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La transición energética. Una Nueva Cultura de la Energía

El agotamiento de los combustibles fósiles y, sobre todo, la degradación socioambiental a la que su uso contribuye decisivamente, han hecho comprender la necesidad de una profunda revolución energética. A ello responde la proclamación de 2012 como Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos, algo que no constituye una conmemoración más, sino que expresa e impulsa un proyecto auténticamente revolucionario promovido por Naciones Unidas y hoy técnicamente posible: la urgente transición desde los recursos energéticos no renovables y contaminantes a la energía limpia y sostenible. Una transición capaz de satisfacer las necesidades energéticas del conjunto de la humanidad y que constituye una componente clave para evitar los desastres ecológicos y sociales y hacer posible un futuro sostenible.

La web de la Década de la Educación por un futuro sostenible apareció el mismo 1 de enero de 2005 en que se iniciaba la Década, incorporando ya los primeros Temas de Acción Clave (TAC), que fueron básicamente los mismos propuestos por UNESCO en su propia web. Desde entonces hemos ido incorporando nuevos TAC y ampliando su contenido. Y aprovechando la oportunidad de que 2012 ha sido declarado por Naciones Unidas como Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos, incorporamos este TAC dedicado a la necesaria y urgente transición desde las energías no renovables y contaminantes a la energía limpia y sostenible. Esto no significa, por supuesto, que hasta ahora no se haya reconocido la importancia de la problemática energética en la construcción de un futuro sostenible. Por el contrario, raro es el TAC que no haga referencia a la energía. Algo lógico, porque los problemas que caracterizan la actual situación de emergencia planetaria están estrechamente vinculados entre sí y cualquier problema que se aborde -desde la contaminación al crecimiento económico, pasando por la reducción de la pobreza, la urbanización o el cambio climático- remite a la necesidad de una profunda transición energética, asociada al desarrollo de las energías renovables y limpias, al aumento de la eficiencia y a un consumo responsable.

De hecho la expresión "Revolución energética" aparece ya en el primero de los TAC, dedicado al concepto de Sostenibilidad o Sustentabilidad. Y la misma expresión o la de "Nueva cultura energética" la encontramos en TACs como "Crecimiento demográfico y sostenibilidad", "Tecnociencia para las sostenibilidad", "Lucha contra la contaminación", "Consumo responsable", etc.

La atención prestada al problema energético es patente, así mismo, en los cerca de 100 boletines con los que hasta este año 2012 se ha venido llamando la atención de los educadores sobre fechas y eventos senalados para impulsar su participación en acciones favorecedoras de un futuro sostenible: la problemática energética está presente en muchos de los mismos, a partir del boletín No 3, titulado "En el nombre del Planeta", en el que se destacaba el llamamiento conjunto de las Academias de Ciencias de países desarrollados y en desarrollo para que los líderes del mundo reconozcan que la amenaza del cambio climático es real y va en aumento, intensifiquen los esfuerzos de investigación y desarrollo, identifiquen medidas adecuadas para reducir las emisiones de efecto invernadero, desplieguen energías limpias, etc.

En realidad, si atendemos a la opinión de algunas personas, en esta web se comenzó a hablar de revolución energética demasiado pronto, hasta el punto de haber recibido inicialmente críticas de exageración. Pero la degradación socioambiental se ha acelerado y hoy la reclamación de una urgente y profunda transición energética como elemento clave para el logro de una sostenibilidad satisfactoria viene apoyada por numerosos y rigurosos informes científicos. A ello responde la proclamación por Naciones Unidas de 2012 como Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos, algo que no constituye una conmemoración más, sino que expresa e impulsa un hecho auténticamente revolucionario y de gran trascendencia, tanto para el conjunto de la ciudadanía mundial como para la comunidad científica: la necesaria transición desde las energías no renovables y contaminantes a la energía sostenible.

