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Economía y sostenibilidad

Mientras los indicadores económicos como la producción o la inversión fueron, durante años, positivos, los indicadores ambientales están resultando cada vez más negativos, mostrando una contaminación sin fronteras y un cambio climático que degradan los ecosistemas y amenazan la biodiversidad y la propia supervivencia de la especie humana. Estudios como los de Meadows sobre “Los límites del crecimiento” establecieron la estrecha vinculación entre ambos indicadores, lo que cuestiona entre otras cosas, la posibilidad de un crecimiento sostenido e indefinido y plantea la necesidad de un Desarrollo Sostenible, reorientando el actual sistema socioeconómico. Surgen así propuestas que, con distintas denominaciones (Economía Verde, Economía del Bien Común, Economía Sostenible, Economía Solidaria…), convergen en potenciar la cooperación (en su sentido más amplio, que incluye al conjunto de la biosfera y a las generaciones futuras) frente a la competitividad en defensa de intereses particulares a corto plazo.

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Conviene comenzar saliendo al paso de algunos serios malentendidos acerca del crecimiento económico, que aparece como el objetivo primordial que guía hoy la economía y que, en opinión de algunos, debería seguir haciéndolo en el futuro “para el progreso de los seres humanos”. ¿Podemos realmente pensar en un crecimiento económico sostenible?

Un crecimiento económico acelerado en un planeta finito: los límites del crecimiento

Debemos recordar, en primer lugar, que desde la segunda mitad del siglo XX se ha producido un crecimiento económico global sin precedentes. Por dar algunas cifras, la producción mundial de bienes y servicios creció desde unos cinco billones de dólares en 1950 hasta cerca de 30 billones en 1997, es decir, casi se multiplicó por seis. Y todavía resulta más impresionante saber que el crecimiento entre 1990 y 1997 –unos cinco billones de dólares- fue similar al que se había producido ¡desde el comienzo de la civilización hasta 1950! Se trata de un crecimiento, pues, realmente exponencial, acelerado, que viene medido en cada país por el Producto Interior Bruto (PIB), magnitud que indica el valor monetario de la producción de bienes y servicios finales durante un período de tiempo (normalmente un año) y que es usada como una medida del bienestar material de una sociedad. Y el proceso no ha hecho sino acelerarse en los comienzos del siglo XXI, en particular en los llamados países emergentes (China, India, Brasil…) que cubren más de la mitad de la población humana.

Y cabe reconocer que este extraordinario crecimiento ha producido importantes avances sociales. Baste señalar que la esperanza de vida media en el mundo pasó de 47 años en 1950 a 64 años en 1995 y 68 años en 2011, con cifras que superan los 80 años para los países más desarrollados. Esa es una de las razones, sin duda, por la que la mayoría de los responsables políticos, movimientos sindicales, etc., parecen apostar por la continuación de ese crecimiento. Una mejor dieta alimenticia, por ejemplo, se logró aumentando la producción agrícola, las capturas pesqueras, etc. Y los mayores niveles de alfabetización, por poner otro ejemplo, estuvieron acompañados, entre otros factores, por la multiplicación del consumo de papel y, por tanto, de madera… Estas y otras mejoras han exigido, en definitiva, un enorme crecimiento económico, pese a estar lejos, es importante resaltar, de haber alcanzado a la mayoría de la población.

Sabemos, sin embargo, que mientras los indicadores económicos como la producción o la inversión han sido, durante años, sistemáticamente positivos, los indicadores ambientales resultaban cada vez más negativos, mostrando una contaminación sin fronteras y un cambio climático (ver Lucha contra la contaminación y Frenar el cambio climático) que degradan los ecosistemas y amenazan la Biodiversidad y la propia supervivencia de la especie humana. Y pronto estudios como los dirigidos por Donella Meadows sobre “Los límites del crecimiento” (Meadows et al., 1972; Meadows, Meadows y Randers, 1992; Meadows, Randers y Meadows, 2006) establecieron la estrecha vinculación entre ambos indicadores, lo que cuestiona la posibilidad de un crecimiento sostenido, advirtiendo de un serio peligro de extralimitación en el crecimiento económico, crecimiento de la población y deterioro del planeta que puede calificarse de auténtico “ecocidio”, neologismo con el que se hace referencia al deterioro del medio ambiente y los recursos naturales como consecuencia de la acción directa o indirecta de los seres humanos sobre los ecosistemas.

Más recientemente, un amplio equipo de 29 científicos (Rockström et al., 2009) han abordado la cuestión de los límites planetarios con un nuevo enfoque, que intenta definir el marco de seguridad para las sociedades humanas: han buscado establecer indicadores que señalen los límites biofísicos que no debemos sobrepasar para que no se produzcan procesos de consecuencias potencialmente catastróficas. Han detectado así nueve límites interdependientes que se refieren a la concentración de CO2 en la atmósfera, la acidificación oceánica, la concentración de ozono estratosférico, la fijación de nitrógeno y el vertido anual de fósforo al mar, el consumo de agua dulce, la proporción de tierras cultivadas, la pérdida de diversidad biológica, la carga de aerosoles y la contaminación química.

En conjunto, los nueve límites pueden representarse como si formasen la circunferencia exterior de un círculo cuyo espacio interior representaría la “zona segura de actuación para la humanidad”, representando en su exterior, fuera del “techo ambiental” que representa la circunferencia, los problemas que pueden surgir cuando se sobrepasan los umbrales naturales críticos. De hecho los autores consideran que ya hemos transgredido tres de estos umbrales (CO2, pérdida de biodiversidad, fijación de nitrógeno) y dado que todos estos límites son interdependientes, advierten del peligro de que ello pueda arrastrarnos a sobrepasar los demás, si no se adoptan urgentemente medidas correctoras (Folke, 2013).

Por otra parte, como señala Kate Raworth (2014), “al igual que existe un límite máximo en el uso de los recursos, un ‘techo ambiental’ por encima del cual la degradación ambiental sería inaceptable, existe también un límite mínimo, un ‘suelo social’ por debajo del cual se llega a una privación humana inaceptable”. Raworth enumera 11 necesidades sociales básicas que definirían ese suelo social y que reproducimos aquí por orden alfabético: alimentación, agua, educación, empleo, energía, igualdad de género, igualdad social (equidad), ingresos, participación, resiliencia y sanidad.

La figura que reproducimos aquí muestra un “espacio seguro y justo para la humanidad”, entre el suelo social que determinan los mínimos imprescindibles para cada necesidad humana y el techo ambiental de los límites planetarios:

Un espacio seguro y justo para la humanidad (Raworth, 2014)

Combinar de esta forma los límites planetarios y sociales, explica Raworth, proporciona una nueva perspectiva sobre el Desarrollo Sostenible: “Los defensores de los derechos humanos llevan mucho tiempo señalando el deber de garantizar el derecho de todas las personas a los elementos básicos para la vida, mientras que los economistas ecológicos han subrayado la necesidad de situar la economía global dentro de unos límites ambientales. Este marco combina ambas cosas, creando un espacio delimitado tanto por los derechos humanos como por la Sostenibilidad ambiental, reconociendo a la vez que existen numerosas interacciones complejas y dinámicas entre los distintos límites”. Veamos seguidamente algunas de las magnitudes introducidas para medir la evolución del “espacio seguro y justo para la humanidad”.

La biocapacidad del planeta y la huella ecológica de las acciones humanas

El concepto de huella ecológica, concebido en 1990 por los investigadores Mathis Wackernagel y William Rees y que se define como el área de territorio ecológicamente productivo necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada (Novo, 2006), permite cuantificar aproximadamente un grave proceso de aproximación a los límites planetarios. En efecto, se estima que en la actualidad la huella ecológica media por habitante es de 2,8 hectáreas, lo que multiplicado por los más de 7000 millones de habitantes supera ya con mucho la superficie ecológicamente productiva o biocapacidad de la Tierra (incluyendo los ecosistemas marinos), que apenas alcanza a ser de 1.7 hectáreas por habitante. Una huella ecológica que, según el Informe Planeta Vivo 2012 de WWF, se ha duplicado en el breve periodo que va de 1961 a 2007. Según Moore y Rees (2013) la historia de la humanidad está llena de excesos locales, pero desde mediados de la década de 1970 asistimos a la sobreexplotación global. Puede afirmarse, pues, que, a nivel global, estamos consumiendo más recursos y generando más residuos de los que el planeta puede generar y admitir. El déficit ecológico viene a indicar esta diferencia entre huella ecológica y biocapacidad.

Existen en la red “calculadoras de huella ecológica personal” que permiten conocer los efectos de nuestro modo de vida y lo mismo puede hacerse para las poblaciones. Al medir la huella ecológica de una persona o de una población, ya sea una ciudad, una empresa, un país, o toda la humanidad, se puede determinar la presión ejercida sobre el planeta, algo que debe ayudar a disponer adecuadamente de los activos ecológicos y a tomar medidas para impulsar y poyar un mundo donde la humanidad viva dentro de los límites de la Tierra. (Para más información, ver la web dedicada a la “Red Huella Ecológica Global” en la que están implicados científicos y asociaciones de diferentes campos y países y en cuyo Consejo Asesor se encuentran expertos como Lester Brown, Herman Daly, Wangari Maathai, etc.). La fecundidad de estos conceptos para cuantificar los problemas del planeta ha llevado a introducir otros más específicos como el de “huella de carbono” para medir las emisiones de CO2 o el de “huella hídrica”, asociada al consumo de un recurso tan esencial como el agua. Los resultados obtenidos con estos indicadores justifican que hoy hablemos de un crecimiento insostenible. Como afirma Brown (1998) “Del mismo modo que un cáncer que crece sin cesar destruye finalmente los sistemas que sustentan su vida al destruir a su huésped, una economía global en continua expansión destruye lentamente a su huésped: el ecosistema Tierra”.

No es posible, pues, seguir “externalizando” los costes ambientales, es decir, no tomando medidas para evitar la degradación ambiental; ello favorece el beneficio económico particular y a muy corto plazo, pero supone un grave atentado al bien común. No podemos olvidar a este respecto las estrategias de “deslocalización” de algunas empresas, que trasladan sus fábricas a países, generalmente en desarrollo, buscando más beneficios rápidos, es decir, legislaciones menos exigentes con la protección del medio ambiente y condiciones de trabajo más “flexibles” (menor seguridad, jornadas más largas, salarios más bajos, etc.). Ni tampoco hemos de ignorar que las “reformas estructurales” que se pretenden implantar hoy en algunos países desarrollados, con la justificación de la grave crisis económica, persiguen similares objetivos de incrementar los beneficios particulares y la competitividad reduciendo los costes salariales, los derechos sociales y la protección ambiental (Navarro, Torres y Garzón, 2011).

Recientemente, sin embargo, han surgido iniciativas para evaluar los impactos ambientales y sociales de las actividades empresariales. Una de estas iniciativas es la denominada “Información integrada”, que incorpora a los datos financieros la información ambiental y social que afecta al desarrollo de la compañía; y se creado un International Integrated Reporting Council (IIRC) que promueve la información integrada como alternativa a las memorias empresariales tradicionales. Se facilitaría así la toma de decisiones más adecuadas para la necesaria protección del capital natural y la defensa de los derechos humanos (Hohensee, 2013). Porque si la economía mundial tal como está estructurada actualmente continúa su expansión, destruirá el sistema físico sobre el que se sustenta y se hundirá (Diamond, 2006). ¿Cuál es, entonces, la alternativa para satisfacer las necesidades de la población mundial? Se hace necesario, a este respecto, distinguir entre crecimiento y desarrollo.

