Formarse en otro país latinoamericano: la experiencia de estudiantes venezolanos en la Argentina

Manuel Crespo (OEI-CAEU, AECID) Los venezolanos Yanireth González, Juan José Lira y Ernesto Estrada eligieron un destino no tan usual para los jóvenes latinoamericanos que concretan sus proyectos de estudiar afuera: otro país latinoamericano. Nada de Europa ni de Estados Unidos: los tres eligieron la Argentina. Hoy viven en Buenos Aires, donde cursan la Maestría en Gestión de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación que ofrecen en conjunto la Universidad Nacional de General Sarmiento, el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y el Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior (REDES).

Durante esta entrevista, los tres estudiantes –todos profesionales provenientes de distintas ramas de la ingeniería- conversan sobre la elección de formarse en otro país de la región, las oportunidades de intercambio que esa elección supone y la necesidad de estimular la integración latinoamericana en el ámbito de la educación superior, siempre con la mirada puesta en el futuro.

PREGUNTA: ¿Por qué eligieron realizar sus estudios de posgrado en otro país de la región?

ERNESTO ESTRADA: Lo que se está haciendo ahora en los países de América Latina es importante y debe ser aprovechado. La Argentina tiene recursos humanos calificados en la región. Aquí se le da relevancia al abordaje de las problemáticas en el aspecto científico. A nivel personal, como científico, considero al posgrado de gestión como una escala importante en mi carrera. Quiero contar con las capacidades necesarias para gestionar una organización.

JUAN JOSÉ LIRA: En temas de gestión de conocimiento en ciencia y tecnología, a nivel de maestría la Argentina ya cuenta con casi 18 años de experiencia. Es un dato destacable. Es interesante conocer cuáles son las realidades aquí y qué tanto nos puede ayudar a nosotros a comprender nuestras propias realidades. Creemos también en el intercambio regional. Compartimos muchas cosas, la primera de ellas el idioma. Las problemáticas que se viven aquí también se encuentran en nuestro país. Cuando uno viaja al Primer Mundo, el escenario cambia. Son otras las realidades y probablemente también sean distintas las herramientas que se utilizan para resolver los problemas. En ese aspecto, es clara nuestra afinidad para estudiar aquí.

YANIRETH GONZÁLEZ: Esta experiencia tiene que ver con conocer lo que tenemos y poder explotarlo. Al vivir en otro país y estudiar en él se amplían nuestras perspectivas: ya no es más pensar “esto es así”, sino entender que en otro país determinadas cosas se pueden dar de otra forma. Aparecen opciones que antes no existían. De esta manera, uno puede enriquecerse a través de ese intercambio y ayudar al enriquecimiento del otro. Y no sólo entre alumnos. Los docentes con los que estamos trabajando también están muy interesados en este intercambio.
 
EE: Visto el asunto a futuro, lo que dicen mis compañeros cobra mucho valor. Estamos hablando de la integración y hacia allí vamos. Somos parte de los recursos humanos de Venezuela y esta convivencia con los recursos humanos argentinos tal vez sea beneficiosa para las políticas científicas y tecnológicas de nuestros países en el futuro. Compartir pensamientos y realidades es vital en ese sentido.
 
P: Respecto de su experiencia en Venezuela, ¿qué diferencias notan en la manera en que se enseña en la Argentina?

EE: No sé si las diferencias tienen que ver con cómo se enseña en un país o en otro. En mi caso, sí noto una diferencia por el hecho de que provengo de la ingeniería. Siempre he estado ligado a la resolución de problemas, a la aplicación. Ahora, en este aprendizaje de temas relacionados con la gestión y la política, estoy descubriendo aspectos que tienen que ver con la historia, con procesos que se han dado. Es información nueva para mí, en el sentido de que ya no se trata de pensar en la solución de un problema específico, sino a entender lo que viene pasando y tener en cuenta, en paralelo, lo que puede pasar a corto, mediano y largo plazo. Eso es la gestión.
 
