Inicio | Acerca de la OEI | Cooperación | Formación | Publicaciones | Contactar

Inicio Área Cultura

Noticias

Temas

Cultura y desarrollo
Políticas culturales
Cooperación cultural
Diversidad cultural
Cultura y derechos humanos
Creación artística y literaria
Industrias culturales y creativas
Derechos de autor
Patrimonio cultural
Cultura y educación
Cultura y comunicación
Cultura y turismo
Cultura y economía
Formación en gestión cultural
Cultura y ciudad

Recursos

Guía de Administración pública de la cultura
Agenda Iberoamericana de la cultura
Legislación cultural
Sistemas nacionales de cultura
Enlaces de interés

Proyectos

Carta cultural iberoamericana
Capacitación en el sector cultural
Programas de la Conferencia Iberoamericana de Cultura
Campus Euroamericanos de Cooperación Cultural
Educación Artística

Formación

Postgrado virtual en Políticas Culturales y Gestión Cultural
Diploma Virtual en Gestión Cultural

Redes

Formación y gestión cultural Iberformat
Ciudades para la Cultura Interlocal
Red de investigación en Cultura (ICSI)

Publicaciones

Revista Pensar Iberoamérica
Catálogo de Publicaciones Cultura OEI


Memoria Cultura OEI

Suscripción boletines

Contacto

Cultura
Documentos

 

SEMINARIO IBEROAMERICANO DE TURISMO, CULTURA Y DESARROLLO
Cartagena de Indias
3 al 6 de octubre de 2006

PATRIMONIO CULTURAL Y TURISMO
Olga Pizano Mallarino

INTRODUCCIÓN

La relación entre el patrimonio cultural y el turismo ha sido motivo de preocupación para los especialistas de uno y otro sector, quienes durante varias décadas en múltiples seminarios, reuniones de expertos y reflexiones académicas han tratado de encontrar la solución para conciliar los intereses de la creciente industria del turismo y la conservación de los bienes culturales.

Ya en 1967 en la reunión sobre conservación y utilización de monumentos y lugares de interés histórico y artístico que tuvo lugar en Ecuador y cuyos resultados quedaron adoptados en las Normas de Quito, se abordó el tema específico de la función que los monumentos de interés artístico e histórico tenían en el desarrollo de la industria turística en los países americanos.

Sin embargo, a pesar de existir la conciencia del estado de abandono en que se encontraba el patrimonio cultural en ese momento, los especialistas hicieron explícita su preocupación del impacto y los riesgos que conllevaría vincular los valores propiamente culturales con los intereses turísticos.

En los años siguientes se avanzó en la discusión sobre el tema y se hizo énfasis en los riesgos existentes para la conservación del patrimonio, un poco en contravía con la cada vez más grande e importante empresa del turismo.

Sin embargo hoy, cuando la sostenibilidad del patrimonio cultural en el marco del desarrollo económico y social se concibe principalmente relacionada con el turismo, es necesario entender que ésta interacción es dinámica y está en continuo cambio y genera para ambos oportunidades y desafíos así como potenciales situaciones conflictivas1 .

El concepto de bien cultural entendido de manera más amplia y contenedora permite que sea interpretado como un recurso turístico de gran potencial. La pregunta es como puede lograrse una interacción adecuada entre los valores del patrimonio cultural y el turismo que permita avanzar en la conservación de los bienes culturales y en el desarrollo económico y social de los países.

EVOLUCIÓN CONCEPTUAL DEL PATRIMONIO CULTURAL

La valoración de los bienes culturales se ha dado en concordancia con la evolución que ha tenido la noción de patrimonio cultural desde su aparición en el siglo XIX en Europa. Es así como el término original de monumento histórico es reemplazado hoy por el de bien cultural y los límites entre el patrimonio cultural y la cultura en sí misma, se hacen cada vez más difusos.

Las obras de arte han sido valoradas, reunidas y conservadas desde la antigüedad. Sin embargo, el reconocimiento de testimonios o documentos significativos de la actividad humana como objetos valiosos por su naturaleza, es un fenómeno reciente.

