“Agencias de noticias científicas y tecnológicas”: PRIMERA PARTE

Historia y actualidad del SINC -Entrevista a Verónica Fuentes-

Manuel Crespo (CAEU-OEI-AECID). De un tiempo a esta parte, las plataformas virtuales se han convertido en una herramienta de vital importancia para la comunicación de la ciencia. Dentro de ese fenómeno se inscribe el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC). Bajo el lema “La ciencia es noticia”, la plataforma digital se ha convertido en una de las principales agencias de noticias científicas en español, que informa del trabajo realizado por investigadores e investigadoras de España, tanto dentro como fuera del país, y también de la producción científica relevante que tiene lugar en el resto del mundo.

Creado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), que a su vez depende del Ministerio de Ciencia e Innovación de España, el SINC comenzó su actividad en febrero de 2008. A esta agencia de noticias de carácter público puede acceder cualquier persona a través de Internet para enterarse de las últimas noticias de la actualidad científica. Entre los objetivos de la plataforma se encuentran, entre otros, el reconocimiento del valor de la ciencia a través de los medios de comunicación, el apoyo a la producción científica española y la construcción de lazos entre el ámbito periodístico y la comunidad investigadora.


Equipo SINC

Entre los servicios que ofrece, el SINC cuenta además con una zona restringida para periodistas e instituciones registradas. Allí los interesados pueden hallar noticias que aún no han sido publicadas, reportajes y entrevistas “a la carta” (es decir, la producción de textos realizada bajo demanda), alertas de artículos elaborados por científicos españoles para publicaciones de prestigio internacional, así como también perfiles de investigadores a los que es posible contactar a través de la plataforma, o una amplia base de datos con información multimedia. Los registros son gratuitos y todos los contenidos tienen una licencia copyleft, en concreto, una Creative Commons 2.5.

A lo largo de la entrevista que sigue, Verónica Fuentes, redactora del servicio especializada en temas de biomedicina y salud, habla de una variedad de temas relacionados con SINC: su nacimiento, la relación con el mundo académico y la industria, la traducción del conocimiento complejo al lenguaje periodístico y el rol que ocupan los y las reporteras en tiempos de urgencia epidémica, entre otros.

PREGUNTA: ¿Cómo se originó el SINC?

RESPUESTA: Nuestro primer objetivo, que todavía se mantiene como tal, era que la plataforma se convirtiera en una caja de resonancia de todas las actividades científicas que desarrollan los y las investigadoras españolas, tanto dentro como fuera del país. A medida que hemos ido creciendo, incluimos información sobre las investigaciones que salen en los grandes medios internacionales. Si algo interesante sale en la portada de Science, aunque no se trate de una investigación española, le damos cabida. Dentro del SINC nos ocupamos de distintas funciones. Hay una coordinadora/editora jefa, también un responsable del área audiovisual, una responsable TIC, y luego estamos los redactores especializados. Cada una se ocupa de un tipo de información en particular. Yo soy la redactora del área de salud, pero al mismo hay una redactora especializada en temas de ciencias naturales, otro en física y matemáticas, y otra en ciencias sociales y Humanidades,. De todas formas, en ocasiones los temas se cruzan y una termina haciendo algo que se escapa de su “sección”, entre comillas. El equipo de trabajo está integrado por seis personas. SINC se creó en 2008, coincidiendo con la clausura del Año de la Ciencia. La plataforma es un espacio de información científica de carácter público a la que todo el mundo puede acceder.
 
P: ¿Cuál es la relación de SINC con el mundo académico?

R: Grande. La plataforma cuenta con dos partes: una pública, a la que puede acceder quien lo desee, y otra restringida (de acceso gratuito), a la que ingresan periodistas e instituciones españolas que tienen actividad investigadora. Tenemos mucho contacto con las universidades, con sus unidades de cultura científica (UCCs), con los Organismos Públicos de Investigación (OPIs), con hospitales, parques tecnológicos, museos de ciencia y tecnología... Existe un canal muy amplio de intercambio. Y luego también está el lazo que generamos con la comunidad investigadora directamente. Contactamos con cada autor para las noticias en las que estamos trabajando en el momento. Los investigadores son nuestra fuente principal, pero también están las revistas científicas y otras plataformas digitales internacionales como AlphaGalileo (Europa) y Eurekalert (EE UU). Internet es una fuente que utilizamos a menudo. Nos permite ponernos en contacto con las personas que están realizando trabajos interesantes.