La necesaria distinción entre crecimiento y desarrollo

Como afirma Daly (1997), “el crecimiento es incremento cuantitativo de la escala física; desarrollo, la mejora cualitativa o el despliegue de potencialidades (…) Puesto que la economía humana es un subsistema de un ecosistema global que no crece, aunque se desarrolle, está claro que el crecimiento de la economía no es sostenible en un período largo de tiempo”. Ello lleva a Giddens (2000) a afirmar: "La Sostenibilidad ambiental requiere, pues, que se produzca una discontinuidad: de una sociedad para la cual la condición normal de salud ha sido el crecimiento de la producción y del consumo material se ha de pasar a una sociedad capaz de desarrollarse disminuyéndolos". Disminuyéndolos a nivel planetario, por supuesto, porque son muchos los pueblos que siguen precisando un desarrollo social y tecnocientífico y, en definitiva, un crecimiento económico capaz de dar satisfacción a las necesidades básicas (Sachs, 2008). Como señalaba Christopher Flavin, presidente a la sazón del Worldwatch Institute en su informe de 2008 (p. 30), “Todavía quedan más de mil millones de personas desesperadamente pobres en el mundo actual, y los países en desarrollo, que no se han beneficiado aún del inmenso crecimiento de la economía global durante el siglo pasado, están determinados a superar esta brecha en las próximas décadas”.

Pero lo que no puede continuar es un crecimiento económico global que conlleva un insostenible impacto ambiental, cuyo origen antrópico está fuera de toda duda, pero que no ha sido tomado suficientemente en consideración, aunque hayan surgido ya propuestas de crecimiento cero e incluso de decrecimiento y se hable de “a-crecimiento” como un rechazo de la lógica del crecimiento por el crecimiento (Latouche, 2008; Assadourian, 2012) (ver La transición a la Sostenibilidad). Propuestas que con formulaciones como “vivir bien con menos” o “prosperidad compartida y duradera”,  tienen su plasmación práctica en movimientos como el de “comunidades en transición” (también conocidas como ciudades en transición, red de transición o movimiento de transición), surgidas para hacer frente al problema del cambio climático y del agotamiento del petróleo. Resulta en cualquier caso evidente que se precisan urgentes medidas correctoras que pongan fin al proceso de degradación.

La grave crisis financiera y económica que el conjunto del planeta esta viviendo actualmente aparece como una seria advertencia de la necesidad y urgencia de dichas medidas, pero constituye también, como ha señalado el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-Moon, una oportunidad para impulsar un desarrollo auténticamente sostenible, una economía sostenible (verde, ecológica, baja en carbono), fuente de empleos verdes, sostenibles -asociados a recursos de energía limpios y renovables- que desplace a la economía “marrón”, basada en el uso de combustibles fósiles: “En un momento en que el desempleo está creciendo en muchos países, necesitamos nuevos empleos. En un momento en que la pobreza amenaza con afectar a cientos de millones de personas, especialmente en las partes menos desarrolladas del mundo, necesitamos una promesa de prosperidad; esta posibilidad está al alcance de nuestra mano”. Con ese objetivo el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha lanzado un plan para reanimar la economía global al mismo tiempo que, como señala Ban Ki-Moon, “se enfrenta el desafío definitorio de nuestra época: el cambio climático”.

La crisis económica como oportunidad para avanzar en la transición a la Sostenibilidad. ¿Qué obstáculos debemos superar?

Se ha empezado así a defender la necesidad de un Green New Deal, un Nuevo Pacto Verde, para salir de la crisis, del mismo modo que el New Deal permitió superar la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado. Debemos referirnos a este respecto al informe que con este título (Green New Deal) hizo público la New Economics Foundation en Julio de 2008. Este informe, accesible en la red, señala que la economía mundial ha de hacer frente a una triple crisis: la financiera, la aceleración del cambio climático y la inevitable diminución en la extracción de petróleo. Estos tres hechos superpuestos crean una situación de enorme gravedad y exigen, como durante la Gran Depresión, el lanzamiento de un programa capaz de restaurar la confianza pública y reorientar el uso del capital hacia prioridades públicas y la Sostenibilidad. Por esa razón, la Cumbre de la Tierra que tuvo lugar en Rio de Janeiro en 2012 (20 años después de Rio 1992, de ahí que se conozca como Rio + 20), incorporó como uno de sus dos temas principales “Economía verde dentro del contexto del Desarrollo Sostenible y de la erradicación de la pobreza”, junto con el del “Marco institucional para el Desarrollo Sostenible”.

Por supuesto estas medidas tienen un elevado coste económico, que puede verse como un serio obstáculo para su adopción; pero como ha mostrado el Informe Stern, encargado por el Gobierno Británico en 2006 a un equipo dirigido por el economista Nicholas Stern, ex director de economía del Banco Mundial, así como otros estudios de conclusiones concordantes, si no se actúa con celeridad el proceso de degradación provocará una grave recesión económica mucho más costosa (Bovet et al., 2008, pp. 12-13) con secuelas ambientales irreversibles que pueden dar lugar al colapso de nuestra especie (Diamond, 2006). La fiscalización de las transacciones financieras especulativas, reclamada reiteradamente, mediante una pequeña tasa impositiva podría proporcionar buena parte de los fondos necesarios y contribuir al propio tiempo a combatir esas transacciones puramente especulativas (ver Gobernanza Universal). Se ha propuesto así aplicar dicha tasa sobre las transacciones de divisas, en lo que se conoce como Tasa Tobin (así denominada por ser una propuesta lanzada inicialmente por el Premio Nobel de Economía norteamericano James Tobin), impulsada por el movimiento ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos) y otros grupos “altermundistas”. Más recientemente, la ONG Intermón ha propuesto tasar las transacciones que realizan las entidades financieras entre sí. A dicha propuesta, conocida como Tasa Robin Hood, se han sumado muchas otras ONG, miles de economistas, numerosas universidades y, cabe destacar, el Parlamento Europeo, lo que hace concebir esperanzas acerca de su posible aplicación.

