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18. Gobernanza universal. Medidas políticas
para la sostenibilidad
Vivimos
una grave situación de emergencia planetaria que obliga a
pensar en un complejo entramado de medidas, tecnológicas,
educativas y políticas, cada una de las cuales tiene carácter
de conditio sine qua non, sin que ninguna de ellas, por sí
sola, pueda resultar efectiva, pero cuya ausencia puede anular el
efecto de las que sí se apliquen: se ha comprendido, en efecto,
que no basta con plantear tecnologías
para la sostenibilidad o una educación
para la sostenibilidad; son precisas igualmente medidas políticas que garanticen las auditorias ambientales, la protección de la diversidad biológica y cultural, la promoción de tecnologías sostenibles mediante políticas de I + D y una fiscalidad verde que penalice los consumos y actuaciones contaminantes, etc…
Pero tampoco basta con políticas locales o estatales; hemos
de reconocer que no es posible abordar solo localmente problemas como
una contaminación
sin fronteras, el cambio
climático, el agotamiento
de recursos vitales, la pérdida de biodiversidad
o la reducción
de la pobreza y la marginación, que afectan a todo
el planeta (Duarte, 2006); que se precisa urgentemente una integración
planetaria capaz de impulsar y controlar las necesarias medidas “glocales” –es
decir, a la vez locales y globales (Novo, 2006a y 2006b)-
en defensa del medio y de las personas, para reducir el impacto
ecológico de las actividades humanas antes de que el proceso
de degradación sea irreversible (Vilches y Gil Pérez,
2003).
Sin embargo, son muchos los que denuncian las consecuencias del actual
vertiginoso proceso de globalización, que se está traduciendo en
aumento de los desequilibrios. Pero el problema no está en la
globalización sino, precisamente, en su ausencia (Giddens, 2000;
Estefanía, 2002): ¿Cómo se puede denominar globalizador un
proceso que aumenta los desequilibrios? No pueden ser considerados mundialistas
quienes buscan intereses particulares, en general a corto plazo, aplicando
políticas que perjudican a la mayoría de la población,
ahora y en el futuro. Este proceso tiene muy poco de global en aspectos que son
esenciales para la supervivencia de la vida en nuestro planeta.
La
expresión “globalidad responsable”, que
fue el lema del Foro Económico Mundial de 1999, suponía
el reconocimiento, por parte de los líderes de la economía
mundial, de la ausencia de control o la irresponsabilidad con que
se estaba desarrollando el proceso de “globalización”.
Por ello, frente a este foro predominantemente económico,
ha surgido el Foro Social Mundial en Porto Alegre, a favor de una
mundialización real que defiende la existencia de instituciones
democráticas a nivel planetario, capaces de gestionar los
bienes públicos globales, patrimonio común de la
humanidad, y de evitar su destrucción por quienes solo velan
por sus intereses a corto plazo.
Como señala Sachs (2005, pp. 493-494): "El movimiento
antiglobalización debería movilizar su vasto compromiso
y fuerza moral en un movimiento pro globalización en defensa
de una globalización que abordara las necesidades de los
más pobres de entre los pobres, del medio ambiente global
y de la extensión de la democracia (...) una globalización
de las democracias, la acción multilateral, la ciencia y
la tecnología, y un sistema económico global concebido
para satisfacer las necesidades humanas".
Empieza a comprenderse, pues, la urgente necesidad de una integración
política planetaria, plenamente democrática, capaz
de impulsar y controlar las necesarias medidas en defensa del
medio y de las personas, de la biodiversidad
y de la diversidad
cultural o étnica, patrimonios de la humanidad, antes de que
el proceso de degradación sea irreversible. Se trata de
impulsar un nuevo orden mundial, basado en la cooperación
y en la solidaridad, con instituciones que sean expresión
de nuestra ciudadanía
planetaria común, capaces de evitar la imposición
de intereses particulares que resulten nocivos para la población
actual o para las generaciones futuras (Folch, 1998; Giddens, 2000;
Renner, 1993 y 1999). Es necesario, pues, profundizar la democracia,
extendiéndola a escala mundial, y conformar una democracia cosmopolita,con unas Naciones Unidas
reforzadas, y apoyada en una efectiva sociedad civil capaz de detectar
los problemas y proponer alternativas.
