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Evitar conflictos y violencias

Hay una cultura maniquea, ampliamente extendida desde los tiempos más remotos, que nos lleva sistemáticamente a anteponer "lo nuestro": nuestras ideas, nuestras tradiciones… y, muy particularmente, nuestro beneficio material, sin tomar en consideración las consecuencias que para los otros pueden tener nuestras acciones. Y ello se traduce en comportamientos agresivos, en violencia de uno u otro tipo... y pérdidas absurdas para toda la humanidad. El instinto de supervivencia quizás pueda explicar el "nosotros o ellos" del pasado, pero hoy exige un cambio drástico: no es posible salvarse, en la actual situación de emergencia planetaria, contra los otros sino con los otros. Todas las formas de violencia están interconectadas entre sí… y con el resto de problemas a los que venimos haciendo referencia: desde el hiperconsumo o la explosión demográfica a la contaminación y degradación de los ecosistemas. Todos se potencian mutuamente y resulta iluso pretender resolver aisladamente cuestiones como el terrorismo o las migraciones incontroladas. Los problemas son globales y las soluciones habrán de serlo también.

Suele afirmarse que los desequilibrios, las tremendas desigualdades existentes entre los seres humanos, generan conflictos, violencia. Podemos recordar, al respecto, las palabras de Mayor Zaragoza (1997): “El 18% de la humanidad posee el 80% de la riqueza y eso no puede ser. Esta situación desembocará en grandes conflagraciones, en emigraciones masivas y en la ocupación de espacios por la fuerza”. También en la misma dirección afirma Ramón Folch (1998): “La miseria –injusta y conflictiva- lleva inexorablemente a explotaciones cada vez más insensatas, en un desesperado intento de pagar intereses, de amortizar capitales y de obtener algún mínimo beneficio. Esa pobreza exasperante no puede generar más que insatisfacción y animosidad, odio y ánimo vengativo”.

No hay duda acerca de que los desequilibrios extremos son insostenibles y provocarán los conflictos y violencias a los que hacen referencia Mayor Zaragoza o Ramón Folch, pero es preciso señalar que, en realidad, las desigualdades extremas son también violencia (Vilches y Gil, 2003). ¿Qué mayor violencia que dejar morir de hambre a millones de seres humanos, a millones de niños? El mantenimiento de la situación de extrema pobreza en la que viven tantos millones de seres humanos es un acto de violencia permanente Reducción de la pobreza).

Una violencia que, es cierto, engendra más violencia, otras formas de violencia:

  • Las guerras y carreras armamentistas con sus implicaciones económicas y de sus terribles secuelas para personas y medio…
  • El terrorismo en sus muy diversas manifestaciones, que para algunos se ha convertido en "el principal enemigo", justificando notables incrementos de los presupuestos militares… a expensas de otros capítulos.
  • El crimen organizado, las mafias, que trafican con droga, armas, seres humanos... con su presencia creciente en todo el planeta y también con un enorme peso económico, gracias a la corrupción y al blanqueo del dinero negro que es canalizado hacia empresas "respetables". Los negocios legales e ilegales resultan así perfectamente imbricados y el volumen del comercio asociado a mafias se estima de 2 a 10 millardos de dólares.
  • Las presiones migratorias, con los dramas que conllevan y los rechazos que producen…
  • La actividad especuladora de algunas empresas transnacionales que buscan el mayor beneficio propio a corto plazo, desplazando su actividad allí donde los controles ambientales y los derechos de los trabajadores son más débiles, contribuyendo, a menudo con ayuda de la corrupción, del tráfico de capitales y de los paraísos fiscales, al deterioro social y a la destrucción del medio ambiente (Diamond, 2006).
Y tras todas estas formas de violencia aparece siempre la búsqueda de beneficios particulares, sin atender a sus consecuencias para los demás y, en un plazo cada vez más breve, para nosotros mismos (ver Economía y sostenibilidad).

La misma anteposición del "nosotros" que produce, como hemos visto, una contaminación o un agotamiento de recursos que perjudica a todos, explica los conflictos armados, el crimen organizado, la explotación infantil y los miles de muertos causados en los enfrentamientos en torno a la explotación del coltán o la falta de atención a las necesidades de quienes padecen hambre, enfermedad, carecen de trabajo…