Necesidad de un cambio global del sistema productivo. Una economía para la transición a la Sostenibilidad

Estas y otras medidas se incluyen en propuestas de remodelación del sistema productivo que, con distintas denominaciones (Economía Verde, Economía del Bien Común, Economía Solidaria, Economía de la plenitud, Economía Ecológica, Economía Sostenible…), convergen en realzar la cooperación, la protección del medio (en su sentido más amplio, que incluye al conjunto de la biosfera y a las generaciones presentes y futuras) y la distribución del trabajo, frente a la competitividad destructiva en defensa de intereses particulares a corto plazo. Podemos referirnos, a este respecto, al contenido de los informes acerca de la situación del mundo del Worlwatch Institute, que incluyen propuestas fundamentadas para avanzar en la construcción de un mundo sostenible (Costanza et al., 2013). Ese es el propósito del informe “Innovaciones para una economía sostenible” (Worldwatch Institute, 2008) y también del más reciente “Hacia una prosperidad sostenible” (Worldwatch Institute, 2012), cuyo primer capítulo lleva por título “Poner la economía verde al servicio de las personas” (Renner, 2012). Otras propuestas concordantes las encontramos en estudios como “Hay Alternativas” (Navarro, Torres y Garzón, 2011), “La economía del bien común” (Felber, 2012), que ofrece numerosos ejemplos de la puesta en práctica de las medidas propuestas para reorientar la economía hacia el bien común, o en el “Manual para una economía sostenible” (Bermejo, 2011) que fundamenta instrumentos para avanzar hacia la Sostenibilidad desde el campo fiscal, científico y tecnológico, económico (industrial, agrícola, etc.) y, muy en particular, las medidas para la necesaria transición energética (economía solar, del hidrógeno, transporte, consumo…) (Ver La Transición energética).

En el Informe GEO-5 (UNEP, 2012), quinta edición de las Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, Achim Steiner, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del PNUMA recuerda a los líderes y a las naciones asistentes a Río+20 la urgente necesidad de “una transición decisiva y determinante hacia una Economía Verde, que cree empleo, que haga un uso responsable de los recursos y que asegure bajas emisiones de carbono (…) Las pruebas científicas, recogidas durante décadas, son sobrecogedoras y no dejan lugar a dudas (…) Ha llegado el momento de dejar a un lado la indecisión y la inmovilidad. (…) el Desarrollo Sostenible debe dejar de ser una aspiración hacia la que se avanza de modo irregular para convertirse en un auténtico camino hacia el progreso y la prosperidad tanto para esta generación como para las venideras”.

Ahora bien, se preguntan Costanza y otros (2013), ¿es realmente posible acceder a una economía global sin crecimiento material pero que sea sostenible y proporcione una alta calidad de vida para la mayoría de las personas, si no a todas? Su respuesta es afirmativa, basándose en ejemplos históricos y actuales de buenas prácticas y en estudios integrados de modelización que indican la posibilidad de una economía sostenible sin crecimiento. Estos autores citan, entre otros, el programa informático World3, utilizado por Donella Meadows, Dennis Meadows y Jørgen Randers en sus estudios de los límites del crecimiento, el Metamodelo Global Unificado de la Biosfera (GUMBO, por sus siglas en inglés) y el LowGrow, un modelo que ha sido utilizado para evaluar la posibilidad de desarrollar una economía que no crezca en términos de PIB sino que sea estable, con un alto nivel de empleo, emisiones de carbono reducidas y una calidad de vida elevada, con disposiciones para redistribuir los ingresos, en un escenario de fin del crecimiento poblacional.

Los resultados de World3, GUMBO y LowGrow son convergentes y muestran la coherencia y viabilidad de las políticas para producir una economía sin crecimiento en términos de PIB, pero que es sostenible y deseable. Y no se trata, terminan Costanza y colaboradores (2013), de una fantasía utópica; “lo que sí constituye en cambio una fantasía utópica es pretender seguir como hasta ahora”. Ahora bien, tampoco es una transformación sencilla: la reorientación que supone hacer posible la transición a sociedades sostenibles, exige cambios en el mundo empresarial y tecnocientífico, en la acción política (que ha de regular adecuadamente la actividad empresarial y financiera)… y en cada uno de nosotros.

Podemos referirnos a algunos pasos positivos en esa dirección como la Responsabilidad Social Empresarial, la Inversión Socialmente Responsable, que encuentra en la Banca Ética (Triodos Bank), la garantía de inversiones respetuosas con la Sostenibilidad y el respeto de los Derechos humanos. Igualmente positiva ha sido la creación de instituciones como WBCSD (World Business Council for Sustainable Development), cuyas acciones están orientadas a la ecoeficiencia, entendida como “el logro de más con menos” (más bienes y servicios con menos energía y recursos materiales), o CERES (Coalition for Environmentally Responsible Economies), entre cuyos principios figuran la protección de la Biosfera, el uso sostenible de los recursos naturales, etc. Esta coalición ha promovido la inclusión en una “Climate Watch List” de aquellas empresas que transgreden gravemente sus principios y ha impulsado, junto con el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), la creación de “Global Reporting Initiative” (GRI), un centro concebido para aumentar la calidad de las memorias de Sostenibilidad de las compañías –públicas o privadas- con un triple balance: económico, social y medio ambiental. En el mismo sentido, frente a las empresas tradicionales que maximizan el rendimiento en aras de un único valor –las ganancias de los accionistas-, en EEUU doce Estados han aprobado ya legislación para crear un nuevo tipo de empresa, denominada corporación–B, donde la “B” representa beneficios sociales, que se incorporan directamente en sus objetivos y cartas fundacionales (Moore y Nelson, 2013; Sukhdev, 2013).

