OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

Disciplinas escolares: ¿barreras o puentes para la interdisciplinariedad?

16 de enero de 2016

Mónica Gerena. Villa Carlos Paz, Argentina. IBERCIENCIA Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
La escuela parece ofrecer más obstáculos que posibilidades para la interdisciplinariedad, debido a su estructura disciplinaria. Un análisis más detallado demuestra que existe mucho potencial y diversidad de opciones para la implementación de este enfoque.

En ámbitos educativos existe un gran consenso sobre el valor didáctico de la interdisciplinariedad. Podrán discutirse sus alcances, sus limitaciones, las posibilidades que brinda la escuela de hacerla realidad, las formas de implementarse, pero se considera, en general, un aporte sustancial y necesario para la educación actual.

Esta afirmación está asentada sobre la complejidad de los problemas que enfrentamos en las sociedades actuales, los cuales requieren análisis y soluciones desde diferentes disciplinas. El cambio climático, las pandemias como el SIDA, las crisis financieras que devastan las economías de regiones enteras, los movimientos migratorios causados por las guerras o por la necesidad de buscar un mejor futuro, son algunas de las complicadas problemáticas que requieren que especialistas, de diversas áreas, aporten sus conocimientos y métodos de estudio específicos, para reconocer la extensa red de variables que interaccionan e intentar respuestas integrales y plurales, más coherentes con la naturaleza de los problemas que requieren atención. La escuela no puede ser ajena a estas situaciones ni a la necesidad de su enfoque interdisciplinar, principalmente porque está formando a los niños y jóvenes para la vida en sociedades atravesadas por estos problemas, pero además, porque la mayoría de ellos son contenidos que forman parte de los diseños curriculares de una o más disciplinas a lo largo de la trayectoria escolar.

A pesar de su amplio reconocimiento, el enfoque interdisciplinario no es habitual dentro las instituciones educativas de nivel secundario. Muchos factores contribuyen a su ausencia, quizás, el más evidente sea que las escuelas son organizaciones con una estructura disciplinar bien marcada, donde no se dan naturalmente los espacios para la interacción entre los distintos espacios y áreas curriculares. Se trata, básicamente, de nadar en contra de la corriente, de instalar una mirada que sabemos valiosa, pero que se opone a la organización espacial y temporal características de la actividad escolar.

Con todo, el panorama no es tan desalentador, ya que debemos reconocer que la gestión de muchas escuelas es bastante flexible, en términos de autorizar modificaciones eventuales en la carga horaria o el uso de los espacios escolares, así como en las posibilidades de desarrollar formatos curriculares diversos. En general, se muestran abiertas a innovaciones didácticas en las propuestas educativas, cuando están claramente destinadas a mejorar los aprendizajes de los alumnos para que puedan desarrollar saberes y competencias relacionadas con una formación ciudadana comprometida con problemas sociales y ambientales que nos involucran a todos. Lo anterior, si bien hace posible acciones interdisciplinarias, no invalida las dificultades que genera modificar una estructura horaria compartimentalizada y altamente organizada.

Sin embargo, más allá de lo meramente organizacional, hay una barrera aún más difícil de vencer, se trata del esfuerzo personal intenso que debemos realizar como docentes para animarnos a salir de la coraza que impone la formación disciplinar. Es decir, ampliar nuestra mirada restringida a un área del saber y atrevernos a mirar un poco más allá. Salir de la comodidad de nuestro espacio, donde dominamos los conceptos y los métodos y los enfoques y las estrategias de las didácticas específicas, para poder establecer diálogos, intercambios, acuerdos con nuestros colegas de otras áreas y disciplinas. Esto significa, que el esfuerzo no debe ser individual, ya que tenemos la suerte en las escuelas de poder interactuar con colegas de las más diversas formaciones. ¿En qué otros espacios sociales podemos encontrar expertos en tanto campos de conocimiento diferentes trabajando en una misma tarea? Este es un sello distintivo de la comunidad escolar que la privilegia como espacio de encuentro, transmisión e interacción del saber.