No se trata, por otro lado, de una cuestión puramente económica: la religión, la lengua, el color de la piel… todo puede convertirse en bandera de enfrentamientos, de defensa del "nosotros" frente al "enemigo externo". Hemos de ser conscientes de que el problema es complejo: quienes destruyeron las esculturas centenarias de Buda en Afganistán no buscaban beneficios económicos. Hay una cultura maniquea, ampliamente extendida desde los tiempos más remotos, que nos lleva sistemáticamente a anteponer "lo nuestro": nuestras ideas, nuestras tradiciones… y, muy particularmente, nuestro beneficio material, sin prestar demasiada atención a las consecuencias que para los otros pueden tener nuestras acciones. Y ello se traduce en comportamientos agresivos, en violencia de uno u otro tipo... y pérdidas absurdas para toda la humanidad. Curiosamente se ha denominado globalización al proceso actual de acumulación de beneficios por unos pocos a costa de la inmensa mayoría. Pero no se puede aceptar que se conceda el calificativo de globalizadores, mundialistas, a quienes sólo persiguen intereses particulares, muy a menudo a corto plazo, aplicando políticas que perjudican a la mayoría de la población presente y futura (ver Gobernanza universal).

Conviene recordar, a ese respecto, la cifra aproximada de gasto militar mundial: ¡780000000000 dólares anuales! Una cifra superior a los ingresos globales de la mitad más pobre de la humanidad. Por eso la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD, 1988) señaló que "El verdadero coste de la carrera armamentista es la pérdida del producto que se hubiera podido obtener con él (…) Las fábricas de armas, el transporte de esas armas y la explotación de los minerales destinados a su producción, exigen enormes cantidades de energía y de recursos minerales y contribuyen en gran parte a la contaminación y al deterioro del medio ambiente". Y eso afecta muy especialmente - señalaba también la CMMAD- a la investigación científica: "Medio millón de científicos trabajan en la investigación relacionada con las armas en todo el mundo, inversión que representa alrededor de la mitad de los gastos mundiales totales en investigación y desarrollo. Estos gastos son superiores a todo lo que se invierte con miras a desarrollar tecnologías para contar con nuevas fuentes de energía y combatir la contaminación".

Estos gastos constituyen un gran negocio para ciertos grupos de presión que imponen la producción y exportación de armas, que defienden sus intereses sin preocuparse del uso que harán sus clientes... pero sabiendo cuál será ese uso.

No podemos olvidar que, como ya hemos señalado reiteradamente (ver Contaminación sin fronteras y Agotamiento de recursos), una de las partes más afectadas por los conflictos bélicos y, en ocasiones, la causa misma del conflicto, es el medio ambiente y los recursos que puede aportar. Frecuentemente se ha utilizado la destrucción del medio como arma para desestabilizar al contrincante en un conflicto armado, recurriendo a la demolición de diques para inundar tierras, a la inutilización de suelos y aguas por contaminación con armamentos biológicos, nucleares, etc. Se estima que las fuerzas armadas son las responsables del 10% del total de emisiones de CO2 atmosférico, debido al gasto de combustible que supone el transporte y movilización de los ejércitos. Sin olvidar tampoco la gran cantidad de desechos que se producen como consecuencia de una guerra: metales, pinturas y disolventes, combustibles, pesticidas… derivados de la producción, almacenaje, transporte y descarte de armas de todo tipo, se acumulan sin control, degradando gravemente el entorno y perjudicando la salud. Y se trata de consecuencias que a menudo perduran mucho tiempo después de terminado el conflicto.

Es cierto que estos comportamientos, como la mayoría de los que hoy rechazamos, son la prolongación de lo que la humanidad ha venido haciendo durante milenios. Pensemos en los continuos procesos de conquista, colonización y esclavitud. Pero hoy dichos comportamientos, además de moralmente rechazables, ponen en peligro nuestra supervivencia como especie. El instinto de supervivencia quizás pueda explicar el "nosotros o ellos" del pasado, pero hoy exige un cambio drástico: no es posible salvarse, en la actual situación de emergencia planetaria, contra los otros sino con los otros. Como ha señalado el teólogo brasileño Leonardo Boff, esta vez no habrá un Arca de Noé para unos pocos; como los problemas son planetarios y afectan al conjunto de la humanidad, o nos salvamos todos o perecemos todos. Y sin embargo nuestro comportamiento sigue aferrado a la búsqueda de un beneficio a corto plazo, lo que explica también la actividad de las organizaciones mafiosas y el terrorismo, dos fenómenos entre los cuales se tejen, a menudo, estrechas relaciones y que merecen hoy una atención especial.

En ambos casos nos encontramos con planteamientos particularistas y a corto plazo, con razonamientos incapaces de analizar globalmente las consecuencias de las acciones: sólo importa el objetivo propio. Y "ha de ser ahora".

