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Biodiversidad

La actual preocupación por la pérdida de biodiversidad no es debida simplemente al hecho de que desaparezcan algunas especies, sino al temor de que estemos asistiendo a una masiva extinción como la que dio lugar a la desaparición de los dinosaurios y otras grandes extinciones que se han dado a lo largo de la evolución de la vida. Y esas extinciones han constituido auténticos cataclismos. Lo que preocupa, pues, y muy seriamente, es la posibilidad de que estemos provocando una catástrofe que arrastre a la propia especie humana. Es urgente poner fin al conjunto de problemas (creciente urbanización, contaminación pluriforme y sin fronteras, explotación intensiva de recursos, introducción de especies exóticas depredadoras…) que está provocando la degradación del planeta, contribuyendo así a salvaguardar la biodiversidad y evitar la extinción de especies, con medidas que salgan al paso de estos problemas y, en particular, planes de acción encaminados a proteger los hábitats y las diferentes especies de fauna y flora.

Importancia de la biodiversidad

Es preciso reflexionar acerca de la importancia de la biodiversidad y de los peligros a que está sometida en la actualidad a causa del actual crecimiento insostenible, guiado por intereses particulares a corto plazo y sus consecuencias: una contaminación sin fronteras (ver Lucha contra la contaminación y Frenar el cambio climático), la degradación ambiental..., que dibujan una situación de emergencia planetaria y han conducido a hablar de “ecocidio”, neologismo con el que se denuncia la pérdida de biodiversidad y deterioro generalizado del medio ambiente y sus recursos naturales, como consecuencia de la acción directa o indirecta de los seres humanos sobre los ecosistemas que está acercándose peligrosamente e incluso transgrediendo los límites biofísicos del planeta (Rockström et al., 2009; Folke, 2013). Se creó por ello un Center for Biological Diversity que utiliza sistemáticamente la estrategia de denuncias ante los tribunales de las prácticas destructivas, como una forma de resistencia a la degradación de la biosfera. Y existen movimientos ecologistas como Greenpeace que apuestan por las acciones espectaculares, e incluso otros más radicales como Earth Liberation Front, Deep Green Resistance o Anarquismo Verde que apuestan por la acción directa para derribar “a través de cualquier medio” un sistema industrial que consideran intrínsecamente destructivo (Taylor, 2013).

Para algunos, sin embargo, la creciente preocupación por la pérdida de biodiversidad es exagerada y aducen que las extinciones constituyen un hecho regular en la historia de la vida: se sabe que han existido miles de millones de especies desde los primeros seres pluricelulares y que el 99% de ellas ha desaparecido. Pero la preocupación no viene por el simple hecho de que desaparezca alguna especie, sino porque se teme que estamos asistiendo a una masiva extinción (Duarte Santos, 2007) como las otras cinco grandes extinciones (Lewin, 1997) que se han dado a lo largo de la evolución de la vida, como la que dio lugar a la desaparición de los dinosaurios. Y esas extinciones masivas han constituido auténticos cataclismos. Lo que preocupa, pues, y muy seriamente, es la posibilidad de provocar una catástrofe que arrastre a la propia especie humana (Diamond, 2006; Normander, 2012). Según Delibes de Castro, “diferentes cálculos permiten estimar que se extinguen entre diez mil y cincuenta mil especies por año. Yo suelo citar a Edward Wilson, uno de los ‘inventores’ de la palabra biodiversidad, que dice que anualmente desaparecen veintisiete mil especies, lo que supone setenta y dos diarias y tres cada hora (…) una cifra fácil de retener. Eso puede representar la pérdida, cada año, del uno por mil de todas las especies vivientes. A ese ritmo, en mil años no quedaría ninguna (incluidos nosotros)” (Delibes y Delibes, 2005). En la misma dirección, Folch (1998) habla de una homeostasis planetaria en peligro, es decir, de un equilibrio de la biosfera que puede derrumbarse si seguimos arrancándole eslabones: "La naturaleza es diversa por definición y por necesidad. Por eso, la biodiversidad es la mejor expresión de su lógica y, a la par, la garantía de su éxito”. Es muy esclarecedor el ejemplo que da acerca de las vides: de no haber existido las variedades espontáneas de vid americana, ahora hace un siglo la uva y el vino hubieran desaparecido en el mundo, debido a que la filoxera "liquidó hasta la última cepa de las variedades europeas, incapaces de hacerle frente". Comprometerse con el respeto de la biodiversidad biológica, concluye Folch, constituye una medida de elemental prudencia.