La transcendencia de esta transición energética se pone ya en evidencia en las motivaciones y denominación de este año internacional: en la Resolución 65/151 (Naciones Unidas, 2010), la Asamblea General se declara "Preocupadaporque, en los países en desarrollo, más de tres mil millones de personas dependen de la biomasa tradicional para cocinar y como fuente de calefacción, porque mil quinientos millones de personas carecen de electricidad y porque millones de pobres no pueden pagar estos servicios energéticos modernos, incluso si están disponibles". Sin embargo, esta gravísima situación, que afecta muy negativamente al nivel de vida de miles de millones de personas, no ha llevado a proclamar un Año Internacional de la Energía para Todos, sino de la Energía Sostenible para Todos. No se ha cedido, pues, a la urgencia del problema con un "todo vale", con una llamada genérica a incrementar el acceso a cualquier recurso energético.

Debemos saludar que Naciones Unidas no haya incurrido en las tan habituales respuestas cortoplacistas -que solo "resuelven" momentáneamente un problema, en general, a costa de crear otros y de agravar la situación- y que haya realizado un planteamiento más global y fundamentado. Un planteamiento que toma en consideración la estrecha vinculación de problemas socioambientales que se potencian mutuamente como dimensiones de una misma problemática y que solo pueden abordarse de manera efectiva si se tiene en cuenta dicha vinculación (Vilches y Gil, 2003; Diamond, 2006). No tiene sentido, en efecto, abordar la cuestión de las carencias energéticas sin tener en cuenta, entre otros, la degradación del medio, el cambio climático, la falta de eficiencia, o los consumos irresponsables. De acuerdo con este planteamiento holístico, la Resolución 65/151 de la Asamblea General pone de relieve "la necesidad de mejorar el acceso a recursos y servicios energéticos para el desarrollo sostenible que sean fiables, de coste razonable, económicamente viables, socialmente aceptables y ecológicamente racionales". Y en su apartado 4 "Alientaa todos los Estados Miembros, al sistema de las Naciones Unidas y a todos los demás agentes a que aprovechen el Año Internacional para concienciar sobre la importancia de abordar los problemas energéticos, en particular los servicios energéticos modernos para todos, el acceso a servicios de energía asequibles, la eficiencia energética y la sostenibilidad de las fuentes y del uso de la energía, con el fin de alcanzar los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y asegurar el desarrollo sostenible y la protección del clima mundial, y para promover medidas a nivel local, nacional, regional e internacional".

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha hablado por ello de "una revolución global de energía limpia, accesible a todos, técnica y económicamente", anadiendo que es esencial para minimizar los riesgos climáticos, reducir la pobreza y promover un desarrollo económico sostenible, la paz, la seguridad y la salud del planeta.

La resolución y las palabras de Ban Ki-moon no son una simple expresión de buenos deseos: la posibilidad de cubrir las necesidades energéticas de la humanidad con el impulso de la eficiencia energética, el consumo responsable y el desarrollo de fuentes limpias y sostenibles, viene avalada por estudios bien fundamentados a algunos de los cuales nos referiremos seguidamente. Más aún, las estrategias que se promueven están siendo ya utilizadas con excelentes resultados y lo que se precisa es superar los intereses particulares que impiden su generalización. Son estrategias que  forman parte de un proceso ya en marcha y que apunta a lo que se empieza a denominar la tercera revolución industrial (Rifkin, 2010, capítulo 13).

El Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos promueve, pues, una profunda revolución energética y se inserta en  un amplio proyecto para sentar las bases de un modelo de economía verde, baja en carbono, capaz de hacer frente al desafío de la inclusión social y erradicación de la pobreza, respetando el medio ambiente y la biodiversidad que hacen posible la supervivencia de la especie humana. Este ha sido, precisamente, el tema central de la Cumbre de la Tierra Rio +20 celebrada en Rio de Janeiro del 20 al 22 de junio de este mismo 2012 (Naciones Unidas, 2012). Ahora bien, ¿es realmente necesaria esta revolución energética? ¿Y es acaso posible? Veamos algunas de las razones que justifican una respuesta positiva a ambas cuestiones.

