María José Ruiz Somavilla: "La divulgación científica debe fundamentarse en planteamientos democráticos y tener una dimensión social"

Dra. María José Ruiz Somavilla, profesora del Área del Conocimiento de la Historia de la Ciencia de la Universidad de Málaga Información de calidad, objetividad, sencillez en el contenido y la posibilidad de que todos los ciudadanos puedan acceder al saber científico, son algunas de las líneas que centran el debate sobre la divulgación de la Ciencia.

H. Bakkali \\ divulgaUNED.es Información de calidad, objetividad, sencillez en el contenido y la posibilidad de que todos los ciudadanos puedan acceder al saber científico, son algunas de las líneas que centran el debate sobre la divulgación de la Ciencia y, muy particularmente, la divulgación del mensaje médico. La Dra. María José Ruiz Somavilla, profesora del Área del Conocimiento de la Historia de la Ciencia, integrante del grupo de Innovación Educativa dehUMAnos y del Seminario de Estudios Interdisciplinarios de la Mujer de la Universidad de Málaga, contesta a algunas de las cuestiones que plantea este tema.

¿Cómo definiría el término divulgación científica?

Como el conjunto de actividades de difusión de la ciencia y la tecnología, cuyo objetivo es poner a disposición de todos lo que de otro modo quedaría reservado a unos pocos. Para ello hay que informar, interpretar y explicar los contenidos que proceden del ámbito científico y tecnológico. Pero la divulgación no es únicamente la transmisión de contenidos que proceden del escenario donde se desarrolla la investigación. La divulgación científica debe fundamentarse en planteamientos democráticos y tener una dimensión social. En la sociedad actual, los desarrollos científico-tecnológicos forman parte de la vida cotidiana, desde aspectos que tienen que ver con el propio cuerpo a las diferentes actividades y espacios que conforma la sociedad. En consecuencia, los ciudadanos deben conocer cómo afecta la ciencia y la tecnología a sus vidas, qué consecuencias tiene, qué riesgos implica y qué beneficios obtienen de sus aplicaciones. Para ello es necesario contar con información que les permita evaluar y decidir sobre las cuestiones que les afecte tanto individual como colectivamente. De ahí que la sensibilidad y la percepción sobre qué divulgar y cómo hacerlo es una cuestión central en la divulgación científica y médica.

¿En qué punto se encuentra la divulgación médica actualmente, tanto en España como a nivel internacional?

La relevancia de la medicina para la vida personal y social ha condicionado que sea una de las áreas con mayor desarrollo en el periodismo y la divulgación científica, tanto en el panorama nacional como internacional. En pocos años hemos visto nuevos espacios para los contenidos médicos en periódicos, en suplementos semanales, o específicamente en revistas de divulgación, además de un afianzamiento en los medios audiovisuales tradicionales y un enorme desarrollo de páginas de información médica a las que se tiene acceso a través de Internet. Paralelamente, ha ido aumentando el número de profesionales especializados en este campo, que realizan una tarea de enorme interés y dificultad, para la que precisan una formación en campos tan distantes como son la comunicación y la medicina.

¿Cuáles deben ser las mejores estrategias para divulgar el saber médico en la era en la que nos encontramos?