Esa es una consideración de validez muy general: las flores que cultivamos en nuestros jardines y las frutas y verduras que comemos fueron derivadas de plantas silvestres. El proceso de cultivo de variedades seleccionadas por alguna característica útil debilita a menudo las especies y las hace propensas a enfermedades y ataques de depredadores. Por eso, también debemos proteger los parientes silvestres de las especies que utilizamos. Nuestras futuras plantas cultivadas pueden estar en lo que queda de bosque tropical, en la sabana, tundra, bosque templado, charcas, pantanos, y cualquier otro hábitat salvaje del mundo. Y el 70% de nuestros fármacos está constituido por sustancias que tienen un origen vegetal o se encuentran en algunos animales.

Continuamente estamos ampliando el abanico de sustancias útiles que proceden de otros seres vivos, pero el ritmo de extinción de especies es superior al de estos hallazgos y cada vez que desaparece una especie estamos perdiendo una alternativa para el futuro. La apuesta por la biodiversidad no es, pues, una opción entre otras, es la única opción. Dependemos por completo de las plantas, animales, hongos y microorganismos que comparten el planeta con nosotros.

Sin embargo, movidos por intereses a corto plazo estamos destruyendo los bosques y selvas, los lagos…, sin comprender que es la variedad de ambientes lo que mantiene la diversidad y que las deforestaciones masivas e insostenibles privan de su hábitat a innumerables especies. Estamos, además, envenenando suelos, aguas y aire haciendo desaparecer con plaguicidas y herbicidas miles de especies. Un ejemplo particularmente preocupante de los efectos de los pesticidas lo constituye la reciente pero rápida desaparición de las colonias de abejas, hecho de graves consecuencias dada la función polinizadora que ejercen en gran parte de las frutas, verduras, legumbres y cereales que alimentan a la especie humana, por lo que resultan indispensables para nuestra supervivencia. En esta desaparición interviene una pluralidad de causas que se potencian mutuamente, pero en ella juegan un papel central –según estudios de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)- los neonicotinoides, plaguicidas sintéticos muy utilizados en las grandes extensiones de monocultivos, que afectan al sistema nervioso de estos insectos causándoles desorientación (que les impide reencontrar su colmena), parálisis y muerte (Ver Lucha contra la contaminación).

Una sexta gran extinción ya en marcha

Según un informe del año 2000 de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN, http://www.iucn.org/), el 12% de las plantas, el 11% de las aves y el 25% de las especies de mamíferos se han extinguido recientemente o están en peligro, según estimaciones que hicieron públicas en su denominada “Lista Roja de Especies Amenazadas”. La directora de este organismo, fundado en 1948 y constituido por representantes gubernamentales de 76 países, 111 agencias medioambientales, 732 ONG y más de 10000 científicos y expertos de casi 200 países, señalaba que el aumento del número de especies en peligro crítico había sido una sorpresa desagradable incluso para aquellos que están familiarizados con las crecientes amenazas a la biodiversidad: el ritmo de desaparición de especies era 50 veces mayor que el “natural”.

En la Conferencia Internacional sobre Biodiversidad, celebrada en París en enero de 2005, se contabilizaron más de 15000 especies animales y otras 60000 especies vegetales en riesgo de extinción, hasta el punto que el director general del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), Klaus Töpfer, señaló que el mundo vive una crisis sin precedentes desde la extinción de los dinosaurios, añadiendo que ha llegado el momento de plantearnos cómo interrumpir esta pérdida de diversidad, por el bien de nuestros hijos y de nuestros nietos. Pero, en realidad, ya hemos empezado a pagar las consecuencias: una de las lecciones del maremoto que afectó al sudeste asiático el 26 de diciembre de 2004, recordó también Töpfer, es que los manglares y los arrecifes de coral juegan un papel de barrera contra las catástrofes naturales y que allí donde habían sido destruidos se multiplicó la magnitud de la catástrofe.

En julio de 2013, la actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas realizada por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la naturaleza) ha añadido 4807 nuevas especies, con lo que el total de especies evaluadas es de 70294, de las cuales 20934 están en peligro de extinción. Así, por ejemplo, el 34% de los cedros del mundo, cipreses, abetos y otras variedades de coníferas están en peligro de extinción, lo que supone un aumento de un 4% desde la última evaluación completa en 1998. "Gracias a la Lista Roja de la UICN, ahora tenemos más información que nunca sobre el estado de la población mundial de la biodiversidad", dice Jane Smart, Directora del Grupo de Conservación de la Biodiversidad Global de la UICN, "Pero el panorama general es alarmante”.