Pensemos, muy particularmente, en la necesidad de fomentar la
paz, de evitar los conflictos bélicos, las carreras armamentistas
y sus terribles consecuencias. La Comisión Mundial del Medio
Ambiente y del Desarrollo ofreció en Nuestro Futuro Común (CMMAD,
1988) numerosos ejemplos de cómo incluso pequeñas
reducciones en los gastos militares podrían contribuir decisivamente
a erradicar la pobreza extrema, con sus secuelas de enfermedad,
hambre, analfabetismo
Y ese fomento de la paz – que
ha de estar fundado, como señala el Programa Cultura de
Paz de la UNESCO, “en
los valores universales del respeto a la vida, la libertad, la
solidaridad, la tolerancia, los derechos humanos y la igualdad
entre hombres y mujeres”- requiere también instancias
jurídicas supranacionales, en un marco democrático
mundial, para hacer frente eficazmente al unilateralismo, al terrorismo
mundial, al tráfico de personas, armas, drogas, capitales...
para lograr la seguridad de todos (Mayor Zaragoza, 2000; Worldwatch
Institute, 2005).
Se necesita, pues, incrementar la cooperación y el desarrollo,
introduciendo cambios profundos en las relaciones internacionales
que se vienen reclamando desde hace décadas, para superar
los unilateralismos y que acuerdos como el Protocolo de Kioto,
la contribución del 0.7% del PIB como ayuda al desarrollo,
la condonación de la deuda externa (que se traduce en flujos
dinerarios netos desde los países en desarrollo a los desarrollados),
los procesos de desarme, o el funcionamiento de la Corte Penal
Internacional, sean vinculantes para todos. Una vez más
se pueden percibir las estrechas vinculaciones entre las posibles
soluciones: combatir la pobreza favorecería la seguridad
de todos, reduciendo los conflictos, que, a su vez, liberaría
recursos para favorecer el desarrollo, para transferir a los países
en desarrollo tecnologías que mejoren el medio ambiente,
que incrementen la eficiencia energética, el tratamiento
de enfermedades, etc.
En ese sentido, podemos referirnos, en particular, al logro que suponen acuerdos como el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), que entró en vigor en mayo de 2004, y al que se han adherido ya casi un centenar de países. Un tratado que, además de tener entre sus metas reducir y llegar a eliminar totalmente doce de los COP más tóxicos, prepara el camino para un futuro libre de COP. Otro ejemplo en el que una vez más podemos ver la vinculación de las medidas ya que el Convenio de Estocolmo supone un impulso de los avances tecnocientíficos en el campo de la sostenibilidad que exige su cumplimiento. Del mismo modo estamos asistiendo a una cada vez mayor conciencia global en torno a las medidas necesarias para salir al paso del cambio Climático; la culminación del Protocolo de Kiotoen la Conferencia de UN sobre Cambio Climático (COP 15), de Copenhague 2009, abre nuevas esperanzas.
Del seno de la sociedad civil han comenzado a surgir iniciativas
en esa dirección,
como el movimiento de acción ciudadana ATTAC (Asociación para la
Tasación de las Transacciones y la Ayuda a los Ciudadanos), uno de cuyos
objetivos es poner fin a los “paraísos fiscales” e impulsar
la fiscalización de las transacciones financieras especulativas mediante
una pequeña tasa impositiva, del uno por mil, conocida como Tasa Tobin,
por ser una propuesta lanzada inicialmente por el Premio Nobel de Economía
norteamericano James Tobin. Con ella se limitaría, en buena medida, la
globalización caótica del riesgo financiero, al tiempo que se generarían
recursos importantes a nivel mundial, que podrían destinarse a programas
de desarrollo económico sostenible para reducir las desigualdades
sociales, la deuda externa y combatir la pobreza.