La estrategia basada en la recogida de la información médica de los artículos publicados en revistas especializadas parece ser la de mayor fiabilidad, ya que, en principio, son trabajos que han obtenido la confianza de la comunidad científica. Para esto es necesario que el divulgador conozca en profundidad los términos y conceptos que se manejan en el lenguaje médico, y mantenga contactos con los investigadores para que le ayuden a contextualizar el proceso y los resultados de la investigación. A partir de aquí, el gran reto de la divulgación es ofrecer ese tipo de información contextualizada, en la que se muestra el proceso de obtención del conocimiento, así como las consecuencias, los riesgos y las posibles dimensiones de los contenidos que se divulgan. No soy ajena a los condicionantes presentes en el desarrollo del trabajo periodístico (fundamentalmente el tiempo y el espacio para desarrollarlo). Sin embargo, veo necesaria la integración de características propias de la información periodística con aspectos centrales del conocimiento científico. Me estoy refiriendo a la consideración de que el conocimiento científico/médico, no es permanente ni inamovible, ni son verdades que pueden transmitirse a modo de flashes. Por el contrario, es un saber falible, que se cuestiona y se puede sustituir por nuevo conocimiento. No se obtiene a través del simple acumulo de datos, sino de un proceso continuo de búsqueda de explicaciones para entender los problemas estudiados, desde variables cambiantes y modificables. Además, en la actualidad también hay que atender al valor que ha alcanzado la tecnología en el proceso de investigación, puesto que llega a condicionar el planteamiento de la hipótesis, la aplicación de la metodología y, en consecuencia, los resultados que se obtienen. Esta es la base del modelo según el cual se elabora y se desarrolla el conocimiento y, a mi modo de ver, es el que se debería transmitir desde la divulgación.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el mensaje científico construido por el periodista y el construido por el propio científico?

Estamos hablando de dos modos diferenciados de construir un mensaje y de transmitirlo. El discurso científico procede de la aplicación del método científico en el contexto de las instituciones de la ciencia y su posterior presentación y difusión a través de unos códigos propios a la comunidad científica. A partir de esta situación el periodista si no quiere ser un mero traductor debe deconstruir ese discurso y reestructurarlo usando los recursos propios del periodismo y la divulgación. Por tanto, estamos hablando de diferente tipo de lenguaje, de modalidad textual y de objetivo. El científico busca la aprobación del contenido de su discurso, en cambio el divulgador debe informar a los ciudadanos sobre esos contenidos, y proporcionar herramientas intelectuales que les permita reflexionar sobre ellos. En ocasiones, el contexto de construcción de la noticia, al que hacía referencia antes, incide de una forma negativa en el proceso de transformación del discurso científico en discurso de divulgación en diferentes sentidos. A veces, un traslado descontextualizado de términos y conceptos científicos a la información periodística, puede dar lugar a errores y explicaciones que carecen de sentido para un público que está fuera del ámbito de la ciencia y la tecnología. El sensacionalismo y el reduccionismo juegan también un papel importante en la distorsión del significado de la información científica, al limitarla a aspectos muy generales, insólitos o espectaculares. Lo lamentable de este tipo de información, que no van más allá de la mera propaganda, es que el público difícilmente puede llegar a conocer el significado de dicha investigación.

¿Qué aspectos definen el lenguaje científico y en concreto el lenguaje médico?

El lenguaje científico ha sido construido por cada campo de la ciencia a lo largo de la historia. El lenguaje médico comparte las características del lenguaje científico en tanto que es un lenguaje normativizado, preciso, que trata de ser unívoco, y de evitar cualquier carga emocional, afectiva y valorativa. Precisamente las diferencias que hay entre este tipo de lenguaje y el lenguaje común constituyen en ocasiones un obstáculo en la divulgación de contenidos científicos / médicos. Uno de los problemas más evidentes es el relacionado con los significados. Por ejemplo, los términos hipótesis, teoría o evidencias, tienen distintas acepciones en el lenguaje común y el científico. Lo interesante de este caso es que llegan incluso a tener significados opuestos con importantes consecuencias, como se ha puesto de manifiesto, si se utilizan los términos desconociendo esta peculiaridad.

¿A qué nos referimos cuándo hablamos de publicaciones científicas o médicas de calidad?

A publicaciones que recogen trabajos científicos de calidad, es decir, trabajos que proporcionan evidencia científica respecto al tema de estudio. Podemos hablar de la calidad del soporte de la información científica (el libro, la revista) y de la calidad de la propia información científica transmitida en la publicación. La finalidad de una publicación científica es comunicar las ideas desarrolladas y los resultados de una investigación, y contribuir así a la generación de nuevo conocimiento. El uso que otros autores dan a esas ideas para obtener las suyas es la base de uno de los indicadores que miden la calidad de un trabajo científico.

¿Qué las diferencia del resto de publicaciones dirigidas al gran público?

