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Alfombra roja para la Ciencia y la Tecnología: que todo en la vida es cine y los sueños, ciencia son

17 de abril de 2017

Azucena Hernández Sánchez. Universidad de Valladolid. España. IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Avatar, Gravity, Iron Man, Stark Treck, King Kong, la saga de la Guerra de las Galaxias no hubieran sido lo mismo sin científicos e ingenieros que hubieran dado vida, sonido, movimiento, luz y color a los sueños de sus creadores para llevarlos a las salas de exhibición. En nuestra Era, donde el aprendizaje está mediado por pantallas, pensar en diseñar entornos de aprendizaje motivadores e innovadores para el alumnado, especialmente adolescente, quienes están llenos de sueños, creatividad e imaginación, puede venir de la mano de estudiar la interacción entre educación, tecnología y cine.

Cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son, esta frase del cantautor Luis Eduardo Aute bien podría habérsele venido a la cabeza al ingeniero español Marcos Fajardo ganador de un premio Oscar Técnicos y Científicos que ofrecen la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. En este caso por la creación de su software, el programa Arnold, capaz de calcular o renderizar imágenes digitales aportando gran realismo a las mismas siendo uno de los más utilizados en efectos visuales en la industria cinematográfica de ese país. La alfombra roja de la gala se despliega para científicos, ingenieros y técnicos, un reconocimiento merecido a todas esas personas que más allá de las máscaras de interpretación y los estereotipos aportan conocimiento científico para hacer reales y compartidos los sueños del séptimo arte.

El caso del ingeniero Marcos Fajardo, nos muestra que a pesar del aburrimiento en las clases de cálculo, este fue el motor para buscar otra motivación intrínseca, una vía de escape, que él encontró a través de Internet y en los programas de código libre que le enseñaron otro mundo posible. Un mundo donde podía coger las integrales y hacer imágenes en 3D. Ese sentimiento de sorpresa le facilitó la entrada a un mundo mágico que unía unas matemáticas áridas a la belleza de lo que con ellas se puede lograr, y que entre otras muchas cosas le iban a llevar a poder crear películas que hacen soñar a otros.

Eso mismo podemos leer en la página oficial de la Fundación Educativa del cineasta George Lucas, donde de nuevo comparte su experiencia en la enseñanza secundaria como aburrida. Sólo cuando llegó a interactuar con el conocimiento y hacerlo suyo empezó a disfrutar con el mismo. Esta vivencia le ha llevado a investigar, promover y apoyar otras formas de aprender y enseñar. Esta Edutopía, propuesta por George Lucas, está en la línea del proyecto STEM is everywhere, es decir, visibilizar que la Ciencia, la Tecnología, la Ingeniería, la Matemática, el Arte están en todas partes del mundo real, y no únicamente en artefactos tecnológicos, sólo tendremos que aprender a mirar.

Con distintos ritmos, filosofías, horizontalidad y diversidad de recursos, a lo largo del mundo muchos docentes en su ámbito individual y mucho mejor las escuelas como colectividad, exploran y desarrollan diversas y nuevas estrategias didácticas en aras enriquecer el aprendizaje del alumnado. No esperan a que el alumnado se aburra para empezar a que este ame el conocimiento a pesar de la Escuela. Los profesionales de la educación cada vez prestan mayor atención a la influencia de lo emocional en el proceso de enseñanza-aprendizaje y a su vez al desarrollo de la competencia creativa, en un continuo que sea pensar y ejercitar. Los más optimistas señalarían experiencias pioneras de éxito mientras que otros sólo indicarían que esto no está todavía presente en la mayoría de las escuelas, siendo una posibilidad restringida a los más fuertes.

