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La dama del lado oscuro de la mente más brillante

14 de septiembre de 2017

Ana Ma. Gurrola Togasi. Escuela Nacional Preparatoria. UNAM. Ciudad de México. Comunidad Educadores Iberoamericanos por la Cultura Científica. IBERCIENCIA
Mileva Maric nace en 1875 en la ciudad de Titel en la provincia de Vojvodina, actual Serbia. Fue la primera esposa de Albert Einstein, actualmente se discute cuál fue su contribución a las revolucionarias teorías de su marido. En 1910 nace Eduard su tercer hijo, quien padece una enfermedad mental por lo que precisa cuidados especiales, el estrés que genera esta situación parece ser la causa del alejamiento entre Mileva y Einstein. En esa época, el genio de la Física moderna muestra una actitud machista y una gran falta de sentimientos hacia su esposa. La historia de Albert Einstein está llena de luz y sombras
El objetivo 5 para el desarrollo sostenible de la ONU lleva por título “ Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Un sueño largamente acariciado no sólo por las mujeres sino también, por qué no decirlo, por muchos hombres que han tomado conciencia del difícil camino que el género femenino ha tenido que transitar a lo largo de la historia de la humanidad.

En el campo de la ciencia este camino ha sido particularmente escabroso, ya que es una actividad humana dominada en su mayoría, aún en nuestros días, por hombres. En México, el porcentaje de mujeres dedicadas a la ciencia es aún incipiente, pues a pesar de que en los últimos 20 años su participación se multiplicó en casi 11 veces, su inclusión en plazas de trabajo, becas de posgrado o membresías del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) no rebasa el 30 %.

De acuerdo con este último organismo, existen 10,900 científicos en el país de los cuales 3,299 son mujeres lo que corresponde al 30%. Este porcentaje se reduce aún más si se consideran solamente las áreas de ciencias, ingeniería y matemáticas, en el caso de la física sólo 230 mujeres ejercen la docencia a nivel superior o se dedican a la investigación

La posición que las mujeres tienen en la ciencia mundial actual se debe en gran parte a los esfuerzos, la mayoría de las veces personales, de muchas mujeres a lo largo del tiempo. En esta ocasión resulta indispensable hablar de una mujer emprendedora y brillante que tuvo la oportunidad, o la desgracia, de compartir parte de su vida con uno de los científicos más reconocidos de la era moderna: Albert Einstein.

Mileva Maric nació el 19 de diciembre de 1875 en la ciudad de Titel en la provincia de Vojvodina, actual Serbia. Su familia era acomodada y era la mayor de tres hermanos. Comienza sus estudios a la edad de diez años (1886) en un colegio para niñas, posteriormente estudia en el instituto de educación de Sremska Mitrovica que disponía de un magnifico laboratorio de Física y Química.

En 1890 Mileva se gradúa obteniendo la máxima calificación en Física y Química, con un permiso especial es aceptada como estudiante privada en el Colegio Real de Zagreb, pues esta institución sólo admitía hombres. En la Universidad de Zagreb entabla amistad con Nikola Tesla quien tuvo un gran reconocimiento académico en su época.

Mileva y Einstein se conocieron en el primer año en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich que era una de las pocas universidades en Europa que aceptaba mujeres. Mileva tenía un carácter poco sociable y presentaba una cojera muy notoria debido a que padecía una artritis congénita, además era cuatro años mayor que Einstein, situación por la que la madre de Albert nunca la consideró la mujer apropiada para su hijo. Como se puede observar en sus cartas, comenzaron una relación amorosa e intelectual trabajaban siempre juntos y discutían temas científicos. En los primeros años de su relación, Einstein la consideraba un igual, respetaba sus opiniones e intercambiaban libros. En el año 1900, Einstein escribe a Mileva “estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, a alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónomo como yo”.

Existe una controversia alrededor de la contribución de Mileva en los trabajos de Einstein, algunos piensan que los conocimientos matemáticos que ella tenía fueron indispensables para que Einstein pudiera desarrollar sus teorías. Incluso algunos historiadores de la ciencia aseguran que la teoría especial de la relatividad se basa en la tesis que Mileva presentó a un profesor cuando estudiaba en la Escuela Politécnica de Zúrich. Es importante resaltar que los años más productivos y creativos del genio de la física fueron los que compartió con ella.