Un dato a retener es que cerca del 40% de la producción fotosintética primaria de los ecosistemas terrestres es usado por la especie humana cada año para, fundamentalmente, comer, obtener madera y leña, etc. Es decir, la especie humana está ya próxima a consumir tanto como el conjunto de las otras especies, lo que supone un indudable acoso a las mismas (Ver Consumo responsable).

Por otra parte, existe el peligro de acelerar aún más el acoso a la biodiversidad con desarrollos ligados a la biotecnología contemporánea (http://www.porquebiotecnologia.com.ar/) y, muy concretamente, con la utilización de los transgénicos. Puede parecer positivo modificar la carga genética de algunos alimentos para protegerlos contra enfermedades, plagas e incluso contra los productos dañinos que nosotros mismos hemos creado y esparcido en el ambiente. Pero esas especies transgénicas pueden tener efectos contraproducentes, en particular por su impacto sobre las especies naturales a las que pueden llegar a desplazar completamente. Sería necesario proceder a periodos suficientemente extensos de ensayo hasta tener garantías suficientes de su inocuidad. La batalla transgénica no enfrenta a los defensores de la modernidad con fundamentalistas de "lo natural", sino, una vez más, a quienes optan por el beneficio a corto plazo, sin sopesar los riesgos y las posibles repercusiones, con quienes exigen la aplicación del principio de prudencia, escarmentados por tantas aventuras de triste final (López Cerezo y Luján, 2000; Vilches y Gil, 2003; Luján y Echevarría, 2004). Nos remitimos a este respecto a las “Pautas para aplicar el Principio de Precaución a la conservación de la biodiversidad y la gestión de los recursos naturales” (http://www.pprinciple.net/), como exigencia de la bioética, y a leyes introducidas para preservar lo que queda del mundo natural, como la Ley de la vida silvestre (Wild Law). Y podemos referirnos igualmente a las propuestas de una Jurisprudencia de la Tierra (http://www.earthjurisprudence.org/content/who.html) y de unos Derechos de la Tierra, cuyo fundamento es el reconocimiento de que el bienestar de cada miembro de la comunidad terrestre depende del bienestar de la Tierra en su conjunto.

La necesaria protección de la biodiversidad

Es urgente, como estamos viendo, poner fin al conjunto de problemas que está provocando la degradación del planeta (exceso de consumo, creciente urbanización, contaminación pluriforme y sin fronteras, explotación intensiva de recursos, introducción de especies exóticas…), adoptando medidas que contribuyan a salvaguardar la biodiversidad (Duarte Santos, 2007) y protejan, en particular, los hábitats y las diferentes especies de fauna y flora (Normander, 2012). Tales planes se han de acompañar de la generalización de medidas de evaluación y certificación de respeto ambiental como la Certificación Forestal FSC (Forest Stewardship Council). Esta etiqueta internacional para productos forestales, garantiza que el producto proviene de un bosque gestionado según los Principios y los Criterios de gestión forestal del FSC (una organización no gubernamental sin ánimo de lucro, formada por representantes de la industria de la madera, propietarios forestales, grupos indígenas y ONG). El FSC promueve una gestión forestal sostenible, respetuosa del medio ambiente, socialmente beneficiosa y económicamente viable, y es reconocido internacionalmente por la mayoría de asociaciones ecologistas y ONG, particularmente por Greenpeace y Adena-WWF.

La importancia de la biodiversidad aparece con claridad cuando se tiene en cuenta que la resiliencia de cualquier sistema y, en particular, de un ecosistema (es decir, su capacidad para absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad) es mayor cuanto más rico y complejo es. Con otras palabras: un ecosistema en el cual sus integrantes tengan más diversidad y número de funciones ecológicas será capaz de soportar de mejor manera una perturbación específica y recuperarse posteriormente, sin dejar de funcionar por ello (Mazur, 2013).