JJL: Sí, yo coincido en que todo esto tiene mucho de novedad. Me parece interesante aportar al hecho de que personas que tradicionalmente están en el área técnica, donde la ciencia y la tecnología son más bien una herramienta, puedan ser entrenados en el aspecto de gestión, que es mucho más integral. Por nuestra primera orientación, lo que ahora estamos aprendiendo podría ser aprovechado de un modo distinto. Por venir de la técnica, tal vez podamos ser más activos en la generación de esas políticas. Cuando uno es sólo un usuario, la política viene definida desde arriba y no hay mucho lugar para decir algo acerca de ella. Ahora vemos que podemos ser protagonistas. En lo que tiene que ver con la manera de estudiar de aquí, yo creo que al principio el cambio ha sido un poco fuerte. Hay mucho para leer y asimilar, especialmente cuando hablamos de realidades de países que no son el de uno.

YG: Es verdad, en el transcurso de la maestría se percibe un enfoque diferente al que estoy acostumbrada como ingeniera. Se abordan enfoques desde diferentes perspectivas. No hay lugar sólo para la técnica de ingeniería, sino que también se destacan los procesos sociales y humanos en los que la gestión de la ciencia y la tecnología deben repercutir positivamente. Uno empieza a adaptarse a esta nueva dinámica. En Venezuela mi experiencia de aprendizaje fue más práctica, más allá de que también se tocaron temas gerenciales. Pero es difícil comparar, de todas formas. Se trata de diferentes estrategias de enseñanza que no son opuestas. 

P: ¿Cómo creen que podrán aplicar los conocimientos aprendidos durante la maestría una vez que regresen a Venezuela?

YG: Desde mi punto de vista, sería necesario considerar ciertas áreas de la ciencia y la tecnología para mejorar, cambiar o simplemente iniciar un proceso estratégico que involucre la participación de todo el sector productivo del país. Es muy importante la vinculación y la articulación de las necesidades existentes. Si bien ya existen algunos sistemas de gestión en materia de ciencia y tecnología, aún falta desarrollar mejores mecanismos que contribuyan al desarrollo del país.

EE: Básicamente, aquí hay dos visiones, por lo menos en el área en la que me gustaría desarrollarme. Una de ellas tiene que ver con cómo potenciar el entrenamiento recibido al trabajar sobre el estado de la ciencia y tecnología a nivel nacional. Allí hay una estructura a la que uno podría sumar su grano de arena. Por otro lado, a partir de mi experiencia de trabajo en el sector de pequeñas y medianas empresas, yo noto mucha debilidad en el uso de beneficios que se están dando en el país: no hay una conexión sólida entre la política existente, las leyes que ya han sido aprobadas para otorgar incentivos –Venezuela cuenta con una ley orgánica de ciencia y tecnología e innovación-, y los supuestos beneficiarios. Muchas organizaciones pequeñas carecen de infraestructura. Quizás sea necesario tejer un puente en ese ámbito.

JJL: Estoy de acuerdo. Podemos aportar para fortalecer esos enlaces entre el Estado, la sociedad y muchos proyectos que están naciendo en Venezuela. En lo particular, como el área que a mí me interesa es la aeronáutica, me gustaría trabajar para generar políticas eficientes y recuperar la industria de ese sector.

EE: Si hay un problema en nuestra realidad regional, no tiene que ver tanto con los recursos disponibles. Lo que más nos afecta es esa no existencia de políticas. A veces con pocos recursos se puede hacer mucho. En América Latina hay diferencias entre país y país. Somos muy heterogéneos. Unos están prácticamente en la vanguardia, otros viene algo más atrás, otros recién están empezando y otros ni siquiera lo han hecho todavía. Lo que impide un conocimiento parejo es definir una política que perdure en el tiempo, que sea consistente. Lamentablemente, ocurre a menudo en nuestros países que los continuos cambios políticos impiden la estabilidad. Se necesita una continuidad institucional, ése es el primer paso.
 
YG: Si bien existen muchos planes de mejoras, el no contar con la continuidad en la ejecución de los proyectos, aunado a la carencia de articulación a nivel nacional, dificulta el impacto esperado de dichos proyectos. Esto se debe en gran parte a los cambios políticos y las variaciones en los planes del estado. Es de gran importancia que esa participación que podamos tener en nuestro país en materia de ciencia y tecnología permita generar mayores puntos de encuentro y establecer bases que influyan en la continuidad de los objetivos propuestos.