El concepto de patrimonio histórico aparece en el siglo XIX cuando se realiza una reflexión crítica del pasado cultural que reconoce los valores históricos, artísticos o culturales de una obra de arte o bien cultural, es decir cuando se le otorga un significado particular que lo diferencia de otro tipo de objetos2.

Es precisamente durante el Romanticismo que se consagra la noción de monumento histórico que evoluciona hacia el concepto mas comprensivo de bien cultural que se abarca las manifestaciones y expresiones significativas de la cultura humana, en coincidencia con la transformación historiográfica que se dio durante la segunda mitad del siglo XX, cuando se dejaron de valorar especialmente los grandes acontecimientos políticos y los héroes y se dio importancia al hombre y a su existencia, así como a los procesos sociales y a lo cotidiano.

En la mayoría de los países de la región latinoamericana en términos generales la denominación de patrimonio cultural se utiliza como el marco general que comprende los conceptos de monumento y bien cultural, material e inmaterial.

La noción de monumento aparece en los países de la región durante la primera mitad del siglo XX para señalar principalmente el patrimonio arqueológico y los bienes culturales muebles e inmuebles con valores monumentales y nacionales, relacionados con hechos sobresalientes y personajes destacados de la historia de los países.

Actualmente se considera que el patrimonio cultural en términos generales está conformado por los bienes de interés cultural, noción más amplia y contenedora que permite la valoración y protección de las manifestaciones culturales en general y comprende diferentes categorías como son los bienes muebles e inmuebles, entre otros.

En el marco de una definición mas amplia de cultura el patrimonio cultural3 se entiende como el conjunto de manifestaciones culturales materiales e inmateriales que una sociedad hereda, interpreta, dota de significado, se apropia, disfruta, transforma y transmite; es referencia para la identidad, fuente de inspiración para la creatividad y sustento para las proyecciones de futuro de los individuos4.

En la medida en que se amplía la noción de patrimonio y el término se aplica a todas las expresiones culturales, los límites entre el patrimonio cultural y la cultura en sí misma se hacen cada vez más difusos, lo que hace pensar que en un futuro próximo se pretenderá conservar la cultura, no solamente el patrimonio5.

Esta nueva aproximación al patrimonio hace evidente el gran potencial que tienen los bienes culturales como recursos turísticos.

RECURSO CULTURAL Y HERENCIA

El uso de las denominaciones de bien cultural y patrimonio cultural ha tenido cambios que coinciden probablemente con la visión que se tiene en el momento sobre la función presente y futura de la cultura.

La denominación de bien cultural (cultural property en ingles) entendido como recurso cultural que hace referencia a los derechos de propiedad y al valor comercial, aparece por primera vez después de la segunda guerra mundial en la Convención de la Haya en 1954 y se usa hasta finales de la década de 1960, cuando en la Convención Europea para la protección del patrimonio arqueológico se introduce la denominación de patrimonio cultural que tiene implícita la noción de herencia y por lo tanto la de transmisión a las generaciones futuras.

Desde entonces, en los instrumentos internacionales el término bien tiende a se reemplazado por patrimonio, por ejemplo en la convención del patrimonio mundial de UNESCO6.

Las Normas de Quito tuvieron una influencia importante en los instrumentos normativos que regulan el patrimonio cultural de los países de la región, en cuanto a la consideración del patrimonio cultural como recurso económico vinculado con el turismo.

La noción de herencia asociada con la transmisión a las generaciones futuras está explícita en la legislación de algunos países. Asimismo al adoptar por ley nacional la Convención para la protección del patrimonio mundial cultural y natural, se incorpora a la legislación cultural de los países este compromiso hacia las próximas generaciones.

Es así como en diferentes momentos se ha puesto en evidencia el valor económico de los bienes culturales, lo que conlleva su potencial como recursos turísticos, que si se gestionan adecuadamente deben aportar beneficios a la comunidad y proporcionar medios y motivaciones para su conservación.

