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Toda niña es científica por naturaleza

12 de febrero de 2018

Mg. César Vicente Benavides Torres
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores por una Cultura Científica.
Museo Interactivo Casa de la Ciencia y el Juego
I.E.M. Aurelio Arturo Martínez
Facultad de Educación Universidad de Nariño
Pasto, Nariño, Colombia. El 11 de febrero se celebra en el mundo el Día de la Niña y la Mujer Científica. Por tal motivo voy a escribir sobre esos preciosos seres humanos inteligentes, afectuosos, unos remolinos de amor que nacen siendo científicas por naturaleza: Las niñas.

Chesterton decía que, “lo admirable no es que el sol, no salga un día, sino que salga todos los días”.
El asombro nos acecha en todas partes; no hay esquina de la realidad, por humilde que sea, que no pueda suscitarlo.
Las niñas son asombrosas.

Tengo cuatro hijas y un hijo. Asunto no muy común en estos tiempos. Los chistes y burlas sobre el número tan grande de hijas, van desde “¿No había televisión en ese tiempo?”, hasta que ¿lo que pretendía era formar un equipo de fútbol?, ¿de básquet? o que en ¡docenas las cosas son más baratas!. La realidad es que estoy muy satisfecho con mi familia. Cuando una pareja francesa visitó la Casa de la Ciencia y el juego, el centro interactivo donde trabajo, al conocer el número de hijas dijo: “Vicente ser muy feliz”. Ellos habían venido de lejanas tierras con el fin de adoptar una niña. En esta ocasión hablaremos de las asombrosas niñas, de las formidables chiquillas, de las guaguas, de las doncellas, de las princesas, y así comenzamos a pagar una deuda social con las niñas, que se invisibilizan cuando solo se habla de niños.

Quienes hemos tenido niñas, como dice la canción, experimentamos una sensación espectacular. Hablan más rápido, son muy afectuosas, aprenden en forma vertiginosa. Son un remolino hecho corazón. Dan besos, hacen preguntas, no se dejan de nadie, compiten y quieren ganar en todos los juegos. Su desarrollo y potenciación de sus habilidades naturales depende del ambiente familiar: pueden fortalecerse o esconderse.

Michio Kaku, un físico norteamericano, señala en un video muy corto que las niñas son científicas por naturaleza. En realidad habla de los niños, pero su queja frente a la escuela y los maestros, tiene como centro de gravedad, lo que le sucede a su hija pequeña. En esta entrevista el físico teórico Michio Kaku, plantea elproblema de la falta de interés de las niñas por la ciencia y las matemáticas. Recuerda una pregunta que su hija le hizo hace algunos años, la cual lo hizo cuestionar el objetivo de la educación contemporánea y le causó el mayor dolor y humillación: Papi ¿Por qué a alguien le gustaría convertirse en una científica? Kaku encuentra en la memorización de datos, la “clave” para el aplastamiento de la curiosidad. Las niñas nacen científicas y están preguntándose todo lo que ocurre fuera de ellas o en su interior. Por ello quiero compartirles algunas preguntas que en su momento y ahora me causaron mucho asombro, mucha perplejidad, pero que nos dan una idea clara de la abundante curiosidad que las niñas experimentan desde tempranas edades: ¿Por qué cuando rasca hay que rascarse? Y yo me pregunto ¿de dónde sale esa agua de la manguera? ¿Los hombres son animales? ¿Qué hay debajo de esas baldosas? ¿Por qué la gaseosa hace espuma y luego baja? ¿Por qué tenemos huesos, piel y sangre? ¿La sopa también ayuda a crecer? .Un día tanto cortarme las uñas, se me van a acabar. ¿Por qué tenemos que tener nariz? Carl Sagan siempre habló de que no hay preguntas estúpidas en el libro El Mundo y sus demonios.

Un estudio realizado en México muestra un mejor desempeño de las niñas en temas de ciencia antes de la pubertad. ¿Y luego las niñas pierden el interés por la ciencia? Vale seguir estudiando esta hipótesis, con un seguimiento más profundo, porque no siempre ello sucede.

La familia, la escuela, la sociedad le pueden quitar a la niña el gusto por la ciencia para toda la vida, sino creamos ambientes adecuados para estimular las preguntas, fortalecer la capacidad de asombro, su creatividad, su imaginación, o impresionarlas gratamente por el milagro de la vida. Las niñas deben “escuchar” la ciencia, como se escucha una sinfonía de Beethoven o un cuarteto de Mozart. Hay que aprender a escuchar esa música, no necesariamente aprender a tocar un instrumento, se lee en un meme de las redes y lo comparto plenamente.

A las niñas que nos visitan les queremos transmitir significados y sensaciones. No nos interesa tanto dar información, datos, queremos transmitir emociones. Queremos fortalecer la mirada científica en las niñas, porque ellas son la base de la sociedad. En nuestro centro interactivo, primero ingresan las princesas, luego ingresan los príncipes. Desde las primeras edades, queremos que se haga un gesto de aprecio, de respeto y cariño hacia las princesas. Es una mínima forma de inclusión que debemos seguir en todos los espacios educativos formales y no formales. Es una bonita y sencilla práctica que día a día realizamos como valor ciudadano.

La robustez de un sistema de ciencia y tecnología en cualquier país del mundo, a mi juicio depende de las vocaciones científicas que seamos capaces de generar en las niñas, del aprecio por la ciencia que logremos impregnar en sus corazones y del respaldo de la escuela para incluirlas en la ciencia a través de una metodología que la haga más alegre y divertida. Si toda niña es una científica nata, por qué no enfilamos todas las herramientas y baterías de la sociedad para potenciarlas, apoyarlas y cultivarlas.

Catherine Lecuyer nos aporta una serie de recomendaciones que es necesario que los padres de familia y los maestros debemos tener en cuenta en el desarrollo armónico de las niñas: No asustarse porque la niña se ensucia jugando, una casa con niñas es un caos y un desorden, las niñas deben amar leer. Hay que tener material en casa adaptados a la edad de la niña para que pueda dar alas a su creatividad, ir de paseo con una lupa aviva su mirada, ellas aprenden mucho mejor en contacto con la realidad. Yo agregaría que no es conveniente regalarles objetos de cocina, o de aseo, o muñecas, como si estuviéramos estimulando el imaginario colectivo de que la casa es su sitio en la vida, con todas sus obligaciones y sacrificios.

Para contribuir a generar más y mejores niñas científicas, es necesario cambiar la forma de educarlas desde la casa, continuar el esfuerzo de inclusión en la escuela y la sociedad debe impulsar proyectos que fortalezcan su participación desde la primera infancia en espacios museales, parques, que reconozcan que las niñas desde el principio de la vida tienen la capacidad y el derecho a disfrutar de espacios lúdicos, de esparcimiento que generen condiciones apropiadas para su óptimo desarrollo. Todo ello robustecerá el potente título de este artículo: Las niñas son científicas por naturaleza. 

Día de la Niña y la Mujer Científica

Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género

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