JJL: Si hablamos de Venezuela, hablamos de un país con muchos recursos que ha pagado el precio de su inestabilidad política en los últimos 20 ó 25 años. También le ocurre algo parecido a la Argentina. El caso contrario es Brasil, que ha dado prolongación a ciertos aspectos de gestión que han llevado al país a ser lo que es hoy. Hay que atender esa problemática, buscar la manera de vincular a la investigación con la producción, a lo que la ciencia estudia con lo que la sociedad necesita. Cómo hacerlo es lo que debemos resolver desde la política.

EE: Nuestro país cuenta con una ley que promueve las inversiones en nuevas tecnologías, desarrollos locales y formación de recursos humanos, todo orientado hacia el crecimiento de la innovación. Pero en los últimos años he visto que las personas prefieren pagar los impuestos en lugar de inmiscuirse en esa oferta de incentivo. De ahí que me encuentre interesado en ver cómo se puede instruir al sector empresarial para que tome conciencia de que es mucho más beneficioso aprovechar las propuestas que se hallan en el interior de la ley y cómo se puede empezar a formar redes e intercambiar conocimientos. Tenemos por costumbre creer que nuestra relación con la tecnología sólo consiste en comprar maquinaria de punta. Es cierto que hay profesionales con inquietudes y formación de alta calidad; también es cierto que no hay una cultura de la innovación. Hay mucho desconocimiento a ese nivel. Obviamente, aquí estoy hablando principalmente de la pequeña y la mediana empresa. La relación entre la empresa grande y la innovación es distinta. Tener esto en cuenta, comenzar a definir cuál es el área a la que nos gustaría aportar, es lo que nos motivó a realizar estudios de posgrado. Somos una materia todavía en bruto. Estamos conociendo la realidad desde un enfoque al que no estábamos acostumbrados, más relacionado con el ámbito de estudio de la ciencia y la tecnología, y esto es algo que debemos aprovechar. Aún tenemos muchas preguntas para hacer y hacernos.
 
P: ¿Consideran que esta maestría puede ser positiva en el establecimiento de contactos con profesionales de otros países, con vistas a colaboraciones futuras a nivel regional?

YG: Considero que sí. Al vernos vinculados con distintas personas —estudiantes, docentes, personal de investigación—, se está generando una articulación que seguro repercutirá en el desarrollo futuro de redes, no sólo entre argentinos y venezolanos, sino también con compañeros provenientes de otros países que están compartiendo esta experiencia y entre los propios venezolanos que provenimos de diferentes regiones del país.
 
EE: Creo que sí. Confío en que este roce, este intercambio y, especialmente, el contacto a nivel cultural, nos ayudarán a entendernos mejor. Esto es muy importante, y no debería ocurrir sólo entre venezolanos y argentinos. Sería recomendable que en programas de maestría como el nuestro coincidieran brasileros, chilenos, uruguayos, colombianos. Nos serviría para ir considerando el establecimiento de una agenda común.

JJL: Este intercambio te da un acceso distinto a las realidades de otros países. Al compartir una clase definitivamente estamos generando una conexión que puede generar trabajos simultáneos en unos años. E incluso diría que también es importante la conexión a nivel nacional. Entre los estudiantes venezolanos de la maestría hemos avanzado en una interrelación que nos va uniendo, más allá de que provengamos de provincias distintas. Es muy interesante la posibilidad de potenciar nuestros diferentes orígenes.

EE: Muchas veces, por no contar con la posibilidad de viajar y observar desde adentro, se desconoce o no se conoce bien la realidad de los países vecinos. Sin embargo, como nos está ocurriendo a nosotros, cuando uno tiene la oportunidad de hablar y ser escuchado, así como también de escuchar al otro, se produce una ligazón que en el ámbito profesional permite una mirada distinta, más abarcadora. Eso te hace más integral y constituye una ventaja a la hora de buscar soluciones y tomar decisiones. Es un aporte a la formación que va más allá de lo que se aprende en la clase.

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