También debemos recordar la importancia que están teniendo los microcréditos en la resolución de la “exclusión social” (pobreza, hambre y marginación social). En un mundo de crecientes desigualdades la aplicación de los programas de créditos para las personas más desfavorecidas se contempla como posible solución para contribuir a reducir la pobreza mundial (Fuertes y Chowdhury, 2009). El Grameen Bank (“Banco de la aldea”), lanzado por Muhammad Yunus, economista y Premio Nobel de la Paz en 2006, es actualmente la entidad bancaria más grande de India, tiene como objetivos conceder microcréditos a sus miembros e incluir en sus servicios a los que están económica y socialmente excluidos, es decir, presta a los más pobres de los pobres, a los que no poseen nada y por tanto sin garantías de ningún tipo. El 97 por ciento de sus prestatarios son mujeres. Se trata de un modelo que por sus éxitos ha inspirado a otras personas e instituciones a poner en marcha sistemas similares: el Projek Ikthiar en Malasia, el Programa Grameen Trust para dar a conocer las metodologías de los microcréditos, los BOT (Build, Operate and Transfer), el Aceh Grameen Credit Project (AGPC) creado en Indonesia después del Tsunami, el proyecto de crédito Asociación Civil Guatemalteca Grameen, UNV GT en Zambia, etc.
Y no debemos olvidar propuestas como “Prosperidad sin crecimiento”, que redefine la "prosperidad", identificada hasta ahora con la abundancia material y el crecimiento económico: "La prosperidad consiste en nuestra habilidad para progresar como seres humanos dentro de los límites del planeta. El reto de nuestra sociedad es crear las condiciones para que eso sea posible. Es más, yo diría que es la tarea más urgente de nuestros tiempos" (Jackson, 2011). O propuestas más informales como los “Bancos de tiempo”, en los que la unidad de intercambio no es el dinero sino una medida de tiempo, por ejemplo el trabajo por hora. Constituyen, en realidad, sistemas de intercambio de servicios por servicios o favores por favores y buscan fomentar las relaciones sociales y la igualdad entre distintos estratos económicos.

Estos son ejemplos de medidas concretas positivas, pero se requiere una propuesta global, articulada, de transformación del modelo económico imperante a nivel mundial. Eso es lo que se pretende desde Naciones Unidas con la propuesta de Economía Verde como alternativa a la actual economía “marrón”, contaminante y depredadora, que nos ha conducido a la grave situación de emergencia planetaria que estamos sufriendo. Veamos lo que explica al respecto el documento del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) “La economía verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y la erradicación de la pobreza” (ver enlace en el listado final):

Aunque el concepto de Economía Verde ha existido desde hace varios años, el tema fue introducido oficialmente a la mesa de discusión cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió organizar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro, Brasil, en 2012 con el objetivo de: “obtener un compromiso político renovado a favor del Desarrollo Sostenible, evaluando los avances logrados hasta el momento y las lagunas que aún persisten en la aplicación de los resultados de las principales cumbres en materia de Desarrollo Sostenible y haciendo frente a las nuevas dificultades que están surgiendo”.

En reconocimiento a la necesidad imperante de los países en desarrollo de erradicar la pobreza como principal prioridad en sus decisiones de política pública, y de la estrecha relación que tienen el estado de los recursos naturales con la capacidad de las sociedades para mejorar el bienestar de las personas y promover el desarrollo, se habla de la economía verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y la erradicación de la pobreza, y no únicamente de economía verde. La inclusión explícita de la necesidad de acabar con la pobreza, de una forma que se garantice que no volverá a aparecer y que se mantendrán los recursos naturales, resalta al menos dos temas. Primero, que no se puede hablar de economía verde independientemente de acciones directamente ligadas a atender las necesidades de los grupos más vulnerables; y segundo, que no puede existir una economía verde si los patrones de consumo y producción no garantizan que la mejora en el estado del medio ambiente y los beneficios sociales estén presentes en el corto, mediano y largo plazo.

Bajo estas premisas entonces, la economía verde es la que mejora el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. En su forma más básica, una economía verde es aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente.

Tal como indica este documento del PNUMA, el concepto de Economía Verde existe desde hace varios años. El Worldwatch Institute, por ejemplo, en su informe anual de 2008, dedicó un capítulo a “Construir una economía baja en carbono” (Flavin, 2008). Y en la web de la Década de la educación por un futuro sostenible aparecen ya referencias a la Economía Verde en el boletín nº 32 del 15 de enero de 2009, que lleva por título “¿Crisis financiera o crisis global? La Economía Verde como necesidad y oportunidad”. En él se señalaba: “… la crisis actual tiene otra lectura positiva, superadora del simple ‘ya lo habíamos advertido’ o ‘esto nos conduce al desastre’: podemos y debemos aprovechar la seria advertencia que supone esta crisis para impulsar un desarrollo auténticamente sostenible, una Economía Verde…”.

Sin embargo, con motivo de la Cumbre de la Tierra Rio+20, asistimos a la publicación de una serie de documentos que atacaban las propuestas de una economía “verde”, denunciada como una maniobra para disfrazar las prácticas depredadoras e insolidarias del capitalismo.

Así, Le Monde Diplomatique en español, en su número 200, de junio de 2012, incluía el artículo “Los retos de Rio+20”, en el que se critica a la economía verde como un concepto defendido por los portavoces del neoliberalismo, un “concepto-trampa” que se limita a designar, la mayoría de las veces, un simple camuflaje verde de la economía pura y dura de siempre, un ‘enverdecimiento’, en suma, del capitalismo especulativo, al que habría que contraponer el de “economía solidaria”.

