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Promocionar la ciencia para… lo que sigue es lo importante

Nora Hebe Schiaffino. Serie IBERCIENCIA: Instituto Iberoamericano de Enseñanza de las Ciencias y la Matemática. Propuestas desde la Docencia.
Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
Desde la OEI, a través del documento Metas Educativas 2021, como desde el documento Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo y la Cohesión Social, se hace énfasis en la promoción de las vocaciones hacia la Ciencia y la Ingeniería de los jóvenes iberoamericanos con el fin de… “que se produzca una incorporación de Iberoamérica a la sociedad del conocimiento haciendo que los países iberoamericanos sean más competitivos y generando un valor añadido importante a su riqueza natural.”

Lo que sigue detrás de los puntos suspensivos es lo que resulta necesario explicitar y ampliar, y es lo que se va a tomar como base para responder este trabajo.

Adoptando una mirada amplia podemos decir que la especie humana ha coevolucionado y se ha adaptado a casi todos los biomas terrestres, transformando los ecosistemas. Hasta hace pocos siglos esa transformación era menor y no afectaba en cuantía la estructura general de los ecosistemas. El problema es que actualmente, nuestras sociedades occidentales de la mano del desarrollo científico y tecnológico se encuentran traspasando límites que nunca deberían haber superado ya que se pone en riesgo la continuidad de la vida en el planeta. Situación ésta totalmente insostenible. Lo cierto es que la mayoría de los impactos ambientales han sido provocados por el 20% de la humanidad que se subió al tren industrial a mediados del siglo XVIII, mientras que el 80% restante aspira con ansias ese estilo de vida insostenible. Esto demuestra que el desafío es pensar “otro” desarrollo que sirva para todos y en esto la ciencia tiene un papel fundamental.

El científico Johan Rockström con su equipo de trabajo desde el Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo, Suecia, ha identificado nueve procesos claves en los sistemas terrestres, los que determinaron nueve límites planetarios. Estos últimos son valores máximos que la humanidad no debe transgredir para evitar cambios ambientales globales catastróficos. Los nueve procesos son: la pérdida de ozono atmosférico, la acidificación de los océanos, el uso global de agua dulce, los cambios en el uso de la tierra, la carga atmosférica de aerosoles, la contaminación química, alteraciones del ciclo del fósforo y del nitrógeno, la tasa de pérdida de biodiversidad y el cambio climático. De estos nueve límites, los últimos tres ya se han superado groseramente. Cualquier parámetro que importe, para medir el bienestar humano según lo entendemos actualmente, a partir de la segunda mitad del siglo XX, tiene curvas que siguen la forma de un palo de jockey, es decir crecen exponencialmente. Estas curvas se encuentran en las concentraciones de CO2, el óxido nitroso, el metano, la deforestación, la sobrepesca, la degradación de las tierras, la pérdida de especies. Nunca se había visto, como en estos últimos cincuenta años, un deterioro tan grande de funciones y servicios del ecosistema planetario. Esto es consecuencia de una forma de entender el mundo y el progreso. El paradigma dominante actual que comprende también a la racionalidad científica ha entendido al progreso como superación de los límites. Sin embargo también podemos decir, gracias a la ciencia y parafraseando a Rockström, que somos la primera generación que sabemos que podríamos estar socavando la estabilidad y la capacidad del planeta Tierra si decidimos sostener el desarrollo humano que conocemos hoy. Estamos en una fase en la que es necesario un cambio transformador, que abra la ventana a la innovación, a nuevas ideas y paradigmas. El gran desafío de la ciencia y de la humanidad (al menos de ese 20% de humanidad que está superando límites) es aprender a adaptarnos a los límites que nos impone el planeta, lo que inevitablemente se traduce en el cambio de nuestro estilo de vida. Mientras algunos países deberán decrecer, otros deberán crecer cuidando de no superar los límites insuperables. Se trata de construir un desarrollo más justo para todos los que integramos la naturaleza.