Se diferencian en el objetivo, la estructura, los criterios y las normas que rigen la publicación. Una revista científica dará a conocer los resultados de las investigaciones de los artículos que contiene. En la década de los años setenta, los editores de las publicaciones médicas llegaron a un acuerdo sobre la estructura que debían tener los manuscritos enviados a las revistas para su publicación. Esta estructura es el reflejo de los diferentes pasos que han seguido los autores durante la investigación hasta llegar a elaborar el trabajo científico. Así entendida, la publicación hace transparente la actividad investigadora: cualquier otro equipo de investigación podría reproducir ese trabajo con los datos que se ofrecen en el artículo. Pero, como la ciencia no la conforman únicamente los datos sobre los que se construye el conocimiento, ni el método con el que se elabora, el investigador tiene que ocuparse de que todo se integre en una argumentación. Por tanto, no tiene sentido que las publicaciones que no son científicas sigan esta misma estructura, puesto que no persiguen el mismo objetivo.

¿Cree que hoy en día el prestigio de un investigador es medido por el número de publicaciones realizadas en revistas científicas de prestigio?

No es que lo crea es que es una de las variables que se tiene en cuenta en la evaluación de los investigadores. Se consideran revistas de prestigio aquellas que cumplen con una serie de requisitos que se han establecido para medir la calidad de las revistas. El número de publicaciones en las revistas que cumplen con estos requisitos se ha considerado un indicador de la calidad de la investigación de sus autores.

Hoy las revistas especializadas parecen ser la Biblia de conocimiento científico. ¿Cree que este culto está justificado?

Los artículos de revistas científicas son la principal fuente de información para los medios. Sin embargo, en los últimos años se está consolidando la tendencia a no recoger la información directamente de estas revistas. Llama la atención que la divulgación no se nutra de revistas científicas relacionadas con el campo científico en el que se desarrolla el aspecto que se va a divulgar. Por el contrario, como algunos estudios han mostrado, más del 65% de la divulgación médica procede de diez revistas, y hay miles de revistas médicas, no hay sólo diez revistas con sistemas de revisión, que se supone que es el que proporcionaría el rigor, la validez, la fiabilidad a los trabajos. ¿Por qué esto es así? Básicamente porque estas revistas, se han ocupado de aparecer en los medios de comunicación, a través de gabinetes de prensa que difunden los artículos que publican. De modo que es la propia revista científica la que selecciona e interpreta algunos de los artículos que van a ser publicados en el próximo número, al considerarlos de especial interés para los medios. A través del comunicado de prensa transmite a los medios de comunicación esa información ya elaborada. De manera que no es tanto un culto de los periodistas a las revistas científicas, como un modo de trabajar que partiendo de las revistas científicas se ha asumido por los medios de comunicación, con ventajas evidentes, pero también con problemas relacionados con los criterios que se adopten en cada fase del proceso.

¿Puede este hecho fomentar la idea de que la Ciencia sigue siendo un saber restringido?

No creo que sea tanto problema de la divulgación como de cuestiones relacionadas con concepciones previas sobre la actividad científica. En nuestra sociedad sigue dominando una visión cientificista sobre qué es la ciencia, cuál es su estatus respecto a otros conocimientos y quién realiza esa actividad. Es una visión compartida por amplios sectores, no sólo ajenos a la actividad científica, que siguen admitiendo que sólo el conocimiento científico es un conocimiento verdadero y real, sólo la ciencia y la tecnología pueden resolver los problemas humanos, y sólo el experto puede participar en la toma de decisiones al poseer el conocimiento. Estas ideas excluyen a los ciudadanos de los problemas y de sus posibles soluciones, al considerar que es la ciencia la que proporciona las respuestas. En la medida en la que la divulgación asuma estas ideas estará ayudando a que los ciudadanos adopten un papel pasivo, y se limiten a recibir las consecuencias –positivas o negativas- de la ciencia y la tecnología. No cabe duda de que si se huye del sensacionalismo, el cientificismo, y se evita que la divulgación se convierta exclusivamente en legitimadora del mensaje que transmite, se contribuirá a que la divulgación cumpla más eficazmente su objetivo de acercamiento entre el mundo científico y el resto de la sociedad que, en modo alguno está al margen de la actividad científica pues sustenta su desarrollo.