PRESENCIA INTERNACIONAL

La revisión de algunos de los instrumentos internacionales7 para la protección del patrimonio permite entender cómo la necesidad sentida por la comunidad internacional de conciliar los intereses de la creciente industria del turismo y la conservación de los bienes culturales ha dado como resultado una serie de convenciones, cartas y documentos que reflejan las preocupaciones del momento, y a la vez hacen recomendaciones para lograr la sostenibilidad del patrimonio a través de un turismo cultural planificado y acorde con los principios aceptados mundialmente para la conservación de los bienes culturales.

En 1967 se llevó a cabo en Quito la reunión sobre preservación y uso de los monumentos y sitios con valores históricos y artísticos, la cual dio como resultado las Normas de Quito, documento en el que se reconoce la abundancia de monumentos y sitios que conforman el patrimonio cultural de los países americanos y se refiere a importantes aspectos de la conservación como son el valor económico del patrimonio y el turismo cultural, entre otros y subraya el potencial de uso y valor del patrimonio cultural.

En 1972 la Conferencia general de UNESCO adoptó la Convención para al protección del patrimonio mundial cultural y natural, por medio de la cual se promueve una perspectiva internacional del patrimonio cultural mediante la invitación a los países miembros a presentar inventarios de los bienes que conforman su patrimonio cultural y natural para ser incluidos en la Lista del Patrimonio Mundial. Así mismo impulsa los esfuerzos nacionales para proteger el patrimonio y el reconocimiento internacional y la cooperación para su conservación, pues considera que la desaparición de un bien de interés cultural o natural con valores universales es una pérdida para toda la humanidad.

La Convención define los bienes culturales pertenecientes al patrimonio de la humanidad como monumentos, conjuntos y lugares. Con el pasar de los años y la evolución conceptual del patrimonio, estas definiciones se han enriquecido y hoy se incluyen además los paisajes culturales.

Cuando un Estado Parte propone la inscripción de un bien en la Lista del Patrimonio Mundial porque considera que sus valores son de interés para toda la humanidad y que cumple con las condiciones de singularidad y autenticidad, a la vez adquiere el compromiso de conservarlo, mediante la adopción de medidas legales, institucionales y de manejo.

La experiencia ha demostrado que en el caso de la inscripción de una ciudad histórica en la Lista, es fundamental involucrar a la población local de manera que se logre una participación activa de la comunidad en su mantenimiento y puesta en valor que garantice su conservación a largo plazo.

La declaratoria como Patrimonio de la Humanidad constituye un gran estímulo para los habitantes locales y para el país, puesto que significa el reconocimiento de la comunidad internacional de los valores culturales del sitio y los beneficios dependen en gran parte en que se logre la apropiación social del patrimonio por parte de los habitantes y que los resultados económicos generados por ejemplo a través del turismo, puedan contribuir al mejoramiento de su calidad de vida8.

En la Carta de Turismo cultural de 1976 quedaron registradas las conclusiones de un seminario internacional sobre turismo contemporáneo y humanismo promovido por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios ICOMOS. En ella se promueve una aproximación hacia el turismo cultural que reconoce los monumentos y sitios como fuente de beneficio económico y educación cultural y se señala la necesidad de educar a los turistas, especialmente a los niños sobre el valor de los monumentos y capacitar a los responsables del desarrollo y puesta en marcha del uso turístico en los sitios patrimoniales.

La autenticidad ha sido en los últimos años uno de los temas centrales en relación con la conservación del patrimonio cultural. El Documento Nara de Autenticidad, que recoge las conclusiones del simposio adelantado por ICOMOS en 1999 en Japón, parte de la Carta de Venecia pero tiene una visión más amplia. Enfatiza la necesidad de respetar otras culturas y los bienes materiales e inmateriales que conforman su patrimonio. El documento no establece criterios fijos para juzgar el valor y la autenticidad de los bienes culturales sino propone que estos sean evaluados en el contexto al que pertenecen, establece que la responsabilidad de la protección y el manejo del patrimonio corresponden a la cultura que lo produce.