Necesidad de una profunda revolución energética

Como acabamos de ver, la Resolución 65/151 que declara 2012 como Año Internacional de la Energía Sostenible no se limita a proponer un especial esfuerzo para garantizar  al conjunto de la población mundial el acceso a recursos energéticos. Ban Ki-moon habla de revolución energética y lo hace con toda propiedad, porque no se trata de un problema meramente cuantitativo de proporcionar más recursos, sino de proceder a un cambio radical: las fuentes hoy mayoritarias, que son contaminantes y no renovables, han de ser sustituidas lo antes posible.

Por lo que se refiere a los combustibles fósiles que han hecho posible la primera revolución industrial (carbón), y también la segunda (petróleo), presentan, en primer lugar, el problema de su agotamiento. Las discusiones, a este respecto, acerca de cuándo se alcanzará el "cenit" en la producción del petróleo (es decir, el momento en que se alcanzará la tasa máxima de extracción global, tras el cual la tasa de producción entrará en declive y no podrán satisfacer la demanda) no deben ocultar un hecho que no suele destacarse: el cénit de la disponibilidad global de petróleo per cápita se alcanzó ya en 1979, pues si bien desde entonces se han descubierto reservas petrolíferas adicionales, el rápido aumento de la población humana y del consumo por una parte de dicha población han hecho que la disponibilidad de recursos energéticos per cápita esté disminuyendo con similar rapidez (Rifkin, 2010, página 502).

El principal problema asociado a los combustibles fósiles, sin embargo, no es el de su agotamiento (aunque sea muy lamentable que se prive así a las generaciones futuras de materias primas esenciales en la producción de medicinas, fertilizantes, textiles, plásticos, etc.) sino el de su contribución al incremento de la concentración de gases de efecto invernadero y al cambio climático que ello está provocando. Afortunadamente, los intentos de los "negacionistas" para cuestionar esta vinculación entre uso de combustibles fósiles y cambio climático están justificadamente desacreditados en la comunidad científica (Oreskes, 2004; Vilches y Gil Pérez, 2009; Hansen, Sato y Ruedy, 2012), por lo que buscar la solución a los problemas energéticos en la explotación de nuevos yacimientos, a costa de degradar nuevos ecosistemas como selvas vírgenes o zonas polares con tecnologías agresivas como el fracking (fracturación hidráulica de esquistos y otras formaciones rocosas a grandes profundidades) no recibe el apoyo de Naciones Unidas en su Resolución y propuestas asociadas.

Tampoco la Resolución contempla el apoyo al crecimiento del número de las centrales nucleares, pese a los esfuerzos del lobby nuclear por presentar esta energía como solución al cambio climático. En efecto, el principal argumento que se ha utilizado últimamente a favor de las centrales nucleares es que durante su funcionamiento no se emite CO2 y no se contribuye, pues, al incremento del efecto invernadero. Pero si se toma en consideración todo el proceso, "de la cuna a la tumba", es decir, desde la construcción de la central hasta su obligado y costoso desmantelamiento, así como el laborioso proceso de extracción del mineral en el que se encuentra el uranio y de su enriquecimiento, las toneladas de CO2 emitidas no son muy inferiores a las liberadas por una central térmica para producir la misma energía eléctrica (Martínez Sancho, 2011). Debemos recordar, además, los peligros que entrana la energía nuclear de fisión: precisamente la publicación de la Resolución tuvo lugar cuando acaba de producirse el desastre de Fukushima. Una catástrofe que, como la de Chernóbil y otros desafortunados ejemplos, explica que no haya companías de seguros dispuestas a cubrir los riesgos y que sea el Estado quien lo haga, a costa de los contribuyentes. Pero no se trata únicamente del peligro de accidentes: las centrales de fisión nuclear constituyen un peligro permanente debido a la posible proliferación de armas nucleares y, sobre todo, a los residuos que generan: toneladas de residuos radiactivos de media y alta actividad, con vidas medias que obligan a garantizar su aislamiento y confinamiento durante largos periodos de tiempo. Se está creando así un grave problema para el que no se ha encontrado solución en más de cinco décadas de uso de la energía nuclear, dejando una herencia envenenada a las futuras generaciones en nombre del interés a corto plazo.