Podemos referirnos también, por señalar otro ejemplo, al documento “Los pueblos del mundo frente a los avances del capitalismo: Rio +20 y más allá”, firmado por diversas organizaciones campesinas latinoamericanas (y accesible en la red), en el que podemos leer “La economía verde no busca detener el cambio climático ni el deterioro ambiental, sino generalizar el principio de que quien tiene dinero puede seguir contaminando”. La conclusión es contundente “Todos movilizados para desenmascarar Rio+20 y el capitalismo verde”.

Autores y colectivos críticos como estos, con planteamientos en general progresistas, parecen haber olvidado el origen del concepto de economía verde, surgido, como acabamos de ver, como alternativa a la economía “marrón”. Difícilmente puede verse en los planteamientos de La economía verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y la erradicación de la pobreza “un simple camuflaje verde de la economía pura y dura de siempre. Un ‘enverdecimiento’, en suma, del capitalismo especulativo”.

Por supuesto hay quienes pretenden disfrazar sus comportamientos depredadores utilizando la expresión economía verde. Es lo que han hecho siempre apropiándose de expresiones como “natural”, “ecológico”, “sostenible”, “globalización” y muchas otras… incluso “libertad” o “solidaridad”. ¿Debemos por ello renunciar a estos conceptos en vez de denunciar su uso distorsionado? Si lo hiciéramos favoreceríamos su propósito de dejar las cosas como están al servicio de sus intereses particulares: la ciudadanía ya no escucharía críticas a la economía “marrón”, contaminante, depredadora e insolidaria, sino críticas a la economía verde, que nació para combatirla. En ese sentido, la reciente publicación del Worldwatch (2013), que lleva por título ¿Es posible todavía la Sostenibilidad?, intenta salir al paso de la apropiación indebida del concepto de “Sostenibilidad” por su uso excesivo y normalmente inadecuado en etiquetados y actividades varias, preguntándose frente a toda esa retórica si “¿Es hora de abandonar el concepto en conjunto, o podemos encontrar una forma precisa de medir la Sostenibilidad? Si es así, ¿cómo podemos lograrlo? Y si no, ¿cómo podemos prepararnos para la degradación ecológica que tendrá lugar?”En esta ocasión, científicos y expertos en diferentes campos abordan estas cuestiones, intentando restaurar el significado de Sostenibilidad como una herramienta esencial frente a la situación de emergencia planetaria.

No tiene sentido confrontar economía verde y economía solidaria: una economía solidaria ha de ser necesariamente verde para ser sostenible. Y quienes han introducido el concepto de economía verde lo han hecho contra la realidad de la economía marrón, que busca el máximo beneficio particular a corto plazo sin preocuparse de las consecuencias socioambientales. Por eso se habla de Economía Verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y la erradicación de la pobreza. No contribuyamos al éxito de quienes pretenden seguir practicando la economía marrón (auténtico propósito del capitalismo especulativo y depredador). Denunciemos sus disfraces engañosos, pero no les regalemos nuestros conceptos y propuestas, ni contribuyamos a la confusión de la ciudadanía: la Economía Verde, como la Economía del bien común (Felber, 2012) o la Economía para un planeta abarrotado (Sachs, 2008), etc., suponen propuestas convergentes de remodelación profunda del sistema productivo con el objetivo de contribuir a la construcción de un futuro sostenible.

Todas estas medidas y propuestas suponen un cuestionamiento radical del crecimiento económico como objetivo social. El aumento del Producto interior bruto (PIB) deja de considerarse un indicador de progreso y se proponen nuevos índices, como el IBES (Índice de bienestar económico sostenible), el IPG (Índice de progreso genuino o real), el Índice de Riqueza Inclusiva (IWI, Inclusive Wealth Index o “PIB verde”) o el FIB (Índice de Felicidad Bruta), que toman en consideración aspectos esenciales para el bienestar humano, tanto los positivos, que lo mejoran (el voluntariado, el cuidado de familiares…), como los negativos que contribuyen a su deterioro (la degradación ambiental, la pérdida de recursos naturales, las desigualdades de renta, etc.). Sin olvidar que los valores promedios de indicadores como el PIB son engañosos y que se precisa también dar información de su distribución, porque lo que determina el nivel de Inclusividad de una sociedad es la distribución real de las rentas, la riqueza y los beneficios (Raworth, 2013).

En ese sentido, inciden los resultados publicados en el libro El capital en el siglo XXI (Piketty, 2014), que ha tenido un gran impacto en esferas económicas, en el que se fundamenta, a partir de análisis exhaustivos, cómo se produce la concentración de la riqueza y su distribución durante los últimos 250 años. El estudio muestra que cuando la tasa de acumulación de la riqueza crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad entre ricos y pobres aumenta, señalando que en el actual sistema económico la riqueza heredada siempre tendrá más valor que lo que un individuo pueda ganar en una vida (ver Reducción de la pobreza). Que el capitalismo es, por lo tanto, incompatible con la democracia y con la justicia social. El economista francés Thomas Piketty propone en su libro, para evitar el llamado capitalismo patrimonial, impuestos progresivos y en particular un impuesto mundial sobre la riqueza.

Para reorientar adecuadamente el modelo económico, es necesario tener presente el estudio detenido de las causas del actual crecimiento insostenible, guiado por intereses particulares a corto plazo, que abordamos en otros Temas de Acción Clave, como el hiperconsumo depredador de una quinta parte de la humanidad (ver Consumo responsable), la explosión demográfica (ver Crecimiento demográfico y Sostenibilidad), o los desequilibrios y conflictos asociados (ver Reducción de la pobrezay Evitar conflictos y violencias). Y junto al análisis de la situación y sus causas cabe remitirse, muy en particular, al estudio de las medidas necesarias y posibles (ver Educación para la Sostenibilidad, Ciencia y Tecnología para la Sostenibilidad, Ciencia de la Sostenibilidady Gobernanza universal)- para avanzar en la transición a la Sostenibilidad (Vilches y Gil, 2003).

