Entrevista a José Antonio de la Peña Mena, director adjunto de Desarrollo Científico y Académico del Conacyt

México requiere ciencia más orientada a temas específicos: Conacyt

 

Imagen: Fotografía
Cortesía: AMC

Agencia ID-OEI-AECID. La ciencia y tecnología mexicana han iniciado un proceso de replanteamiento con el que pretende incidir en forma más terminante en el desarrollo económico y bienestar del país. Con la intención de establecer una sociedad basada en el conocimiento y hacer de México uno de las 20 naciones más desarrolladas en la materia, la actual administración de Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en funciones desde 2006 y encabezada por el maestro Juan Carlos Romero Hicks, ha puesto en marcha una serie de iniciativas orientadas a impulsar la innovación, al tiempo que mantiene los apoyos a programas heredados de gestiones anteriores.

Sin embargo, el contexto económico y social mexicano ha delimitado parte de ese proceso. En entrevista, el director adjunto de Desarrollo Científico y Académico del Conacyt, doctor José Antonio de la Peña Mena, comenta la situación por la que atraviesa el país en la materia, así como las acciones emprendidas para fortalecer el sistema en el rubro.

¿Cómo encontró la actual administración del Conacyt el panorama de ciencia, tecnología e innovación en México?

Tras la creación del Consejo en 1970, la ciencia mexicana creció considerablemente. Se establecieron y consolidaron 27 centros de investigación en diversas partes del territorio nacional. Además, del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) que a la fecha cuenta con 16 mil miembros, y cuyo objetivo es reconocer la calidad de los profesionales dedicados en la materia, y se fortalecieron diversas instituciones de educación superior. Sin embargo, todavía existen varios problemas. Uno de ellos es que tenemos un número aún reducido de científicos y tecnólogos con relación al total de la población (hay estados que cuentan con tres miembros del SNI por cada 100 mil habitantes en edades económicamente activas). Asimismo, de carecer de homogeneidad en la infraestructura de las universidades públicas, pues mientras algunas cuentan con equipos de primer mundo, otros cuerpos de investigación y académicos emergentes están poco desarrollados. En tanto, la tecnología tiene aún mayores atrasos, y puede percibirse con el pobre número de patentes concedidas a investigadores mexicanos (menos de mil al año) o el escaso interés del sector productivo por invertir en procesos de investigación y desarrollo.

¿Cuáles son las acciones que ha tomado Conacyt al respecto?

Identificamos puntos estratégicos en donde podríamos incidir. Uno es promover la vinculación de investigadores nacionales de diversas regiones a través de la creación Redes Temáticas Científicas, en donde científicos o tecnólogos se relacionen con sus pares de otros estados, refuercen sus conocimientos o generen proyectos en conjunto. También tenemos un programa de repatriación y retención de investigadores nacionales, con el cual retenemos o recuperamos a más de cien personas cada año que pueden incorporarse al sector académico mexicano; es una iniciativa que el Conacyt trabaja en conjunto con las instituciones de educación superior interesadas, y consiste en garantizar los dos primeros años de salario del investigador con opción a que sea contratado de manera definitiva en base a las aptitudes mostradas. Otro proyecto dedicado al fortalecimiento del sector que esperamos se consolide en 2011 es la compra de revistas científicas electrónicas de manera consorciada; es decir, que las universidades pequeñas tengan acceso a información científica de frontera sin la necesidad de desembolsar fuertes cantidades de dinero.

¿Cómo se promueve la participación del sector productivo?

Desde la administración pasada la participación de las empresas en términos de investigación y desarrollo era promovida a través de la deducción fiscal; pero hace un par de años se cambió la estrategia y ahora las firmas establecidas en México pueden pedir recursos estatales para realizar proyectos en conjunto con universidades o centros de investigación, y hasta el momento podemos considerar que han sido positivos esos cambios.

Pero el empresariado nacional ha pedido que no desaparezca del todo el esquema de estímulos fiscales

En estos momentos está fuera de lo existente. Es una decisión de (la Secretaría de) Hacienda, en la que el Conacyt sólo participó en discusiones. Lo que podemos decir es que con estos Programas de Innovación existen mayores posibilidades de involucrar a las empresas en trabajo de investigación y que se vinculen con la academia. Desde el punto de vista del empresario podemos entender que no es lo mejor, pero han aceptado que se trata de un esquema con ciertas ventajas para ellos.

El presupuesto asignado por el gobierno federal es un tema que deja inquieta a la comunidad científica nacional, ¿qué opinión tiene al respecto?

