La educación científica

J. Montero Tirado. Comentarista educativo ABC de Asunción (Paraguay)

CursoHay muchos indicadores que revelan el muy bajo nivel general de nuestra educación científica.

Falta de profesoras y profesores capacitados para enseñar ciencias, casi nula existencia de laboratorios en las escuelas y colegios oficiales y en la mayoría de los privados, falta de bibliotecas en las instituciones educativas y escaso número de libros de ciencias en las que cuentan con biblioteca, diseños curriculares y programas deficientes en esta área en todos los ciclos de educación escolar básica y en educación secundaria, no disponibilidad de nuevas tecnologías de la educación, elección mayoritaria a favor de las modalidades de bachillerato no científico y de carreras universitarias no científicas, casi nula inversión en investigación y en formación de investigadores incluso en Institutos superiores y universidades, etc..

El hecho no es un simple problema escolar o académico. Es un problema cultural, educativo y científico de extraordinaria e incalculable repercusión en toda la sociedad, en nuestra economía, en la sostenibilidad de nuestro deseado desarrollo y en la posibilidad de salir del estancamiento. Por eso el problema se ha convertido ya en un problema político y estratégico, que requiere tratamiento de urgencia.

Sin educación científica de calidad no podremos salir de la pobreza. El crecimiento económico, queramos o no, nos guste o no nos guste, está vinculado al desarrollo científico y tecnológico.

Algunos economistas eligen como indicador de desarrollo económico el número de patentes reconocidas que cada país produce al año. Nosotros estamos rozando el cero, mientras que Corea del Sur, que en 1985 logró que se le reconocieran ochenta y cinco patentes, en el año 2003 llegó a las cuatro mil ciento treinta y dos.

Las escasas experiencias aisladas muy valiosas de adolescentes y colegios que destacan en concursos científicos nacionales y en la región demuestran que el problema no está en el cerebro de nuestros estudiantes, sino en la carencia de buenos profesores y profesoras, de oportunidades y medios para poder demostrar el potencial de inteligencia de nuestras y nuestros niños y adolescentes.

Soy testigo de las posibilidades que tienen nuestras niñas y niños, cuando observo cada semana al grupo de socios del "Club de niñas, niños y adolescentes investigadores" que aprenden a investigar investigando, con metodología totalmente participativa y en clima de amistad, en la ong PAIDEIA.

Es impresionante y un placer profesional constatar el inmenso potencial de inteligencia y aprendizaje de nuestros niños y adolescentes. Solo necesitan la oportunidad de encontrar facilitadores que les hagan disfrutar descubriendo las maravillas que las ciencias les hacen ver y admirar en el microcosmos de nuestra naturaleza.

En nuestro entorno latinoamericano y nuestro contexto del MERCOSUR hay conciencia de la trascendencia que tiene la educación científica para el futuro de nuestros países.

El Centro de Altos Estudios Universitarios, dependiente de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), con la colaboración de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), creó el año pasado el "Observatorio Iberoamericano de la ciencia, la tecnología y la sociedad" con el fin de promover el desarrollo científico y tecnológico en la región. El mes pasado se han dado pasos importantes para elaborar el llamado "Manual de Buenos Aires".

Un exponente más de la convicción generalizada de lo urgente que es levantar el nivel científico para dinamizar el desarrollo de nuestros países.

¿Será que nosotros estamos listos para unirnos al movimiento que promueve la educación científica y tecnológica en otros países?

 

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