Una integración política a escala mundial plenamente democrática constituye, pues, un requisito esencial para hacer frente a la degradación, tanto física como cultural, de la vida en nuestro planeta. Dicha integración, plasmada en legislaciones adecuadas, como una legislación ambiental orientada a hacer efectivo el derecho a disfrutar de un medio ambiente saludable, así como el deber de conservarlo, con un cuidadoso seguimiento de los indicadores ambientales (evolución de las zonas boscosas, emisiones de CO2…) y sociales (objetivos de desarrollo del milenio), tanto a nivel local como planetario, por parte de las instituciones pertinentes, reforzaría el funcionamiento de la democracia y contribuiría a un desarrollo sostenible de los pueblos que no habría de limitarse, como suele plantearse, a la protección del medio físico y a cuestiones económicas, sino que incluiría, de forma destacada, el desarrollo cultural y el respeto a la diversidad.
Ahora bien, ¿cómo avanzar en esta línea?, ¿cómo
compaginar integración y autonomía democrática?,
¿cómo superar los nacionalismos excluyentes, los unilateralismos
prepotentes y las formas de poder no democráticas? Como
proponen diversos autores, la Declaración Universal de los
derechos humanos, así como todos sus desarrollos posteriores,
pueden y deben constituir el germen de una futura Constitución
de la Humanidad, las bases de una Constitución Mundial con
pleno reconocimiento de todos los países y habitantes del
planeta.
Pero el funcionamiento ha de ser también plenamente democrático
a nivel local. Podemos destacar en ese sentido la experiencia de Porto Alegre,
una ciudad que aparece hoy como un modelo de gestión local, con
un equipo de gobierno que ha logrado, con su espléndida idea de "presupuestos
participativos", hacer intervenir directamente a los ciudadanos
y ciudadanas en la elaboración de los presupuestos de la ciudad y, por
tanto, en la elección de prioridades. Esta intervención ciudadana se ve hoy favorecida por Internet y, en general, las TIC, que permiten una difusión global y una conectividad constante que debe ser aprovechada críticamente (Hayden, 2008; Sachs, 2008).
Debemos insistir en que
no hay nada de utópico en estas propuestas de actuación:
hoy lo utópico es pensar que podemos seguir guiándonos
por intereses particulares sin que, en un plazo no muy largo,
todos paguemos las consecuencias. Quizás ese comportamiento
fuera válido, al margen de cualquier consideración ética,
cuando el mundo contaba con tan pocos seres humanos que resultaba
inmenso, prácticamente sin límites. Pero hoy eso
sólo
puede conducir a una masiva autodestrucción, a la ya anunciada
sexta extinción (Lewin, 1997; Broswimmer, 2005) y al colapso
de la especie humana (Diamond, 2006). Dicho con otras palabras:
un egoísmo inteligente, al margen de cualquier consideración
ética, nos obliga a políticas solidarias, a la universalización
y ampliación de los derechos
humanos y, en definitiva, a promover la gobernanza
universal.
El concepto de gobernanza no es familiar para muchos de nosotros,
pero el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia
lo incluye, en sus últimas ediciones, definiéndolo
como "Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo
el logro de un desarrollo económico, social e institucional
duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad
civil y el mercado de la economía". Sería preferible,
pensamos, una definición más simple y menos condicionada
por expresiones como "Estado" (¿acaso sólo
se puede hablar de gobernanza en un ámbito estatal?) o "mercado
de la economía". Bastaría, en nuestra opinión,
referirse a la gobernanza como manera de gobernar que se propone
como objetivo el logro de un futuro sostenible (o "duradero").
Lo esencial, sin embargo, más allá de estos matices,
es que este nuevo concepto supone el reconocimiento de la necesidad
de asociar la idea de desarrollo sostenible a medidas políticas,
a medidas de gobierno y, en particular, de gobernanza universal,
entendida como "Arte o manera de gobernar que se propone
como objetivo el logro de un futuro sostenible"
Referencias en este tema “Gobernanza universal”
BROSWIMMER, F. J. (2005). Ecocidio. Breve historia de la extinción
en masa de las especies. Pamplona: Laetoli.