Estamos aún a tiempo de reorientar la forma de relacionarnos entre nosotros y con el resto de la naturaleza y sentar las bases de un futuro sostenible: podemos y debemos aprovechar esta crisis, como reclama Ban Ki-Moon, apoyándose en los informes científicos, para impulsar un desarrollo auténticamente sostenible y regenerar los ecosistemas degradados (Economía regenerativa), creando para ello millones de empleos. Presentaremos, para terminar, una breve síntesis de los yacimientos de empleos sostenibles en la perspectiva de una transición a la Sostenibilidad, que constituye la alternativa real a las reiteradas crisis económicas que el crecimiento económico depredador e insolidario provoca.

Empleos para avanzar hacia la Sostenibilidad

Entendemos por empleos sostenibles todos aquellos que contribuyan a sentar las bases de un futuro sostenible y satisfactorio para el conjunto de los seres humanos, es decir, que contribuyan a la necesaria transición desde la actual situación de emergencia planetaria a sociedades sostenibles en las que se universalicen y respeten todos los Derechos Humanos. Los presentaremos resumidamente, agrupados en los siguientes apartados:

1. Empleos asociados ala transición de la economía marrón a la Economía Verde, solidaria y sostenible (Una transición justa que dé paso, sin lesionar derechos, a lo que Rifkin denomina Tercera Revolución Industrial, parte de una profunda revolución civilizatoria)

  • Lograr la transición energética, sustituyendo los recursos fósiles por energía limpia y renovable (primer pilar de la 3ª Revolución Industrial). Ello exige eliminar los actuales subsidios a los recursos que dañan el medio ambiente (programando alternativas de trabajo) y dar ventajas fiscales a las energías renovables y descentralizadas
  • Incrementar la eficiencia de aparatos, sistemas y procesos, favoreciendo el ahorro energético y reduciendo el consumo de otros recursos básicos (agua, suelo cultivable…)
  • Incrementar, en particular, la eficiencia de los edificios (que pueden convertirse en generadores locales de energía, constituyendo el segundo pilar de la 3ª Revolución Industrial), priorizando las rehabilitaciones (aislamiento térmico, sistemas de ventilación…) y el diseño urbano sostenible para una mejor eficiencia energética, reducción de la contaminación, etc.
  • Desarrollar formas de almacenar la energía procedente de fuentes renovables que faciliten la conversión de los suministros intermitentes de estas fuentes de energía en recursos permanentes (hidrógeno, pilas de combustible…: tercer pilar de la 3ª Revolución Industrial)
  • Desarrollar redes inteligentes de distribución de energía eléctrica (cuarto pilar de la 3ª Revolución Industrial)
  • Impulsar formas de transporte sostenible y fortalecer las infraestructuras adecuadas
  • Promover políticas alimentarias sostenibles que contemplen toda la cadena, desde la producción, almacenamiento y transporte hasta el consumo, evitando la degradación ambiental de la agricultura industrial (que concentra la tierra en pocas manos y practica el monocultivo) y garantizando una producción diversificada y sostenible y el bienestar campesino, dotando de servicios al mundo rural (la agricultura sigue siendo el sector que más empleo genera a escala planetaria)
  • Impulsar la investigación e innovación en proyectos sostenibles (aplicando siempre el Principio de Precaución)

2. Empleos asociados al Desarrollo de políticas de protección del medio

  • Protección y restauración de los ecosistemas (infraestructuras ecológicas, áreas terrestres y marítimas protegidas) y defensa de la biodiversidad, evitando las extracciones depredadoras y favoreciendo el uso sostenible de los servicios ambientales, imprescindibles para el bienestar humano
  • Combatir todas las formas de contaminación y realizar una adecuada reducción y gestión de residuos
  • Mitigación del (y adaptación al) cambio climático
  • Favorecer el turismo sostenible, respetuoso con el medio ambiente y la diversidad biológica y cultural

3. Empleos asociados a la promoción del bienestar social y reducción de las desigualdades

  • Evitar el crecimiento económico a expensas del capital natural o los derechos de las personas, lo que exige un cambio de modelo económico (que reconozca los límites del planeta y no se rija por la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo), que a su vez comporta:
  • Desarrollar sistemas fiscales justos, con impuestos progresivos, tanto sobre salarios como sobre beneficios empresariales no reinvertidos, para garantizar los bienes y servicios públicos (sanidad, educación, cultura, medioambiente saludable…) y hacer posible las inversiones para la creación de empleos sostenibles
  • Establecer una Renta Básica Universal y topes salariales (salario mínimo y máximo) vinculados al salario medio
  • Combatir las discriminaciones por razones étnicas o de género, garantizando la igualdad de derechos y favoreciendo el empoderamiento de las mujeres
  • Atender a las necesidades de las personas dependientes y valorar, en general, el llamado trabajo reproductivo.
  • Imponer en el comercio mundial el respeto de las normas de protección del medio y de los derechos de los trabajadores
  • Combatir siempre el desempleo mediante la distribución del trabajo y la incorporación a procesos formativos
  • Regular los procesos financieros erradicando los paraísos fiscales e introduciendo tasas que combatan las transacciones especulativas
  • Sustituir la competitividad (en la que el éxito de unos comporta el fracaso de otros) por una cooperación y solidaridad que beneficie a todos
  • Erradicar la pobreza extrema (marcada por el hambre, el chabolismo…) en todo el mundo como objetivo prioritario

4. Empleos asociados a la estabilización de la población mundial

  • Incorporar la educación sexual y la planificación familiar en el currículo de formación ciudadana
  • Garantizar el derecho a la planificación familiar y a un libre disfrute de la sexualidad que no conculque la libertad de otras personas.