Si acercamos la mirada al contexto regional de nuestras sociedades latinoamericanas vemos que el desafío social es enorme pues vivimos en un sistema social irracional e injusto de forma y fondo. En el caso de Argentina, se avanza con un modelo productivo totalmente insustentable ya que debemos convivir con un proceso de concentración de la producción, degradación y contaminación de suelos, aire y cursos de ríos con contaminantes sintéticos aplicados en el agro y en la explotación minera, expulsión de campesinos a las grandes ciudades, la destrucción de bosques y humedales con la consiguiente anulación de la absorción de gases de efecto invernadero y la destrucción de la biodiversidad asociada, destruyendo también la diversidad cultural. Y este modelo productivo se apoya en una forma de hacer ciencia.

El Ing. Agrónomo Walter Pengue lo expresa así, en su libro “La apropiación y el saqueo de la naturaleza” refiriéndose a la importancia de la biodiversidad para la investigación agrícola…”La situación de la investigación en el contexto del desarrollo agrícola…se encuentra en el proceso en la década de los noventa y esta primera parte del siglo XXI, altamente concentrada y corriendo hacia un solo fin: el incremento de la producción, aumento de la productividad y trabajando generalmente para el fomento de las exportaciones” estando ausente en la discusión de las líneas científicas …”un contrato implícito entre ciencia y sociedad, a través del cual los científicos debían proporcionar a la sociedad, conocimientos útiles, a cambio de recibir a través del Estado, instituciones y recursos para el desarrollo de actividades …también útiles”. El caso de la industria agrobiotecnológica, muestra esta diferencia entre el cientificismo ortodoxo de la industria biológica molecular y el de la ciencia comprometida con determinado modelo de desarrollo nacional” que no sería el actual modelo de desarrollo…”La investigación pública, tanto en universidades como organismos de investigación científica, ha sido prácticamente sometida a los intereses privados y el total de los fondos es distribuido para procesos de desarrollo vinculados al incremento de investigaciones de la biología molecular, cultivo de tejidos y estudios de procesos vinculados, pero sin la asignación de fondos para la evaluación de los impactos a campo, ambientales y socioeconómicos de los efectos de éstos en ambiente y sociedad.”…”La consecuencia es una desatención peligrosa de muchas disciplinas científicas y una agenda marcada de antemano que no necesariamente puede ser de utilidad social.”(W. Pengue, 2008: 81-82)

“El sistema científico y tecnológico, desafortunadamente apostó al trabajo por el incremento de la productividad y fue un partícipe necesario y facilitador del esquema planteado. No permitió ni favoreció el desarrollo de alternativas productivas con esquemas agroecológicos de rápido y fácil aprovechamiento y apropiación social que muy posiblemente hubiesen favorecido a una sino solución, amortiguación de la crisis social que Argentina enfrentó y enfrenta. Tampoco escucha, con muy pocas excepciones… las demandas de los pequeños y medianos agricultores, o los campesinos ni que hablar de los pueblos originarios.”


“El sistema científico, en el sector rural se encuentra frente a una encrucijada. Continuar exclusivamente trabajando para el desarrollo de un área científica, que concentra mucho poder económico y de política científica cada día menos integrada, o abrir el espacio para la investigación social participativa en la resolución de conflictos del sector rural que hasta ahora no ha asumido y que tampoco, con los instrumentos que utiliza, pudo ni podrá resolver parado en la promocionada Revolución Verde.” (W. Pengue, 2008: 83)

Frente a este panorama, la misión del científico actual, según Oscar Varsavsky “es estudiar, con toda seriedad y usando todas las armas de la ciencia, los problemas del cambio de sistema social, en todas sus etapas y en todos sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto es hacer ciencia politizada”. A este científico Varsavsky lo llama “el científico rebelde”.

Es absolutamente necesario y urgente para nuestras sociedades que tanto los docentes como los estudiantes secundarios y universitarios, los científicos y técnicos que se formen en nuestros sistemas educativos, y la sociedad toda entiendan el valor estratégico que tiene la diversidad, tanto biológica como cultural, para el desarrollo de nuestras sociedades, desarrollo que por supuesto no deberá imitar los modelos insostenibles de las sociedades supuestamente desarrolladas actuales. La biodiversidad es una propiedad de los sistemas vivos y culturales que brinda innumerables servicios a la humanidad. Pero actualmente la visión que se pretende dar a la biodiversidad es otra, es la de recurso. Y considerada como recurso, la biodiversidad pasa al terreno de los bienes ambientales, aquellos que comienzan a tener un precio en el mercado y por tanto, son foco de interés y apropiación vía el sistema económico, y entonces, ahí es donde se transgreden los límites que nos marca la naturaleza. Pero esto debe ser entendido “primero” por nuestros gobernantes (tal vez no esté correcta la palabra “primero”, y debería cambiarse por “también”), por nuestros Ministros de Educación para que se tomen como prioridades y se traduzcan en políticas públicas.