Cabe recordar, por otra parte, que la contribución actual de la energía nuclear en el ámbito mundial es muy escasa, apenas llega a un 7%. Incluso en los países más nuclearizados como Francia o Japón, el porcentaje de energía de origen nuclear no llega al 20% y el consumo per cápita de petróleo en ambos países es similar al del resto de países desarrollados. Apostar por una contribución nuclear realmente significativa exigiría crear en todo el mundo miles de centrales, de un coste desorbitado (en el que hay que incluir las medidas de seguridad contra accidentes y atentados), que obliga a astronómicas subvenciones públicas a fondo perdido (a cargo, pues, de los contribuyentes). De hecho no hay ninguna empresa privada que se decida a su construcción sin contar con esas ayudas públicas. De ahí los esfuerzos desarrollados por los lobbies nucleares para convencer a la opinión pública de las ventajas de la energía nuclear y promover así el auténtico negocio que supone para ellos la construcción de las centrales, pagadas, en buena parte, por la ciudadanía. Y no podemos olvidar que el mineral de uranio es un recurso no renovable y más escaso que el propio petróleo. Jeremy Rifkin, Presidente de The Foundation on Economic Trends, nos recuerda a este respecto que solo con las menos de 500 centrales hoy existentes ya se prevé déficit de uranio para antes de dos décadas. ¿Qué sentido tendría, pues, embarcarse en la construcción de nuevas centrales si no es la búsqueda de beneficios muy particulares a muy corto plazo? Las centrales nucleares no son, pues, la alternativa energética contra el cambio climático y no pueden contemplarse como parte del "mix" energético a medio plazo: resultan demasiado caras, demasiado peligrosas y los recursos de mineral son demasiado escasos.

Así lo ha comprendido la ciudadanía italiana, que en junio de 2011 rechazaba contundentemente en referéndum el desarrollo de la energía nuclear. Una decisión a la que hay que sumar los acuerdos adoptados en otros países como Alemania, Suiza o Bélgica. Conviene destacarlo porque estas noticias han tenido una breve y escasa repercusión internacional: los medios han pasado de puntillas por los resultados relativos al contundente NO a las centrales nucleares del pueblo italiano. Se diría que se tiene miedo de despertar a la "princesa dormida", es decir, a la ciudadanía, que podría ver en ese referéndum un ejemplo de su capacidad para incidir en su futuro rechazando intereses particulares a corto plazo.

En definitiva, no podemos seguir apostando ni por los combustibles fósiles ni por la energía nuclear de fisión, se precisa una profunda revolución energética. ¿Es ello posible?

Una profunda revolución energética es posible

Ban Ki-moon lo ha expresado sin ambages: conseguir energía limpia y renovable para todos en torno a 2030 es un desafío tremendo, pero alcanzable. Estamos a tiempo de cambiar nuestro modelo energético por uno más sostenible basado en el ahorro, la eficiencia y la utilización de energías limpias, contribuyendo a poner en marcha una [r]evolución "verde" que siente las bases de un futuro sostenible para el conjunto de la humanidad y de la biodiversidad de la que formamos parte y de la que dependemos. Sabemos cómo hacerlo y estamos a tiempo (aunque, ciertamente, no sobra demasiado).