COMISIÓN MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DEL DESARROLLO (1988).
Nuestro Futuro Común. Madrid: Alianza.
DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate
DUARTE, C. (Coord.) (2006). Cambio Global. Impacto de la actividad
humana sobre el sistema Tierra. CSIC.
ESTEFANÍA, J. (2002). Hij@, ¿qué es la globalización?
Madrid: Aguilar.
FOLCH, R. (1998). Ambiente, emoción y ética.
Barcelona: Ed. Ariel.
GIDDENS, D. (2000). Un mundo desbocado. Madrid: Taurus.
HAYDEN, T. (2008). 2008 El estado del planeta. National Geographic España. Madrid: RBA
LEWIN, R. (1997). La sexta extinción. Barcelona: Tusquets
Editores.
MAYOR ZARAGOZA, F. (2000). Un mundo nuevo. Barcelona: UNESCO.
Círculo de Lectores.
NOVO, M. (2006a). El desarrollo sostenible. Su dimensión
ambiental y educativa. Madrid: UNESCO-Pearson. Capítulo
3.
NOVO, M. (2006b). El desarrollo local en la sociedad global: Hacia
un modelo "glocal" sistémico y sostenible. En Murga
Menoyo, M. A. (Coordinadora). Desarrollo local y Agenda 21.
Madrid: UNESCO-Pearson.
RENNER, M. (1993). Prepararse para la paz. En Brown, L. R. La
situación del mundo 1993. Barcelona: Ed. Apóstrofe.
RENNER, M. (1999). El fin de los conflictos violentos. En Brown,
L. R., Flavin, C. y French, H. La situación del mundo.
1998. Barcelona: Ed. Icaria.
SACHS, J. (2005). The End of Poverty. New York: Penguin Press.
(Versión en castellano: El fin de la pobreza. Cómo
conseguirlo en nuestro tiempo. Barcelona: Debate).
SACHS, J. (2008). Economía para un planeta abarrotado. Barcelona: Debate.
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible.
Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University
Presss. Capítulo 14.
WORLDWATCH INSTITUTE (2005). State of the World 2005: Redefining
Global Security. New York: W.W. Norton.
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Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2009). «Gobernanza universal. Medidas políticas
para la sostenibilidad» [artículo en línea].
OEI. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion16.htm>
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Algunos enlaces de interés en este tema “Gobernanza universal”
Agencia Española
de Cooperación Internacional para el Desarrollo
Alianza
Europea de Ciudades por el Clima
Amigos de la Tierra
Campaña
contra el Cambio Climático de la Comisión Europea
Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 15) Copenhague 2009
Convención
Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático
Estatuto
de Roma de la Corte Penal Internacional
Fondo PNUD-España para el logro de los ODM (Objetivos del Milenio)
Foro Social
Mundial
Fundación
Cultura de Paz
Gobiernos Locales
por la Sostenibilidad (ICLEI)
Instituto Internacional
de Gobernabilidad de Cataluña (IIG)
Instituto
de Gobernabilidad y Control de Corrupción del Banco Mundial
La
Reforma de Naciones Unidas, UN
Naciones Unidas,
Paz y Seguridad:
Oficina
Española de Cambio Climático del Ministerio de Medio
Ambiente:
Políticas
Contra el Cambio Climático de la Unión Europea
Programa Medioambiental
de Naciones Unidas (UNEP)
Programa
contra el Cambio Climático de Naciones Unidas
Protocolo
de Kiotode la Convención Marco de Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático
Quinta Conferencia
Europea de Ciudades Sostenibles (2007)
Red Española
de Ciudades por el Clima:
Revista
Iberoamericana de Educación, Educación y Gobernabilidad
Democrática
UNESCO/OREALC,
Cultura de Paz
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