El rico y complejo entramado que constituyen las nuevas relaciones culturales internacionales implica realizar un constante replanteamiento de las actuaciones que se llevan a cabo en el marco de acción de la cooperación cultural.
En ese escenario, la cooperación cultural necesita asumirse, no solo como una opción adicional, sino como una condición básica e inherente a la naturaleza de las propias organizaciones y actores implicados y comprometerse en el desarrollo de líneas de acción que permitan que la cultura asuma un papel prioritario en las agendas de gobiernos e instituciones de toda índole, promoviendo el desarrollo de procesos que involucren a todos los sectores sociales.
Los Campus han prestado especial atención al proceso que supone la comprensión de la cooperación cultural como concepto a partir del reconocimiento de las fortalezas institucionales de las entidades que conforman el entorno regional para la identificación de oportunidades, teniendo en cuenta las realidades geopolíticas, las nuevas formas de creación, la articulación de los sectores culturales, los cambios socioculturales y el fomento del acceso y la participación activa en la vida cultural.
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