Desde la Comunidad de Educadores para la Cultura Científica

Aporte de Ana Ma. Gurrola Togasi, Escuela Nacional Preparatoria, UNAM, México, de la Comunidad de Educadores para la Cultura Científica sobre el Documento Ciencia, Tecnología e Innovación para el desarrollo y la cohesión social. Programa Iberoamericano para la década de los bicentenarios
Muchos profesores del área de ciencias (química, física, matemáticas y biología, entre otras asignaturas) podrían preguntarse por qué leer y analizar un texto como “Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social”. Tradicionalmente, se considera que los buenos profesores son aquellos que se actualizan en el campo de su disciplina, en la didáctica y la aplicación de las TIC al proceso de enseñanza aprendizaje, dejando de lado cualquier consideración de tipo social o económico. El divorcio entre las ciencias naturales y las ciencias sociales sigue aún presente en la segunda década del siglo XXI.

Pero los tiempos actuales exigen una nueva mentalidad, en la llamada Sociedad del Conocimiento la prosperidad de los países está asociada con el valor que agrega el conocimiento a los productos con los que se posicionan en el mercado y a los servicios que brinda a sus ciudadanos. Hoy más que nunca, existe una marcada relación entre la capacidad de investigación y desarrollo para generar conocimiento y el desarrollo económico y social de los países.

El documento anteriormente mencionado, nos habla del desarrollo de políticas públicas, estrategias y programas tendientes a aumentar las capacidades de los países Iberoamericanos en áreas como la producción científica, la innovación tecnológica y la cultura científica que ayuden a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Indiscutiblemente que las políticas educativas se encuentran en la base fundamental que sostiene este complejo edificio de acciones y programas. La educación de calidad es una de las medidas, ampliamente probada, para disminuir la brecha social y científica que existe entre los ciudadanos de un país.

En este contexto, los profesores adquirimos una gran relevancia, ya que nos convertimos en los realizadores finales de las políticas mundiales, regionales o nacionales, de nosotros depende, en gran medida, el éxito o fracaso de los programas instaurados. Definitivamente que es necesario contar con infraestructura tecnológica moderna, adecuada y suficiente, con recursos como laboratorios, reactivos químicos y bibliotecas, pero está en manos del profesor el usarlos con frecuencia y de manera innovadora para aumentar la aceptación de la ciencia por parte de los alumnos, que conduzca a la definición de una vocación científica que se vea finalmente cristalizada en una persona que sea capaz de participar activamente en el ámbito científico de su país.

Es por eso que resulta fundamental que los profesores conozcamos la realidad que nos rodea, los esfuerzos que se están realizando y las perspectivas que existen a futuro. En este marco conceptual, la buena docencia va más allá de enseñar sólo conceptos, de mecanizar algoritmos y hacer repetir reglas. Los contenidos escolares se deben contextualizar en los problemas sociales que aquejan a nuestros países, de esa manera los estudiantes podrán percibir la utilidad y la importancia de la ciencia, transformando frente a sus ojos una visión estática y aburrida de la ciencia en una actividad desafiante y sumamente interesante.

La ciencia y la tecnología dan muchas respuestas a los problemas que nuestras sociedades deben enfrentar, pero también crean riesgos que no es posible ignorar. La metáfora del genio de la lámpara está vigente, hemos recibido beneficios pero también grandes males, los efectos negativos de la actividad científica están presentes en nuestras sociedades, ríos contaminados, suelos agotados, atmósferas viciadas nos abruman y deterioran nuestra calidad de vida.

Es importante señalar que una cultura científica y tecnológica ampliamente extendida en la población es también una condición necesaria para dar impulso al desarrollo científico de una nación. Las instituciones educativas tienen la oportunidad de formar ciudadanos capaces de pensar por sí mismos en un contexto plural y procesar críticamente la información que reciben. Bajo estos principios, la ciencia se observa bajo dos perspectivas diferentes: por un lado, como sustento racional de la organización social y de la relación con la naturaleza; por otro lado, como instrumento para el logro de objetivos materiales de la sociedad.

Volviendo a la pregunta con la que se inició este texto ¿por qué los profesores de ciencias debemos leer y analizar información sobre políticas públicas de investigación y desarrollo, conformación de espacios de colaboración internacional, estadísticas sobre aceptación de la ciencia entre la población estudiantil y economías emergentes? La respuesta es simple, porque derivada de este análisis podremos tener una comprensión más clara de la realidad que nos rodea y a la cual no podemos abstraernos. Realidad a la que se enfrentarán nuestros estudiantes en un futuro no muy lejano como adultos que tomarán decisiones.

En el siglo XXI se han modificado muchos conceptos, entre ellos la concepción de una buena docencia, en este siglo, los docentes debemos ser sujetos pensantes y críticos, con una vasta cultura que nos ayude a comprender e interpretar lo que nos rodea, solamente de esta forma podremos realmente contribuir a formar los ciudadanos que nuestros países necesitan.

Ciencia, Tecnología e Innovación para el desarrollo y la cohesión social. Programa Iberoamericano para la década de los bicentenarios

24 de agosto de 2012
El documento que aquí se presenta tiene el propósito de constituir un aporte para una discusión amplia y generosa, cuyo resultado sea un diagnóstico compartido y un conjunto de propuestas que puedan transformarse en un programa común, en este momento histórico en el que se conmemoran los bicentenarios.
El conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de las sociedades contemporáneas y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. La ciencia, la tecnología y la innovación se han convertido- en herramientas necesarias para la transformación de las estructuras productivas, la explotación racional de los recursos naturales, el cuidado de la salud, la alimentación, la educación y otros requerimientos sociales.

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VIII Curso sobre Educación para la Cultura Científica

30 de agosto de 2012
Próxima edición octubre 2012.
En el marco del Proyecto Iberoamericano de Divulgación Científica de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura con la coordinación académica de la Universidad de Oviedo y realizado con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se convocan a profesores/as (con alumnos/as con edades comprendidas entre los 14 y 18 años) a participar en esta nueva edición del curso.

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