Como respuesta a la amenaza a la integridad y supervivencia del patrimonio cultural por causa de la globalización, la Asamblea General del ICOMOS adoptó en 1999 en México la Carta Internacional de Turismo cultural: Manejo del turismo en los sitios de interés patrimonial en la que se reconocen los beneficios económicos y didácticos del turismo y se trata de encontrar equilibrio entre las demandas de la industria del turismo y la conservación del patrimonio cultural. En la carta se proponen entre otros, los siguientes principios: 1. Desde que el turismo nacional e internacional se ha convertido en uno de los más importantes vehículos para el intercambio cultural, debería proporcionar oportunidades a los integrantes de la comunidad anfitriona, así como proporcionar a los visitantes la experiencia y comprensión inmediata de la cultura y patrimonio de esa comunidad. 2. La relación entre los sitios de patrimonio y el turismo es una relación dinámica que debe gestionarse de modo sostenible para la presente y las futuras generaciones. 3. Los programas de promoción del turismo deben proteger y realzar las características del patrimonio natural y cultural.

La Carta de Cracovia sobre los principios para la conservación y restauración del patrimonio construido adoptada en 2000, a pesar de aceptar los aspectos positivos en la economía local, considera el turismo cultural como un riesgo, para lo cual recomienda anticipar sistemas apropiados de prevención y crear planes de actuación de emergencia.

A partir de la Recomendación para la protección de la cultura tradicional y el folclor de 1989, la Convención para la protección del patrimonio cultural inmaterial adoptada por la Conferencia General de UNESCO en 2003, establece las medidas que los estados deben adoptar para la protección del patrimonio cultural inmaterial9. La convención define el patrimonio inmaterial y recomienda las maneras para conservarlo. La Convención crea el Comité Intergubernamental para la protección del patrimonio inmaterial y establece un fondo para asistencia financiera.

Es así como en el marco de los principios adoptados o reconocidos por la comunidad internacional, en cada país se han adoptado los instrumentos internacionales de protección mediante leyes nacionales y se han creado un marco legal y una infraestructura administrativa para el manejo y desarrollo tanto del patrimonio como del turismo, de acuerdo con su propia realidad.

En Colombia por ejemplo en desarrollo de la Constitución Política de 1991 se han adoptado las leyes General de Cultura (Ley 397 de 1997 y General de Turismo (Ley 300 de 1996), y la Convención del Patrimonio Mundial y la Convención para la protección del patrimonio mundial inmaterial entre otras, han sido adoptadas mediante leyes nacionales. En 1997 se creó el Ministerio de Cultura y recientemente el viceministerio de turismo en el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo en reemplazo del Instituto Colombiano de Cultura y de Corporación Nacional de Turismo, respectivamente. Asimismo las entidades territoriales y locales tienen dependencias para el manejo del turismo y la cultura, por ejemplo en Bogotá el Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

En el marco del Plan Nacional de desarrollo 2003-2006 Hacia un Estado Comunitario (Ley 812 de 2003), los ministerios de Cultura y Comercio, Industria y Turismo diseñaron conjuntamente en 2005 la política de turismo cultural Identidad y desarrollo competitivo del patrimonio colombiano para el mundo con el objetivo de posicionar a Colombia, a partir de su diversidad cultural, como un destino de turismo cultural interno y externo, a través del cual se generen dinámicas de desarrollo local sostenible. Hace énfasis en la competitividad del patrimonio y la identidad de las regiones. Asimismo los dos ministerios han celebrado conjuntamente el Día Nacional del Patrimonio Cultural y el Día Mundial del Turismo. La campaña de promoción turística "Vive Colombia viaja por ella" impulsa los productos de historia y cultura; ferias y fiestas, y ciudades históricas y resalta los valores culturales del país y su posibilidad de disfrute turístico.

Esto evidencia el interés cada vez mayor de consolidar la relación entre los sectores encargados del manejo de la cultura y el turismo.

LA CIUDAD COMO BIEN CULTURAL Y RECURSO TURÍSTICO

La ciudad es el lugar de encuentro y escenario de la vida cotidiana, del amor, del trabajo y de la creación10. Es en donde se dan y conviven múltiples expresiones culturales, tanto materiales como inmateriales.