Son necesarias, pues, iniciativas de protección y buen uso de la biodiversidad, que exigen a menudo la restauración de los ecosistemas, como las asociadas a la “Custodia del territorio” (Land stewardship, estrategias e instrumentos que buscan la conservación de los valores naturales, culturales y paisajísticos de una zona determinada), convenios y acuerdos internacionales de protección de especies de fauna y flora, en contra del comercio internacional de especies amenazadas, etc., etc., que deben ser impulsadas con urgencia. Un ejemplo de tales medidas es la relocalización de especies, consistente en el desplazamiento de poblaciones de animales de un lugar a otro para conservar fauna silvestre cuyas poblaciones han declinado o desaparecido como consecuencia de actividades humanas llevadas a cabo en su hábitat. Se está procediendo así a relocalizar poblaciones de osos, lobos, linces, especies de bivalvos y peces en hábitats de agua dulce, etc. Otro ejemplo de acción exitosa lo constituye, la prohibición en la Unión Europea de los neonicotinoides, plaguicidas causantes, como hemos comentado anteriormente, de la desaparición de las abejas. Esta prohibición ha sido lograda en 2013 gracias a la presión ejercida por apicultores, ecologistas y el ciberactivismo de centenares de miles de ciudadanas y ciudadanos europeos. Una vez más, como en el caso del DDT o de los CFC (compuestos clorofluorcarbonados) la conjunción de los estudios científicos y activismo ciudadano ha sido determinante para superar los intereses particulares a corto plazo (ver Lucha contra la contaminación).

Una iniciativa particularmente importante de protección ambiental es el Programa de Naciones Unidas de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD, por las siglas en inglés de Reduced Emissions from Deforestation and Forest Degradation). Dicho programa tiene como meta inclinar la balanza económica a favor de la gestión sostenible de los bosques para que sus extraordinarios bienes y servicios económicos, medioambientales y sociales beneficien a los países, a las comunidades y a los usuarios de los bosques, y que contribuyan a la vez a reducir considerablemente la deforestación y el consiguiente incremento de gases de efecto invernadero.

Otro ejemplo reciente que se está desarrollando con fuerza es el de los Bancosde Conservación de la Naturaleza o Bancos de Hábitat, concebidos como herramientas de conservación por las que quienes mejoran el medio natural reciben compensaciones económicas. Ello permite que las acciones de mejora y conservación de la biodiversidad, que hasta ahora no tenían retorno económico, puedan convertirse en rentables. Se trata, pues, de un cambio de paradigma a través del cual se favorece la inversión privada en la conservación ambiental como actividad económica rentable.

Es necesario, en definitiva, proceder a la integración, en la toma de decisiones, de los valores económicos de la biodiversidad y los servicios proporcionados por los ecosistemas o servicios sistémicos, como defiende el informe “La economía de los ecosistemas y la biodiversidad” (TEEB por sus siglas en inglés, The Economics of Ecosystems & Biodiversity).

Cada 22 de mayo, desde que en 1992 se firmó el Convenio sobre Biodiversidad (CBD), enfocado a su conservación y al uso sostenible de la misma, se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad. Es una fecha que puede y debe aprovecharse para hacer comprender que la pervivencia de los seres humanos está en serio peligro si continúa el actual proceso de extinción irreversible de especies, fruto de un crecimiento guiado por intereses particulares a corto plazo y absolutamente insostenible en un mundo finito, con graves consecuencias de contaminación, agotamiento de recursos, etc.

En 2006, la Asamblea General de Naciones Unidas decidió proclamar 2010 como Año Internacional de la Diversidad Biológica con el fin de atraer la atención mundial hacia la grave pérdida de biodiversidad, poniendo de relieve la estrecha vinculación entre biodiversidad y Sostenibilidad y de impulsar medidas que permitieran llegar a 2010 habiendo logrado una reducción significativa en el ritmo de extinciones. Pero los sistemas naturales que apoyan la economía, las vidas y los medios de subsistencia en todo el planeta siguen estando en peligro de degradación acelerada, amenazando con el colapso, a menos que haya una acción rápida, radical y creativa para conservar y utilizar sosteniblemente la variedad de vida en la Tierra. Esta es la conclusión principal del Tercer Informe Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica, hecho público por Naciones Unidas en Nairobi el 10 de mayo de 2010, confirmando que el mundo no ha cumplido con su objetivo de frenar significativamente la pérdida de diversidad biológica antes de 2010. Las naciones, explica el informe (accesible en la web del PNUMA, www.pnuma.org), han dejado de lado los objetivos marcados en la Segunda Cumbre de la Tierra (Johannesburgo 2002) para "reducir el ritmo de pérdida de la biodiversidad", medido con el llamado Índice Planeta Vivo, que evalúa 9000 poblaciones de más de 2600 especies y que ha mostrado una reducción de biodiversidad de más del 30% desde 1970. El informe alerta por ello de graves consecuencias globales si no se invierte esta tendencia y expresa la necesidad de acciones urgentes para reducir las causas directas de la pérdida de biodiversidad, señalando, entre las principales, el exceso de explotación de recursos naturales, la contaminación y el cambio climático.

