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Educación integral

3 de julio de 2017

Luis Rodolfo Ibarra Rivas. Querétaro, México
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
Este trabajo versa sobre la tendencia actual: formar escolarmente a los jóvenes con un interés más centrado en la producción que en otras áreas, a saber: filosóficas, estéticas, científicas y políticas. En este trabajo se sugiere la educación integral. Para tal fin se apoya en la propuesta pedagógica de Antonio Gramsci.

La formación profesional y la educación por competencias

Las escuelas, en la actualidad, reciben una fuerte presión o demanda. Ésta consiste en que sus programas y acciones educativas se orienten a preparar a niños y jóvenes, de ambos sexos, para incorporarse al mercado laboral. Seguramente su manifestación más nítida sea la educación llamada por competencias. En ella una parte medular son las competencias laborales. El programa educativo Alfa Tuning para América Latina es una muestra. Con estas afirmaciones pretendo mostrar que la actual formación educativa escolarizada tiene una tendencia: la formación profesional de los educandos.

Dicho escuetamente, la formación profesional está dirigida a dotar de las actitudes, los conocimientos y las prácticas –las competencias– necesarias para el desempeño en el ámbito laboral. Las necesidades de formación profesional que la educación escolarizada debe atender provienen de opiniones de empresarios. Ellos, al ser interrogados, expresan qué actitudes, prácticas y conocimientos requieren de sus futuros empleados. Con esa información de base, quienes diseñan los currícula establecen los programas educativos.

Es muy posible que quienes así proceden –los expertos en el diseño de programas educativos por competencias– se sientan satisfechos al orientar a la producción empresarial a las escuelas, sus directivos, maestros, profesoras, y estudiantes. Algunos argumentos que esgrimen son: la educación ya no es libresca, ya no está centrada en la memorización de contenidos; la educación persigue fines prácticos; las escuelas son responsables de formar al capital humano necesario para la producción. Es plausible tal visión. Es deseable que las acciones educativas no desdeñen al mundo profesional ni laboral.

No obstante, la educación profesional, aquella que obedece a las exigencias de una profesión específica, sólo es parte de una educación integral. Las competencias también comprenden aquellas que denominan genéricas. Son las que pretenden formar para que los individuos sean responsables en distintas situaciones de la vida cotidiana en sociedad. Con estas competencias se pretende: saber (conocimientos científico-técnicos), saber hacer (mundo de las acciones y las aptitudes), saber ser (actitudes y valores). Así las competencias responden al mundo laboral. Sólo que no se limitan a él. Están orientadas a que los educandos sean compententes para realizar múltiples acciones: sociales, culturales, afectivas, laborales, cognitivas y, las que demanda su entorno.

La educación integral

Si algún mérito tiene este trabajo es traer a cuento la propuesta pedagógica del filósofo italiano, Antonio Gramsci. Él afirmó la conveniencia de educar persiguiendo fines complejos: formar a los jóvenes y niños para que sean como los filósofos alemanes, los políticos franceses, los ingenieros norteamericanos y los artistas italianos del Renacimiento.

Es meritorio traer al presente esa propuesta pedagógica, hecha en el primer tercio del siglo pasado, porque reconoce que la formación profesional es necesaria: el ingeniero norteamericano, el hombre pragmático. Sólo que es insuficiente. Las competencias genéricas también son necesarias. Únicamente que están dirigidas a un fin último: resolver problemas. No tanto se orientan a recrear la filosofía-ciencia, a formar un filósofo ni a un científico, por ejemplo.

Las competencias genéricas tampoco comprenden la acción política: educar a quien contribuya a formar un mundo mejor. Esta educación de naturaleza política es distinta de la ética planteada por las competencias genéricas. También es meritoria la propuesta integral de Gramsci por su demanda de formación estética. Acaso ésta sí resuelva problemas. No obstante, va más allá de fines pragmáticos: el goce estético no sólo persigue fines “prácticos”. La formación estética contribuye a sensibilizar al ser humano ante formas y sentimientos. Lo humaniza para que aprenda a sentir y a dar forma.

En este trabajo no se menosprecia a la educación por competencias ¡Claro! Que es necesario ser competente. Conviene agregar que el ser humano no sólo es competente. También es quien goza, se conduele o apasiona. Filósofos, científicos, artistas e ingenieros son funciones sociales y laborales que, si no se cuida, son excluyentes. Sé es uno u otro. Por caso, se es ingeniero, pero no filósofo. Gramsci legó una pedagogía que tiene vocación de totalidad. Es ajena a lo que otro filósofo llamó alguien “el hombre unidimensional”. Tal vez éste sea el profesional de una carrera.

Conclusiones

La automatización y robotización exigen nuevas competencias laborales. Las líneas de producción en serie las diseñaron –a principios del siglo XX– Henry Ford y, luego, Taylor y Fayol. Son la “prehistoria” del trabajo empresarial. Nuevas competencias humanas se requieren para la producción sobre la base del control total de la calidad, de la reingeniería, o de los círculos de calidad. Es cierto, se requieren innovar las prácticas y los programas educativos. Es necesario educar a los educadores para modificar la educación del siglo XX y recrearla para las exigencias laborales del siglo XXI.

Son necesarias otras formas y fines para educar. La formación profesional acorde al desarrollo tecnológico destaca. Es necesario reiterar, esa educación es necesaria. También es limitada. Filosofar y recrear la ciencia también es preciso. Convenir con otros para conformar un mundo ajeno a las condiciones críticas que ahora padecemos es urgente. Actuar política y estéticamente lo exige la crisis estructural que padece el mundo.

Tenemos la oportunidad de contribuir a propiciar la formación integral de nuestros educandos: filósofo, científico, ingeniero, político y artista. Como tales debemos ser los educadores.

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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