Actualmente se entiende la ciudad en conjunto como un bien cultural en donde adicionalmente a la valoración del patrimonio urbano basada en los valores artísticos, testimoniales y documentales de los edificios y espacios públicos, se incluyen además las expresiones culturales inmateriales que por lo general tienen una relación esencial con el patrimonio construido. Por ejemplo las procesiones de Semana Santa o las fiestas populares difícilmente podrían separarse de la escenografía propia que conforman los edificios patrimoniales para sus recorridos o celebraciones. En su conjunto la ciudad se constituye en la más grande obra de arte creada por el hombre como dijera el escritor norteamericano Lewis Mumford11.

Al ser considerada en su concepción mas amplia y contenedora la ciudad histórica como un bien cultural, ya sea el centro fundacional de una metrópoli de varios millones de habitantes, una ciudad histórica de tamaño mediano en donde se dan la mayoría de las actividades urbanas o un poblado de interés patrimonial, se constituye en un recurso turístico muy atractivo y con un gran potencial.

Hoy la conservación del patrimonio construido no se concibe sin que la sostenibilidad sea el factor mas importante y generalmente se incluye el turismo con una herramienta fundamental para lograrla. Puede considerarse superada la afirmación de Néstor García Canclini cuando decía que en los estudios y debates sobre al modernidad latinoamericana la cuestión de los usos sociales del patrimonio seguía ausente. Que pareciera que el patrimonio histórico fuese competencia exclusiva de restauradores, arqueólogos y museólogos: los especialistas del pasado12. Hoy el trabajo interdisciplinario se considera fundamental.

De otra parte, la conservación del patrimonio cultural no tendría sentido si no se tiene en cuenta a la sociedad que lo disfruta y cuida para que le sirva de identidad. En este sentido debe ser prioritario el uso de la ciudad por parte de los habitantes permanentes, así como su desarrollo social y económico, y el estímulo para que a través de la apropiación social del patrimonio conserven su cultura y puedan también compartirla con los visitantes.

La fragilidad del patrimonio cultural como recurso no renovable es un hecho que debe estar siempre presente. En la actualidad frecuentemente aparecen reconstrucciones arquitectónicas y réplicas tanto del patrimonio material como inmaterial, en donde definitivamente se pierde la noción de autenticidad, entendida como la veracidad de las fuentes de información que nos permiten entender el origen y desarrollo de los bienes culturales.

Asimismo tradiciones y costumbres que han sido transmitidas de generación en generación se han transformado o desaparecido para adaptarse a las demandas de los visitantes, lo cual desvirtúa sus valores y atractivo turístico.

Es necesario crear conciencia sobre la importancia de conservar los valores culturales, lo cual redundará en la sostenibilidad del patrimonio cultural y a largo plazo conservará igualmente el interés de los turistas por el lugar.

RECONOCIMIENTO DE LOS VALORES CULTURALES

El reconocimiento de los valores culturales tradicionalmente se hace a través de una declaratoria. Cuando es por parte de la comunidad internacional con la inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en la que actualmente hay 830 bienes que se consideran con valores universales13 ; en el ámbito nacional mediante la declaratoria como Monumento Nacional o bien de interés cultural de carácter nacional (Por ejemplo en Colombia hay actualmente mas de 1.200 bienes declarados), y en el nivel local en donde se le otorga al bien cultural el tratamiento de conservación.

Estas declaratorias traen como consecuencia una mayor difusión de los lugares patrimoniales, hoy en especial a través de INTERNET, lo que muchas veces significa un incremento en el número de visitantes, que debe ser debidamente planeado y aprovechado para el desarrollo de las comunidades locales y la conservación de los bienes patrimoniales.

La visita turística a las ciudades declaradas patrimonio de la Humanidad tiene diferentes intensidades y efectos. En algunas, debido a su aislamiento, el flujo turístico no tiene una importancia demasiado grande. En otras el impacto ha sido positivo gracias al desarrollo de sistemas de gestión que contribuyen al financiamiento de la conservación del patrimonio construido.

En ocasiones la explotación excesiva de un recurso ha producido su deterioro o incluso la desaparición de algunos de sus componentes, lo cual ha hecho necesario tomar medidas para restringir las visitas o suprimirlas y en algunos casos se ha llegado a proponer incluso construir réplicas abiertas al público de manera tal que el bien original pueda conservarse adecuadamente.

