Estrategias para mejorar la educación científica
Mónica Dolores Luévano Belmonte
Sobre el documento Ciencia2021 desde la Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
La cultura científica, la calidad educativa en el ámbito científico y la promoción de las vocaciones científicas son aspectos históricamente poco cuidados por las autoridades en México. Realmente ha sido insuficiente el presupuesto asignado a los esfuerzos por mejorar el nivel educativo de nuestros jóvenes y más el destinado al ejercicio de las investigaciones científicas.
Sin embargo, “no podemos dormirnos en nuestros laureles”. Sabemos que en mucho la calidad de vida que tengamos en el futuro depende del trabajo de nuestros científicos e investigadores y no reproduciendo las innovaciones de los países desarrollados, sino creando las propias.
Me parece importante tomar en cuenta las estrategias que propone la OEI para los países Iberoamericanos, y de manera particular me centraré en el caso de mi país, México. Una cosa es clara, no podemos integrarnos en un proyecto compartido con Iberoamérica si no tenemos bases sólidas que nos lo permitan.
Un buen punto de inicio es el fomento a la investigación en ciencias sociales, desconocida por muchos que consideran que la investigación se hace primordial o únicamente para las ciencias naturales. Sin embargo, es primordial que se realice una profunda investigación en ciencias sociales para poder tener clara la problemática social, histórica, cultural y económica que vive una región determinada. De esa manera se podrán determinar las necesidades científicas y tecnológicas sobre las cuales se han de implementar las estrategias pertinentes encaminadas a la cohesión social. ¿Y de qué manera se va a realizar dicha investigación? Lógicamente contando con personas expertas capaces de generar toda la información que se requiere.
Para lograr lo anterior es importante el impulso a la calidad educativa y la promoción de las vocaciones científicas, que se extienda por todo el país, ya que uno de los problemas que vivimos en México es que el Estado invierte la mayor parte del presupuesto en unas cuantas instituciones educativas que concentran los proyectos de investigación y por ende, la difusión de esas vocaciones, y dejan de lado al resto de las universidades que sufren carencias y no cuentan con programas de desarrollo científico. Debido a esto, los jóvenes que tienen algún interés por estas careras se concentran en dos o tres universidades y se encuentran con que el cupo está lleno y sus opciones se ven truncadas. Sería conveniente que en cada uno de los estados hubiera al menos una institución que ofreciera este tipo de opciones.
Ahora bien, el contar con las condiciones arriba descritas no va a resolver el problema, se requiere además que los jóvenes consideren las carreras científicas como una opción viable para ellos, que quede atrás el mito de que para ese tipo de trabajos se requiere ser “genios” o “nerds”, estar aislados, encerrados en un laboratorio y además, si quieren tener un buen sueldo tendrán que irse a alguno de los países desarrollados.
Uno de los puntos clave para dejar atrás ese tipo de pensamientos radica en lo que promueven los medios masivos de comunicación. Una excelente tarea es el monitorear la forma en que se presentan la ciencia y la tecnología en los medios de comunicación masiva. Los medios tienen una gran tarea, humanizar el trabajo de los científicos, acercarlos a la población, con trabajos de calidad, realizados por periodistas especializados en esta área, que permitan ver al trabajo científico y tecnológico como parte de nuestra realidad, de nuestra cultura y que puede ser la profesión de nuestros jóvenes. No podemos ver ya al trabajo científico como algo inalcanzable, de eso dependerá en mucho nuestro futuro.
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