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Yo soy Yo y mis circunstancias. El docente ante su profesión

17 de febrero de 2017

Adalberto Pino Rojas
Cuenca – Ecuador
IBERCIENCIA. Comunidad de educadores para la cultura científica.
La práctica de la docencia la lleva adelante un ser humano, inmerso en mundos diversos, muchas veces, conflictivos, angustiosos y frustrantes. Pero, sin mirar aquello, se espera de él resultados, éxito y que transforme el mundo y la sociedad.

Aprovecho la frase del filósofo Ortega y Gasset, como idea fuerza para reflexionar sobre mi propia práctica docente. Sin tapujos, tratando de ser despiadadamente honesto conmigo mismo. Me pregunto: ¿Me siento lo suficientemente capacitado para la docencia? Asumo que adolezco de debilidades, entre ellas, falta de dominio de las tecnologías; si bien, conozco y aplico medianamente los softwares básico de Word, Excel y Power point , Internet, Facebook, Blogs , claramente lo que desconozco es mucho, y marca una importante desventaja, al tiempo de realizar la tarea docente. Un dominio cabal de estas herramientas me daría una amplia gama de posibilidades en diseño de actividades pedagógicas, construcción de material didáctico novedoso y adaptado al medio, y un acceso a la información de forma segura y con calidad. A la vez que, podría interactuar con mis alumnos de mejor forma en las redes sociales. En fin, creo que dominar la tecnología es capital en el presente y futuro de mi actividad profesional.

Otro interrogante: ¿Domino la disciplina en profundidad y extensión de acuerdo al desarrollo presente? Actualmente los avances de la ciencia son rápidos y ganan en complejidad, lo cual, requiere una actualización permanente y un desarrollo de habilidades didáctica para transformar la ciencia en asignatura, para decodificar lo difícil en algo asimilable para el estudiante, sin perder el rigor científico ni metodológico. Me siento abrumado por esto, pues no avanzo a leer todo lo que sale y me limito a referir, resumir o indicar dónde encontrar la información. Pero en el aula, la mayor complejidad de lo que se propone, en muchas ocasiones me deja fuera de juego. Esto me indica que me falta capacitación en el área científica de mi desempeño.

Lo burocrático: El nuevo modelo de gestión implementado en Ecuador plantea: Todo vía on line, urgente “para ayer”. El uso de plataformas que no siempre funcionan bien y sin una verdadera capacitación operativa. El abundante material que permanentemente se debe subir a matrices, consumen tiempo y generan angustia. La falta de un interlocutor presente para expresar sentimientos o emociones me plantea una experiencia de soledad y a veces impotencia. ¿A quién reclamo? ¿A quién explico mi situación? Es como un grito mudo, sin eco, que repercute en mi desempeño laboral.

Contantes evaluaciones con el peligro de la “pérdida del puesto. Supervisiones que no siempre consideran la realidad institucional y el entorno territorial, buscan el deber ser, no lo que efectivamente es. No siempre hay apertura para el discernimiento y el análisis, se impone la matriz, los datos fríos, la calificación y la culpa docente. Me transmite desasosiego y frustración.

Desde las estructuras centrales los epítetos: ¡Mediocres!, suena injusto y peyorativo. Me piden sacrifico, abnegación y entrega altruista, pero me vacían de energía, de autoestima, autoimagen y autoconcepto. Trabajo desde mi fuerza interna, vocacional, humilde, que sabe la diferencia entre el escritorio y el aula, sin embargo. El areté, mi humanitas, me impele al deber, más allá de lo prosaico.

Todo es parte del ser de mi profesión, se incorpora y procesa dentro de mí, en mi mente y sentimiento