Asimismo en ocasiones el turismo ha producido graves distorsiones en las funciones de la ciudad histórica. Sin embargo, es a través de la planificación y elaboración de planes de manejo en los que se concilien las diferencias entre los sectores de la cultura y el turismo, como se logrará avanzar en la conservación de los bienes culturales y en el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

En Colombia, el centro histórico de Santa Cruz de Mompox de origen colonial, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 1995. En el proceso que se llevó a cabo por parte de las autoridades nacionales y locales para elaborar la propuesta que se presentó para tal fin al Comité del Patrimonio Mundial, se hizo partícipe del proceso a la comunidad y siempre pusieron de presente los riesgos de esta declaratoria para el patrimonio cultural, que hasta ese momento se había conservado de manera extraordinaria por el aislamiento al que se había visto sometida la ciudad desde el siglo XIX cuando el río Grande de la Magdalena cambió de curso. La gran expectativa de la comunidad para su desarrollo estaba centrada en el turismo que generaría la inscripción.

Después de varios años se puede observar que por diferentes razones el número de visitantes no aumentó significativamente y Mompox sigue en el aislamiento pues se suprimieron los vuelos y las vías son difíciles de transitar. Sin embargo en la segunda parte de la década de 1990, a través de INTERNET se difundió la noticia que Mompox, patrimonio de la humanidad, era el sitio en el mundo en que mejor se vería un eclipse que por esos días tendría lugar. Es así como un gran número de visitantes llegó al centro histórico, es decir, el tan esperado turismo internacional. Estos turistas en su mayoría jóvenes europeos y norteamericanos, no tuvieron ningún intercambio cultural con los habitantes ni aportaron nada a la comunidad. Estuvieron una noche, dejaron las calles y plazas llenas de latas de cerveza y al día siguiente los momposinos tenían claro que en adelante no querían centrar sus expectativas en el turismo y menos de ese tipo. Sin embargo, una década después se considera fundamental que se fortalezca el turismo en forma planificada y que se rompa el aislamiento que como un sino ha estado siempre presente en la historia de Santa Cruz de Mompox.

UNA MIRADA HACIA EL FUTURO

El turismo tiene efectos positivos y negativos sobre el patrimonio cultural. Es precisamente a través de la valoración y difusión de los bienes culturales que se logrará promocionarlos como productos turísticos atractivos, no solamente para los visitantes internacionales sino también para el turismo doméstico.

Es necesario identificar y canalizar los riesgos para evitar por ejemplo el desplazamiento de los habitantes permanentes; el deterioro por sobre uso de los edificios y espacios públicos; los cambios de uso que afectan las estructuras patrimoniales por no ser compatibles; las modificaciones de las costumbres y tradiciones; y en especial la conversión de estas ciudades en lugares artificiales mediante imitaciones y réplicas de las diferentes expresiones culturales originales desde la arquitectura hasta las costumbres y tradiciones.

El principal reto que se enfrenta hoy es conciliar los intereses de la industria turística y la conservación de los bienes culturales de manera tal que se logre la sostenibilidad de los dos sectores, así como el disfrute por parte de la sociedad actual y la transmisión a las próximas generaciones de un patrimonio cultural enriquecido y en buen estado de conservación.

Para terminar quiero compartir con ustedes el siguiente pensamiento que encontré el libro El arte del peregrinaje de Phil Cousineau:14

Los viajes y la espiritualidad han estado relacionados desde la antigüedad. En la mayoría de las religiones importantes del mundo existe la tradición de recorrer grandes distancias hasta sitios sagrados para sanar el cuerpo, la mente o el espíritu. La visita a un sitio patrimonial por parte de un turista o viajero, podría tener los mismos efectos que para un peregrino tiene la visita a un lugar sagrado. Lo que distingue a un peregrino de un turista común es el sentido de respeto y reverencia por su destino y el deseo de crecer y renovarse espiritualmente en cambio de solamente divertirse y entretenerse.

Sueño con que la visita a un sitio patrimonial por parte de un turista o viajero tenga los mismos efectos que para un peregrino tiene la visita a un lugar sagrado y que además, pueda disfrutar los bienes culturales y divertirse.