La diversidad disciplinar forma parte de la esencia de la escuela secundaria y es una de sus riquezas más importante, pero también una de las más desaprovechadas. Esta riqueza disciplinaria representa un enorme potencial para la interdisciplina, que puede servir, incluso, como modelo para otros ámbitos sociales.

¿Porcentajes en la hora de Biología?

A menudo los docentes nos quejamos que los alumnos no pueden ni desean integrar las disciplinas. Así calcular un porcentaje en la hora de biología, para realizar un gráfico, se torna una tarea compleja cuando en la hora de matemática se realiza de manera automática y sin dificultad. Las biomoléculas o moléculas biológicas son interpretadas por muchos alumnos como entidades diferentes a las moléculas que se estudian en la hora de química. La energía que participa de una reacción química o del metabolismo celular parece no encajar en el concepto que han estudiado en Física.

Las situaciones anteriores son ejemplos de una paradoja que se da frecuentemente en el ámbito escolar: los docentes exigimos algo que no estamos haciendo. Les pedimos a los alumnos el esfuerzo de integrar los contenidos, de vencer los límites entre disciplinas, en un ámbito donde los espacios de enseñanza responden a una lógica disciplinar y están desarticulados entre sí.

El primer paso es hacer consciente estos mecanismos y tratar de desnaturalizarlos. Lo anterior implica que si enseñamos de manera aislada los contenidos de cada disciplina, pero reconocemos la necesidad e importancia de su interrelación, el esfuerzo integrador debe comenzar por nosotros.

En este punto es importante reconocer diferentes niveles, en lo que es posible abordar la interdisciplina, para no caer en la tentación de obviarla por considerarla una tarea inabordable e inabarcable.

Existen, entonces, numerosas formas en que la interdisciplinariedad se puede manifestar dentro de las aulas, con distintos grados de profundidad y complejidad. Desde proyectos que desdibujan los límites de algunas disciplinas y áreas para enfocarse en una situación problemática, que pasa a ser el eje alrededor del cual se seleccionan y organizan los contenidos y las acciones, hasta actividades dentro de las secuencias didácticas de cada espacio curricular, que buscan tender puentes o retomar los conceptos trabajados en otros espacios. Todo esfuerzo integrador es pos de la interdisciplina es válido pero también implica una responsabilidad de los docentes, ya que deben ser una acciones sistematizadas y coherentes con las demás decisiones pedagógicas y didácticas, para que posean sentido educativo.

Al respecto hay dos preguntas que me parecen oportunas para la toma de decisiones conducentes a la interdisciplinariedad:

- ¿Cuánto más se enriquece el contenido a enseñar si le aporto otras miradas y perspectivas?
- ¿En qué medida sumo elementos que permiten generar relaciones entre contenidos para hacer el conocimiento más interesante y más significativo, para darle más oportunidades de consolidarse en la estructura cognitiva de los alumnos?

El primer paso podría consistir en iniciar diálogos con los espacios formativos que participan de la trayectoria escolar de nuestros estudiantes, interesarnos por aquello que están aprendiendo en otras disciplinas y pensar las relaciones que podemos establecer, buscar contactos y distancias conceptuales y metodológicas, acordar enfoques y encontrar diferentes aproximaciones para un mismo objeto de estudio. De esta manera se inicia un camino hacia la interdisciplina de manera sistemática, que pasa a ser parte de la propuesta didáctica y no queda librado a la improvisación. Estas reflexiones se pueden materializar en diferentes tipos de intervenciones desde actividades compartidas parcial o totalmente por dos o más espacios curriculares hasta proyectos de investigación escolar, salidas de campo, organización de muestras o ferias y muchas otras interesantes y creativas acciones que surgen de las interacciones particulares entre diferentes disciplinas en cada contexto escolar y comunitario.

Sin dudas que, más allá de las barreras y obstáculos, el trabajo interdisciplinario en el ámbito escolar es posible y representa una oportunidad para abordar problemas integrando conocimientos de distintas áreas. Depende de cada comunidad escolar y de cada docente que la oportunidad pueda transformarse en intervenciones didácticas que tiendan puentes entre las disciplinas escolares para enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Comunidad de Educadores para la Cultura Científica

Coordinación: Mariano Martín Gordillo, Joaquín Asenjo y Óscar Macías

   

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac