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Vocación hacia la ciencia: una responsabilidad del contexto familiar y educativo

12 de abril de 2014

Javier Herrera Cardozo. Bogotá, Colombia. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
El hecho de que tengamos vocación a la ciencia y las letras depende tanto del contexto familiar como del contexto educativo. No se puede desconocer que los padres, así no sean científicos, pueden generar una vocación y amor a la ciencia y a las letras. Es el caso de Carl Sagan, científico y escritor estadounidense, nacido en el seno de una familia común y corriente: la madre se encargaba de los oficios del hogar y el padre trabajaba como cortador en la industria de la confección. 

Las condiciones académicas, si nos referimos a la formación de los padres, no eran las óptimas para generar un amante de la ciencia y las letras, pero si tuvo ese toque mágico por parte de su al decirle que “no había un número más grande” y luego ayudarle a escribir las series de números en los cartones de las camisas que traían de la lavandería, en donde Carl Sagan las continuaba en busca del número más grande (Sagan, 1995). También, a pesar de las dificultades económicas, los padres se las ingeniaban para llevarlo a visitar las ferias de la ciencia y, así mismo, para pagar los gastos de su educación elemental y universitaria.

En este y otros casos de personalidades que han brillado en las ciencias y las letras, como lo afirma el educador Ken Robinson en el artículo de Elisa Silió “la buena escuela no asfixia la creatividad”, las condiciones fueron favorables y precisas para que se adquieran el conocimiento relevante y las habilidades necesarias para ser exitosos (Silió, 2013). De la misma manera, volviendo al caso de Carl Sagan, ingresó a un ambiento académico, en especial en la universidad, en donde los profesores alimentaron y promovieron su vocación, porque además de saber ciencia, estos sabían explicarla (Sagan, 1995). 

Pero ¿qué debe hacer la escuela para que un estudiante desarrolle el amor por la ciencia y las letras? Considero que conocer muy a fondo el funcionamiento del cerebro. Así, desde la planeación curricular, se pueden establecer qué actividades se requieren para desarrollar tanto el hemisferio izquierdo como el derecho (Silió, 2013) y con ello, poner en funcionamiento la memoria de procedimientos y la memoria declarativa (Stekolschik, 2012).

Es decir, generar actividades de razonamiento lógico y argumentativo, espacios en donde pueda expresarse de manera oral y escrita, pero argumentada; también, permitirles que exploren y experimenten en laboratorios; que desarrollen su cuerpo mediante el deporte, su creatividad mediante el arte; que tengan el derecho a soñar y a la utopía. Finalmente, momentos en donde pueda inestabilizar su memoria a partir de cambios inesperados de lo aprendido o de un espacio conocido (Stekolschik, 2012).

 Se preguntarán ¿qué hace que esto no de sé en la actualidad? La respuesta para el caso del contexto familiar, es el abandono del cuidado y formación de los hijos, por parte de los padres. Ya no se tiene tiempo para apoyarlos e incluso escucharlos en el momento de sus dudas, como lo hacía el padre de Carl Sagan, ni mucho menos para llevarlos a visitar una biblioteca o un museo. Por el contrario, hay muchas excusas: la situación lo impide, debo trabajar, estamos en otra época, etc. Lo anterior, permite que el niño crezca sin motivación, sin espíritu de sacrificio y dedicación, bases intrínsecas que se requieren para buscar el conocimiento.

En cuanto al contexto educativo, se debe a que la formación de la mayoría de los directivos educativos y de algunos docentes está orientada a lo operativo: cumplir normas, seguir planes y realizar controles; pero no se generan espacios de estudio y reflexión del cerebro para orientar el currículo a su desarrollo integral. De ahí que podemos observar instituciones que se solo se dedican a actividades para el hemisferio izquierdo. Otras, para el derecho y la mayoría hacen una mezcla no equilibrada de actividades para ambos.

Pero, ¿cuál es el resultado de todo lo anterior? 

En primer lugar, se genera apatía por parte del individuo hacia el conocimiento y a la búsqueda de la información. En segundo lugar, hace que se amplíe la brecha entre ciencia y sociedad. En tercer lugar, que siga el divorcio entre la ciencia y las letras, en cuanto a que a la persona que tuvo una formación dirigida a las letras no se interesa por temas de la ciencia, como si ocurre con la mayoría de los formados en ciencia que si disfrutan de la literatura (Frabetti, 2013). Y finalmente, que sigamos forjando el camino a la destrucción de nuestro planeta y, por ende, la nuestra. 

Bibliografía

Frabetti, C. ( 2013). Ciencia y letras: un divorcio infeliz. Centro de Altos Estudios Universitarios. 1MMG189. OEI. http://ibercienciaoei.org/contenedores/
Sagan, C. (1995). El mundo y sus demonios. España: Planeta.
Silió, E. (2013). La buena escuela no asfixia la creatividad. Centro de Altos Estudios Universitarios. 7MMG185. OEI. http://ibercienciaoei.org/contenedores/
Stekolschik, G (2012). Asalto a la memoria. Centro de Altos Estudios Universitarios. 1ACH117. OEI.

El autor: Docente e investigador. Licenciado en Educación Básica Primaria de la Universidad de Santo Tomás, Bogotá. Especialista en lecturas y escrituras de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá. Magister en educación del Tecnológico de Monterrey, México. Integrante del equipo de investigación de Redless-ASCUN, Colombia. Docente de lectura y escritura de la Fundación Universitaria Sanitas, Bogotá.




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