Sabemos que la inversión en ciencia y tecnología no es la más adecuada ni suficiente para el potencial del país (el Gobierno Federal informó que en 2009 invirtió más de 3,500 millones de USD); pero también creo que los apoyos otorgados no son siempre bien utilizados, podríamos ser más eficientes institucionalmente hablando. Por otra parte, es cierto que hace falta inversión en infraestructura, crear centros de investigación en temas específicos; me parece importante todo el aparato, desde la investigación hasta la divulgación y vinculación, pero creo que donde más recursos se requieren es en proyectos que aún no ven la luz, y no en aquellos que ya funcionan.

Hay quienes piensan que la actual administración del Conacyt pondera la innovación y ciencia aplicada sobre la llamada ciencia básica, ¿qué hay de cierto en esa aseveración?

Esos puntos de vista me parecen anticuados, la ciencia debe considerarse como aplicada y la que aún no se aplica. También hay quienes consideran que realizar ciencia básica es un lujo que el país no puede darse, y eso tampoco es valido. Me parece que debemos hacer ciencia más orientada a blancos específicos, donde rápidamente se pueda aplicar y tenga consecuencias tecnológicas. En cuanto a la innovación, se trata de un concepto importante para la competitividad de las naciones, por ello la administración actual ha creado programas ex profeso, pero sin desatender aquellos orientados a la ciencia y tecnología que ya existían en gestiones anteriores.

¿Y el Consejo es la instancia adecuada para promover la innovación?

Es importante que la innovación sea manejada por el Conacyt dado que tiene una visión unificada y coordinadora a nivel nacional, capaz de definir áreas estratégicas, por eso creo que es necesario que no se desvinculen los temas de ciencia, tecnología e innovación.

México es miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) desde hace más de una década, y una de las recomendaciones de esa instancia es la creación de un ministerio de ciencia y tecnología, ¿resulta viable esa sugerencia?

Sin duda tiene aspectos a considerar. Desde el punto de vista presupuestal no representaría mucha diferencia, porque el Conacyt maneja montos superiores a los de otras secretarías de estado en México. Por otra parte, hay quienes temen que represente una burocratización excesiva, debido a que será preciso tener presencia en cada estado de la República (32 entidades). En lo que todos están de acuerdo es que el rango político de una Secretaría es mayor que el de un Consejo, y ese punto quizá sea el más importante de la propuesta, de modo que es necesario discutir la recomendación de la OCDE.

La participación del grueso de la sociedad mexicana en temas y discusiones referentes a ciencia y tecnología es muy limitada, ¿Qué hace el Conacyt en el tema de popularizar el conocimiento?

En México hay un problema estructural en el que la sociedad no valora el trabajo científico. La ciudadanía en general, y en particular muchos gobernantes, no incluyen a la ciencia como parte de la cultura. Tampoco hay divulgación por parte de los científicos, quienes deben considerar tan importante investigar y generar conocimiento como dar a conocer sus resultados a la sociedad. Por lo que toca al Conacyt, su trabajo de comunicación y divulgación es muy pobre, y lo que puedo decir es que se planean acciones importantes al respecto.

¿Cómo califica la relación de la comunidad científica mexicana con sus pares de Iberoamérica?

Se especula que a raíz de las dictaduras militares ocurridas en la región llegaron a México una gran cantidad de exiliados, entre ellas científicos, quienes trabajaron en instituciones de educación superior o de investigación y mantuvieron los lazos una vez regresaron a sus países. Gracias a ello, se considera que 20 por ciento de las publicaciones científicas internacionales en las que participan investigadores mexicanos son realizadas en conjunto con grupos de América Latina. En paralelo, los expertos nacionales han mirado gradualmente otras latitudes fuera de los Estados Unidos para vincularse, en particular España.

¿Y en cuanto a la solicitud de recursos internacionales?

En ese sentido, los científicos mexicanos no han tenido la visión de obtener financiamiento de fuentes internacionales porque les resulta más cómodo conseguirlos localmente. Por ejemplo, la convocatoria al 6º Programa Marco Europeo de Investigación y Desarrollo, concluido el año pasado, tuvo malos resultados entre nuestros investigadores. Para el 7º Programa, el Conacyt creó una oficina que promueve la relación con científicos europeos a través de personal encargado de vincular grupos de ambos lados y sea posible realizar proyectos sólidos que compitan por fondos europeos. En ese sentido, me parece que tendremos mejores resultados

El doctor José Antonio de la Peña Mena fue presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico y director del Instituto de Matemáticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente se desempeña como director adjunto de Desarrollo Científico y Académico, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

 

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