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Una mirada socio cultural sobre la participación de la Niña y la Mujer Científica y los Andes

14 de febrero de 2018

Agapito Chuctaya Alccamari
Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología – Universidad de Salamanca
Espinar - Cusco - Perú
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
En el mundo actual, a lo que nos enfrentamos, son la consecuencia del pasado, donde predominó en su gran mayoría el machismo esto por las raíces culturales y del que es la madre del que desplegó el conocimiento occidental, siendo esta herencia de la cultura judío-cristiana, musulmana y otros, todas ellas monoteísta. Veremos brevemente sobre la conformación socio cultural de los Andes y la mirada que se tiene a lo femenino desde los Andes.

Dentro del mundo de la investigación científica se a seguido una línea de herencia religiosa y cultural, quizá no debemos tomar en cuenta este aspecto porque siempre se dice que la religión no es compatible con la ciencia, pero sabemos que los seres humanos en nuestros hechos y hasta en lo que consideramos racional o no racional, somos influidos por la cultura, religión, etc. y en especial las raíces de nuestro pasado. Es así como el mundo occidental del cual se conoce como la poseedora y dueña absoluta de la ciencia, en su mayoría con actores masculinos, puede tener sus orígenes en lo social, cultural y religioso que sobre todo valora y reconoce al ser masculino, es así que actualmente dentro de las religiones mayoritarias monoteístas, los que dirigen o los que representan a las congregaciones son varones. Estos paradigmas influyen en la ciencia, aunque en principio estos paradigmas no tengan el afán de denigrar a la otra parte del genero humano, pero son de gran influencia en la sociedad y en la investigación.

Es así como dentro de las culturas andinas al tratar el tema de la sabiduría, el conocimiento parte del Qhapaq Ñan (camino de la sabiduría o camino de los justos) que es la sabiduría sistematizada en milenios de autonomía, que traza una alineación geodésica. Tal como señalan autores (Kreimer, 1985; De Paz, 2002; Estermann, 1998; Rengifo, 1993; Grillo, 1992.) que para el hombre andino todo objeto real o conceptual tiene imprescindiblemente SU PAR, siendo así que el paradigma principal del hombre andino es que “todo y todos hemos sido paridos”, es decir, el origen cosmogónico primigenio “no es la unidad” como en occidente, sino es la “paridad”. La idea del origen de la existencia en el mundo andino, es así “la paridad”. En el mundo andino no hay, no existe un “todo uno”, ni menos un “todo dos” (la idea que encierra el vocablo “dualidad” es deficiente y hasta contradictorio con nuestro análisis, por eso lo hemos desechado), sino un “todo par”, es por esto también que la idea del “ser” no existe, ni en vocablo de los idiomas andinos, ni en símbolo, o en todo caso, si existiera idea parecida, esta sería subsidiaria a la idea de “relación”, o siendo más preciso, a la idea de “vínculo”, puesto que el vínculo es co-existente con la idea del “par”, en quechua este concepto es conocido como: Yanantin. En el Dibujo 1 podemos ver dos imágenes de la iconografía Casma, como una muestra «par» de la infinidad de representaciones que en todo orden, niveles y campos de la cultura originaria, expresan el pensamiento paritario, o pensamiento Qhapaq (Lajo, 2002).

Dibujo 1

Iconografía Casma

Partimos de la hipótesis con que se explica sobre el origen de la cultura andina que da origen al conocimiento, que es donde aparece «el par primordial de la sociedad andina», Manco Qhapaq y Mama Ocllo: El lago Titicaca, la gran Pakarina o lago sagrado del Titicaca. Según Huamán Poma la pareja ancestral fue integrante de la estirpe de los «Amaro Runa» (personas de sabiduría), y es que las leyendas cuentan de que ellos tuvieron la finalidad de instruir y educar a la humanidad, y al asimismo construyeron algunos “artefactos” o herramientas culturales.

Es así que dentro de la religiosidad andina se tiene sitios arqueológicos como los de la isla de Amantaní en Puno, los templos uno cuadrado y otro circular, que sirven a los pobladores de todo el altiplano, hasta hoy, para seguir el culto también “paritario” a Pachatata (o padre- cosmos) y a Pachamama (o madre-cosmos), que tan igual como en el Cusco y en múltiples sitios ubicados en y fuera de la alineación Qhapaq Ñan, antiguamente eran a la vez centros ceremoniales religiosos y políticos de gobierno de los Ayllus y Panacas, o familias extensas, patrilineales y matrilineales respectivamente, ordenados en el sistema concéntrico y cuatripartito de la Tawa (cuatro), cuyas estructuras tetramétricas aun subsisten en la gran mayoría de las comunidades indígenas actuales que se “dividen paritariamente” a plano vertical (Sayas), entre “los de abajo” o HURINSAYAS y “los de arriba” o HANAN SAYAS, y en el plano horizontal en los conocidos Suyus, “cuatro barrios” o “cuatro cuarteles” de las fiestas patronales, además de una infinidad de expresiones tetramétricas o tawantinsuyanas que siguen fluyendo a lo largo de la cordillera de los andes y de las más de 15,000 comunidades indígenas (solo en Bolivia, Perú y Ecuador), que son la expresión viva y vigente de este “pensamiento paritario”, que está destruido si, pero no ha desaparecido, ni mucho menos ha muerto.

