![]() |
| Inicio | Compromiso | Adhesiones | ¿Qué podemos hacer? | Documentos y acciones | Sala de Lectura | Enlaces | Contactar |
Los llamados desastres naturales están creciendo en frecuencia e intensidad: las inundaciones se extienden ahora mismo a lo largo del planeta creando situaciones del mayor dramatismo en China y en Pakistán (¡con más de veinte millones de afectados!) mientras en otros lugares como en Rusia se sufren las peores sequías e incendios que se recuerdan, lo que se traduce en deterioro ambiental y en drástica reducción de las cosechas, amenazando con más hambre para más millones de personas. Los medios de comunicación transmiten estas noticas de forma destacada. Y de forma destacada nos informan también de accidentes con graves consecuencias para el medio ambiente, como el vertido de petróleo en el Golfo de México. Pero son noticias que no están contribuyendo a generar respuestas adecuadas de la ciudadanía. porque realmente no se debe hablar de accidentes ni de catástrofes naturales. Vertidos como el provocado por la plataforma de British Petroleum en el Golfo de México no son accidentes: son catástrofes anunciadas y ya habituales. Cada año (¡desde 1958!) la Shell viene vertiendo 40 millones de petróleo en el Delta del Niger. El equivalente a un Exxon Valdés anual durante más de 50 anos. Y, por citar otro ejemplo, en el Mediterráneo, un mar que agoniza, Repsol está provocando con sus prospecciones petrolíferas vertidos que ha ocultado sistemáticamente y que sólo ahora han empezado a denunciarse. Las causas de estos vertidos, o de los hundimientos en las minas, como el que mantiene prisioneros a 33 trabajadores en Chile, o las de un larguísimo etcétera, son siempre las mismas: ausencia de medidas de seguridad conocidas y disponibles; medidas que no se adoptan, aún conociendo las consecuencias, porque se antepone el beneficio a corto plazo. No son accidentes: son catástrofes anunciadas. y aceptadas por poderes públicos y empresas (que saben que las pérdidas provocadas por los "accidentes" serán socializadas).
Tampoco las actuales gravísimas inundaciones y demás fenómenos atmosféricos extremos pueden calificarse de naturales: su incremento en frecuencia e intensidad es ya consecuencia del cambio climático en acción. Se trata de otra catástrofe anunciada, que es aceptada por quienes negocian con el petróleo y el carbón. y también por quienes seguimos quemando y dejando quemar esos combustibles fósiles, por quienes seguimos consumiendo de forma desorbitada agotando los recursos del planeta y haciendo crecer los problemas socioambientales, sin prestar la debida atención a las fundamentadas advertencias de la comunidad científica acerca de la urgente necesidad (y posibilidad) de un cambio de modelo energético. No, no hablemos de accidentes ni de catástrofes naturales: hablemos de responsabilidad; hablemos de la necesidad de adoptar urgentemente medidas contra el cambio climático; hablemos y exijamos la reorientación del sistema productivo hacia una economía sostenible y solidaria. Hablemos de la próxima Convención del Clima que se inaugurará en Cancún este próximo noviembre y exijamos a los líderes políticos la firma de un protocolo realmente efectivo, justo y vinculante para la reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Necesitamos ya este acuerdo contra el cambio climático y debemos contribuir decididamente a crear el clima social capaz de imponerlo contra miopes intereses a corto plazo. No tenemos tiempo que perder. Cancún debe ser un éxito. Educadores por la sostenibilidad
![]() ![]() ![]() ![]() |
| Inicio | Compromiso | Adhesiones | ¿Qué podemos hacer? | Documentos y acciones | Sala de Lectura | Enlaces | Contactar |