El Informe GEO-5 (UNEP, 2012 http://www.unep.org/, quinta edición de las Perspectivas del Medio Ambiente Mundial), dedica un apartado a la situación de la diversidad biológica, señalando que no se ha alcanzado el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) que perseguía la reducción significativa de la tasa de pérdida de diversidad biológica en 2010. El informe señala que en torno al 20% de las especies de vertebrados están amenazadas. Los arrecifes coralinos se han deteriorado en un 38% desde la década de los ochenta, lo cual indica que son los organismos vivos cuyo riesgo de extinción aumenta con más rapidez. Más del 30% de la superficie terrestre se dedica a la producción agrícola, lo cual ha provocado una disminución de más del 20% de los hábitats naturales desde la década de los ochenta.

Por lo que se refiere a los ecosistemas acuáticos, el informe señala que en las últimas dos décadas se ha producido un deterioro de las poblaciones de peces sin precedentes debido fundamentalmente a la sobrepesca, a las técnicas depredadoras de las pesquerías comerciales y a la contaminación. En 2007, los productos pesqueros certificados por el Marine Stewardship Council (pesca sostenible certificada) representaban solo el 7% de las pesquerías mundiales. El deterioro de los ecosistemas marinos es tan grave y acelerado que se precisan serias medidas de restauración como las cuotas de captura, la creación de zonas protegidas, etc. A ello responde la creación en 2013 de la Comisión Océano Mundial, una iniciativa de una decena de ex presidentes de gobierno que han visto la urgente necesidad de un órgano consultivo de referencia para Naciones Unidas en materia de restauración de los ecosistemas de alta mar.

A pesar de todo esto, el informe GEO-5 aprecia algún avance en las respuestas políticas, como, por ejemplo, la ampliación de la cobertura de las zonas protegidas y la distribución de los recursos genéticos y sus beneficios. El Protocolo de Nagoya sobre el acceso a los recursos genéticos y la participación justa y equitativa en los beneficios derivados de su utilización es el primero que reconoce el derecho de los indígenas y de las comunidades locales a regular el acceso al conocimiento tradicional de acuerdo con sus normas y prácticas consuetudinarias.

La revista Science ha publicado en julio de 2014 un número especial titulado “Fauna en desaparición” en el que se plantean los graves peligros de la reducción masiva de especies. En uno de los trabajos se alerta de las consecuencias ecológicas, sociales y económicas que podría conllevar la se denomina ya ‘sexta ola de extinción’. Se utilizan también términos como ‘defaunación’ del Antropoceno haciendo un símil con el término deforestación (Dirzo et al., 2014) y señalan que se trata de un fenómeno que, a diferencia de la tala de árboles, es difícil de detectar y cuantificar. Sin embargo, las profundas consecuencias que surgen de la ausencia o reducción de animales harán pronto que el problema sea cada vez menos críptico: a la sobreexplotación y la destrucción de hábitats se ha venido agregando el efecto de las especies invasoras y, cada vez más, el cambio climático. Para los autores, durante el antropoceno ha habido momentos en que algunos factores han sido más predominantes que otros pero, en la actualidad, todos actúan de manera simultánea y sinérgica. Por ejemplo, la sobreexplotación por cacería que antes suponía un esfuerzo considerable, ahora se ve facilitada por la merma de las grandes extensiones de selvas tropicales. Hasta el escarabajo más pequeño en peligro de extinción, puede alterar el funcionamiento normal de un ecosistema entero. En otro de los artículos de este número de Science (Brahares et al., 2014), una serie de expertos de la Universidad de California y del proyecto Salud y Ecosistemas: Análisis de asociación (HEAL, por sus siglas en inglés) muestran cómo la disminución de la fauna también acarrea conflictos sociales tales como prácticas de explotación laboral, tráfico ilícito de animales o de productos derivados como el marfil.

Evitar la sexta extinción masiva, señala Normander (2012), requerirá toda una serie de medidas a nivel local y global, planes estratégicos para su reducción, por encima de intereses particulares a corto plazo, con normativas adecuadas y contundentes de defensa de espacios protegidos en la tierra y el mar, pero también requerirá cambios fundamentales en las pautas de consumo de los recursos.