La presencia de esta tipología PAR, de templos “semi-subterráneos” y cultos, el cuadrado y el circular, el “paterno” y el “materno”, el “masculino” y el “femenino”, en la mayoría de los sitios arqueológicos principales del territorio antiguo del Tahuantinsuyu, nos lleva a descubrir, aparte de su uso práctico astronómico como “horizontes artificiales”, el significado simbólico particular de cada uno, y lo que es más importante nos conduce a entender su simbolismo relacional, o lo que llamaremos VINCULARIDAD, que son los vínculos de complementación y proporcionalidad, entre estas dos figuras geométricas como formulas simbólicas para entender la complejidad de su conjunto; pues juntos en “paridad” son el complejo sistema simbólico de la cruz cuadrada del Tiwanacu, que en su funcionalidad estructural representa lo más importante de la mentalidad andina: Saber cómo funciona “la paridad” humana cuyo rastro o “ícono” más evidente y demostrativo, en la cultura andina es el llamado “Ídolo” de Ilave (Puno) o Illawi (Aguiló, 2000: 69. Ver Dibujo 2) que es una alegoría de la “sabiduría del vínculo de la pareja humana”, puesto que Illay significa “iluminación de la mente” de lo que deducimos que Illawi significa “Iluminación de la mente de la pareja humana amarrada por serpientes, Koas y Asirus” (Aguiló, 2000: 69) (esto merece ser contrastado con la mitología judeo-cristiana de Adán y Eva, y también con la filosofía occidental “autocrítica” ver Federico Nietszche , 1985: 170 y 62): Federico Nietszche señala ¿quién ha comprendido plenamente hasta qué punto son extraños, uno para el otro, el hombre y la mujer? … Dos cosas quiere el hombre auténtico: peligro y juego. Por ello quiere a la mujer: el más peligroso de los juegos. El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer para el solaz del guerrero: todo lo demás es tontería.

Dibujo 2

Igualmente, la presencia de las serpientes en ‘paridad’, ‘Koas’ y ‘Asirus’ y de su innegable representación de “la sabiduría de la madre Natura”, nos ofrece también en el ídolo de Illawi la representación de la paridad Hombre-Naturaleza. Volviendo a nuestras figuras geométricas, la solución la obtenemos a través de uno de los elementos de “ajuste” o de correlación de los dos símbolos, que es indudablemente la diagonal de un cuadrado inscrito dentro de un círculo, puesto que esa diagonal es la “línea de proporcionalidad” entre los lados de un cuadrado, y a su vez es también el diámetro que es el único elemento de proporcionalidad con el perímetro del círculo. Este da el nacimiento de la Cruz del Tiwanacu.

Como conclusión, tenemos que las culturas andinas a tratado de tener presente siempre la paridad hombre–mujer (yanantin) y a esta se debe sumar el valor que le dan al entorno o naturaleza como sujetos a derecho, lo mismo que se pretende desde la CTS, donde la CTS propicia el compromiso respecto a la integración social de las mujeres y minorías, así como el estímulo para un desarrollo socioeconómico respetuoso con el medio ambiente y equitativo con relación a generaciones futuras.(Objetivos sociales de CTS- OEI), aunque hoy en día la influencia de las culturas dominantes altera los paradigmas que van en bien del respeto del par femenino.

 

Referencias bibliográficas:

Aguiló, Federico (2000). El Idioma del Pueblo Puquina. Edit. Colección Amauta Runacunapac, Quito.
De Paz, Zenón (2002). Horizontes De Sentido En La Cultura Andina. El Mito y Los Límites Del Discurso Racional; en la revista «Comunidad» N° 5, Centro de Investigación y Promoción Cultural Raíces, Piura
Estermann, Josef (1998). Filosofía andina. Estudio intercultural de la sabiduría andina, Ediciones Abya Yala, Quito.
Kreimer, Elizabeth (1999). El Espacio del Juego en el Encuentro Intercultural Congreso de Espiritualidad Nativa Tarapoto.
Lajo, Javier (2002). Qhapaq Kuna… más allá de la civilización», Editorial Grano de Arena, Cusco, Perú.
Nietszche, Federico (1995) Así Hablo Zaratustra. Editorial. La Oveja Negra, Bogota. Pag. 170 y 62
Rengifo, Grimaldo y otros (1993). Chacras y chacareros, CEDISA, Tarapoto.

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