Como docentes, una y otra vez, deberíamos reflexionar, que unido al esfuerzo, la disciplina, la racionalidad, no tenemos que olvidar la fantasía, la creatividad, la globalidad, la utilidad, la belleza de todo el conocimiento que queremos que nazca en el alumnado con el que trabajamos. Cada vez más neurocientíficos y educadores confían en las bondades de reconocer el funcionamiento de las emociones primarias como elemento clave para el aprendizaje, la memoria, la socialización y la imaginación. Amor, ira, tristeza, miedo, alegría, sorpresa son compartidas por todos los humanos, por todas las personas del planeta, con independencia de su cultura de origen. Algo que se evidencia en el éxito de determinados productos cinematográficos que superar fronteras, culturas y muros. La gestión de las emociones obstaculiza o ayuda a fluir la creatividad de cada persona, a la vez que generan la motivación suficiente para enfrentarse al reto del aprendizaje, a veces arduo y a veces suave.

La creatividad durante siglos se ha ligado a dos grandes vías de acceso. Por un lado, el racionalismo, proponiendo que la mente consciente es la que genera la creatividad, como acción deliberada, inteligente y racional y por el otro lado, el romanticismo, donde el inconsciente irracional propaga la creatividad, siendo interferida por la deliberación racional. Quizás como en casi todo, en el punto medio nos podemos encontrar con lo mejor, si consideramos que el pensamiento creativo, es la generación de ideas originales, novedosas y útiles asociadas al fluir de la mente tanto consciente como inconsciente. Nuestro ser creativo se encuentra vinculado a funciones complejas, al igual que las emociones, y ambos cumplen un papel fundamental, para activar la motivación intrínseca y derribar los obstáculos o barreras que impiden el fluir de las ideas. 

Por otra parte, el ecosistema educativo nos señala una imperiosa necesidad de acompañar al alumnado como un ser completo, racional e irracional, emotivo y social, pensante y participante. Donde con pequeñas acciones, a veces desapercibidas por su simpleza, o grandes proyectos señalados con los focos, se muevan los engranajes del interior del alumnado, sus emociones y acciones para que pasen del aburrimiento y la abulia, a la creatividad y la diversión. El éxito del movimiento maker, con su learning by doing, en castellano el tradicional aprender haciendo, nos da razones más que suficientes para que la educación científica y tecnológica sea ofertada como un medio para hacer realidad esos sueños y no unas barreras que crean pesadillas.

Aprender haciendo incide en las potencialidades emancipadoras del aprendizaje para el alumnado, en el aprender a aprender, en la autonomía de la persona, en la organización del grupo humano y la democratización de las nuevas tecnologías, más o menos nuevas dependiendo de los recursos y el contexto de cada escuela. El uso de laboratorios de fabricación, tanto con herramientas tradicionales como digitales para acompañar a grupos de alumnas y alumnos en la creación de sus propios dispositivos, artefactos, sistemas y proyectos, permitiendo conectar con un mayor espectro de alumnado dependiendo de sus capacidades para adquirir conocimientos o mejor para co-construirlos.

Comenzamos el texto hablando del glamour de Hollywood, de los sueños, del cine, de los grandes apoyos de un importante cineasta como es George Lucas a su Fundación educativa, y eso nos puede hacer perder la brújula, pero no el norte, de lo que nosotros sabemos realizar en nuestro contexto para apoyar los sueños del alumnado, por generar un aprendizaje globalizado, emocional y creativo, por promover las vocaciones científicas y el conocimiento de la ciencia en estudiantes no universitarios. Así que si no disponemos de estudios de cine o potentes laboratorios, siempre podemos realizar proyectos de teatro como el caso de “Guiones para la ciencia”, certamen de monólogos y micro-teatros científicos dirigido a estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y primer curso de Bachillerato de Extremadura (España), un proyecto de Cultura Científica de la Universidad de Extremadura que pretende que el alumnado participante elaboren guiones de contenido científico para luego llevarlos a escena e interpretarlos. Y si aún esto nos queda lejos, de todas formas, la diferencia siempre estará marcada por la capacidad de los docentes para susurrar al oído de cada alumno: “Muy bien, sigue así, Tú puedes!”

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abiera en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


 

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