Se busca entre los alumnos del bachillerato de Ciencias Sociales a los nuevos agentes promotores de la cultura científica
Guadalupe García Azpeitia. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica OEI-AECID.
Sus nombres son Arturo, Bianca, Blanca, Daniel, Gustavo, Extafanía, Juan Antonio, Jorge, Armando, Juan y Lupita, ellos aceptaron comenzar una aventura, la de convertirse en promotores de cultura científica, y como todas las aventuras, esta está rodeada de misterios que hay que ir resolviendo y retos por afrontar, quizá, el mayor misterio y el principal reto que ellos han comenzado a afrontar, es el de descubrirse como sujetos capaces de crear conocimiento y de intervenir en su realidad.
Y como es natural les surgieron una serie de preguntas ¿Qué es eso de cultura científica? ¿Para qué promoverla? ¿Por qué nosotros los estudiantes del bachillerato de Ciencias Sociales? ¿Cómo lo haremos? ¿Qué beneficios tendremos? ¿Cuál es la utilidad? Y por la fuerza de la costumbre, esperaban que fuesen contestadas o por lo menos orientadas por la maestra, para ellos, tan sólo ejecutar una serie de pasos ya prediseñados. Sin embargo, al confesarles que esta experiencia era nueva tanto para ellos como alumnos y para mí como maestra, lograron cobrar seguridad en sí mismos y comenzar a pensar autónoma y críticamente para ser propositivos.
Fue entonces que se sentaron a dialogar para identificar el camino a seguir, primero era necesario saber qué era eso de cultura científica y hacer un diagnóstico de a quién y en dónde se promovería, para así determinar las estrategias. Para dar comienzo a la primera etapa se asignaron la tarea de investigar lo necesario.
Tras compartir los resultados de su investigación llegaron a la conclusión que la cultura científica debía verse en dos niveles: cada individuo debe poseer un conjunto de conocimientos científicos, aprendidos o adquiridos, más la habilidad de ponerlos en práctica en su vida cotidiana; y en lo colectivo se debe poseer un conjunto de conocimientos científico-tecnológicos y habilidades que permeen el modo de vida y costumbres de la sociedad.
Al comprender “la cultura científica” fue inevitable que ellos evaluaran el tipo de educación que han recibido, llegando a concluir que habían sido alfabetizados científicamente, pues sólo habían sido enseñados a memorizar conceptos y leyes ya establecidas:
“Nos quedamos con lo aprendido en la escuela y las consecuencias son una ignorancia que se ve reflejada en el desarrollo del país, se nos ha enseñado a conformarnos con tan poco” uno más añadió, “el modelo de enseñanza en el país necesita ser reformulado, pues nos enfrentamos a una juventud mediatizada por la influencia de los medios de comunicación en la sociedad y el desinterés de los jóvenes en la educación” a lo cual otro interpelo “Solo a partir de una cultura científica la gente empezará a actuar con más razón, con otros juicios y convicciones para la obtención de un bien común en la sociedad”.
Y al haber reflexionado la educación recibida, identificaron un deber ser en su papel como jóvenes estudiantes:
“Debemos tomar una actitud emprendedora, querer saber más y buscar respuestas, no debemos conformarnos con usar y saber sobre ciencia y tecnología, debemos aspirar a ser investigadores”, “a ser multidisciplinarios y estar a la vanguardia del conocimiento”. “Lo interesante de convertirnos en promotores de una cultura científica, en nuestra realidad inmediata, es que iniciamos un proceso en el que no sólo estamos culturizando sino culturizándonos”, “se nos abre la oportunidad de aplicar los conocimientos que hemos adquirido”.
La posibilidad de adquirir una cultura científica les permitió ver su futuro con mayor tranquilidad y seguridad:
“el bachillerato es un espacio para decidir lo que queremos hacer en nuestra vida, entonces la cultura científica nos permite ser más aptos para afrontar las problemas que estamos por vivir”.
Identificaron así mismo las ventajas que poseen, por ser jóvenes y estudiantes del bachillerato de Ciencias sociales, para lograr una efectiva promoción de la cultura científica entre sus compañeros:
“sabremos identificar y respetar sus intereses personales”, “sabremos como comunicarnos y quizá algunos puedan identificarse mejor con nosotros”, así mimo, “entendemos que es importante mostrar la vinculación de lo aprendido en la escuela con nuestra vida diaria, sólo así puede encontrársele sentido”. “Al ser estudiantes de las ciencias sociales hemos aprendido a pensar y preguntar sobre nuestra realidad y nos estamos preparando para hacer una explicación objetiva de ella, para poder intervenir”, y una voz tímida por ahí, termino diciendo “al fin y al cabo la conformación de una cultura científica en la realidad mexicana es un proceso social”.
Esta aventura aún no ha terminado, pues Arturo, Bianca, Daniel, Gustavo, Extafanía, Juan Antonio, Jorge, Armando, Juan y Lupita están preparándose para aplicar los instrumentos que les permitan recabar la información para realizar el diagnóstico, para crear sus estrategias, y ahora si, efectivamente comenzar la promoción en su pequeña institución ubicada en la Ciudad de Tepic del estado de Nayarit de México.
Cuál sea el resultado final, no importa, pues ellos ya se han sentido como sujetos capaces de crear y utilizar el conocimiento para transformar su realidad, así mismo, han entendido a la ciencia y a la tecnología como un instrumento para fomentar el desarrollo y bienestar no solo personal, sino de su país, y quizá, y quizá, se haya despertado en ellos una vocación científica
Nota: Este trabajo es un producto de la Comunidad de Educadores para la Cultura Científica. Una red de docentes comprometidos con la Apropiación Social de la Ciencia con los egresados del Curso sobre Educación para la Cultura Científica de la OEI y la Universidad de Oviedo.
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VIII Curso sobre Educación para la Cultura Científica
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30 de julio de 2012 Próxima edición octubre 2012. En el marco del Proyecto Iberoamericano de Divulgación Científica de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura con la coordinación académica de la Universidad de Oviedo y realizado con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se convocan a profesores/as (con alumnos/as con edades comprendidas entre los 14 y 18 años) a participar en esta nueva edición del curso.
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