Estas afirmaciones no son gratuitas, ni expresan, como suele afirmarse, la utopía de ecologistas desconectados de la realidad. De hecho, Ban Ki-moon cuenta desde 2009 con un valioso Grupo Asesor en cuestiones energéticas y de cambio climático, el AGECC (Advisory Group on Energy and Climate Change). Es este grupo el que ha recomendado dos objetivos audaces, pero realizables de aquí a 2030: el acceso universal a las nuevas fuentes de energía y un incremento del 40% en la eficiencia energética. "Lograr el objetivo establecido por mi Grupo Asesor -ha declarado Ban Ki-moon- podría costar alrededor de 35000 millones de dólares al año durante los próximos 20 anos, un total de 700000 millones de dólares. Parece muchísimo, pero es meramente el 3 por ciento de las inversiones globales en energía previstas para el mismo periodo. Comprometámonos, pues, a invertir sensatamente. Necesitamos establecer correctamente las prioridades".

Y no se trata únicamente de la opinión del Secretario General de Naciones Unidas y su Grupo Asesor; un sólido estudio del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, conocido como SRREN (Special Report on Renewable Energy Sources and Climate Change Mitigation) muestra que es posible satisfacer, antes de 2050, las necesidades energéticas del planeta contando únicamente con recursos renovables y limpios, con lo que se podría evitar que la concentración de gases de efecto invernadero supere valores incontrolables (IPCC, 2011). Conclusiones concordantes ofrecen otros estudios rigurosos, como "Renewable Energy Policy Network for the 21st Century" (REN21, 2012), "The Energy Report.100% Renewable Energy by 2050" (WWF, 2011), "The Energy [R]evolution 2012 (A sustainable World Energy Outlook to save the climate, reduce fossil-fuel dependence and create more employment)" (Greenpeace, 2012), etc. Ello exige que se realicen las necesarias inversiones para impulsar la investigación y el desarrollo en este campo (algo en lo que es preciso insistir, dado que algunos gobiernos han recortado las ayudas al sector con el pretexto de la crisis económica, dificultando así una salida real, sostenible, a dicha crisis).

La revolución energética es, pues, necesaria y posible. De hecho durante los últimos cinco anos la industria de la energía renovable ha experimentado un enorme crecimiento: su capacidad de producción se está expandiendo, su eficacia aumenta y los precios disminuyen, mientras que se crean nuevos productos que requieren menos energía (ver Tecnociencia para la sostenibilidad). Todo ello constituye -como senala Ban Ki-moon- una sólida base sobre la que construir la próxima gran transición energética y debemos aunar esfuerzos para hacerla posible.

Algunos argumentan, ya lo hemos senalado, que en momentos de crisis e incertidumbre económica como los actuales estos esfuerzos de investigación e innovación suponen un lujo que no podemos permitirnos. Pero lo que no podemos permitirnos, responde Ban Ki-moon haciéndose eco de las conclusiones de los expertos, es esperar: la energía renovable para todos constituye un objetivo necesario cuyo tiempo ha llegado.

En ello insiste el denominado Memorándum de Estocolmo  de mayo de 2011, "Inclinando la balanza hacia la sostenibilidad", producto del Tercer Simposio sobre la Sustentabilidad Ambiental de laureados con el Nobel. En dicho Stockholm Memorandum (ver enlace en el listado final), más de cincuenta científicos premiados con el Nobel conminan a una transformación radical en la forma de usar la energía y las materias primas mediante mecanismos que desacoplen el desarrollo económico de la utilización de recursos energéticos contaminantes y no renovables. Y terminan: "Somos la primera generación consciente del nuevo riesgo global que enfrenta la humanidad, por lo que recae sobre nosotros cambiar nuestra relación con el planeta para asegurar que dejaremos un mundo sostenible a las futuras generaciones".

Transformar los objetivos en realizaciones depende de todos nosotros. Depende, claro está, del conjunto de la ciudadanía y de su capacidad para, apoyándose en los consensos de la comunidad científica, obligar a los líderes políticos a adoptar las medidas y acuerdos necesarios, venciendo las inercias y los objetivos a corto plazo. Y para ello es esencial la acción de los educadores y, por supuesto, de la comunidad científica. Pero no solo importan sus logros científicos y tecnológicos: resulta imprescindible su contacto con la sociedad, atendiendo a sus necesidades, explicando sus análisis y contribuyendo, en definitiva, a la toma de decisiones fundamentadas. Ello es ahora más necesario que nunca, tras la falta de acuerdos en Rio+20, porque si bien aún estamos a tiempo de revertir el proceso de degradación, ese tiempo se está agotando.

