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El camino hacia nuevos entornos escolares

4 de septiembre de 2017

Lucía Dina Galotti
Ciudad de residencia: Santa Rosa, La Pampa, Argentina
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
La escuela actual es heredera de un mundo que se ha transformado. Las comunicaciones han revolucionado nuestras vidas. Mucho de lo que hace unas décadas veíamos en películas de ciencia ficción, son parte de nuestro cotidiano, al punto que ya se ha naturalizado y hasta dejó de sorprendernos. Sin embargo, la institución escuela se resiste todavía a modificar su ecosistema. Allí, poco ha cambiado.

La revolución de la enseñanza no termina de aparecer. Las lógicas de la escuela se encuentran desarticuladas con lo que sucede fuera de ella y con el dinamismo que impregnan las nuevas tecnologías. El público escolar es cautivo, pero la brecha que se agranda hace que se encuentre poco motivado por lo que se ofrece. Nos encontramos atravesando un cambio de época, del libro a los entornos digitales, de tanta relevancia como lo fue la aparición de la imprenta. La escuela dejó de ser la principal vía de información.

Las redes y comunidades virtuales hacen posible nuevas formas de aprender que interpelan la escuela en su formato tradicional: el pizarrón, la tiza, el docente “explicador” el libro de texto, e incluso la organización de los espacios y los tiempos. De las muchas resistencias a lo largo de mi propia historia de vida, tanto como estudiante como siendo ya docente, recuerdo el tan resistido paso de la lapicera a la birome. Parecía que la caligrafía se desvirtuaría, desde una mirada muy academicista. También fue cuestionado en su inicio el uso de la calculadora y de los videos. Se añora también por parte de algunos el dibujar y calcar los mapas a mano, todo con el argumento de la calidad, pero que solapa cierta nostalgia hacia el disciplinamiento. Lejos de posicionarse en el desarrollo del pensamiento.

En el mismo sentido, el celular fue satanizado y prohibido y al principio también el uso de ordenadores portátiles. El miedo a que el estudiante se distraiga, o que lea y escriba menos. Pero, el problema ¿es la herramienta? ¿Es lo instrumental? ¿Se trata de usar las Tic para hacer lo mismo de la misma manera un poco más rápido y sencillo? ¿O incluir las Tic debería modificar el entorno de aprendízaje posibilitando nuevas y renovadas formas de enseñanza y organización de los espacios, los tiempos y los recursos?

En el cotidiano las nuevas tecnologías sí modificaron nuestros entornos. Generan no sólo nuevas y radicalmente distintas formas de comunicarnos sino todo lo que hacemos, desde comprar un pasaje hasta publicitar un producto e incluso los modos de entretenimiento y ocio. El acceso a las redes es más que un recurso y se transforma en parte de nuestras vidas, celular en mano. ¿Y en la escuela?

Allí también debería ser más que un recurso que acompañe a una clase expositiva tradicional. Más que una mera ilustración y soporte para el docente, que sigue con las mismas lógicas. La web hace posible el acceso a otras vías de comunicación e información, al trabajo cooperativo on line, asincrónico, donde no hace falta compartir un tiempo y un espacio. Permite pensar otras lógicas que superen, que modifiquen de raíz lo que aún perdura.

Los jóvenes se mueven con naturalidad con las tecnologías, pero eso no los convierte en expertos. Ellos juegan, se comunican, comparten fotos, pero generalmente tienen poco o nada de conocimiento de las herramientas con un carácter más académico. A veces no saben realizar una búsqueda de información de calidad, tener criterio para evaluar la que es válida de la que no lo es, poco o nada conocen de herramientas como Excel o Google docs, configurar cuentas de correo y usar los recursos de la web para aprender y producir conocimiento.

Existe la idea de que por ser nativos digitales saben más, lo cual incomoda a muchos docentes, pero no es tan así. Saben más de algunas cosas, pero hay mucho que el docente puede generar de nuevo en sus clases en un entorno académico de producción de conocimiento escolar. Por ejemplo, generar situaciones para resolver problemas que requieran las Tic, usar académicamente las redes sociales, escribir en línea un texto de forma colaborativa, entre otros. Es decir favorecer el aprendizaje de su uso para estudiar y para trabajar.

Es necesario superar los miedos y reposicionarnos para potenciar los aprendizajes en un entorno de enseñanza renovado. Esto no se limita solo a lo digital, pero lo incluye en una forma de organización nueva. Se requieren conocimientos de las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, ya que son parte de la vida en el mundo actual y futuro para el que estamos formando a nuestros estudiantes. No será posible ensanchar su horizonte cultural, si nos resistimos a ello y persistimos con la escuela tal como la conocimos.

Es menester superar la brecha entre consumir información y producirla, jugar con las Tic a trabajar, pasar de lo simple a lo complejo. En ese orden hay mucho por enseñar y aprender. Para ello, tenemos que tomar el guante del desafío de ir más allá de lo instrumental de las tecnologías, de lo pasivo, del hacer lo mismo pero con las Tic. Hay resistencias. Las nuevas tecnologías hacen tambalear la seguridad del docente, la disciplinaria caligrafía es reemplazada por la escritura digital, la información sale de los límites del libro y los chicos tienen la posibilidad de “salir de la clase” con un simple click, transitando de lo académico a lo mundano.

Es necesario salir de las arenas movedizas, ensayar otras formas de organizar la clase, propender a desarrollar otras estrategias  para que nuestros estudiantes usen las tecnologías para aprender y estudiar y que se apropien de ellas desarrollando competencias para el trabajo y la vida académica después de la escuela. También para que realicen un uso más rico y profundo de las tecnologías en su vida cotidiana. Para ello el ecosistema de la escuela tiene que transformarse. Las tecnologías son más que una herramienta. Producen un entorno nuevo y cualitativamente diferente.

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