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Fracking, amenaza ambiental y de derechos humanos

9 de julio de 2017

En México, se considera que hay alrededor de mil pozos de “fracking” que ha abierto Pemex en Coahuila, Nuevo León, Puebla, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz.
Son ya 13 años que la producción de petróleo en México disminuído. Tras implementar la técnica fracking para explotación de hidrocarburos, lo ideal es analizarla debido a que genera fallas geológicas que provocan sismos, contaminación del agua y efectos adversos en la biodiversidad; es por ello que diversos países la han prohibido.

No obstante, los costos de extracción del gas y petróleo alojados en las "rocas madre", como las lutitas, no sólo son muy altos para un recurso que duraría unos cuantos años, sino que representan una amenaza para los derechos humanos, enfatizó Ramón Carlos Torres del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM.

Se estima que en México hay cerca de mil pozos de fracking abiertos por Pemex en Coahuila, Nuevo León, Puebla, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz; y es que las reservas probadas de petróleo en el mundo ya sólo alcanzarán para 30 años de extracción al ritmo actual; en el caso de nuestro país, puede ser de ocho o nueve años.

Al respecto, Luca Ferrari, investigador de la UNAM, expuso que los principales productores de petróleo son Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos; el primero necesita 400 pozos para producir lo que el vecino país del norte obtiene en 35 mil 699 pozos.

Agregó que se denomina “no convencional” a la roca madre en donde se ha formado el petróleo convencional; son formaciones no permeables (lutitas) donde hay gotas de petróleo y gas atrapadas.

En tanto, Antonio Hernández Espriú, coordinador académico del grupo de Hidrogeología de la Facultad de Ingeniería, indicó que el consumo de agua para el fracking es muy complejo. México enfrenta retos como que la cuenca de Sabinas-Burgos (continuación de la lutita Eagle-Ford, de Texas, ampliamente explotada) es una zona árida. Así, el agua subterránea condicionará en gran medida el éxito de la explotación de shell-gas (lutita).

“Hay que diversificar las fuentes de agua para el fracking, porque si nada más dependemos de los acuíferos en la parte norte del país –que sostienen la irrigación, el consumo humano y la producción de carbón– estaremos en graves problemas hídricos”.

Por último, Aroa de la Fuente López, integrante de Fundar y de la Alianza Mexicana contra el Fracking, dijo que es un hecho que ninguna regulación es suficiente para evitar los daños cuantiosos de esta técnica. Tiene impactos sociales relevantes, ya que amenaza los derechos humanos, al agua, a la salud, a la alimentación, a un ambiente sano y a la autodeterminación y autonomía. (Agencia ID)

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