La transición energética tras Rio+20

La falta de compromisos vinculantes en la Cumbre Rio+20 sobre Desarrollo Sostenible, como muestra el documento "El futuro que queremos" (Ver enlace al final), aprobado a su término con solo buenas intenciones y vagas promesas, ha generado la decepción de quienes reclamábamos fundamentadamente acuerdos ambiciosos para hacer frente a la actual situación de emergencia planetaria. Así lo ha expresado, entre otros, el Grupo Principal de Comunidades de Ciencia y Tecnología (una de las nueve comunidades que tuvieron acceso oficial al proceso de negociación), lamentando que el documento final no se refiera al concepto de "límites planetarios", ni se haya aprovechado la oportunidad para expresar la "profunda alarma" de la comunidad científica sobre el estado de los recursos del planeta, el aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero, la inseguridad alimentaria, etc. Y lamenta, sobre todo, que no se hayan sentado las bases para una urgente transición energética hacia una economía baja en carbono, que aparece como una componente clave para evitar los desastres ecológicos y sociales y hacer posible un futuro sostenible.

Ha faltado, sin duda, voluntad política. pero esta no es la voluntad de los políticos, sino del conjunto de la sociedad: hemos de reconocer que, pese al esfuerzo de algunos, no se ha ejercido la presión social requerida sobre los líderes políticos. Parece que la urgencia de la crisis económica ha impedido a buena parte de los movimientos sociales y medios de comunicación ocuparse debidamente de los retos de Rio+20, es decir, del conjunto de problemas, estrechamente vinculados, que amenazan nuestro futuro: muchos no han comprendido que la actual crisis solo se resolverá en la medida en que demos paso a un nuevo modelo económico que propicie un desarrollo humano realmente sostenible. Un desarrollo que ponga en marcha una profunda transición energética, hoy técnicamente posible, para hacer accesibles a todos recursos energéticos limpios y sostenibles y reducir drásticamente las emisiones de efecto invernadero. Un desarrollo que posibilite la gestión racional y sostenible de los recursos básicos, que garantice la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza, etc. La construcción de un futuro sostenible no es algo que pueda posponerse para ocuparse ahora de "lo urgente", es decir, de la crisis económica. Es, por el contrario, la única vía para superar esta crisis, que no es solo económica sino socioambiental.

Está en nuestras manos, sin embargo, lograr que "las buenas intenciones y las vagas promesas" de Rio+20 se traduzcan en hechos. Está en las manos de todas y todos seguir impulsando el futuro que queremos y que necesitamos. Ejemplos precedentes como el acuerdo mundial -largamente pospuesto pero finalmente logrado- para dejar de producir los "freones", que destruyen la capa de ozono, nos hacen ver la necesidad de perseverar. La comunidad científica, los educadores y la ciudadanía en general hemos de proseguir los esfuerzos hasta lograr un clima de exigencia social que venza las inercias e intereses a corto plazo. Por ello hay que saludar la Cumbre de la Tierra Rio+20 no se haya dado por terminada con la firma de un documento de buenos propósitos que a nadie obliga: se han creado instancias para el seguimiento e impulso de los compromisos voluntarios adquiridos por todo tipo de instituciones (desde organismos internacionales como el Banco Mundial o la Unión Europea, a gobiernos nacionales o empresas). En particular se ha creado la web "La nube de compromisos" (http://www.cloudofcommitments.org/) en la que se da cuenta de los avances en la realización de cada uno de ellos, lo que se convierte en una eficaz presión positiva y tiene, además, un efecto de llamada para la incorporación de nuevos compromisos. Cabe senalar que gran parte de los mismos están dirigidos a promover la transición energética, apoyando la investigación e innovación al respecto para promover un cambio de paradigma en el transporte (Replogle y Hughes, 2012), en la construcción de viviendas y planificación urbana (Taipale, 2012; Belsky, 2012), así como la transferencia de tecnología a los países en desarrollo.

