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Poniendo al conocimiento científico en su lugar

8 de junio de 2017

Mónica Gerena. Villa Carlos Paz, Argentina. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Discutir el status y el valor de la ciencia implica asumir una mirada crítica, que va más allá de cuestionar las visiones sociales desvirtuadas y de analizar el uso que hacemos del conocimiento científico. Surge como propuesta educativa cuestionar al conocimiento científico como única fuente de saber auténtico.

Enseñar ciencias supone poner en valor el conocimiento científico. Esta puesta en valor implica desnaturalizar algunas ideas y concepciones erróneas sobre la ciencia, los científicos y su trabajo fuertemente arraigadas en el medio social y que, frecuentemente, son difundidas y profundizadas por los medios de comunicación. Algunos ejemplos que podrían citarse son el desarrollo del trabajo científico exclusivamente en el ámbito de los laboratorios y la recreación de espacios científicos completamente asépticos y pulcros, que ponen un halo de aislamiento, neutralidad y objetividad sobre la ciencia. También, el estereotipo de la imagen del científico como un personaje solitario, serio, con anteojos y guardapolvo, ensimismado en su mundo de ideas y proyectos de investigación y rodeado de sofisticados instrumentos. Todas ellas son imágenes socialmente muy populares, que se promueven desde diversos ámbitos.

Muchos docentes de ciencias hemos tenido la oportunidad de comprobar que estas ideas existen en nuestros alumnos al proponerles que dibujen a científicos realizando su trabajo. La investigación en didáctica de la ciencia evidencia que la mayoría de este tipo de producción escolar, aún en contextos muy diferentes, reproducirá los estereotipos antes mencionados.

Seguramente, gran parte de nuestro esfuerzo, como enseñantes de disciplinas científicas, está dedicado a proponer experiencias educativas que le permitan a los alumnos sacar a los luz estas imágenes e ideas, contrastarlas con la realidad y acercarlos a visiones más reales de lo que es la ciencia, el trabajo de los científicos y de lo que implica la tarea de producir conocimientos científicos y tecnológicos.

Visitas a centros de investigación, charlas con científicos que se acercan a las instituciones escolares, observación y debate de publicidades que se valen del imaginario popular sobre la ciencia para dar prestigio a sus productos comerciales, análisis de casos donde la ciencia se ha puesto al servicio de problemas sociales y ha encontrado soluciones, son algunas de las actividades que habitualmente se usan en las aulas para propiciar la imagen de una ciencia como construcción humana, con profunda interdependencia de su contexto social e histórico.

En esta ineludible tarea educativa hay un aspecto frecuentemente descuidado, que tiene que ver con el ejercicio del pensamiento crítico hacia la construcción científica como producto y proceso. Las causas de este descuido podrían ser muchas, por ejemplo, pensar que alentar una mirada más reflexiva sobre la ciencia, genera una imagen negativa, que aleja el interés de los alumnos y que se opone al objetivo educativo, presente en la mayoría de los currículos escolares, de valorar los aportes de la ciencia al conocimiento. En este sentido, es necesario superar estos prejuicios sobre la capacidad de análisis de los estudiantes.

Otro error es suponer que una mirada crítica implica poner a la ciencia sobre lo humano, diciendo que no es buena ni mala, que todo depende de las intenciones con que se utilice el conocimiento. Desde esta perspectiva, es imposible desenmascar los intentos de algunos grupos de interés de imponer al conocimiento científico como única fuente válida de saber, propiciando el dogmatismo y el monopolio de la ciencia y transformándola en un pensamiento rígido, autoritario e incuestionable.

Surgen, entonces, algunas preguntas que deben ser consideradas desde la Educación en Ciencias:

- ¿Cómo evitar la tentación de poner a la ciencia en el pedestal de objetividad y neutralidad?
- ¿Cómo evidenciar la ideología o intereses en el origen y en la construcción del conocimiento científico?
-¿Cómo evitar reforzar los imaginarios populares y la visiones equivocadas que se desean superar?

Estos interrogantes fueron los que llevaron a diseñar una secuencia didáctica con el objetivo de exponer al conocimiento científico frente a otros tipos de conocimientos, que han servido a la humanidad desde su origen y le han permitido sobrevivir como especie, mucho tiempo antes que la ciencia existiera.

Tres modos de conocer

La propuesta parte de presentar a los alumnos tres conocimientos, de distinto origen (cotidiano, mítico religioso y científico), referidos a un mismo tema y que ellos indiquen para cada caso el origen y uso de dicho conocimiento.

Y aquí empieza una discusión muy valiosa, que logra captar el interés de los alumnos y los alienta a participar dando su opinión. Muchos interrogantes van surgiendo, como ¿existe un tipo de conocimiento que tenga más valor que el otro?, ¿cuáles son los criterios para diferenciar estos tres tipos de conocimiento?, ¿hay una forma de conocer superior o más deseable?, ¿por qué los seres humanos necesitamos diferentes formas de conocer?, ¿cómo y para qué usamos diferentes formas de conocer?, entre otros.

Posteriormente a este rico debate, los estudiantes se reúnen en grupos y deben seleccionar algún fenómeno natural o social, que será explicado desde la perspectiva de los tres tipos de conocimiento utilizando el formato de historieta.

Los temas elegidos, año tras año, siempre generan sorpresa. Desde fenómenos naturales como tronados, tsunamis, truenos o inundaciones hasta cuestiones ambientales y de debate actual como el calentamiento global, el origen del hombre o la posibilidad de vida extraterrestre. También temáticas de índole social y emocional como el amor, el embarazo adolescente, la homosexualidad, la muerte, entre otros.

La creatividad se pone de manifiesto en las historias que cada grupo elige relatar a partir de la búsqueda y la profundización de las explicaciones que se dan desde cada tipo de conocimiento.

La reflexión final intenta poner al conocimiento científico en la esfera de la creación humana, al igual que los demás modos de conocer, todos ellos con origen en contextos históricos y sociales, dentro de los cuales deben ser considerados.

De esta forma, hay una aproximación a entender al conocimiento científico como una construcción social que surge en respuesta a problemas delimitados por grupos humanos, los que aprovechan su gran potencial explicativo y predictivo para el logro de intereses u objetivos propios. Por lo tanto, los caminos que sigue la ciencia, lejos de estar predeterminados, son intencionalmente elegidos. Si pretendemos que, esas elecciones, se realicen de manera democrática y se basen en consensos, debemos procurar que nuestros alumnos comprendan la naturaleza del conocimiento científico.

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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