El ambiente: Los herederos de Freud, vemos, como en nuestro ambiente adquirió patente el dar gusto en todo, el satisfacer las necesidades y hasta los caprichos, por no “traumar” . Ha creado adolescentes muchas veces indolentes, inmaduros, impávidos ante el sacrificio familiar, ante la entrega de quien desea contribuir a su formación personal y profesional. Siento que ya no se puede exigir el cumplimiento a cabalidad del deber, y mucho menos a ir más allá de lo mínimo indispensable. Es un nuevo estado psicológico, que reacciona como si el mundo les debiera todo. No existe autoridad, los derechos han irrumpido y se han llevado por delante las obligaciones. Pareciera que los derechos jamás existieron, y que ahora el docente debe tolerar hasta el crispamiento la impertinencia y los dislates. Las llamada de atención, incluso aquellas con calidad de consejo, de buen talante, son ignoradas y hasta rechazadas. Pero nuevamente, sin perder la esperanza, me regodeo de la ilusión de que, para alguien será útil, para alguien servirá de ayuda y, la clase sigue. impertérrito y relajado, afable y sonriente, la didaxis y la ciencia discurren en la boca del docente y espera que se lo escuche, el trabajo en grupo que sea afectivamente colaborativo, la reflexión sesuda, la opinión, clara, comprensiva y argumentada. Los participantes concentrados, activos y propositivos. La investigación paciente, laboriosa y rigurosa. Pero en la realidad, la cosecha es magra, sin embargo, vamos adelante, con garra y sin desfallecer. La educación se gesta en el campo sembrado de almas.

Una corriente que no es nueva, dice que no se debería mandar tareas, que todo o casi todo debería resolverse en clase, en cierta forma es loable pensar así, pero los ampulosos programas, no dan para la labor tranquila de pensamiento y acción, se la realiza sí, desde luego, pero el resultado es modesto, uno actor , es el que generalmente se carga con la mayor parte del peso de la tarea, el resto al anca. De otras actividades se podría decir igual. ¡No mandar tareas!, porque el joven tiene que disfrutar, ayudar a la familia, ocuparse en socializar, interesarse por el arte y la cultura. Pero, ¿cuántos jóvenes son los que realmente caben en esta categoría? Llegan a clase si haber leído siquiera lo que se trabajó en el aula, y menos ojear aquello que se tratará mañana. En dónde están los libros, los apuntes, porque la mayoría no se los lleva a casa, simplemente quedan arrumados en el salón. Por tanto, cuando los burócratas y teóricos hablan, se plantean un joven ideal, autoconsciente y responsable. Plantean un ambiente perfecto, con gente perfecta, que con solo plantearles métodos novedosos o usar las tecnologías ya se despiertan y disponen al trabajo esforzado, pero, precisamente el esfuerzo es algo que se está perdiendo y, no sé si en algún momento las cosas se alcancen sin él. Y, nuevamente este ser polifacético y generoso llamado docente debe cual cura de almas, batallar con los demonios de la molicie y la pereza, para, seguir en su empeño, esperando contra toda esperanza que algún valor y conocimiento impregne la vida de la juventud, si no ahora, en algún momento aquello que se trabajó en clase aflore en la vida, en la memoria, para ayudarle a solucionar sus problemas. Pero he dicho la memoria, porque se debe  cultivar la memoria, aunque hay quienes despotrican contra ella con un olímpico desenfado. No, no y no a la memoria, cuando es sabido que sin memoria difícilmente se pueden lograr aprendizajes. Así, un poco avergonzado sigo pidiendo a los de buena voluntad, atención, análisis, reflexión y memoria.

La lectura: En general en mi país se lee poco o casi nada, y en particular en la zona rural donde trabajo, la radio, la TV. y esporádicamente un diario, alimenta el intelecto. De ahí que, leer textos, comprenderlos, analizarlos y asimilarlos, es muy complejo. El grado de comprensión lectora es muy pobre y por defecto la expresión escrita también, como consecuencia se dice que debemos estimular la lectura, efectivamente, pero requiere voluntad y atención , los esfuerzos docentes están presentes pero es como subir una colina empinada, muy pocos quieren efectivamente subir, seguir el paso y alcanzar la meta. Sin embargo, al docente se le pide grandes logros.

La realidad terrestre. En Ecuador a este profesional se le paga poco menos que un soldado o un policía, a quienes no se les exigen onerosos estudios de tercero y cuarto nivel y, no se les endilga casi todos los males del mundo.

La tarea docente es compleja, requiere de muchos valores y virtudes a sabiendas que la realidad supera los palanes de escritorio, es sabido que el mapa no es el territorio. Estar mentalizado para ser el chivo emisario de una falla estructural de décadas. El docente, el lado más débil de la pirámide social. Que para los modelos de gobiernos egoístas es gasto. En un mundo ideal y justo, quizá cupiésemos en un lugar mejor.

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