Para complementar este planteo se transcribe un párrafo de la Revista “Profesorado” de currículum y formación del profesorado presentada por Amparo Vilches y Daniel Gil “muchos gobiernos, medios de difusión y buena parte de la ciudadanía, centran su atención exclusivamente en la crisis económica y en la búsqueda de beneficios a corto plazo, perdiendo de vista su vinculación a la grave degradación socioambiental. Y esto es lo que seguirá sucediendo, a menos que logremos crear un clima social que exija el final de estas políticas y la adopción de las medidas necesarias para sentar las bases de un futuro sostenible”… ”será necesaria una acción continuada e intensa de la comunidad científica, educadores, instituciones cívicas, medios de difusión, etc., hasta lograr un clima de implicación ciudadana que se imponga a intereses particulares a corto plazo. Ese ha de ser un objetivo prioritario”. Pero, ¿Se está enseñando esto en las escuelas y universidades? Lamentablemente no, en la medida necesaria y esto también lo expresan Amparo Vilches y Daniel Gil en la Revista “Profesorado” cuando hablan de la necesidad de un debate acerca “de la falta de atención que prestan los curricula contemporáneos a temas relevantes como la sensibilización ambiental, la educación para la conservación, la enseñanza de valores ambientales y el desarrollo de hábitos, compromisos y competencias ambientales en los diferentes niveles del sistema educativo”.

Volviendo al planteo original: Si incorporarnos a la sociedad del conocimiento implica reconocer los límites que mencionábamos más arriba, entonces la sociedad del conocimiento deberá incorporar y asimilar los conocimientos de las comunidades originarias que históricamente han sido excluidos, y que tal vez sean quienes más sepan de respetar los límites de la naturaleza, favorecidos por su cosmovisión. Si implica fortalecer y construir un modelo nacional, regional, global, orientado hacia la producción de conocimiento útil y apropiable socialmente que tenga como objetivo construir una humanidad más justa y con perspectiva de futuro vamos a tener que formar “científicos rebeldes” que estén atentos y advertidos de “los argumentos ingenuos o perversos, bien o mal intencionados, que siguen creyendo que el uso de una nueva tecnología es, por definición, socialmente benéfica.” (Pengue, 2008:87)

Pero si, en cambio, incorporarnos a la sociedad del conocimiento significa pensar que el capital económico puede sustituir al capital natural, por lo tanto no nos va a importar superar los límites pues lo que se pierde se puede reemplazar a través de la ciencia y la tecnología. Y formamos científicos y técnicos que su único objetivo sea insertarse en este modelo que piensa más en el mercado que en la sociedad, creo que el riesgo es demasiado grande y sumamente peligroso.

BIBLIOGRAFIA:

-Pengue, Walter, (2008), La Apropiación y el Saqueo de la Naturaleza: Conflictos ecológicos distributivos en la Argentina del Bicentenario, Buenos Aires, Editorial Lugar.

- Vilches, A. y Gil Pérez, D. (VOL. 16, Nº 2 (mayo-agosto 2012) La educación para la sostenibilidad en la universidad: el reto de la formación del profesorado. Revista Profesorado, de currículum y formación del profesorado. http://www.oei.es/cienciayuniversidad/spip.php?article3692

-Johan Rockström: Dejemos que el ambiente guíe nuestro desarrollo http://www.ted.com/talks/lang/es/johan_rockstrom_let_the_environment_guide_our_development.html

-Oscar Varsavsky, Un científico rebelde... Notas de "Ciencia, política y cientificismo", por Oscar Varsavsky (Centro Editor de América Latina, 1969, Buenos Aires, Argentina) http://www.ecoportal.net/Blogs/Economia_Ecologica_-_Blog_del_Dr._Walter_Pengue/Oscar_Varsavsky_Un_cientifico_rebelde

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