Olga Pizano Mallarino
Arquitecta

BIBLIOGRAFÍA

AGENCIA ESPAÑOLA PARA LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL, UNIVERSIDAD DE ALCALÁ E INSTITUTO GUATEMALTECO DE TURISMO. El impacto del turismo en el patrimonio cultural. La Antigua Guatemala, 1996

COUSINEAU, Phil. The Art of Pilgrimage. Conari Press. 2000.

GARCÍA CANCLINI, Néstor. Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo, México.

GONZÁLEZ VARAS, Ignacio. Conservación de bienes culturales. Teoría, historia, principios y normas. Manuales Arte Cátedra. Ediciones Cátedra. Madrid, 1999.

ICOMOS CHARTERS & other internacional Doctrinal documents. US /ICOMOS Scientific Journal. Volume I, Number I, 1999.

INTERNATIONAL CULTURAL HERITAGE CONVENTIONS. US/ICOMOS Scientific Journal. Volume II, Number I, 2000.

INSTITUTO COLOMBIANO DE CULTURA. La ciudad como bien cultural. Bogotá, 1994.

PIZANO Mallarino, Olga. Fiestas y patrimonio cultural. En: La Fiesta, la otra cara del patrimonio. Valoración de su impacto económico, cultural y social. Convenio Andrés Bello. Bogotá: OP Gráficas, 2004.

Proyecto Regional de Patrimonio Cultural, Urbano y Ambiental PNUD-UNESCO. Estudio de Monitoreo. 1991-1994.

SALMONA, Rogelio. La poética del espacio. En: GIRALDO, Fabio y Fernando VIVIESCAS. Pensar la ciudad. CENAC. 1996,

SÁNCHEZ, Clara Inés. Patrimonio cultural y turismo ético en América Latina y Colombia. Universidad Externado de Colombia. Bogotá, 2000.

STANLEY-PRICE, Nicholas. Editorial, en Boletín ICCROM No.29. Roma, 2003.

UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA. Turismo y Sociedad. Vol. VI No. 4 septiembre de 2005.

www. getty.edu

www.unesco.org

Notas:

1 COMOS. Carta de Turismo Cultural. México, 1999.

2 GONZALEZ VARAS, Ignacio. Conservación de bienes culturales. Teoría, historia, principios y normas. Manuales Arte Cátedra. Ediciones Cátedra. Madrid, 1999.

3 Declaración universal sobre la diversidad cultural. UNESCO, 2001. La cultura entendida como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.

4 PIZANO Mallarino, Olga. Fiestas y patrimonio cultural. En: La Fiesta, la otra cara del patrimonio. Valoración de su impacto económico, cultural y social. Convenio Andrés Bello. Bogotá: OP Gráficas, 2004.

5 STANLEY-PRICE, Nicholas. Entrevista realizada por Olga Pizano Mallarino para la Revista Apuntes. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2004. (Documento sin publicar)

6 Nicholas Stanley Price, Editorial, en Boletín ICCROM No.29. Roma, 2003

7 www.getty.edu

8 CRESPO, Hernán. Repercusión económica y cultural de la declaración como "Ciudad Patrimonio de la Humanidad" por la UNESCO. En: AGENCIA ESPAÑOLA PARA LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL, UNIVERSIDAD DE ALCALÁ E INSTITUTO GUATEMALTECO DE TURISMO. El impacto del turismo en el patrimonio cultural. La Antigua Guatemala, 1996.

9 Las tradiciones orales, expresiones, lengua, artes escénicas, prácticas sociales, rituales, fiestas, artesanía tradicional y el conocimiento y manejo de la naturaleza y el universo.

10 BOTERO, Darío y Ricardo SÁNCHEZ. Revista Politeia No. 17.

11 SALMONA, Rogelio. La poética del espacio. En: GIRALDO, Fabio y Fernando VIVIESCAS. Pensar la ciudad. CENAC. 1996,

12 GARCÍA CANCLINI, Néstor. Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo, México.

13 www.unesco.org

14 COUSINEAU, Phil. The Art of Pilgrimage. Conari Press. 2000