OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

Para desvelar el rostro de Atenea

5 de febrero de 2018

Ana Ma. Gurrola Togasi. Escuela Nacional Preparatoria. UNAM. Ciudad de México. Comunidad Educadores Iberoamericanos por la Cultura Científica. IBERCIENCIA
Para que pueda existir la incorporación de las mujeres y las niñas en los ámbitos científicos y tecnológicos, es imperativo que primero se incorporen al sistema educativo de las naciones. El rezago en la equidad de género en estos rubros tiene su origen en la falta de oportunidades para que las mujeres accedan a la educación en igualdad de oportunidades que los hombres.

La falta de oportunidades para el género femenino obedece a varias razones multifactoriales, una de ellas son los roles tradicionales que las familias les asignan. En algunas familias las mujeres aún son las únicas responsables del cuidado del hogar, los niños pequeños, los ancianos y las personas con discapacidad. No se considera “rentable” invertir en su educación debido a que se espera que permanezcan en el hogar y no participen en ninguna actividad que reporte otro tipo de beneficios para la familia. Aún en el caso de que asistan a la escuela, muchas de ellas deben ayudar en el trabajo doméstico y atender a los hombres de la familia, lo que representa una carga adicional que puede poner en riesgo su educación académica. Por difícil que parezca en pleno siglo XXI en un medio urbano como el de la Ciudad de México, me enteré hace unos meses que una madre exige a su hija, estudiante universitaria, servir los alimentos y lavar su ropa de su hermano varón.

Es importante resaltar que la contribución que las amas de casa de tiempo completo hacen a la sociedad es de gran relevancia ya que aportan bienestar y estabilidad a las familias. Desafortunadamente sus aportaciones no son suficientemente valoradas, no están inscritas en la seguridad social y en la mayoría de los casos no reciben remuneración alguna por su trabajo. Aunado a lo anterior, reciben el estigma por parte de ciertos sectores de la sociedad que las consideran personas con capacidades inferiores cuyo trabajo es irrelevante. Si bien es cierto que el papel de las amas de casa es muy importante, no debe ser el único futuro posible para las niñas y jóvenes.

La suposición de que existen carreras más adecuadas para las mujeres, como el caso de la docencia, ya que se relaciona con el cuidado de los niños y los jóvenes que son competencias consideradas “propias del instinto maternal”, es una conservadora idea decimonónica que aún persiste en algunos lugares.

Sustentada en esta suposición, la carrera docente fue uno de los primeros espacios de formación académica para las mujeres en México, antes del establecimiento de las escuelas normales las alumnas más aventajadas en los estudios de educación básica podían optar por la presentación de los exámenes para obtener el título de profesoras de educación básica. Mi abuela paterna, María Juárez, obtuvo su título de profesora en 1906 en la ciudad de Durango, México. Solía contarnos que su examen profesional fue frente a un jurado conformado por cinco exigentes sinodales quienes la examinaron en materias como ortografía, geografía e historia de México, aritmética y principios de francés.

La actividad docente es una profesión fascinante, que demanda actualización permanente, disposición para aprender a lo largo de toda la vida y que representa retos que requieren del desarrollo de habilidades cognitivas superiores. Enseñar es una de las actividades más complejas que existen, es necesario integrar conocimientos de distintas disciplinas y analizar los problemas desde diferentes puntos de vista. Está más asociada al trabajo intelectual que a la mera dispensación de cuidados y al género.

Actualmente, estamos convencidos de que las mujeres pueden desempeñarse exitosamente en cualquier campo de trabajo profesional, incluyendo a aquellos que se consideraban exclusivamente masculinos como la ciencia y la ingeniería. De acuerdo con Rosaura Ruíz, quien fue la primera mujer en ocupar la presidencia de la Academia Mexicana de Ciencias, en las últimas décadas se ha registrado un mayor número de mujeres en disciplinas científicas como la física, las matemáticas e ingenierías. Hace 50 años las mujeres ni siquiera figuraban en estas disciplinas, ya que fue hasta la década de los 60 cuando se graduaron las primeras mujeres en física y matemáticas en México.

Cabe mencionar que, en el caso de las carreras del área química, desde su inicio la matrícula y eficiencia terminal femenina fue alta si se compara con otras carreras científicas. Entre 1920 y 1940 hubo en la Escuela Nacional de Ciencias Químicas-UNAM un total de 512 tesis, 166 (32.4%) pertenecen a mujeres, 150 son de químicas farmacéuticas, 13 de químicas y 3 de ingenieras químicas. La preferencia de las mujeres mexicanas por estudiar carreras relacionadas con la química es una tendencia que prevalece aún en nuestros días.

No obstante, el significativo avance en esta área, de acuerdo con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), las mujeres escogen en su mayoría las titulaciones de Humanidades, Ciencias Sociales, Jurídicas y Salud.

¿A qué se debe esta preferencia? para dar respuesta a esta interrogante es necesario llevar a cabo rigurosas investigaciones multidisciplinarias, pero definitivamente parte de la solución a la problemática de la baja participación de las mujeres en la ciencia en México se encuentra en la educación.

La educación de los padres de familia que evite que limiten las oportunidades de sus hijas para seguir estudios profesionales, la de los profesores de todos los niveles educativos para que animen a las niñas y jóvenes a realizar sus sueños y aspiraciones científicas, de los gobernantes que favorezca la creación de programas y políticas educativas que provean de recursos suficientes a las instituciones de educación y apoyen el ingreso y permanencia de las mujeres, entre otros sectores de la sociedad.

No cabe duda, la aventura científica puede ser enfrentada por cualquier persona sin importar su género, lo importante es la decisión y esfuerzo que se empleen para conseguir las metas y así poder desvelar el rostro de Atenea, la diosa griega de la sabiduría y las ciencias, que por alguna razón se representa por la imponente figura de una mujer, sí… precisamente por un miembro de un género del que se ha dudado su capacidad para participar en la ciencia.

Referencias

González, V., E (2013) Mujeres universitarias profesionales de la química mexicana del siglo XX . México : UAEM.

Sánchez C., V. (2015) Mujeres en la ciencia en México. Disponible en : http://www.conacytprensa.mx/index.php/ciencia/66-sociedad/politica-cientifica/390-las-mujeres-en-la-ciencia

Ver los aportes desde IBERCIENCIA

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac