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Tecnologías y el entorno educativo

9 de agosto de 2017

Ernesto Ezequiel Angulo Julio
Panamá, República de Panamá
IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica
Herramienta es lo que nos ayuda a facilitar un trabajo. Entorno es lo que encontramos alrededor nuestro formando parte de nuestro ambiente diario. Las tecnologías constituyen un entorno ya que tenemos que lidiar con ellas en nuestro quehacer diario, en cada fase de nuestras vidas.

Una herramienta es todo lo que nos facilita un trabajo o nos hace más eficientes o productivos en una tarea. Las nuevas tecnologías ya dejaron de ser una herramienta. Las tenemos alrededor nuestro en casi cada aspecto de nuestras vidas, tanto en equipos como en programas o aplicaciones: redes sociales, sitios de consulta, compras en línea, realidad aumentada, material de estudio, información de transporte, banca en línea, tarjetas de crédito, en fin, toda una gama de opciones que impactan nuestras vidas. Las nuevas tecnologías están involucradas en la mayoría de las actividades que realizamos a diario por lo que se han convertido en parte del entorno en el cual vivimos y sin el cual veríamos reducida nuestra capacidad de interactuar con nuestro medio ambiente.
 
Es por esto que el sistema educativo está comprometido con el desarrollo del buen uso de las nuevas tecnologías por parte de los estudiantes de manera que entiendan que forman parte de su quehacer diario y sean éstos productivos al interactuar en su medio ambiente y desenvolverse eficientemente en su entorno personal, social, educativo y comunitario. Lo que aprendan en los centros educativos será puesto en práctica en su posterior vida profesional.

Sin embargo, se puede observar con preocupación la gran cantidad de docentes y administrativos que continúan con la práctica de prohibición y limitación en el uso de las tecnologías por el temor a que las mismas se conviertan en distractores o sean utilizadas para el acoso a compañeros o simplemente porque no entienden del impacto de las tecnologías en el diario vivir. Pero es que si no nos esforzamos en enseñarles el buen uso de éstos nuevos recursos los estamos dejando a la deriva y a merced del ocio y las malas influencias que son el verdadero motivo del mal uso de las tecnologías. Es por esta razón que los centros educativos, en lugar de prohibir y limitar su uso, deben comprometerse con formar en el uso productivo de tantas herramientas de tecnologías como se pueda ya que todas ellas forman parte de nuestro entorno y tienen (y seguirán teniendo) inherencia en nuestro diario vivir.

En repetidas ocasiones he escrito sobre la responsabilidad que tiene el sistema educativo de preparar a los estudiantes en el uso productivo de las nuevas tecnologías al igual que debemos prepararlos para todo aquello que sin ser necesariamente académico, tenga incidencia directa en su vida futura: valores, ética, toma de decisiones, lógica, moral, responsabilidad social y cualquier otra que contribuya a formar ciudadanos democráticos, participativos y productivos para la sociedad.

He querido escribir este artículo sin leer antes el libro “La larga y compleja marcha del CLIP al CLIC” de Fernández Enguita y Vásquez Cupeiro (a pesar de lo increíblemente interesante y atinado que me parece) ya que he escrito en repetidas ocasiones sobre el pobre uso que nuestros estudiantes le dan a la tecnología debido principalmente al mito de que ellos saben más que nosotros acerca del tema. En ocasiones este mito cohíbe a los docentes de entrar en ese territorio y en otras el desconocimiento del potencial de las nuevas tecnologías evita la integración de las mismas en los planes de estudio y su uso como una herramienta efectiva y eficiente de aprendizaje.

He planteado en otros artículos la comparación entre una persona que nace cerca de un río y aprende a nadar imitando lo que hacen quienes lo rodean, generalmente de su misma edad o poco mayores que han aprendido de la misma forma. Sin embargo, una persona que nace en la ciudad y desea aprender a nadar generalmente toma clases de natación donde recibirá las técnicas que le permitirán maximizar su nado aprendiendo a flotar con menor esfuerzo, tirar las brazadas, patadas, a sincronizar brazadas con patadas, a respirar eficientemente mientras nada y todo aquello que le permita hacer más eficiente su estancia y movimiento en el agua. Ambos sabrán nadar, lo que debemos tener en cuenta es quién le sacará el máximo provecho a la experiencia debido a los conocimientos que ha adquirido sobre la actividad.

Como en el ejemplo anterior, nuestros estudiantes aprenden a utilizar los móviles casi exclusivamente para fines lúdicos y de comunicación social a través de las redes ya que es para esto para lo que lo utilizan la mayoría de los jóvenes en su vida particular independientemente del lugar en que se encuentren. Están utilizando la tecnología como una herramienta lúdica y de ocio ya que esto es lo que aprenden de sus compañeros. Muy ocasionalmente los verá haciendo uso efectivo de palabras clave para buscar información o utilizar alguno de los tantos sitios dedicados a la enseñanza y práctica de temas relacionados con matemática, finanzas, ciencias naturales, historia, o cualquier otro relacionado con su actividad educativa.

Lo cierto es que las nuevas tecnologías están presentes en la mayoría – si no en todas – de nuestras actividades diarias. ¿Cómo podemos entonces pretender formar integralmente a nuestros estudiantes si les estamos negando la posibilidad de utilizar elementos que estarán presentes en sus vidas diarias? ¿Es posible que formemos ciudadanos participativos y productivos para sus comunidades y la sociedad en general si no saben utilizar eficientemente las herramientas que necesitan para resolver las situaciones diarias que forman parte de su entorno?

Mientras no tengamos la visión y el valor de integrar las tecnologías a nuestro sistema educativo y no formemos a nuestros estudiantes en su uso considerando los aspectos de investigación, lógica, ética y todo aquello pertinente a su uso productivo, estaremos preparando ciudadanos mediocres que no serán capaces de desenvolverse en un entorno eminentemente tecnológico y no podrán desarrollar el mismo potencial de aquellos que sí sepan manejar las tecnologías que encuentran en su medio ambiente.

En Panamá afortunadamente hay cada vez más centros educativos (con los que he podido compartir) que están comprometidos con la integración de las tecnologías ya que se han dado cuenta que las mismas tienen un impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos y la deficiencia en el manejo de las mismas significará un pobre desarrollo personal o al menos un esfuerzo adicional que demorará o dificultará su productividad ciudadana. Dejar de lado la integración de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana empezando en los niveles educativos básicos es obstaculizar y dificultar el desempeño ciudadano que enfrentarán estos estudiantes una vez se integren a la sociedad. Es imperativo reconocer la presencia de estas tecnologías en nuestro entorno y formar a los estudiantes en su uso para que a su vez estén preparados para adaptarse a las nuevas tecnologías que emergerán en un futuro cercano.

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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