No podemos dejar de detenernos en las migraciones forzadas o "voluntarias" de millones de personas, otro de los más graves problemas que tienen las sociedades en la actualidad y que se prevé se incrementará en el futuro. Es cierto que los fenómenos migratorios no son algo nuevo. Se trata de algo tan antiguo como la propia historia de la humanidad, a menudo provocado por la miseria, el mero deseo de supervivencia… o la búsqueda de beneficio a costa de otros. Recordemos, por ejemplo, lo que representó el desplazamiento de unos 14 millones de esclavos desde África a América, o la extinción de los pobladores autóctonos en amplias zonas de América. Pensemos que muchos de los italianos, españoles, polacos o suecos que a finales del siglo XIX y principios del XX emigraron al Nuevo Mundo huían del hambre y la miseria.

Pero desde el último cuarto del siglo XX el mundo está conociendo los mayores movimientos migratorios de la historia. Casi 150 millones de personas son forzadas a emigrar por un conjunto de problemas que tienen sus raíces en el hambre, la marginación y la escasez de recursos, a menudo incrementadas por el rápido crecimiento demográfico y que se traducen en enfrentamientos étnicos, persecuciones, guerras… Así, están teniendo lugar migraciones por motivos políticos o bélicos que constituyen el movimiento de refugiados, migraciones por motivos económicos, es decir, por hambre, miseria, marginación y migraciones por causas ambientales, como fenómenos nuevos asociados a la degradación: desplazamientos poblacionales relacionados con el agotamiento de recursos, deforestación, sequías... o con desastres ecológicos (fruto de la falta de aplicación del principio de precaución) en los lugares de origen.

Todas estas formas de violencia están interconectadas entre sí… y con el resto de problemas a los que venimos haciendo referencia: desde el hiperconsumo o la explosión demográfica a la contaminación y degradación de los ecosistemas. Todos se potencian mutuamente y resulta iluso pretender resolver aisladamente cuestiones como el terrorismo o las migraciones incontroladas. Los problemas son globales y las soluciones habrán de serlo también, implicando desde tecnologías para la sostenibilidad, medidas educativas y medidas políticas como la potenciación de los “cascos azules”, el cuerpo de protección de la paz de la ONU, los “cascos verdes”, destinado a la rehabilitación medio ambiental y los “cascos rojos” de protección civil internacional, todavía inexistente, pero cuya creación se reclama con creciente insistencia, para organizar y coordinar los socorros a la población afectada por cualquier tipo de desastre (ver Gobernanza universal).

Otra iniciativa política de indudable interés ha sido la creación de una Red Mundial de Áreas Protegidas Transfronterizas para la Paz (APTP), más comúnmente conocidas como “Parques para la Paz”. Esta iniciativa se apoya en la existencia de la red mundial de áreas naturales protegidas, que sobrepasa hoy en día las 100000 áreas en todo el planeta, cubriendo más de 20 millones de kilómetros cuadrados de superficie terrestre. Si esas áreas son “puertos de paz” para esos ecosistemas, protegiéndolos por legislación de toda amenaza que pueda comprometer su mantenimiento y regeneración, ¿por qué no pueden ser al mismo tiempo concebidas como zonas de cooperación entre Estados, cuando están situadas en la frontera que los separa? Eso es lo que se propuso desde la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) y así es como surgieron los parques para la paz entre dos o más Estados. Medidas como esta pueden transformar las barreras de separación que constituyen hoy las fronteras  en puentes de unión, contribuyendo así a la necesaria superación de conflictos destructivos

Referencias en este tema “Conflictos y violencias”

COMISIÓM MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DEL DESARROLLO (1988). Nuestro futuro común. Madrid: Alianza.
DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate
FOLCH, R. (1998). Ambiente, emoción y ética. Actitudes ante la cultura de la sostenibilidad. Barcelona: Ariel.
MAYOR ZARAGOZA, F. (1997). Entrevista realizada por González E., El País, Domingo 22 de Junio, Pág. 30.
VILCHES, A. y GIL-PÉREZ, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Press. (Capítulo 11).

Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2017). «Evitar conflictos y violencias» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=26>

Algunos enlaces de interés sobre este tema “Conflictos y violencias”

Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)
Amnistía Internacional
Boletín de la Objeción Científica
Día Internacional de la Paz 2009, Desarme y no proliferación  
Fundación Cascos Rojos
La Mujer y los Conflictos Armados, Naciones Unidas, Conferencia de Pekín
Medidas de Naciones Unidas Contra el Terrorismo
Naciones Unidas Conferencia Contra el Tráfico de Armas Pequenas (2006)
Naciones Unidas Día Internacional para la prevención de la explotación del Medioambiente en la guerra y los conflictos armados
Naciones Unidas, Oficina para la cuestión ninos y conflictos armados
Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH)
Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
Oficina de Naciones Unidas para la coordinación de asuntos humanitarios
UNESCO OREALC, Cultura de Paz

Esta web irá incorporando materiales, documentos, enlaces, foros y otras informaciones de interés. Les invitamos a remitir sus aportaciones que serán entregadas al Comité Académico para su valoración.

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