Los retos que plantea este Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos siguen, pues, reclamando una implicación generalizada de la comunidad científica y del conjunto de la ciudadanía.

Referencias en este tema “La transición energética”

BELSKY, E. S. (2012). Planificar un desarrollo urbano integrador y sostenible. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 3)
DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate.
GREENPEACE (2012). The Energy [R]evolution 2012. A sustainable World Energy Outlook to save the climate, reduce fossil-fuel dependence and create more employment. [http://www.greenpeace.org/international/Global/international/publications/climate/2012/Energy%20Revolution%202012/ER2012-Briefing.pdf ].
HANSEN, J., SATO, M. & RUEDY, R. (2012). Perception of climate change, PNAS (Proceedings of the National Academy of Science, Early Edition), August 6-2012, 1-9 (http://www.pnas.org/content/early/recent )
IPCC (2011). Informe SRREN (Special Report on Renewable Energy Sources and Climate Change Mitigation) acerca de cómo las energías renovables pueden llegar a cubrir las necesidades energéticas del mundo y mitigar decisivamente el cambio climático (Ver en  http://srren.ipcc-wg3.de/report).
MARTÍNEZ SANCHO, V. (2011). L'ús de l'energia nuclear (Homo sapiens?). Edicions del Bullent.
NACIONES UNIDAS (2010). Resolución 65/151, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de diciembre de 2010 (Accesible en http://www.un.org/es/documents/ag/resga.shtml).
NACIONES UNIDAS (2012). Conferencia de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, conocida como Rio+20 (http://www.uncsd2012.org/rio20/).
ORESKES, N. (2004). The Scientific Consensus on Climate Change. Science, 306, 5702, 1686.
REN21 (2012). Renewable Energy Policy Network for the 21st Century (http://www.ren21.net/)
REPLOGLE, M y HUGHES, C. (2012). Hacia un transporte sostenible. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 4)
RIFKIN, J. (2010). La civilización empática. Barcelona: Paidós.
TAIPALE, K. (2012). De una edificación ligeramente verde a edificios de verdad sostenibles. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 10)
VILCHES, A. y GIL PÉREZ, D. (2003) Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Press.
VILCHES, A. y GIL PÉREZ, D. (2009). Una situación de emergencia planetaria a la que debemos y podemos hacer frente. Revista de Educación, número extraordinario de 2009, 101-122. [http://www.revistaeducacion.mec.es/re2009.htm].
WWF (2011). The Energy Report. 100% Renewable Energy by 2050. [http://wwf.panda.org/ http://wwf.panda.org/what_we_do/footprint/climate_carbon_energy/energy_solutions/renewable_energy/sustainable_energy_report/].

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2017). «La transición energética. Una Nueva Cultura de la Energía» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=022>

Algunos enlaces de interés en este tema “Desarrollo rural”

Advisory Group on Energy and Climate Change (UN)
Agencia Internacional de la Energía (IEA)
Agencia Internacional de la Energía Renovable (IRENA)
Banco Mundial
Centro Nacional de Energías Renovables
Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), portal de energías renovables
Comisión Nacional de Energía (CNE)
Documento final aprobado en Rio +20 "El futuro que queremos"
Instituto para la Diversificación y Ahorro Energético  (IDEA) 
Latinoamérica Renovable
Observatorio de energías renovables para América Latina y el Caribe
Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP)
SRREN(Special Report on Renewable Energy Sources and Climate Change Mitigation, IPCC)
Stockholm Memorandum
Sustainable Energy for All
UNEP, Año Internacional de la Energía sostenible para todos
NU Año Internacional de la Energía sostenible para todos
United Nations Framework Convention on Climate Change

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