|
Boletín
Nº 8 - 22 de febrero de 2006
¡Es urgente actuar!
Prácticamente cada día se publican noticias que advierten
del grave y acelerado deterioro ambiental en el conjunto del planeta.
Ya no se trata de conjeturas, de peligros anunciados con más
o menos fundamento, sino de realidades documentadas. No son algunos
"ecologistas exagerados", sino los propios especialistas
quienes exponen sus resultados concordantes, nos advierten de la
necesidad de actuar ya y proponen soluciones.
Desde organismos como el Wordwatch Institut, el Panel Intergubernamental
de Cambio Climático (IPCC), la NASA, la Agencia Europea de
Medio Ambiente, etc., se informa de que los glaciares y casquetes
polares se derriten rápidamente, los fenómenos atmosféricos
extremos (huracanes, sequías prolongadas, tormentas tropicales
desmesuradas, inundaciones intensas, deslizamientos de tierras que
producen miles de muertes
) aumentan en frecuencia e intensidad,
el área de superficie quemada en incendios forestales supera
su récord histórico, la producción de petróleo
alcanza su cenit, los acuíferos se salinizan, las hambrunas
se repiten, las migraciones se convierten en desesperadas e imparables
huidas de la miseria, las guerras y la violencia se extienden
¿Qué más hace falta para que comiencen a adoptarse
las medidas necesarias? ¿Por qué la mayoría
de seres humanos seguimos con nuestras rutinas, ajenos a esta situación
de emergencia planetaria?
Hay que reconocer que ni los responsables políticos ni los
educadores estamos contribuyendo de forma decidida y permanente
a lograr un cambio cultural, sin duda complejo, pero absolutamente
necesario, para comenzar a adaptarnos a los cambios que ya se están
produciendo y, sobre todo, para evitar que continúe el acelerado
proceso de degradación. Porque, como señala Hegerl,
coordinador del IPCC (http://www.ipcc.ch),
cuanto más tardemos en poner en marcha las soluciones, peor
será el problema.
Ese profundo cambio cultural exige romper con una larga tradición
de:
- planteamientos puramente locales y a corto plazo;
- indiferencia hacia un ambiente considerado inmutable;
- ignorancia de la propia responsabilidad;
- búsqueda de soluciones particulares contra los
otros
Para ello no bastan los llamamientos puntuales, ni las noticias
ocasionales: se precisa una movilización general y permanente,
porque somos, literalmente, víctimas de una guerra. La guerra
sin cuartel que nos inflinge una degradación ambiental y
social, fruto de intereses a muy corto plazo y de una ignorancia
suicida. Una guerra que todavía podemos ganar, si
reaccionamos ya y colocamos el objetivo de un futuro sostenible
en primer plano, mediante la necesaria conjunción de medidas
tecnológicas, educativas y políticas. Y el primer
paso es despertar a la población que ignora los peligros
y las soluciones. Se necesitan urgentemente muchos activistas. Activistas
ilustrados, dispuestos a movilizar a la ciudadanía con los
argumentos racionales que la comunidad científica pone a
nuestro alcance.
Ése es el desafío de la Década de la Educación
por un futuro sostenible. Y somos nosotros quienes debemos convertirnos
en activistas, para lograr la necesaria implicación de nuestros
colegas y del conjunto de la ciudadanía contra la guerra
que amenaza, sin exageración, con destruir la humanidad.
Activistas por la paz.
Educadores por la sostenibilidad
|