Es necesario y urgente poner fin a la extinción masiva de especies a la que estamos asistiendo (mil veces superior al ritmo natural), que amenaza el futuro de nuestra especie, lo que exige, entre otros, lograr un acuerdo ambicioso, justo y vinculante para reducir drásticamente las emisiones de gases invernadero causantes del cambio climático, así como la adopción de medidas de adaptación al que ya está teniendo lugar (ver Frenar el cambio climático).

La construcción de un futuro sostenible precisa, en definitiva, como se reclamó en la Conferencia Internacional sobre Biodiversidad, un Protocolo de Protección de la Biodiversidad, sin olvidar la diversidad cultural que, como señala Ramón Folch, “es una dimensión de la biodiversidad aunque en su vertiente sociológica que es el flanco más característico y singular de la especie humana”, de la que nos ocupamos específicamente en otro de los “Temas de Acciones Clave” al que nos remitimos (ver Diversidad cultural).

Referencias bibliográficas en este tema “Biodiversidad”

BRASHARES, J., ABRAHMS, B., FIORELLA, K. J., GOLDEN, C. D., HOJNOWSKI, C. E., MARSH, R. A., MCCAULEY, D. J., NUÑEZ, T. A., SETO, K., & WITHEY, L. (2014). Wildlife decline and social conflict: Policies aimed at reducing wildlife-related conflict must address the underlying causes, Science. Julio 2014, 345 (6195), 376-378.
DELIBES, M. y DELIBES DE CASTRO, M. (2005). La Tierra herida. ¿Qué mundo heredarán nuestros hijos? Barcelona: Destino.
DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate.
DIRZO, R., YOUNG, H. S., GALETTI, M., CEBALLOS, G., ISAAC, N., COLLEN, B. (2014). Defaunation in the Anthropocene, Science. Julio 2014, 345 (6195), 401-406.
DUARTE SANTOS, F. (2007). Que Futuro? Ciência, Tecnologia, Desenvolvimento e Ambiente. Lisboa: Gradiva.
FOLCH, R. (1998). Ambiente, emoción y ética. Barcelona: Ed. Ariel.
FOLKE, C. (2013). Respetar los límites del planeta y recuperar la conexión con la biosfera. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. Capítulo 2.
LEWIN, R. (1997). La sexta extinción. Barcelona: Tusquets Editores.
LÓPEZ CEREZO, J. A. y LUJÁN, J. L. (2000). Ciencia y política del riesgo. Madrid: Alianza.
LUJÁN, J. L. y ECHEVERRÍA, J. (2004). Gobernar los riesgos. Ciencia y valores en la sociedad del riesgo. Madrid: Biblioteca Nueva/ OEI.
MAZUR, L. (2013). Cultivar la resiliencia en un mundo en peligro. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 32.
NORMANDER, B. (2012). Biodiversidad: combatir la sexta extinción masiva. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 15).
ROCKSTRÖM et al. (2009). A safe operating space for humanity. Nature 461, 472-475 (24 September 2009)
TAYLOR, B. (2013). Resistencias: ¿el fin justifica los medios? En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 28.
UNITED NATIONS ENVIRONMENT PROGRAMME (2012). GEO-5, Global Environment Outlook. Environment for the future we want. Malta: UNEP.
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Press. Capítulo 4.

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2014). «Biodiversidad» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=14>

Algunos enlaces de interés sobre el tema “Biodiversidad”

Nota: En Internet se encuentra abundante información, fácilmente accesible, acerca de la problemática abordada en este tema. A título de ejemplo, damos los enlaces de una serie de webs de posible interés, advirtiendo, sin embargo, que algunas de ellas pueden dejar de estar accesibles en el enlace proporcionado.

22 de Mayo, Día Internacional para la Diversidad Biológica
Agencia Europea del Medio Ambiente
Biodiversidad en América Latina
Convención sobre el Comercio Internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres
Convención sobre especies migratorias
Convenio sobre la Diversidad Biológica (UNEP)
Fundación Biodiversidad (Ministerio de Medioambiente)
Fundación Global Nature
Instituto Nacional de Biodiversidad, Costa Rica
Instituto Terra Brasil
Land Stewardship
Marine Stewardship Council
Ministerio de Medio Ambiente. España
Plan de Acción a Favor de la Biodiversidad, 2006-2010 (UE)
Plataforma de defensa del territorio
PNUMA, Diversidad Biológica
UICN, Unión Mundial para la Naturaleza
UICN, Lista Roja de Especies Amenazadas

UNESCO, Diversidad Biológica
Unión Europea, Protección de la Naturaleza y la Biodiversidad

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