En 1901 Mileva queda embarazada, Einstein no estaba aún preparado para casarse y los rígidos principios morales de la sociedad de principios de siglo XX la obligan a suspender sus estudios y recluirse con su familia en Serbia para tener al bebé. El destino de la niña es incierto, supuestamente murió de escarlatina un año más tarde pero también se piensa que se ofreció en adopción.

El 6 de enero de 1903 Einstein y Mileva se casan en Berna, en 1904 tienen a su segundo hijo Hans Albert y es cuando ella decide dedicarse al cuidado de su familia dejando de lado su trabajo profesional y de investigación sobre la teoría de los números, cálculo diferencial e integral, funciones elípticas, teoría del calor y electrodinámica. En 1910 nace Eduard su tercer hijo, quien padece una enfermedad mental por lo que precisa cuidados especiales, el estrés que genera esta situación parece ser la causa del alejamiento entre Mileva y Einstein.

En esa época, el genio de la Física moderna muestra una actitud machista y una gran falta de sentimientos hacia su esposa, a quien le escribe las siguientes indicaciones para su trato cotidiano:

“Tendrás que encárgate de que: Mi ropa este siempre ordenada, se me sirvan tres comidas diarias en mi cuarto, mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y de que nadie toque mi escritorio. Debes renunciar a todo tipo de relaciones personales conmigo, con excepción de aquellas requeridas para el mantenimiento de las apariencias sociales. No debes pedir que : me siente contigo en casa, salga contigo o te lleve de viaje. Debes comprometerte explícitamente a observar los siguientes puntos: no debes esperar afecto de mi parte y no me reprocharas por ello, debes responder inmediatamente cuando te dirija la palabra, debes abandonar mi dormitorio o mi estudio en el acto. Prometerás no denigrarme cuando así te lo demande yo ante mis hijos, ya sea de palabra o de obra.”

En 1918 Einstein ofreció como acuerdo de divorcio el premio Nobel que sabía que recibiría, sin embargo, sólo le dio la mitad del dinero prometido sin importarle que su puesto de profesor de física en la Universidad de Berlín le reportaba un sueldo que le permitiría dar a sus hijos una pensión de manutención adecuada de forma regular.Con el dinero obtenido en el divorcio, Mileva compró un edifico de departamentos en Zúrich que le permitió vivir con cierta autonomía económica y poder cuidar a su hijo enfermo. Los continuos brotes psicóticos de Eduard, la llevaron a ser ingresada en el hospital en donde sufre varias embolias que le provocan la muerte en 1948.

Una de las mentes más brillantes de la época contemporánea, que era capaz de realizar abstracciones y crear nuevos conocimientos como nunca se había visto, también era capaz de denigrar y someter primitivamente a aquella que algún día consideró su igual. Para Einsten las mujeres sólo eran objetos utilitarios para mantener su vida cómoda y satisfactoria. Les atribuía muy pocas o ninguna habilidad de pensamiento. Alguna vez expresó que “muy pocas mujeres son creativas. No enviaría a mi hija a estudiar física. Estoy contento de que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia”.

Sin duda alguna que la historia de Albert Einstein está llena de luz y sombras, de sombras densas y muy ocultas a la mayoría del público general pero que es necesario dar a conocer y así contribuir a que la vida de las mujeres sea más luminosa en todas las áreas.

Mileva no contó con un soporte que le permitiera continuar con su vida profesional y de investigación, las costumbres de la época y sus sentimientos de amor y responsabilidad para con sus hijos la confinaron a una existencia difícil. Carece del reconocimiento mundial por sus trabajos y contribuciones a las revolucionarias investigaciones de su alguna vez marido. Pero es necesario revindicar a esta mujer excepcional que se enfrentó a muchos obstáculos para llegar a ser una de las primeras científicas del mundo, a una mujer que, sin saber cómo, se convirtió en la dama del lado obscuro de la mente más brillante.

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