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Cuarta revolución industrial y educación en el tercer milenio: retos para una escuela de calidad

15 de junio de 2017

Mag. Susana A. Bartolotta. Buenos Aires. Argentina. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
De la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento se han producido cambios en la ciencia y sus productos, la tecnología y la sociedad misma, consecuentemente la búsqueda de la calidad perdida en educación para este nuevo escenario se ha transformado en uno de los principales retos para la puesta en marcha de un nuevo paradigma educativo.

El nuevo paradigma de la educación para el siglo XXI es más educación para todos, con calidad y equidad, en un sistema educativo que garantice egresados que dominen los siete lenguajes de la modernidad.

¿De qué hablamos cuando difundimos los lenguajes de la modernidad? Es posible que dialoguemos sobre lo mucho que nos falta por hacer en educación. Expresamos la formación en altas competencias en lectura y escritura a través de redes electrónicas, la capacidad de resolver problemas en las diferentes disciplinas, la precisión en la expresión del pensamiento en forma escrita, la capacidad para analizar el entorno social, intervenir y participar para la defensa de intereses, la recepción crítica de los medios de comunicación, planificar y trabajar colaborativamente para la democracia y finalmente, capacidad para ubicar adecuadamente los datos, usar mejor la información acumulada, sistematizar conocimientos, publicar y difundir trabajos.

Los siete lenguajes de la modernidad definen los nuevos contenidos de la educación y para ello, en primer lugar, debemos redefinir el currículo, lo que hay que aprender y lo que hay que enseñar.

La sociedad del Siglo XXI trasciende los meros saberes o conocimientos, demanda competencias o saber hacer y es necesario diseñar propuestas formativas en ese mismo sentido.

¿Alcanza con solo cambiar el currículo? No alcanza, hay que cambiar los enfoques de las disciplinas que se enseñan, incluir nuevos campos que atraviesen las disciplinas, tal el caso especial de la tecnología, otros idiomas y la informática y por supuesto, capacitar a los docentes para que puedan cambiar su rol y las metodologías de enseñanza a la par de mejorar las infraestructuras edilicias. Es necesario también alcanzar la equidad generando propuestas diferentes para públicos diferentes, atendiendo a las necesidades específicas.

La cuarta revolución educativa ya llegó, aún cuando estamos encontrándole sentido práctico a la tercera, y es la revolución digital bajo la supremacía de internet. La inclusión de las tecnologías de la información y la comunicación en este modelo de escuela, es necesario entenderlas como la oportunidad para el cambio de paradigma. Hoy nos encontramos en una etapa de multiplicación infinita de las fuentes de conocimiento y la red nos ha abierto ampliamente la puerta a todos.

La tecnología abre un abanico muy interesante como lenguaje para desarrollar las capacidades de razonar, crear, expresarse y resolver problemas y estas competencias son estratégicas para la incorporación de las personas a esta nueva sociedad. Al respecto, es necesario enfatizar que las competencias no son espontáneas, deben ser enseñadas y requieren de docentes capacitados para guiar su construcción para que los alumnos se apropien de los modos más avanzados de pensar y crear asociados a las tecnologías.

La globalización y la nueva economía basada en el conocimiento demandan contar con una mano de obra cada vez más calificada, el impulso de nuevas formas de aprendizaje más durables, la instalación de centros de investigación que puedan ser competitivos a nivel nacional e internacional, y la creación de tejidos interinstitucionales que logren optimizar la interrelación entre educación, conocimiento, ciencia y tecnología de una manera consensuada y organizada.

¿Están nuestras sedes educativas preparadas para afrontar la parte que les corresponde de este desafío? ¿Estamos los docentes formando jóvenes para el futuro?

Lo cierto es que si no mejoramos la calidad educativa, dejaremos a nuestros jóvenes sin futuro. Es imprescindible implementar reformas educativas integrales para transitar el camino que permita abandonar el modelo del conocimiento meramente académico y favorecer otro de saber tecnológico, propio de la sociedad del tercer milenio. Es necesario asegurar una integración eficaz de las nuevas generaciones de profesionales a un mercado de trabajo global, cambiante y altamente competitivo. Buena parte de los trabajos estarán automatizados dentro de las próximas dos décadas, nos encontraremos con profesiones y trabajos que aún no existen y las empresas demandarán profesiones que respondan a ese contexto.

¿ Es la educación formal el único canal para que las nuevas generaciones entren en contacto con el conocimiento y la información? Es preciso crear puentes y amplificar las propuestas para alcanzar una educación permanente a lo largo de toda la vida. La educación no formal se inscribe dentro de un concepto más amplio y global y es inseparable del cambiante contexto mundial que sufre enormes transformaciones y que impacta sobremanera en el plano de la educación en su sentido más amplio.

Finalmente, si bien algunos autores afirman que esta revolución la tenemos que encarar de abajo hacia arriba, el Estado tiene la responsabilidad indelegable de asegurar una educación de calidad para toda la ciudadanía, disponer de sistemas integrales de evaluación de su calidad, proveer servicios educativos accesibles para toda la población acortando al brecha de la desigualdad, desarrollar mecanismos de acompañamiento y establecer marcos regulatorios claros para la educación no formal. 

Marchar hacia el nuevo paradigma educativo es una cuestión de todos y es indispensable que sea considerada una política de estado con acuerdos a largo plazo, que trasciendan los intereses inmediatos y mezquinos de todos partidos políticos.

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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