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El mito de Pandora, ciencia y género

13 de febrero de 2018

Lucia Dina Galotti
Ciudad de residencia: Santa Rosa, La Pampa, Argentina
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
La historia de la cultura occidental ha naturalizado determinadas formas de concebir el papel de la mujer en la sociedad. El ámbito científico, no escapa a estos estereotipos. Aunque se han ido flexibilizando con el tiempo, aún persisten las representaciones históricamente condicionadas. 

Lo mitos de la antigua Grecia, han moldeado en parte el imaginario cultural del mundo occidental. Contienen elementos simbólicos que configuran y refuerzan modos de pensar, como por ejemplo el referido al orden patriarcal de la sociedad. En particular, también han condicionado la relación de las mujeres con la ciencia.

Según el relato del poeta griego Hesíodo, en su obra la Teogonía, cuenta que cuando Zeus descubre que Prometeo lo engañó, creo a la mujer, representada por Pandora, como castigo. Según lo que expresa esta historia, los hombres, inmortales, vivían felices y libres de todo mal, hasta que Zeus envía a Pandora, la primera mujer, la dadora de todos los males que aquejan a la humanidad, guardados en su “caja”.

Se representa así, lo femenino vinculado con el mal. La figura de Pandora devalúa al género y lo considera como una amenaza al dominio del varón. Sólo se la valora como necesaria para la procreación y se les asigna un rol pasivo y de sumisión. Cualquier parecido a la realidad no es pura coincidencia. La propia cultura occidental genera discursos que justifican la inferioridad biológica, jurídica y social del género femenino.

Los estereotipos de género son parte de nuestra cultura, no se cuestionan. Generan patrones de conducta y modos de ser que son transmitidos a través de las generaciones. De esta forma, se ha naturalizado la violencia simbólica contra la mujer y se ha consolidado el lugar dominante del hombre. Se piensa que es así y no se lo suele cuestionar, aunque los últimos años se ha producido un fuerte cuestionamiento y una mirada crítica hacia esta visión de la sociedad. El ámbito de la ciencia no es la excepción. Aunque ha habido algunos avances, los estereotipos de género afectan aún hoy en día a las mujeres en la ciencia. Todavía, la imagen tradicional de un científico, es la de un hombre.

Hay muchos ejemplos en la historia de la ciencia que dan cuenta de ello. En particular, me parece paradigmático el de Rosalind Franklin, química, cristalógrafa que trabajaba en el King’s College de Londres con biomoléculas, en particular con el ADN. Sus fotografías de esta molécula fueron las mejores de la época. Esto no la eximió de tener un trato discriminarlo en su ámbito de trabajo. A mediados del siglo XX, en el King’s College, no podía compartir con los hombres determinadas áreas como por ejemplo, el comedor universitario. Esto es solo una pequeña muestra de la mirada de género de los ambientes científicos de Londres en ese entonces. Cuando se graduó, en la Universidad de Cambridge, no pudo obtener el título de licenciada porque esta categoría no se les concedía a las mujeres. Solo el 10 % podía acceder a la carrera de doctorado. Sin embargo, finalmente Rosalind, pudo doctorarse en química.

Una de las fotografías tomadas por Rosalind, la famosa foto número 51, llegó a las manos de Watson y Crick lo cual fue clave para que estos dos científicos llegaran a definir la estructura de la molécula, hecho por el cual, ganaron el premio Nobel en 1962. El aporte crucial de esta gran científica permaneció en la sombra durante muchos años, sin tener el merecido reconocimiento. Como falleció en 1958 y el premio Nobel no se concede de manera póstuma, no accedió a él. Incluso Watson y Crick, ni siquiera reconocieron públicamente su trascendental contribución, en sus discursos. Sin embargo los cambios sociales de los últimos años hace que ya no sea la “dama olvidada” Su historia se conoce cada vez más.

Por lo antedicho, el ámbito educativo requiere tomar en sus manos el desafío de acompañar esta transformación cultural y propender a derribar las barreras que aún persisten para llegar a una participación plena y en igualdad de condiciones de las mujeres en el ámbito de la investigación científica. Es necesario generar dispositivos de enseñanza que propicien problematizar la visión histórica y deconstruir los modelos tradicionales. 

En el mismo sentido, se debe intervenir para favorecer un mayor acercamiento de las niñas y las mujeres a las ciencias, ya que, tal como ocurre en la historia de Rosalind Franklin, aún es frecuente considerar a las ciencias básicas como propias de ámbito masculino. Hay estudios que muestran que cuando se solicita a un grupo de estudiantes que reflejen en un dibujo que es la ciencia y en qué consiste la actividad científica, representan un hombre, solo, con guardapolvo blanco y generalmente con aspecto de “científico loco”, con anteojos, haciendo experimentos químicos.

Si bien es creciente la participación de la mujer en el ámbito científico en la actualidad, y en el discurso las cosas van cambiando, en la realidad las cosas no son lo que parecen. Aún las mujeres suelen quedar relegadas a un segundo plano cuando se considera quién ocupará los puestos jerárquicos, independientemente de la capacidad académica y de gestión.

En la práctica, se observan representaciones culturales acerca de lo que se supone que es propio y adecuado para cada sexo, que inciden en las formas de pensar, actuar y relacionarse. En particular, en el ámbito de las ciencias, es usual asociar estos campos del conocimiento con lo masculino, en particular, en la física, en las carreras técnicas y en las ingenierías, mientras que otras, como la biología o la antropología, son más elegidas por las chicas.

En cuanto a la práctica docente, se suelen reforzar estos estereotipos, cuando se presentan diferentes expectativas entre niños y niñas, o en la forma de concebir sus capacidades y posibilidades en las diferentes disciplinas. Por ejemplo, cuando se piensa que los varones son más rápidos para las matemáticas y el pensamiento abstracto mientras que las chicas serían más aplicadas y prolijas.

Por ello, la educación científica tiene el gran desafío de revertir esta situación, que se construye incluso desde edades tempranas. Una estrategia posible sería la de recuperar las historias de la ciencia en las que las protagonistas son mujeres, así como divulgar también la actividad científica actual, de manera de constituirse en modelos referentes para las niñas y las jóvenes los cuales podrían incrementar su interés por las actividades científicas. Asimismo también es importante generar acciones con los docentes que contribuyan con revisar su visión respecto de la ciencia y los estereotipos de género.

Día de la Niña y la Mujer Científica

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