 P: ¿Cuáles son las principales dificultades con las que se encuentra a diario un periodista científico?

R: Creo que la mayor dificultad radica en lograr que todo el mundo quede contento. Es decir, que nosotros como periodistas podamos sacar el mayor provecho posible de la información que recabamos y que los investigadores se sientan conformes con el producto final: el artículo. En muchas ocasiones, la experiencia y las necesidades del investigador o investigadora a veces chocan con las periodísticas. El periodista quiere la actualidad, la novedad, y precisa de ella lo más pronto posible, mientras que el investigador tiene una mirada más rigurosa sobre aspectos técnicos que tal vez no sean imprescindibles para dar a entender qué es aquello sobre lo que se está informando. El periodista, entonces, se ve obligado a buscar un equilibrio. Es decir, sin perder el rigor de la investigación, conseguir que esa información sea una pieza inteligible y de fácil acceso para el lectorado.

P: ¿Qué elementos deben ser tenidos en cuenta a la hora de traducir un conocimiento complejo a un lenguaje llano y atractivo?

R: También aquí la colaboración con la comunidad científica es fundamental, aunque siempre depende del medio en el que trabajes. Nosotros no somos un periódico. Aunque somos diarios, trabajamos con otros tiempos. Tenemos la posibilidad de contactar a los investigadores y comprobar si la noticia redactada es correcta Podemos pedirles a los investigadores que envíen la información que crean oportuna, traducida a un lenguaje mucho más cercano de la que aparece en un artículo. En SINC tenemos la posibilidad de trabajar la información con más rigor. Esto ayuda a mantener un nivel de calidad y una relación duradera con la comunidad investigadora. Siempre está la posibilidad de equivocar un dato o abreviar en demasía. Por eso muchos investigadores tienen miedo de contar a un periodista su trabajo. Muchos creen que intentarán simplificar su tarea, que sólo buscan un titular y nada más. Por eso nosotros no publicamos ninguna noticia sin que el o la investigadora apruebe el texto. Nos preocupamos por publicar información respaldada, por más que es verdad que se precisa de cierto nivel de síntesis, ya que los datos deben ser accesibles al público en general.

P: ¿Cómo es el procedimiento en detalle?

R: Solemos recabar información a través de bases de datos de artículos científicos en Internet. Tomamos como referencia los abstracts de los artículos, hacemos una selección y luego, cuando nos ponemos en contacto con los investigadores, les pedimos que nos envíen un resumen de lo que ellos consideran más importante: el objetivo del trabajo, sus aplicaciones, etc. Les solicitamos que lo hagan de la manera más directa, sencilla y atractiva posible. También les pedimos material gráfico y después de su tratamiento periodístico, al publicar la noticia, brindamos acceso al paper como un soporte adicional. Lo que más nos facilita el trabajo, sin embargo, es generar el buen canal del que hablaba antes entre investigador y periodista. Si una investigadora quiere dar a conocer su trabajo, la mitad de la tarea ya está hecha. Otro elemento es la noción de ‘actualidad’. Los tiempos de una investigación son diferentes a los de la práctica periodística, de modo que puedes encontrarte con que un investigador lleva veinte años trabajando en algo y tal vez un periodista descarta los resultados de un trabajo porque fueron publicados un mes atrás. En el ámbito científico, normalmente la percha de actualidad la da la investigación recién publicada. Es lo que a nosotros nos llama la atención cuando hacemos esa primera búsqueda: cuándo y en qué revista fue publicado el artículo, si será publicado en breve o si ya pasaron varias semanas desde su aparición. A veces una información “vieja” vale mucho la pena en ciencia y entonces nos olvidamos un poco del factor temporal.

P: En términos de contenidos, ¿qué debe tener una información para que a usted le parezca interesante?

