Las dimensiones de la ciencia como práctica

José Antonio Acevedo Díaz

Definir la ciencia no es sencillo porque puede significar diversas cosas. Por ejemplo, la ciencia puede entenderse como un proceso investigador sistemático más el conocimiento resultante del mismo; como un cuerpo de conocimientos ordenados en principios, leyes y teorías que explica el mundo natural que nos rodea: materia, energía, vida…; como una organización de personas (científicos) que tienen ideas y usan métodos y técnicas para desarrollar nuevos conocimientos, etc.

La ciencia moderna se ha configurado como un conocimiento básico y sistemático del mundo natural para explicarlo y hacer mejores predicciones, pero también con la intención de transformarlo artificialmente. Esta finalidad instrumental implica no sólo la elaboración de representaciones del mundo natural, sino la intervención en el mismo; un proceso en el que la ciencia adquiere algunos rasgos que suelen atribuirse a la tecnología de manera específica. Desde sus orígenes, la ciencia moderna ha tenido el sentido de lo útil y gran interés por los asuntos tecnológicos, una vocación que se ha ido incrementado sin cesar desde la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, desde que surgió en la escena la denominada macrociencia (big-science) en el XX.

Hace unos quince años expuse públicamente, por primera vez, mi visión de las dimensiones de la ciencia y su práctica. Un asunto que he retomado y perfilado de vez en cuando desde entonces. Para intentar dar una definición de la ciencia, creo que es mejor poner el acento en la actividad científica; esto es, en la práctica de la ciencia. Un significado que considero bastante adecuado de la práctica científica puede lograrse mediante la articulación sistémica de cuatro dimensiones, cada una de ellas descritas por diversos elementos. Estas dimensiones son las siguientes:

(i) Dimensión Técnica: conocimientos disponibles; capacidades y destrezas necesarias; métodos y procesos de investigación; recursos humanos y físicos (laboratorios…); instrumentación científica y tecnológica; conocimientos producidos en la ciencia privada y ciencia pública.

(ii) Dimensión Organizativa: política científica (planificación y gestión); fondos económicos y subvenciones a la investigación científica; sistema de recompensas en las comunidades de científicos; actividad profesional investigadora; relaciones entre grupos de investigación (colegios invisibles); difusión de la ciencia (publicaciones, seminarios, congresos…); usuarios y consumidores de la ciencia.

(iii) Dimensión Ideológica-cultural: finalidades y objetivos de la ciencia; sistemas de valores y códigos éticos; creencias sociales sobre la ciencia y el progreso; papel de la creatividad en la ciencia; atención a la educación científica.

(iv) Dimensión Afectiva o emotiva: emociones que provoca la ciencia; actitudes hacia la ciencia e interés por los temas científicos; evaluación de la ciencia; participación ciudadana en las decisiones sobre asuntos científicos de interés social.

La dimensión técnica define lo que suele entenderse por práctica científica de una manera más restringida. Al incluir lo social, cultural e ideológico, las dimensiones organizativa e ideológica-cultural permiten una ampliación del significado de la ciencia y constituyen el ámbito sociocientífico. Por último, la dimensión afectiva, que subyace a las otras tres, se deriva de la experiencia personal con la ciencia. Esta dimensión compensa, en cierto modo, el excesivo énfasis puesto por los estudios sociales de la ciencia en lo comunitario frente a lo individual, poniendo en juego el papel de lo emotivo y la axiología propia de cada persona; esto es, los sentimientos y valores personales sobre la ciencia. De este modo, las respuestas personales pueden coexistir con el sentido social de la ciencia.

 

Compártelo Agregar a Meneame Agregar a Technorati Añadir a Bitácoras Agregar a Del.icio.us Agregar a DiggIt! Agregar a Google Añadir a Facebook Twitter . .

subir

 


Creative Commons License
Creative Commons

      

Inicio