¿Qué es el sistema peer review?

Es el sistema de revisión de un manuscrito por expertos. Hasta la segunda mitad del siglo XX, prácticamente no existía la figura del revisor porque los editores de las revistas médicas decidían sobre la publicación de los manuscritos que llegaban a la redacción. Sin embargo, con el crecimiento, la parcelación y la especialización de las ciencias biomédicas, no pudieron seguir llevando a cabo esa tarea de arbitraje universal. Actualmente dos o tres expertos analizan y evalúan los manuscritos, aconsejan al autor sobre posibles modificaciones y asesoran al editor sobre el interés, la validez y la calidad del mismo para que decida sobre su publicación. Con este sistema se trata de garantizar la calidad de los trabajos publicados al eliminar los de baja calidad. A pesar de que se considere el mejor de los sistemas, plantea problemas algunos de los cuales tratan de solucionar las propias revistas con medidas paralelas, como la apertura en las revistas digitales de foros de discusión donde los lectores -la comunidad científica- pueden comentar o criticar aspectos de los trabajos publicados. Sin embargo, sigue abierto un debate sobre estos problemas, ya que se sigue poniendo de manifiesto cuestiones como la dificultad de publicar resultados “negativos” y replicaciones, la presencia de intereses económicos en la investigación y el trato preferente a investigadores conocidos, prestigiosos, procedentes de instituciones prestigiosas, de colegios invisibles relacionados con los editores o los referees [1].

¿Cuándo cree que deberíamos enterarnos de los resultados de las investigaciones médicas?

Casi dos décadas lleva debatiéndose este problema. En la Conferencia de la UNESCO en Madrid (1995) se trató de encontrar criterios que conciliaran dos modos de asumir el trabajo: la necesidad de informar con rapidez propia del periodismo y el proceso que debe seguir la publicación de la investigación científica, con la demora en el tiempo que supone. Los profesionales de la medicina tienden a ser cautos y no dar publicidad a informaciones que no han sido suficientemente probadas y contrastadas. Creo que es un criterio que se debe mantener porque está relacionado con la epistemología científica: cómo se elabora y cómo se valida el conocimiento. Aunque entiendo que esto choca frontalmente con los imperativos de los medios de comunicación, con la rapidez y la inmediatez con la que se elaboran las noticias diarias, y en general con el modo de comunicar la información en el contexto periodístico.

Desde su punto de vista, ¿cuál es la mejor fuente para un periodista a la hora de informar sobre temas científicos y en concreto temas médicos?

La cuestión de las fuentes de información científica es uno de los grandes retos con los que se enfrentan periodistas y divulgadores. Desde el ya, prácticamente, desaparecido recurso a la información de los congresos científicos, las revistas científicas, médicas, son en la actualidad la principal fuente para recabar información. Y aquí quisiera insistir en la necesidad de que los periodistas científicos sitúen en su justa medida la utilidad de los comunicados de prensa de las revistas acudiendo, además, a los artículos de las revistas y a los profesionales de la medicina.

¿Cómo valora el papel de los medios de comunicación como divulgadores del saber médico?

El espacio dedicado en los medios a la divulgación médica ha aumentado, hay profesionales de la comunicación extraordinariamente cualificados para esta actividad y el papel fundamental de los medios no parece discutible. Sin embargo, hay algunos aspectos que distorsionan este panorama. Con cierta frecuencia nos encontramos con la transformación de la divulgación en un anecdotario de contenidos médicos al trivializar la información que pretende divulgar, o con la exposición de los “descubrimientos” biomédicos desde la perspectiva de la ciencia-espectáculo. Por otra parte, hemos ido viendo como se han ido haciendo más flexibles, sobre todo en la versión digital, debido el creciente acceso a Internet por los ciudadanos. Esta herramienta les permite buscar contenidos médicos y científico-tecnológicos, en función de los intereses y preferencias individuales, y la posibilidad de localizarlos en el momento en el que cada uno los necesita. Todo ello frente a las características y a la rigidez de la información confeccionada por las agencias de prensa y las redacciones de los medios. La conclusión que podemos extraer es que si los ciudadanos conocen la información antes de que la transmitan los medios convencionales, estos medios deberían proporcionar análisis y contenidos divulgativos más elaborados donde se pueda obtener otro tipo de información.