5. Empleos asociados al acceso universal a los recursos y servicios básicos

  • Acceso universal al agua dulce (impulsar legislación e infraestructuras que garanticen un uso sostenible)
  • Acceso universal a recursos energéticos limpios y renovables
  • Acceso universal a suficientes alimentos sanos para erradicar el hambre y alimentar adecuadamente
  • Acceso universal a una vivienda adecuada en un entorno saludable
  • Acceso universal a la sanidad con una particular atención a las pandemias y a la salud materna e infantil
  • Ampliar progresivamente los Bienes Públicos Globales (y locales), la legislación para protegerlos y los puestos de trabajo para hacer efectiva la protección de dichos bienes públicos
  • Establecer compromisos vinculantes para la ayuda nacional e internacional a pueblos en dificultades (catástrofes, hambrunas, agresiones…) fortaleciendo los cascos verdes, rojos y azules (y su equivalentes regionales y locales), reconvirtiendo los presupuestos militares y sus objetivos

Muy en particular:

6. Empleos asociados al acceso universal a la educación y a la cultura

  • Erradicar el analfabetismo (enriqueciendo el concepto de alfabetización más allá del leer y escribir, incorporando dimensiones como la alfabetización científica, la eco-alfabetización o la alfabetización mediática, consideradas indispensables “para el desarrollo de una ciudadanía plena y activa” por instituciones internacionales como, por ejemplo, la Unión Europea,)
  • Extender el derecho a una educación de calidad, tanto formal como no reglada, espaciada a lo largo de toda la vida, sin limitaciones de origen étnico, de género, etc., que favorezca el disfrute de la cultura, genere actitudes responsables y haga posible el desarrollo personal y la participación en la toma fundamentada de decisiones.
  • Potenciar la producción cultural como alternativa al hiperconsumo de bienes materiales, reconociendo así a la cultura como pilar del Desarrollo Sostenible
  • Proteger la diversidad cultural (no como simple folclore sino como reconocimiento de propuestas civilizadoras emancipadoras)

7. Empleos asociados a la Promoción de pautas de comportamiento sostenibles

  • Promover la educación socioambiental para la Sostenibilidad. Fortalecer la conciencia pública sobre los impactos negativos que tienen los patrones de consumo insostenibles y sustituir la cultura prevaleciente de consumismo por la de Sostenibilidad
  • Favorecer el consumo responsable y el comercio justo con legislación adecuada, generalizando el eco-etiquetado
  • Favorecer la reutilización y el reciclado de materiales con instalaciones adecuadas
  • Reducir la ingesta de carne (cuya producción, tremendamente ineficiente, exige consumos insostenibles de agua, suelo cultivable, recursos energéticos…) así como de productos exóticos que precisen costosos transportes; favorecer el consumo de productos de temporada y de agricultura ecológica

Estas y otras medidas que requieren millones de puestos de trabajo, incluidos los del personal necesario para garantizar su cumplimiento, exigen potenciar la participación ciudadana en las instancias políticas y toma de decisiones:no es posible una verdadera transición a sociedades sostenibles sin la participación de la ciudadanía:

8. Empleos asociados a la potenciación de la participación ciudadana

  • Garantizar el derecho a la información y su cobertura mediática, establecer la obligación de rendición de cuentas, promover los presupuestos participativos, etc.
  • Evaluar sistemáticamente los logros, así como la huella ecológica (incorporando medidas compensatorias)…
  • Establecer un nuevo marco institucional y de toma de decisiones que armonice las competencias de las instancias políticas locales, regionales, estatales y planetarias
  • Fortalecer y democratizar las Naciones Unidas (suprimir el derecho al veto en el Consejo de Seguridad; regular las mayorías cualificadas con capacidad de decisión; garantizar el respeto de los Derechos Humanos y de los acuerdos internacionales…) y de las instancias regionales como la Unión Europea

La transición a la Sostenibilidad supone la superación del actual modelo socioeconómico y la adopción de medidas asociadas a la potenciación de puestos de trabajo como los que se acaban de resumir. Ello constituye la vía para armonizar Derechos Humanos fundamentales como el derecho al trabajo y el derecho a un ambiente saludable, derechos que no solo no se contraponen, sino que únicamente pueden alcanzarse conjuntamente, como se fundamenta en el conjunto de estos Temas de Acción Clave.
    

Referencias en este tema “Economía y Sostenibilidad”

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Cita recomendada
VILCHES, A., GIL PÉREZ, D., TOSCANO, J.C. y MACÍAS, O. (2014). «Economía y Sostenibilidad» [artículo en línea]. OEI. ISBN 978-84-7666-213-7. [Fecha de consulta: dd/mm/aa].
<http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=3>

Algunos enlaces de interés en este tema “Economía y Sostenibilidad

Nota: En Internet se encuentra abundante información, fácilmente accesible, acerca de la problemática abordada en este tema. A título de ejemplo, damos los enlaces de una serie de webs de posible interés, advirtiendo, sin embargo, que algunas de ellas pueden dejar de estar accesibles en el enlace proporcionado; recomendamos, en ese caso, proceder a una búsqueda actualizada.

Banco Mundial, Más allá del crecimiento económico
Economía, Unión Europea
Fondo Monetario Internacional
Global Footprint Network. Advancing The Science of Sustainability:
Informe Planeta Vivo 2012 WWF
Informe Stern
Intermón Oxfam, Tasa Robin Hood
MIT, Massachusetts Institute of Technology
Naciones Unidas, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
New Economics Foundation
Parlamento Europeo, respaldo a la Tasa Robin Hood (8 de marzo 2011)
PNUMA. La economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza
Red Mercosur de Investigaciones Económicas
UNEP, Informe GEO-5
UNEP Financie Iniciative. Changing Finance, financing Change:
Worldwatch Institute

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