En el Día de la Tierra: ¿Hasta cuándo podemos esperar para hacer frente a la crisis ambiental?
Boletín
Nº 36
22 de abril de 2009
¡En el Día de la Tierra
¿Hasta cuándo podemos esperar para hacer frente a
la crisis ambiental?
Hemos dedicado
un reciente boletín
a mostrar la falta de fundamento de dos comportamientos que se dan
frente a la actual situación de emergencia planetaria, el
"negacionismo" y el catastrofismo, que aparecen como serios
obstáculos para la implicación ciudadana en el logro
de la sostenibilidad, de consecuencias igualmente negativas, puesto
que ambos conducen a la inacción, al sostener que no hay
problema o que no existe solución. Y terminábamos
refiriéndonos a la conclusión fundamental y bien fundamentada
del IV informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático
(http://www.ipcc.ch/)
de que todavía estamos a tiempo pero que es
urgente actuar.
En este boletín proseguiremos el análisis de estos
obstáculos para la implicación ciudadana, incluidos
sus responsables políticos, refiriéndonos a una incorrecta,
pero frecuente apreciación de los ritmos a los que se están
produciendo los procesos de degradación y muy en particular
el cambio climático: se da por sentado que los procesos son
lineales y, por tanto, lentos y controlables lo que permite
posponer la adopción de las medidas necesarias frente a problemas
"más urgentes", como la actual crisis financiera
y sus graves consecuencias de pérdidas de empleo e incremento
de la población que vive bajo el nivel de pobreza.
Así, aunque buena parte de la ciudadanía y de sus
gobernantes han comprendido ya que el cambio climático constituye
una innegable realidad, muchos consideran que el aumento paulatino
de la temperatura que está teniendo lugar se traducirá
en efectos también paulatinos y moderados que permitirán
adaptarse a los mismos a medida que se vayan produciendo. No es
preciso, concluyen, comenzar ya a preocuparse.
Sin embargo,
un aumento de tan solo dos grados se traduciría en la fusión
del permafrost del Ártico, provocando cambios drásticos
y posiblemente irreversibles. En efecto, el permafrost está
constituido por capas de musgo y liquen que han sido cubiertas por
hielo antes de descomponerse completamente y han ido aumentando
el espesor del suelo. Se estima que aquí se acumula una cuarta
parte del carbono absorbido por el suelo y la vegetación
de la superficie terrestre desde la última era glaciar. Si
el permafrost continuara derritiéndose (ya ha comenzado a
hacerlo en algunos lugares, provocando la destrucción de
edificios y la ruptura de carreteras y oleoductos en Siberia y Alaska),
la turba formada por el musgo y liquen congelados se descompondría,
liberando cantidades ingentes de metano que incrementarían
drásticamente el efecto invernadero haciendo que la temperatura
aumentara muchos grados. Lo mismo podríamos decir si continúa
el deshielo de Groenlandia, por citar otro ejemplo que ya está
teniendo lugar, ya que ello cambiaría la superficie muy reflectante
del hielo por la del suelo, más oscura y absorbente de la
radiación solar (efecto albedo), lo que elevaría aún
más la temperatura y aceleraría el cambio climático
con consecuencias incontrolables.
De ningún modo puede confiarse, como muestran estos ejemplos,
en que los procesos sean lineales y puedan ser controlados en cualquier
momento. Como ya hemos repetido, estamos a tiempo de actuar, pero
debemos hacerlo ya. La presión ciudadana sobre los gobiernos
no debe, pues, disminuir en este momento de preocupación
por la grave crisis económica, confiados en que la crisis
ambiental puede esperar. Muy al contrario, no es tiempo para pausas
en la construcción de un futuro sostenible (ver www.oei.es/decada/boletin032.htm).
Cualquier demora en la adopción de las necesarias medidas
de protección medioambiental y de replanteamiento del sistema
productivo, como algunos proponen, solo contribuirá a agravar
y multiplicar las crisis. La comprensión de la estrecha ligazón
de los problemas a los que la humanidad ha de hacer frente nos obliga
a ver en la sostenibilidad la clave para hacer frente a una crisis
que no es meramente financiera, sino parte de una crisis global.
Y ello exige una acción social fundamentada, un activismo
orientado por el conocimiento, que todos los educadores hemos de
contribuir a desarrollar. Ése ha de ser nuestro decidido
compromiso, ayudando a superar obstáculos como el que aquí
hemos analizado y los que seguiremos analizando en sucesivos boletines.
«La biodiversidad y los servicios de los ecosistemas son fundamentales para materializar la visión de un mundo con seguridad hídrica. [...] Antes la atención se centraba en la disyuntiva entre el uso ...
Boletín nº 87 de la Década de la Educación por la Sostenibilidad
Nuestro anterior Boletín estuvo dedicado al reciente surgimiento y potente desarrollo de la Ciencia de la ...
Boletín nº 86 de la Década de la Educación por la Sostenibilidad
Estamos ya en el penúltimo año de la Década de la educación por un futuro sostenible (2005-2014) y ...
VII Seminario de la Cátedra Ciencia, Tecnología, Sociedad + Innovación (CTS), organizada por el Centro de Formación e Innovación en Políticas Públicas (CEFIPP) de la Organización de Estados ...
Desde hace siete años, cientos de millones de personas de todo el mundo, empresas, gobiernos y centros educativos unen sus voces en defensa del medio ambiente. Por eso, La Hora del Planeta se ha ...