo temprano para facilitar el mejor desarrollo
mental. En ese sentido, la sesión plenaria de mayo de
2007 Naciones Unidas declaró el año 2008 Año
Internacional de las Lenguas, reconociendo que el multilingüismo
promueve la unidad en la diversidad y el entendimiento internacional. Celebración que debe constituir una ocasión para fortalecer la diversidad lingüística, para impulsar y apoyar proyectos de revitalización de lenguas minoritarias, en particular en los ámbitos educativos.
Pero las ventajas de la diversidad cultural no se reducen a las
de la pluralidad lingüística. Es fácil mostrar
que la diversidad de las contribuciones que los distintos pueblos
han hecho en cualquier aspecto (agricultura, la cocina, la música
)
constituye una riqueza para toda la humanidad. Como señala Sen (2007, p.36), “la principal fuente de esperanza en la posible armonía en el mundo contemporáneo radica en la pluralidad de nuestras identidades”.
Podemos referirnos, en particular, a un aspecto de esa diversidad
muy relacionado con la historia de nuestra civilización: la
cultura campesina. A medida que la agricultura se desarrolló durante
los ocho últimos milenios, los agricultores domesticaron
centenares de especies de cultivos distintos y cientos de miles
de variedades dentro de cada cultivo. Esta cooperación entre
personas y plantas generó una inmensa riqueza de diversidad
genética dentro de las especies que se cultivaban, con un
notable valor estético, culinario y social. La biodiversidad
agrícola mundial –fruto de la diversidad cultural
de las sociedades campesinas- que representa una ayuda frente
a las variaciones climáticas, las plagas y otras amenazas
que pueden afectar a la seguridad alimentaria, depende de millones
de pequeños agricultores. Cabe lamentar por ello que muchas comunidades y pueblos autóctonos, poseedores de una cultura profundamente anclada en su ambiente, estén en vías de desaparición, obligados a abandonar su tierra hacia las grandes ciudades, a menudo como consecuencia de la degradación ambiental, lo que les convierte en refugiados climáticos o ambientales y les condena a la pérdida acelerada de su identidad (Bovet et al., 2008, pp 44-45).
Sin embargo, parece obligado reconocer que esta diversidad cultural
está generando terribles conflictos. ¿No son, acaso,
las particularidades las que enfrentan sectariamente a unos grupos
con otros, las causantes del racismo, de las "limpiezas étnicas",
de los genocidios, de los rechazos a los inmigrantes…?
Es preciso rechazar contundentemente esa atribución de
los conflictos a la diversidad cultural. Son los intentos
de suprimir la diversidad lo que genera los problemas, cuando
se exalta "lo propio" como lo único bueno, lo
verdadero, y se mira a los otros como infieles a convertir, si es necesario
por la fuerza. O cuando se considera que los otros representan "el
mal", la causa de nuestros problemas, y se busca "la
solución" en su aplastamiento. Los enfrentamientos
no surgen porque existan particularismos, no son debidos a la diversidad,
sino a su rechazo (Vilches y Gil, 2003). Son debidos a los
intentos de homogeneización forzada, a los fundamentalismos,
que nos transforman en víctimas o verdugos… y a menudo
en víctimas y verdugos, las dos cosas a la vez o
alternativamente, según se modifique la correlación
de fuerzas. Pueblos que han visto negado el derecho a hablar su
lengua, a practicar su religión, etc., pasan a sojuzgar
a otros cuando las circunstancias les son "favorables".
Todo ello en nombre de lo propio contra los otros.
Todo en nombre del rechazo de la diversidad y la sacralización
de la propia identidad. Por eso Maaluf (1999) habla de "identidades
asesinas".
Conviene aclarar, por otra parte, que la defensa de la diversidad
cultural no significa aceptar que todo vale, que todo lo
que los pueblos crean sea siempre bueno. Lo que es siempre
bueno, en cualquier dominio, es la diversidad
si es
auténtica, es decir, si no hay imposición forzada
de unas formas sobre las otras. Y cabe afirmar eso, entre otras
razones, precisamente porque no todo vale. A menudo es el
contacto entre diferentes culturas lo que permite cuestionar los
aspectos negativos y aprovechar los positivos de cada una de ellas.
Podemos concluir que la diversidad cultural es siempre positiva
en sí misma porque nos hace ver que no hay una única
solución a los problemas, una única ley incuestionable
y eso nos autoriza a pensar en distintas posibilidades, a optar
sin quedar prisioneros de una única norma. Con otras palabras,
en situaciones de libertad, ninguna peculiaridad cultural,
digamos "regresiva", acaba imponiéndose a otras
más avanzadas, más satisfactorias para la generalidad
de las personas.
Algunos se preguntan, sin embargo, si ello no supone una homogeneización,
una pérdida de diversidad cultural. ¿No se puede caer
en etnocentrismos estrechos? ¿Por qué, por ejemplo,
hay que imponer a otros pueblos los derechos humanos propios
de la civilización occidental?