¿Cree que actualmente el público está bien informado acerca de investigaciones y avances médicos?

Creo que se ha proyectado una imagen de la actividad científica y médica, y del modo en el que se desarrolla este conocimiento, muy alejada de lo que es esta actividad y, consecuentemente, de sus resultados. La noción neopositivista que considera que los datos y los hechos son el elemento central de la ciencia ha dominado el pensamiento social sobre qué es la ciencia y qué es la medicina hasta la segunda mitad del siglo XX. Si a esto le unimos alarmismos infundados, falsas expectativas sobre procedimientos diagnósticos, tratamientos y soluciones espectaculares a problemas de salud, podemos entender que muchas personas hayan pasado de una fe ciega en la medicina al escepticismo y al rechazo del conocimiento científico o de las actividades médico-sanitarias ante los posibles riesgos y fracasos que de ellos se pueden derivar. Lo que aquí cabe plantear es que no basta con tachar de irracionales a quienes así piensan. Si no se conoce cómo es el procedimiento por el cual se construye el conocimiento (el método, los métodos), si se presenta la autoría de la investigación como el producto de un genio, el científico estrella, y no como el resultado del trabajo de un grupo de investigación (que ha dedicado esfuerzo, tiempo, fracasos previos), si no se da a conocer que la ciencia, la medicina, trata de explicar y dar respuestas a problemas y cuestiones a partir del conocimiento existente, del método y del contexto social y médico en el que vivimos, es lógico que las personas alejadas de estos ámbitos se sitúen en esa posiciones calificadas en ocasiones de irracionales. Por tanto, más que inundar de una información médica, muchas veces intrascendente, pero que se ha convertido en noticia, resultaría más adecuado ofrecer recursos con los cuales las personas entiendan cómo se hace la investigación, a qué responde lo que se investiga, que implicaciones sociales tiene o cuáles son sus limitaciones. En este sentido, me gustaría señalar que la inmediatez que proporciona la información de los comunicados de prensa de las revistas médicas deja fuera de la información aspectos médicos y problemas de salud de mucho mayor calado, trascendencia e interés, al menos desde mi perspectiva. Lógicamente, si se trata exclusivamente de entretener, podemos entender muy bien la información banal que ocupa parte de las páginas sobre divulgación en los medios. La apuesta por otro tipo divulgación requiere, obviamente, de la voluntad de querer hacerlo, pero también de la capacidad de observar las diferentes vertientes de la actividad científico-médica en este mundo globalizado. Por poner un ejemplo, entre 10 y 15 millones de personas se infectan cada año de la enfermedad de Chagas, y mueren entre 45.000 y 50.000 anualmente. Se trata de una de las denominadas Enfermedades Olvidadas, con un escaso, por no decir nulo eco en los medios. Se podría argumentar que por tratarse de una enfermedad que afecta a personas que viven en un entorno geográfico distante al nuestro carece del suficiente interés informativo. Obviamente, nuestro mundo globalizado, y en él el exhaustivo tratamiento dado a otros problemas sanitarios (gripe aviar, gripe A…) nos hacen ver que son otras las causas de ese olvido. De ahí que el tratamiento para esta enfermedad siga teniendo muchos problemas (toxicidad, tasas insatisfactorias de curación), o que aún no se haya formulado una presentación para niños. ¿Qué quiero decir con esto? Que toda la sociedad participa de algún modo en el mantenimiento de estos problemas de salud, puesto que ni las instituciones sanitarias ni la investigación de medicamentos se han dirigido con todos los recursos que tienen a su alcance hacia esta enfermedad. Considero que cuestiones como esta también es, o debe ser, objeto de la divulgación médica.

 

Notas

[1] Revisores que se encargan de la elaboración del informe sobre la validez del artículo.

 

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