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¿Y las Sinsombrero científicas?

9 de febrero de 2018

María Elena Guntiñas Rodríguez. Santiago de Compostela. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Debido a que se define a las “Sinsombrero” como mujeres pensadoras y artistas españolas de la generación del 27, nacidas entre 1898 y 1914 que lucharon por los derechos de la mujer, considero que, aún hoy día, está relegado el papel de las científicas, en general, y en particular de esa época.

Así están obviadas Blanca Catalán Ocón, la primera botánica española con su nombre en la nomenclatura científica universal. María del Carmen Martínez Sancho, la pionera de las matemáticas española, ya que es la primera doctora en Matemáticas y en 1928 fue nombrada catedrática numeraria de Matemáticas del Instituto de Ferrol (A Coruña). Ángela García de La Puerta, que en ese mismo año, fue nombrada catedrática numeraria de Física y Química del Instituto de Ciudad Real. Pilar Martínez Sancho, química y como especialista en espectroscopía fue investigadora del Instituto Nacional de Física y Química. María de los Ángeles Alvariño, oceanógrafa, precursora de la investigación oceanográfica mundial y primera mujer científica en un barco oceanográfico inglés.

Es tan grave la indiferencia mostrada para con las mujeres dedicadas a la ciencia, que en una entrevista realizada en 2015 a la filósofa del Centro de Ciencias Humanas y Sociales, Eulalia Pérez Sedeño, dice: “hay muchas científicas españolas olvidadas, rescatarlas es una cuenta pendiente”. O como resalta en sus trabajos y conferencias Ana López Navajas, investigadora de la Universidad de Valencia, “son las mujeres que nos faltan”. Es cierto que actualmente se publican estudios, a nivel mundial, para que salgan a la luz y poner en valor el papel de las mujeres científicas.

La no presencia de figuras femeninas en la Ciencia se piensa que es la causa de que el porcentaje de mujeres en los distintos niveles del ámbito científico, sea inferior al de los hombres. España no es una excepción, en este sentido se puede decir que el Instituto de la Mujer o el Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer (SIEM), o edición de blogs como el de Carolina Martínez Mujeres con Ciencia, están realizando un gran trabajo.
 
La preocupación por el desinterés de las mujeres por las carreras de Ciencias empezó a finales de los años 60 del siglo XX, y ello condujo a investigar sobre la contribución científica de las mujeres para ponerlas como ejemplos en los libros de texto en los que solo se reflejaban los grandes nombres de hombres de ciencia, desconociendo u obviando que tras ellos se escondían muchos nombres femeninos, con el fin de reconsiderar la concepción de la ciencia. Con este objetivo en 1998, la doctora Carmen Magallón Portolés integrante del SIEM de la Universidad de Zaragoza publicó el libro “Pioneras de la Ciencia” en el que visualiza las aportaciones de las mujeres a las ciencias físico-químicas en España en el primer tercio del siglo XX.

Con la misma meta , en el 2001 el Instituto de la Mujer y la Unión Europea montaron la exposición “La otra mitad de la Ciencia” que incorporaba a destacadas científicas contemporáneas españolas a otra anterior realizada en 1998. En los paneles de dicha exposición se visualizaban a científicas españolas nacidas entre 1905 y 1950. De las nacidas entre 1905 y 1920 tres son doctoras en Farmacia, Isabel Torres, Dolores García Pineda y Sara Borrell, y una doctora en Ciencias Olga García Riquelme. Y en 2016 Radio Nacional de España emite en Documentos RNE “Pioneras de la Ciencia en España” realizado por Julia Murga, en el que se hace referencia a una gran cantidad de científicas anteriores a 1936 como Martina Casiano, Margarita Comas Camps, Teresa Toral, Beatriz López Ocaña, Felisa Martín Bravo...

Tal cantidad de nombres resulta chocante al tener presente que el acceso de las mujeres a la educación en España data de 1857 con la ley Moyano, que en 1900 el 64% de los españoles eran analfabetos y que hasta 1910, en España, las mujeres no tuvieron acceso oficial a la Universidad. ¿Qué sucedió en este país para que en menos de 15 años hubiese tantas mujeres especializadas en carreras de ciencias y que sus primeros doctorados fuesen en ciencias?

La respuesta está en la vocación misionera de los colegios femeninos de la costa Este de EEUU y en el afán de remisión de culpa de los norteamericanos por haber ganado a España la guerra de Cuba. En consecuencia, con fondos proporcionados por el Consorcio de Boston en 1892 se inició el Instituto Internacional ( International Institute for girls in Spain, IIGS) dedicado en exclusiva a la educación de las mujeres, siendo su promotora la misionera Alice Gordon Gulick, y contando con el apoyo de los Colleges de Mujeres americanos, que fueron creados por mujeres y como alternativa a la negativa de las universidades de los EEUU a admitir a mujeres, de uno de ellos fue alumna Alice. Y una de las alumnas del Instituto Internacional de España fue Josefina Carabias, considerada como la primera mujer periodista de España.

Otro hecho acontecido en 1875 influyó en el afloramiento de las mujeres en el ámbito científico, la supresión de la libertad de cátedra si se “atentaba contra los dogmas de fe”, por el decreto Orovio. Tal decreto determinó que muchos intelectuales fuesen apartados de la Universidad, como Giner de los Ríos que auspició la creación del Instituto Libre de Enseñanza (ILE) en 1876. El ILE fue el centro de cultura española de la época y el cauce para la introducción en España de avanzadas teorías pedagógicas y científicas extranjeras, así como la creación de otros institutos y la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE).

La institución de la JAE se fundó en 1907 por decreto del ministro Amalio Gimeno y, durante su años de funcionamiento, desde 1907 hasta 1939, siempre mantuvo una disposición favorable para la promoción científica de las mujeres, además de desarrollar el programa científico y cultural más innovador para España. Esta Junta estaba integrada por hombres librepensadores como el ministro Giner de los Ríos, el artífice del ILE, ente privado que se dedicó a la enseñanza primaria y secundaria. Sin embargo la JAE, institución pública presidida por Santiago Ramón y Cajal, prestó especial atención a la enseñanza universitaria y a la necesidad de europeizar a España para lo que era necesaria la formación de profesores y científicos en el extranjero mediante la asignación de pensiones o becas. Entre otros, algunos de los becados fueron: en Medicina: Severo Ochoa, Francisco Grande Covián, López Ibor y Novoa Santos; en Física, Química y Naturales: José Casares Gil, Eduardo Hernández Pacheco e Isidro Parga Pondal; en Matemáticas: Julio Rey Pastor. Pero también lo fueron escritores, geógrafos, artistas, filósofos, lingüistas, historiadores,...

No obstante, aunque en el párrafo anterior solo se cita a hombres, la JAE favoreció a las mujeres en la concesión de becas ya que, según los datos aportados por Teresa Marín Eced, si bien el porcentaje de alumnas universitarias en el periodo de 1915-1919 era del 1,8% el de becarias fue del 4%. Tal proceder pudiera estar ligado a que la JAE pidió la colaboración del Instituto Internacional para la ubicación de la Residencia de Señoritas. Una de las becarias fue la maestra María Mercedes Rodrigo Bellido, que se considera la primera psicóloga española y una de las precursoras de la psicología científica aplicada a la educación especial, la orientación profesional y la orientación laboral, consecuencia de su estancia en el Instituto J.J. Rousseau de Ginebra. También fue becadacon estancias en diferentes universidades alemanas y austríacas, Jimena Fernández de la Vega, médico y pionera y promotora de la genética en España. Para resumir, decir que entre 1920 y 1930 fueron becadas a EEUU 31 estudiantes. La JAE desapareció en 1939 siendo su heredero El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en ese mismo año. El CSIC celebró en el 2007 una serie de actividades para conmemorar los cien años de la creación de la JAE.

En 1920 la científica norteamericana Mary Louise Foster, aprovechando uno de sus años sabáticos, llega a Madrid para dirigir el Instituto Internacional. Esta mujer, considerada como la primera científica estadounidense que trabajó en la industria química, rápidamente se percató de la falta de formación en técnicas de laboratorio de las estudiantes universitarias españolas, debido a la falta de laboratorios característica de le enseñanza en España. Sin embargo para cualquier estudiante o profesor de química extranjero, las clases prácticas eran imprescindibles. Y, por ello Foster, ya en 1920, pone en marcha un Laboratorio de Química en la Residencia de Señoritas que será utilizado por muchas estudiantes de Farmacia, además de las de Química, Medicina, Ciencias e incluso de la Escuela Superior de Magisterio. El laboratorio fue ampliado en 1927 bajo la dirección de María de Maeztu y fue bautizado con el nombre de Laboratorio Foster.

Una de las alumnas de M.L. Foster, fue Dorotea Barnés González, química especialista en espectroscopia, que después de dos años de estancia en EEUU becada por la JAE, formó parte del grupo de 36 mujeres investigadoras del Instituto Nacional de Física y Química o Rockefeller de Madrid, que se integraban en las seis secciones de las líneas de investigación españolas en el campo de las ciencias experimentales: Electricidad y Magnetismo, Espectroscopía, Química-Física,Química Orgánica y Electroquímica. De las 36, 8 fueron becadas para estancias en el extranjero. Junto con Dorotea Barnés, lo fueron Felisa Martín Bravo, Pilar Madariaga Rojo, Manuela González Alvar y Paz García del Valle.

En 1928 ingresaría en la JAE María de Maeztu y Whitney, primero maestra (1902), luego licenciada en Filosofía (1915), profesora de universidad (1932) y nombrada doctora honoris causa por distintas universidades del mundo, de firme convicción de que las mujeres podían optar a otras profesiones distintas a la de la enseñanza y, lo más importante, el motor de la educación universitaria femenina ya que había cooperado e impulsado que la JAE crease dentro de la Residencia de Estudiantes, que existía desde 1910, la Residencia de Señoritas (1915), de la que fue directora desde 1915 hasta 1936, y la concesión de becas a jóvenes licenciadas, con el apoyo de instituciones universitarias femeninas norteamericanas. No en vano fue la primera presidenta de la Juventud Universitaria Femenina, organismo antecesor de la Asociación Española de Mujeres Universitarias creada en 1920, y una de las becarias de la JAE (1908) lo que le permitió viajar a Bruselas (1910) y a Alemania (1912) y así completar su formación. También, en 1926 impulsó y dirigió el Lyceum Club Femenino de Madrid. Pero este buen hacer se interrumpió en 1936 al estallar la Guerra Civil, se exilió en Argentina donde murió en 1948, aunque está enterrada en Estella (Navarra). Hoy día el Gobierno Español distingue con la Unidad de Excelencia María de Maeztu a “las unidades públicas de investigación, en cualquier área científica, que demuestran impacto y liderazgo científico a nivel internacional y que colaboran activamente con su entorno social y empresarial”.

Para terminar este breve trabajo con el que se pretende contribuir a la difusión de las primeras mujeres españolas científicas, indicar que las universitarias españolas de los años 20 y 30 se beneficiaron de la corriente de solidaridad que se desarrolló entre las mujeres educadas en la posguerra de la Primera Guerra Mundial, constituyéndose La Federación Internacional de Mujeres Universitarias (FIMU), siendo uno de sus objetivos impulsar la formación mundial de las mujeres y la cooperación entre los países. De este modo se impulsaron los estudios de los idiomas, las ciencias experimentales y la educación física. 

Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género

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