R: Bueno, se trata de algo subjetivo. Aunque hay criterios como el de impacto científico, incidencia social, o cercanía que atraviesan nuestras selecciones. Hay que tener en cuenta que éste es un trabajo en equipo. Yo puedo considerar que algo vale la pena, pero eso se define en la reunión de contenidos. Sin embargo, hay noticias que llaman la atención desde el principio. Recuerdo una que decía que comer reptiles es malo para la salud. Siempre habrá gente que quiera leer algo así, pero de todas maneras es necesario valorarlo en la reunión, donde ya se empieza a marcar cuál sería la orientación más atinada para encarar la información que se tiene entre manos. Esto supone una discusión acerca de qué tiene que tener algo para ser noticia. Durante las reuniones también discutimos ideas para reportajes, entrevistas, centrándonos siempre en la relevancia científica de aquello que se propone y se debate en grupo.

P: ¿Cuál es su opinión del estado actual del periodismo científico español?

R: En el caso específico de España, lo que sí estoy notando es que poco a poco los investigadores con los que me pongo en contacto empiezan a entender que comunicar lo que hacen debe ser parte de su trabajo. Les envío un mail y al poco rato ya estoy recibiendo una respuesta. Aún queda mucho camino por recorrer, pero la información científica, además de la divulgación, comienza a afirmarse como una herramienta indispensable. Desde luego, esto ya es una costumbre en Estados Unidos y en otros países de Europa. Nos llevan años luz de ventaja. En España todavía hay desigualdades. Comunidades como Cataluña tienen una idea de la comunicación científica mucho más engrasada que otras.

P: Hay casos en los que la información periodística en materia científica cobra muchísimo valor. Ocurrió hace un año con la epidemia de Gripe A. En casos como éste, ¿qué elementos de la noticia deben ser observados con especial atención?

R: Como periodista en temas de salud, lo primero que tuve que aprender fue que lo que escribimos tiene sus repercusiones. Uno debe ser muy cuidadoso para no crear una alarma social, del mismo modo que tampoco hay que generar falsas esperanzas. Es muy fácil para sacar un dato de contexto, así como también es fácil que la gente se tome muy en serio lo que lee. Ocurre a menudo con los nuevos medicamentos, por dar un ejemplo. Muchas veces una nueva vía de tratamiento todavía se encuentra en una fase preliminar y ya salen titulares anunciándola como inmediata. Se debe ser paciente y honesta con los datos que se manejan. Cuando la alerta por la Gripe A estaba en su apogeo, nosotros decidimos ampararnos exclusivamente en la información oficial que daba la OMS y el Ministerio de Sanidad de España. En nuestra plataforma incluimos una pestaña que daba acceso a la lista de comunicados ministeriales que se referían a la epidemia. Otro aspecto a tener en cuenta es el tema de los porcentajes y las cifras. Cuando se lee un artículo de investigación, no se debe perder de vista el tamaño de la muestra, ya que se puede terminar escribiendo una noticia que no es representativa. También hay que tener cuidado con las palabras que se usan: “sexo” y “género” no quieren decir lo mismo, por ejemplo. La primera palabra es una distinción biológica, la segunda una distinción sociocultural. Es necesario que el periodista sepa desentrañar las informaciones.

P: Cuando se toca un tema en el que intervienen empresas farmacéuticas, por ejemplo, ¿qué implicancias o efectos ejerce la industria en el ejercicio periodístico?

R: Creo que hay que estar alerta en lo que respecta a los intereses ocultos en la investigación. Es decir, a la hora de escribir la noticia, hay que tener muy presente qué entidades financian y participan, y de qué manera están interesadas en que el texto sea publicado. No me gusta hablar de “bueno” o “malo”. Cada vez existe más colaboración en un trabajo de investigación. Los científicos ya no trabajan para una sola institución, ni siquiera para un solo país. Lo que sí es necesario identificar es el modo en el que los intereses externos pueden llegar a afectar el modo en que se redacta la noticia. Es sabido que la ciencia necesita dinero para subsistir, pero el periodista científico jamás debería ponerse al servicio del lucro corporativo.

 

 

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