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Siempre buscando

14 de enero de 2017

Mg. Daniela Palacio. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
En esta entrega me permito reflexionar sobre la necesidad del revisionismo cultural en las aulas. Práctica que aquí se entiende como un llamado de atención a la humanidad, en pos de evitar los errores que terminaron con antiguas civilizaciones.

La expresión con que titulo este artículo pertenece a Carlota, refiriéndose a la permanente búsqueda de señales del pasado que hace el arqueólogo Eudald Carbonell. Ambos son, junto a Luis Quevedo, los protagonistas del documental En busca del futuro perdido (1). Excelente material que repasa el devenir cultural de antiguas civilizaciones. Lo interesante, y alarmante, es que en muchos casos el camino previo a su desaparición recuerda bastante al que estamos recorriendo hoy. ¿Es, acaso, que la soberbia del hombre le impide aprender de errores pasados? ¿Podemos hacer algo desde las aulas?

Pienso en las ciencias, en qué, por qué, para qué y cómo las enseñamos. Cómo son aprendidas. Los profesores hacemos nuestros mejores esfuerzos para que no quede en una simple memorización. Pero ¿lo estamos haciendo en un todo completo?, quiero decir, ¿les enseñamos a ver la ciencia desde todos los lugares y tiempos posibles para encontrar aquello que justifique su estado actual y marque el camino a seguir?

Luis le cuenta a Carlota que los mayas no tenían animales de tiro y por eso se asombra al imaginar la construcción de sus monumentales templos. Así también, los docentes podemos acercar a los alumnos a la historia de las ciencias, a la cultura de los pueblos y civilizaciones en sus orígenes, para que la revaloricen.

Ciertamente no disponemos de la ventaja enorme de viajar por el mundo, como en el documental, para ver con nuestros propios ojos las cenizas de culturas pasadas. Pero para conectar a los jóvenes con ellas podemos escudriñar en nuestro contexto. Tengamos en cuenta que esta generación no necesita esperar miles de años para presenciar cambios culturales. Basta con ir relativamente poco tiempo atrás en la historia de la humanidad.

Nota

Hoy 14 de enero de 2017 vamos a tener una Facebook Live con Luis Quevedo sobre el uso educativo del documental. Será a las 15 horas EST
Nos gustaría contar con su presencia

https://www.facebook.com/events/595331337319636/

Y haciéndolo, di con una cuestión que me permitió llevar a mis estudiantes a otro tiempo en un viaje imaginario.

En oportunidad de la reinauguración del edificio histórico del colegio donde trabajo, visitamos la nueva Biblioteca. En realidad, se instaló en la única aula que se conserva como era hace más de un siglo. Con pupitres, y sus huecos para los tinteros, y pizarrón “de tiza”. Pero lo que más llamó la atención de los alumnos fue la tarima. Pequeño escenario desde el que los profesores impartían su clase (con toda la carga de superioridad que inspira el término impartir). Así, comenzamos juntos a repasar los cambios que se fueron dando en la educación argentina, para entender el porqué de su estado actual y pensar hacia delante.

Alguno podrá opinar que fue una clase perdida. Yo, por el contrario, la viví como una clase ganada. Es verdad que en ella dejé de explicar homotecia, pero también es cierto que logré que mis alumnos quisieran ir por más. El deseo del conocimiento por el conocimiento mismo estuvo allí presente.

Alguno podrá opinar también que la historia de la educación argentina y el aprendizaje de movimientos en el plano no van de la mano. Quizás haya algo de cierto en eso. Pero la realidad me muestra alumnos de hoy como potenciales dirigentes de mañana y, como tales, su formación debe ser lo más completa posible.

En el documental, que reitero es un excelente material, se explica el final de civilizaciones otrora fuertes. Se dan muestras concretas del camino que los llevó de una cultura realmente igualitaria a otra clasista. Se observa la pacífica insistencia de antiguas culturas por perdurar en un mundo que, diría, las ignora. El continuo de historias narradas, impacta y sorprende.

Vislumbro otros protagonistas contando las mismas historias, aunque esta vez las antiguas culturas y civilizaciones son las nuestras, las de hoy. ¿Por qué debería ser distinto? ¿Acaso no existen naciones donde, en nombre de la democracia, unos pocos deciden sobre la vida del resto como si fueran sus dueños?, ¿o fanatismos, y como tales ciegos, que anteponen cualquier razón para justificar actos de violencia extrema?, y el desmonte indiscriminado de bosques ¿no hace presumir cambios climáticos? Entender el pasado supone el intento por no repetir errores.

Desde nuestro lugar, y como profesores, recordemos que no estamos formando matemáticos o lingüistas, estamos formando personas. La excelencia académica que perseguimos requiere algo más para llegar a ser excelencia educativa.

No importa la asignatura que estemos enseñando, la cuestión es encontrar el disparador adecuado que nos lleve sutilmente a revisar antiguas culturas.

Nos sorprendería ver que los fanatismos religiosos y políticos, el apasionamiento por las cirugías estéticas, los cambios climáticos o el desarrollo tecnológico, se asemejan a versiones modernas de la inquisición, el culto a la deformación de cráneos, la era de los deshielos o la invención de la imprenta.

Viejas cuestiones provocaron una sucesión de cambios sociales y culturales que terminaron con grandes civilizaciones. Me pregunto entonces ¿va la nuestra a una muerte segura? , y en ese caso ¿cómo podemos intervenir?

Somos profesionales de la educación, y la escuela nuestro lugar indiscutido para dar batalla. Compartir con los alumnos el pasado, para cuestionar el presente y planificar el futuro, o hablar de la selección cultural, seguramente es un buen modo de intervenir.

Los invito a experimentar, a no prejuzgar sobre el interés cultural de nuestros alumnos. Hagamos el esfuerzo. Quizás así lleguemos a entendernos como sociedad y logremos un mundo donde se globalice la tolerancia y no la violencia. Pues, como le dice Carbonell a Carlota “los humanos podemos cambiar las cosas, los animales no pueden”. Sólo es cuestión de seguir buscando.

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