Para empezar, los derechos humanos, no pertenecen a la cultura
occidental; son el fruto reciente y todavía incompleto de
una batalla contra las tradiciones opresivas presentes en todas
las culturas. Y se apoyan en elementos liberadores presentes también
en las diversas culturas. No se puede hablar, como han hecho algunos
líderes políticos, de la "superioridad de la
tradición cultural occidental" porque respeta
los derechos humanos y reconoce la igualdad de derechos de ambos
sexos
olvidando que hasta hace muy poco ninguna mujer tenía
derecho a votar, ni podía viajar a otro país, ni tampoco
realizar una transacción económica de alguna entidad
sin permiso del marido.
No tiene sentido hablar de los derechos humanos como una imposición
de la cultura occidental, ni como un ataque a la diversidad cultural.
Se trata de un movimiento transversal que recorre todas
las culturas y que va abriéndose paso con mayor o menor
dificultad en todas ellas. Cuando el burka y todo lo que representa
constituya un objeto visible únicamente en los museos, ello
no constituirá ninguna pérdida de diversidad cultural,
sino que significará el fin de una trasgresión de
derechos fundamentales de las mujeres, liberará la creatividad
de un segmento importante de la humanidad y dará paso a
nuevas creaciones culturales.
Pero, ¿no nos condena eso a la homogeneización, a la
pérdida de la diversidad cultural? "¿No nos estaremos
yendo -se pregunta Maaluf, criticando el actual proceso de globalización-
hacia un mundo gris en el que pronto no se hablará más
que una lengua, en el que todos compartiremos unas cuantas e iguales
creencias mínimas, en el que todos veremos en la televisión
las mismas series americanas mordisqueando los mismos sándwiches?".
Hoy existen riesgos serios, muy serios, sin duda, de pérdidas
irreparables del patrimonio cultural de la humanidad: ya hemos hablado
de las miles de lenguas y otras aportaciones culturales en peligro.
Pero el hecho mismo de tener conciencia de los riesgos crea condiciones
para atajarlos. El verdadero peligro estriba, ante todo,
en no ser conscientes de los problemas o en tener una percepción
equivocada de los mismos.
Por eso es importante profundizar en los problemas y no contentarse
con los tópicos. Es necesario, pues, analizar más
detenidamente ese proceso de globalización o mundialización
cuyos efectos homogeneizadores tanto nos asustan. Quizás
ello nos permita ver que no todos los signos son tan negativos y
podamos separar el grano de la paja.
Recurriremos al ejemplo de la restauración: un signo evidente
de la homogeneización que nos amenaza lo tenemos, se denuncia,
en la proliferación de los "fast food" que encontramos
en cualquier parte del mundo: desde la Plaza Roja de Moscú
al centro de Pekín o de Buenos Aires
como también
encontramos restaurantes italianos, chinos, mexicanos, vietnamitas,
cubanos, libaneses
Si miramos bien, por lo que a la cocina
se refiere, hemos de concluir que los signos no son de homogeneización,
sino de un creciente disfrute de la diversidad. Además, la
cocina italiana está más extendida y desde hace mucho
más tiempo que los McDonalds y similares. Y nunca se nos
ocurrió pensar que eso representara un peligroso signo de
pérdida de diversidad cultural. . De hecho los movimientos ciudadanos críticos no cuestionan la difusión de las cocinas propias de las distintas culturas y solo dirigen sus ataques a la invasión, con pretensiones homogeneizadoras de los “fast food”, lo que ha dado lugar al movimiento “slow food”, defensor de las cocinas locales, y, por extensión, al movimiento “slow”, que promueve un buen hacer y un buen vivir contrario a la aceleración productivista.
Es cierto, sin embargo, que la situación es mucho más
grave en otros campos como, por ejemplo, el cine, porque su producción
tiene exigencias económicas que se convierten en auténticas
barreras a las iniciativas independientes y los poderosos circuitos
holliwoodenses controlan desde la producción a la distribución.
Pero debemos llamar la atención sobre el hecho de que esta
situación de auténtico peligro no es el resultado
de la mundialización de la cultura, sino la expresión
más clara de un particularismo triunfante. Un particularismo
invasor, de raíz mercantilista, que trata los productos
culturales como simple mercancía, buscando el máximo
beneficio sin atender a las consecuencias. Es ahí donde reside
el peligro, no en el libre contacto de distintas culturas. De ese
contacto sólo podemos esperar mutuo enriquecimiento, fecundos
mestizajes y, en definitiva, disfrute de una creciente pluralidad
de creaciones. Ello, insistimos, siempre que el contacto sea realmente
libre, es decir, que no esté desvirtuado por la imposición
de particularismos mediante mecanismos económicos y/o políticos.
Hay que señalar esto con mucho énfasis, porque es
fácil caer en analogías biologicistas y pensar que
la solución para la diversidad cultural está en el
aislamiento, en "evitar las contaminaciones". La puesta
en contacto de culturas diferentes puede traducirse (y a menudo
así ha sucedido, lamentablemente) en la hegemonía
de una de esas culturas y la destrucción de otras; pero también
es cierto el frecuente efecto fecundador, generador de novedad,
del mestizaje cultural, con creación de nuevas formas que
hacen saltar normas y "verdades" que eran consideradas
"eternas e incuestionables" por la misma ausencia de alternativas.
El aislamiento absoluto, a lo "talibán", no genera
diversidad, sino empobrecimiento cultural.
Como indican los estatutos de la Académie Universelle des
Cultures, con sede en Paris, se debe alentar “cualquier contribución
a la lucha contra la intolerancia, contra la xenofobia...”.
Pero ha llegado el momento de dar un paso más e introducir
el concepto de xenofilia –que aún no existe
en los diccionarios- para expresar el amor hacia lo que nos pueden
aportar los “extranjeros”, es decir, las otras culturas,
como un elemento básico de la construcción de un
futuro sostenible.
Esta importancia dada a la diversidad cultural quedó reflejada
en la Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad
cultural-2001 adoptada por la 31 reunión de la Conferencia
General de UNESCO, celebrada en París el 2 de noviembre de
2001. Como se señala en la presentación de dicha declaración,
Se trata de un instrumento jurídico novedoso que
trata de elevar la diversidad cultural a la categoría de
Patrimonio común de la humanidad y erige
su defensa en imperativo ético indisociable del respeto de
la dignidad de la persona. (Ver
Declaración). Como seguimiento a esta Declaración, la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 57/249) proclamó el 21 de Mayo como Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo.
En el año 2003, los Estados Miembros pidieron a la UNESCO
que continuara su acción normativa para defender el contenido
de dicha Declaración. Como fruto de un amplio proceso, la
Conferencia General de la UNESCO, reunida de nuevo en París
del 3 al 21 de octubre de 2005, aprobó la Convención
sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de
las Expresiones Culturales, un instrumento jurídico internacional
que entrará en vigor tres meses después de su ratificación
por 30 Estados.
Como se señala en la web de UNESCO, dicha Convención
se propone reafirmar los vínculos que unen
cultura, desarrollo y diálogo y crear una plataforma innovadora
de cooperación cultural internacional. Con este fin,
el texto reafirma el derecho soberano de los Estados a elaborar
políticas culturales con miras a "proteger y promover
la diversidad de las expresiones culturales", por una parte,
y a "crear las condiciones para que las culturas puedan prosperar
y mantener interacciones libremente de forma mutuamente provechosa.
Referencias en este tema “Diversidad cultural”
BOVET, P., REKACEWICZ, P, SINAÏ, A. y VIDAL, A. (Eds.) (2008). Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique, París: Cybermonde.
CLÉMENT, G. (1999). Le Jardín Planétaire, Paris: Albin Michel.
MAALUF, A.(1999). Identidades asesinas. Madrid: Alianza.
SEN, A. y KLIKS BERG, B. (2007). Primero la gente, Barcelona: Deusto.
MAYOR ZARAGOZA, F. (2000) Un mundo nuevo, Barcelona, UNESCO: Círculo de lectores.
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulo 5.
(1) Como medida concreta y particularmente importante en favor
de la diversidad cultural de Naciones Unidas, cabe recordar que
en la Resolución 59/174 de 2004, la Asamblea General proclamó
un Segundo Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas
del Mundo. El objetivo de este decenio es seguir fortaleciendo
la cooperación internacional para la solución de los
problemas que afrontan las poblaciones indígenas en esferas
tales como la cultura, la educación, la salud, los derechos
humanos, el medio ambiente y el desarrollo económico y social.
Y en la Resolución 49/214 del 23 de diciembre de 1994, la
Asamblea General decidió establecer el "Día
Internacional de las Poblaciones Indígenas", a celebrarse
el 9 de agosto cada año durante el Decenio Internacional
de las Poblaciones Indígenas del Mundo.
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Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2009). «Diversidad cultural» [artículo
en línea]. OEI. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion12.htm>
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Algunos enlaces de interés en este tema “Diversidad cultural”
Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales UNESCO, 2005
Declaración
Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural-2001
OEI, Área
de Cultura
UNESCO,
Diversidad Cultural
Revista
Iberoamericana de Educación: Educación,
Lenguas y Cultura:
UNESCO, Patrimonios de
la Humanidad
CREADE,
Centro de Recursos para la Atención a la Diversidad
Cultural en Educación, Ministerio de Educación y Ciencia
(España)
Alianza de Civilizaciones (UN)
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