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El humanismo. Lo que no debe faltar en la formación de la cuarta revolución

12 de octubre de 2017

Adriana Ivón Ospina Hernández Bogotá, Colombia. Colegio Las Américas I.E.D. IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
La evolución del hombre, y por ende de las sociedades, ha tenido y tendrá hitos históricos. Son estos hitos los que llevan a reflexionar, una sociedad mejor, donde se minimicen las enfermedades, se acepte y se aproveche la diversidad, se extiendan redes globales de hermandad y se conserve la naturaleza. Sin embargo, ¿es todo esto cierto?

La conectividad y el humanismo

Hoy en día, para nadie es un misterio que el desarrollo de la comunicación y, particularmente, de la transmisión de la información, ha permitido la aparición de la llamada sociedad del conocimiento. Sin embargo, son pocas las alusiones que se hacen con respecto a una sociedad del conocimiento y del humanismo.

Muy seguramente, quien lea estas líneas, se preguntará el porqué devolvernos en la historia, si el humanismo se originó en el siglo XIV y lo que pretende toda sociedad es seguir evolucionando. Pero hay que retomar uno de sus principales pilares y es precisamente, que todas las personas puedan cubrir sus necesidades, no solo básicas sino y sobre todo, las necesidades sociales, de autorrealización y de reconocimiento, como elementos esenciales de su propia existencia. No obstante, hoy más que nunca, en las escuelas se encuentran niños, niñas y adolescentes, con muchas necesidades, tanto afectivas, como económicas.

Como docentes nos preocupamos por saber ¿Cómo aprenden nuestros estudiantes? Y ya hablamos de la plasticidad del cerebro, que es la capacidad que tiene el cerebro, para modificar su estructura o función. En saber ¿Qué es la robótica y la nanotecnología? Y entonces, hablamos que la robótica, es más antigua que la nanotecnología, ya que su término fue acuñado en 1942 por Isaac Asimov y que la nanotecnología, aunque comenzó a desarrollarse por los años 80, su precursor fue el físico Richard Feyman en 1959. Ahora último, nos preocupa la inteligencia artificial, dado que con ella, dicen los expertos, no se fabrican cosas, sino que ella se promueve, para que la gente sea feliz. Pero ¿qué tan lejos podemos estar de las verdaderas necesidades de nuestros estudiantes, en su humanidad?

Si se es permitido soñar, sería fabuloso aplicar una fuerza tan poderosa como la conectividad, para cambiar la naturaleza de todas las sociedades, al mismo tiempo y en todas partes, con respecto a la educación humanista. Concibiendo el humanismo, como la actitud vital que concibe de forma integrada los valores humanos, y de esta forma hacer posible la formación de personas íntegras, que se conviertan en seres útiles para sí mismos y para los demás. Reforzar los valores y la ética, de tal manera, que ninguna persona se considere como tal, si los deja de lado. Lograr cambios a gran velocidad, cambios a nivel exponencial y encontrar las respuestas a tantas preguntas que existen hoy en día.

Sería asombroso y a la vez espectacular, que la conectividad permitiera minimizar los casos de maltrato, no solo entre estudiantes sino a nivel social, y convirtiera sus insondables modos de transmisión de comunicación, en señales de convivencia y armonía.

Cierto es, que como docentes debemos propender por la formación académica de nuestros estudiantes, desarrollando en ellos, la conciencia hacia la importancia de la ciencia, complementando su educación con el hábito de un pensamiento crítico. Pero también es cierto, que la ciencia seguirá avanzando, más lo importante es determinar cómo y a quienes va a llegar.

Por lo tanto, se hace necesario que nos preocupemos por exaltar que, aunque las sociedades seguirán cambiando, es saludable que ese cambio este marcado en hacer una transformación en la educación científica, que busque abolir las desigualdades, que busque suplir las necesidades de la misma sociedad y que aproveche las diferencias para abrir un mayor campo de posibilidades, y somos nosotros los docentes, los primeros constructores, de estos pilares en nuestros estudiantes, ayudados de las familias.

En resumen, nuestra vida cotidiana depende del conocimiento que tengamos, pero si a este conocimiento aunamos el pensamiento científico, en pro de la sociedad y no del beneficio propio, podremos contribuir a una transformación solidaria entre sociedades. Por eso, hay que promover no solo el aprendizaje, sino el compromiso social y emocional, el humanismo y amplificarlo mediante la conectividad, de esta manera podremos comprender y vivir de una manera más amena esta revolución socio-técnica que por momentos parece arrollarnos como seres humanos.

Adriana Ivón Ospina Hernández. Ingeniera de Alimentos de la Universidad INCCA de Colombia. Magister en Didáctica de las Ciencias, Universidad Autónoma de Colombia.

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